El No de León XIV a Trump
En los pasillos de mármol del Vaticano, donde el silencio suele ser el lenguaje de la prudencia, esta vez la palabra ha resonado con una claridad cortante. El papa León XIV ha trazado una línea en la arena: la Santa Sede no ocupará un asiento en la flamante “Junta de Paz” de Donald Trump. Lo que muchos imaginaron como un puente histórico —el primer pontífice nacido en Estados Unidos dialogando con la Casa Blanca— se ha revelado como una frontera infranqueable entre dos formas de entender el mundo.
La liturgia de la soberanía
Para el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado y encargado de traducir el sentir del Papa, el proyecto de Washington no despertó esperanza, sino una profunda "perplejidad". No es un simple desplante burocrático; es una cuestión de raíces. El rechazo se sostiene sobre tres pilares que Roma considera sagrados:
I) El altar de lo colectivo: Para León XIV, la paz no es un contrato privado, sino un proceso que pertenece a los foros de las Naciones Unidas. Teme que esta Junta sea un caballo de Troya diseñado para vaciar de poder a la ONU.
II) La independencia del espíritu: Aceptar una silla en una junta bajo la presidencia vitalicia de Trump supondría una subordinación incompatible con la misión universal de la Iglesia.
iii) La paz no se compra: La exigencia de una "cuota" de 1.000 millones de euros para un sitio permanente fue el límite. En la lógica de León XIV, el destino de los pueblos no puede estar sujeto a la capacidad de desembolso.
La respuesta desde Washington no se hizo esperar.
La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, calificó la decisión como “profundamente desafortunada”, defendiendo la Junta como una herramienta pragmática con un fondo de 5.000 millones de dólares para reconstruir Gaza.
Trump, fiel a su estilo, no ocultó su desdén por las formas tradicionales: "Si la ONU está ahí, es porque no ha estado a la altura de su potencial", ha dicho, subrayando que su Junta es la respuesta ejecutiva al fracaso de la burocracia internacional.
El distanciamiento ha quedado sellado con un portazo diplomático y humano. Ayer mismo, León XIV rechazó oficialmente la invitación de JD Vance para asistir a las celebraciones del 250° aniversario del 4 de julio en Estados Unidos. Mientras Washington se prepara para el gran espectáculo de su independencia, el Papa ha decidido que su lugar no está en los estrados de poder de su tierra natal.
Ese día, el Pontífice estará en la pequeña isla italiana de Lampedusa, la puerta de entrada de miles de migrantes en el Mediterráneo. Es un mensaje mudo pero estruendoso: mientras unos celebran fronteras y juntas privadas, el Papa elige caminar con los que no tienen patria, reafirmando que su agenda no es la de una potencia, sino la de las periferias.
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