2 mar. 2017

El embajador ruso, Serguei Kislyak


La 'llave maestra' del Kremlin en el Gobierno de Donald Trump: el embajador Serguei Kislyak

El embajador ruso en EEUU, Serguei Kislyak (centro), llega al Congreso para escuchar el discurso de Donald Trump, el martes. BRENDAN SMIALOWSKI| AFP
El diplomático ruso está en el centro de la polémica por sus reuniones con el fiscal general Jeff Sessions y el ex jefe de Seguridad Nacional Michael Flynn
Trump dice que confía "totalmente" en Sessions pero que ignoraba su reunión con el embajador ruso
Nota de XAVIER COLÁS, Moscú
@xaviercolas
El Mundo, 03/03/2017
Moscú pensó que un hombre de la casa, Serguei Kislyak, de aspecto bonachón y pelo cano, que lo ha sido todo en el Ministerio de Exteriores salvo ministro, podría ser la llave maestra que abriese el nuevo Gobierno de Donald Trump. Pero en lugar de hacerse con las cerraduras, este embajador ruso en Washington lleva camino de causar un notable destrozo.
El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, abandonó ayer su cargo en la investigación que el Departamento de Justicia está llevando a cabo sobre los posibles contactos entre miembros del equipo de campaña del presidente Donald Trump y funcionarios rusos. Había una creciente presión para que se retirase de dicho comité, tras hacerse público que -a diferencia de lo que había asegurado públicamente- mantuvo dos encuentros con el embajador Kislyak durante la campaña para las elecciones presidenciales de su país, unas reuniones que no reveló durante su proceso de confirmación en el Senado.

Kislyak es un hombre tranquilo, ingeniero de profesión, pero está en el centro del huracán. Ya protagonizó otra polémica hace algunas semanas al saberse que el responsable en Seguridad Nacional de Trump, el general Michael Flynn, había mantenido contactos frecuentes con él de cuyo contenido engañó a altos cargos del Gobierno.
Trump, forzó entonces la dimisión de Flynn. Ahora es Sessions el que ve peligrar su trabajo, y todo porque Kislyak se ha limitado a hacer el suyo. Formado en la escuela de la diplomacia soviética, Washington no es un sitio desconocido para él: estuvo destinado allí entre 1985 y 1989 cuando Mijail Gorbachov buscaba una paz en la que acomodar a su país. Kislyak es un experto en desarme, lo que implica ser un entendido en armas, y le ha tocado ser embajador en EEUU desde 2008, en la era de Barack Obama y el 'todo y nada': un periodo en el que por un momento pareció posible el 'reinicio' en las relaciones entre las dos potencias con la complicidad del presidente Dimitri Medvedev, pero durante el cual el rumbo se torció -ya con Vladimir Putin de vuelta en el Kremlin- hasta degenerar en un remake postmoderno de la Guerra Fría, con Washington y Moscú acusándose mutuamente de espiar e interferir en sus asuntos internos.
Espionaje
La CNN ha citado a funcionarios de la actual y anterior Administración de EEUU para acusar a Kislyak de ser conocido como "el reclutador en jefe" en Washington del espionaje ruso. Las acusaciones son un fiel reflejo de lo que ha estado pasando en Moscú estos últimos años. Desde el Gobierno ruso incluso denunciaron el año pasado que los servicios secretos de EEUU intentaron reclutar al ministro consejero de la delegación rusa en Washington: "Le pusieron en su coche 10.000 dólares junto a una propuesta para colaborar". También hay quejas rusas sobre la embajada de EEUU en su territorio. "Además de dedicarse a espiar, los diplomáticos de la embajada de EEUU fueron vistos en manifestaciones ilegales de la oposición rusa", ha denunciado el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov.
Cuando yunque, yunque. Y cuando martillo, martillo: a Kislyak le ha tocado ser el bueno de la película y el malo años después. Pero diversos analistas dudaban ayer en la prensa digital rusa que realmente pudiese tener que ver con el reciente hackeo de las elecciones presidenciales denunciado por la Administración de Obama: "Seguramente al embajador lo mantuvieron al margen para que luego pudiese negarlo", explicaba el analista Vladimir Frolov en el diario 'Moscow Times'. Para este año se espera su retiro, y será sustituido por Anatoli Antonov, situado en una línea más dura.
Pase lo que pase después, esta herida será un tanto difícil de cerrar. Los encuentros ocurrieron en julio y en septiembre, apenas meses antes de las elecciones ganadas por el ahora presidente, Donald Trump, y en medio de una tormenta política por la presunta injerencia del Kremlin en ellas mediante ataques cibernéticos. El Kremlin asegura que no estaba al corriente de estos supuestos encuentros del embajador: "No sé si tuvieron lugar o no y, si sí ocurrieron, cuál era el contenido", declaró el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov. Desde Moscú se recuerda que el trabajo del embajador es "tener la mayor cantidad de encuentros posibles, incluso con los representantes del poder Ejecutivo y Legislativo del país".

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