13 may. 2018

La élite del poder/ Proceso

REVISTA PROCESO # 2167, a 13 de mayo de 2018.. 
El corazón del poder, en el Consejo Mexicano de Negocios/
ARTURO RODRÍGUEZ, MATHIEU TOURLIERE Y ARELI VILLALOBOS
Es la élite de la iniciativa privada que domina los distintos sectores económicos del país y que durante décadas ha salvaguardado sus intereses financiando campañas presidenciales, recurriendo al chantaje e impulsando cercos publicitarios a medios de información. Se trata del Consejo Mexicano de Negocios, del que Proceso presenta un perfil e identifica a varios de sus miembros. Esta exclusiva cúpula empresarial, beneficiada (en parte) de las privatizaciones que han operado diversos presidentes, tiene su origen en 1962, cuando respondió al interés de frenar el desarrollo de la izquierda en México.
Como “cúpula de cúpulas”, está regido por algunas reglas básicas que cimentan la confianza entre sus miembros: el ingreso de un nuevo integrante debe ser aceptado por unanimidad, la membresía se hereda, las reuniones y su contenido se llevan a cabo a puerta cerrada.
Y, quizás la principal, aunque no haya una postura partidista, todos comparten el mismo objetivo: concretar el proyecto neoliberal en México mediante pactos con el presidente de la República.
Sus refrescos, panes, tortillas, latas, medicamentos, cervezas y licores surten todas las tiendas del país. Controlan los principales espacios de distribución (Soriana, Chedraui, La Comer y Oxxo, entre otros), tienen bancos y aseguradoras, manejan las telecomunicaciones y parte del contenido mediático, detentan las concesiones mineras más redituables, operan las principales empresas de transporte y producen la mayor parte del cemento, del acero y de la pintura.
Aunque sus integrantes se dejan ver cada vez más, aún no hay un registro público de su membresía. Mediante solicitudes de información a la Presidencia de la República y de búsquedas en terceras fuentes, Proceso identificó a por lo menos 52 miembros, entre ellos apenas tres mujeres.
Con excepción de Blanca Treviño de Vega, la primera mujer en ingresar al entonces llamado Consejo Mexicano de Hombres de Negocios –su nombre perdió la palabra “hombres” tras la integración de la regiomontana–, todos heredaron sus grupos o se beneficiaron de las privatizaciones, que el propio organismo –ahora llamado Consejo Mexicano de Negocios (CMN)– promovió durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.
Entre ellos destacan siete mexicanos que Forbes incluyó en su lista de multimillonarios globales de 2018: Carlos Slim Helú, Alberto Bailleres González, Emilio Azcárraga Jean, Germán Larrea Mota Velasco, María Asunción Aramburuzabala Larreguí, Roberto Hernández Ramírez y Juan Beckmann Vidal.
También lo forman nueve integrantes del “Grupo de los Diez” de Nuevo León: Armando Garza Sada, Rogelio Zambrano Lozano, Tomás González Sada, Sergio Gutiérrez Muguerza, José Antonio Fernández Carbajal, Eduardo Garza, Enrique Zambrano Benítez, Adrián Sada González y Eugenio Garza Herrera.
Acostumbrado a la discreción, el CMN suele expresarse mediante un único canal de comunicación: su presidente en turno, puesto ocupado actualmente por Alejandro Ramírez Magaña, dueño de Cinépolis.
De manera poco habitual, el jueves 3, el CMN publicó en varios periódicos un desplegado titulado “Así no”, en el que calificó de “injuriosas y calumniosas” las expresiones que empleó Andrés Manuel López Obrador, el candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, cuando se refirió a la élite empresarial como “minoría rapaz”.
Proyecto neoliberal
La creación del CMN como grupo informal, en 1962, respondió a un interés urgente: impedir el desarrollo de la izquierda en México, apenas tres años después del triunfo de la Revolución Cubana, a la que el PRI de Adolfo López Mateos enviaba señales de solidaridad.
Para garantizar sus intereses, el CMN se valió de todo: varios de sus miembros financiaron las campañas de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo o Vicente Fox –aunque otros, como Juan Sánchez Navarro, denunciaron estas prácticas–, recurrieron al chantaje, fomentaron el boicot publicitario contra el periódico Excélsior de Julio Scherer, aplaudieron la represión de 1968 y orquestaron campañas sucias contra los candidatos de izquierda, ya fuera Cuauhtémoc Cárdenas o López Obrador.
El CMN impulsó la privatización de las empresas paraestatales y la disminución del gasto público, logró reducir los derechos laborales y contener los salarios y obtuvo la apertura de la economía a la inversión extranjera, como lo mostró la politóloga Marcela Briz Garizurieta en su tesis de doctorado El Consejo Mexicano de Hombres de Negocios en la transición hacia un nuevo modelo de desarrollo, presentada en mayo de 2006.
En los tiempos más decisivos para la élite del sector privado, el CMN colocó a uno de sus integrantes al frente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) –un órgano en el que el CMN tiene voz y voto, y del que Juan Sánchez Navarro, miembro del club, fue el primer presidente– y de la Asociación Mexicana de Banqueros, a las que utilizó para presionar al gobierno.
En 1986, por ejemplo, el empresario priista Claudio X. González, presidente del consejo de administración de Kimberly-Clark, utilizó su doble condición, como miembro del CMN y presidente del CCE, para presentar al entonces presidente Miguel de la Madrid una “propuesta” de política económica en 10 puntos para contener la inflación.
Fue precisamente durante el sexenio de De la Madrid que el CMN tomó fuerza –que culminó en el sexenio de su sucesor, Carlos Salinas de Gortari–: a raíz de la expropiación bancaria de 1982 “el (CMN) figuró como intermediario clave para recomponer las relaciones entre la administración de Miguel de la Madrid y el sector privado”, sostuvo la académica.
El entonces presidente necesitaba contener la inflación, pero no quería negociar con el CCE, demasiado afín al PAN. Al frente de sus grupos, los miembros del CMN tenían el control sobre los precios de los productos y una mayor disposición a negociar, como refirió el exmandatario en sus memorias.
Empresarios y gobierno acordaron en 1987 el Pacto de Solidaridad Económica, en el que la élite del sector privado consiguió, a cambio de controlar sus precios, que el gobierno federal iniciara la privatización de las empresas paraestatales y abriera las puertas a los capitales extranjeros.
El CMN tenía entonces por interlocutor a Carlos Salinas de Gortari, el secretario de Programación y Presupuesto, afecto al proyecto neoliberal. Ya instalado en Los Pinos –con la ayuda financiera de varios integrantes del Consejo–, Salinas reprivatizó la banca y aceleró la venta de paraestatales.
Cada año desde 1996, el presidente en turno del CMN protagoniza un ritual público: tras realizar un breve análisis de la situación económica del país, anuncia el monto –en dólares– de las inversiones que los integrantes del exclusivo club realizarán el año siguiente. El presidente, en respuesta, agradece a los empresarios sus esfuerzos y presume el monto de la inversión como un logro de su administración. En diciembre pasado, por ejemplo, Enrique Peña Nieto dio las gracias a la cúpula por invertir “más de 150 mil millones de dólares” durante su sexenio.
Las reuniones que el CMN celebraba cada año con el titular del Ejecutivo solían llevarse a cabo a puerta cerrada, hasta que en enero de 2016 Peña decidió abrir en parte a la prensa una reunión en el exclusivo Club de Empresarios Bosques. Ello generó molestia en la cúpula empresarial y desde esa fecha las reuniones están marcadas por un protocolo rígido.
En cada esquina
La herencia de los negocios familiares, así como la adquisición de bancos y empresas durante el periodo de privatización, instalaron a los integrantes actuales del CMN al frente de grupos que dominan los distintos sectores económicos del país.
Slim es dueño de las telecomunicaciones; Azcárraga controla la televisión abierta; Bailleres y Larrea, la minería –el segundo, con Grupo México, controla además el transporte ferroviario–; Ramírez Magaña posee la mayoría de las salas de cine, y Zambrano produce más de la mitad del cemento que se utiliza en el sector de la construcción del país.
José Antonio Fernández Carbajal y Juan Gallardo, presidentes de los consejos de administración de FEMSA y de la organización Cultiba, respectivamente, dominan el mercado mexicano de refrescos.
Eduardo Tricio Haro –presidente de Grupo Lala y Aeroméxico–, junto con Aramburuzabala y Valentín Díez Morodo, lideran los mercados de la leche y de la cerveza, mientras que el sector alimenticio del CMN también cuenta con los gigantes Bimbo y Herdez –dirigidos por las familias Servitje y Hernández-Pons Torres, respectivamente–, así como con Bachoco, el principal productor de pollo del país.
En el comercio minorista están Ricardo Martín Bringas, Antonio Chedraui Obeso o Carlos González Zabalegui, presidentes de los consejos de administración de Grupo Soriana, Chedraui y La Comer, respectivamente. Esos consorcios operan las cadenas de tiendas de autoservicio Soriana, Chedraui, La Comer, City Market y Mega, entre otras.
Por parte del sector bancario destacan Roberto Hernández Ramírez, el presidente de Grupo Financiero Banamex, quien se enriqueció vertiginosamente cuando se privatizó de la banca, así como Antonio del Valle Ruiz, quien vendió su grupo Bital a HSBC en 2002 y dirige actualmente la química Mexichem.
Si bien el Grupo Financiero BBVA Bancomer no está presidido por un integrante del CMN, en su consejo de administración se mezclan los intereses de algunos grupos del exclusivo club de empresarios: en él se encuentran Bailleres y Ramírez Magaña, así como Carlos Vicente Salazar Lomelín, quien hasta diciembre de 2017 fue director general de FEMSA.
Aunque la mayor parte de los grupos no tienen negocios al amparo directo del poder, algunos de ellos destacaron entre los grandes beneficiarios de contratos gubernamentales durante la administración de Peña Nieto.
Grupo Carso, de Carlos Slim, obtuvo contratos por más de 123 mil millones de pesos durante el sexenio; encabezó el consorcio que obtuvo el principal del Nuevo Aeropuerto Internacional de México para la construcción del edificio de la terminal, por 84 mil millones de pesos.
Y no es el único: Aramburuzabala (Sixsigma Networks), Azcárraga (Televisa), Bailleres (Grupo Nacional Provincial), Agustín Franco Macías (Grupo Infra), Bernardo Quintana Isaac (ICA) y Luis Orvañanos Lascuráin (Corporación GEO), entre otros, también obtuvieron jugosos contratos durante la administración de Peña Nieto (Proceso 2160).
El operador
Con el paso de las décadas creció la membresía del CMN: de seis fundadores llegó a 37 empresarios en 1989 y ahora lo integran por lo menos 52 personas. Veinte de los miembros –o sus herederos– de 1989 permanecen en el grupo y 32 se incorporaron después, lo que diluyó la cohesión y diversificó sus posturas, observó Briz en su tesis doctoral.
En el Consejo de Administración de Banamex, por ejemplo, ocho de los 15 consejeros pertenecen al CMN; en Grupo México se encuentran seis de sus miembros; en el de Grupo Televisa son cinco y el mismo número se encuentra en el grupo regiomontano Alfa.
El financiero Valentín Díez Morodo, presidente el Consejo de Administración de Grupo Modelo –comprado en 2015 por el gigante transnacional de origen holandés AB Inbev– es socio consejero de Kimberly-Clark, Banamex, Grupo KUO, Grupo DINE, Mexichem, todas presididas por miembros del CMN.
Claudio X. González Laporte, presidente de Kimberly-Clark de México y miembro de mayor antigüedad en el CMN, junto con Antonio del Valle Ruiz y Alberto Bailleres, se encuentra en los consejos de administración de los grupos de Slim –Carso, Inbursa y Sanborns–, de Armando Garza Sada –Grupo Alfa– y de Germán Larrea –Grupo México.
Desde su ingreso al club, en 1978, su estrategia no cambió: presente en los consejos de administración de los principales grupos, en las organizaciones empresariales –presidió el CMN y el CCE en tres ocasiones– y en las más altas esferas de la política, asumió el papel más protagónico en la defensa de los intereses de la élite.
En noviembre de 1997 el empresario regiomontano Juan Sánchez Navarro dijo a este semanario: “Claudio era del gobierno, asesor (de Salinas en materia de inversión extranjera). Su situación era equívoca. Es excelente empresario, pero como tal no podía pertenecer al Estado. Era casi una simbiosis que no es aceptable”.
En abril de 2002, al terminar su presidencia al frente del CCE, Claudio X. González denunció los “retrocesos en materia fiscal” de Vicente Fox y sostuvo que “siguen pendientes cambios que permitan la inversión privada en generación de electricidad y gas e, incluso, en la petroquímica”.
Con la doble batuta CMN-CCE, el empresario chantajeó al entonces presidente Fox, al advertirle que el sector empresarial no firmaría el acuerdo político sin el compromiso del gobierno federal de reformar el marco jurídico para abrir parte del sector energético a la inversión privada, ablandar la ley laboral para eliminar las “excesivas prestaciones” y desregular la educación privada.
Se convirtió en una de las voces más críticas contra López Obrador en las últimas dos décadas: en 2005 resultó el más firme promotor del desafuero al candidato y en octubre pasado apoyó abiertamente a José Antonio Meade Kuribreña, el candidato presidencial de la coalición encabezada por el PRI.
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Temores y fobias de los grandes/ARTURO RODRÍGUEZ, MATHIEU TOURLIERE Y ARELI VILLALOBOS
REVISTA PROCESO # 2167, a 13 de mayo de 2018.. 
La última semana de octubre de 2017, Claudio X. González Laporte anticipó, en nombre de otros magnates mexicanos, que intervendría en la elección presidencial de 2018 con planteamientos similares a los que desde un año antes esgrimía el presidente Enrique Peña Nieto.
Entrevistado por el editor en jefe de la revista Forbes México, Zacarías Ramírez Tamayo, el fundador del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios –conocido ahora como Consejo Mexicano de Negocios– respondió: Ellos “están dispuestos a actuar (en las elecciones de 2018) porque el riesgo del populismo es grande”.
González Laporte se dijo halagado de que el entonces presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, lo comparara con Fidel Velázquez, el extinto líder de la Confederación de Trabajadores de México.
Él ayudó mucho al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, dijo el entrevistado, en alusión al sempiterno líder cetemista. El 24 de octubre de 2017 –un día antes de que Forbes publicara la entrevista–González Laporte aprovechó la Cumbre de Negocios 2017 que se realizaba en San Luis Potosí para decir que José Antonio Meade Kuribreña debía ser el candidato del PRI a la Presidencia de la República.
“Pepe Meade nos va a poner la mesa de lo que puede ser el gran futuro que tiene nuestro país. Pepe sabe hablar de lo que es México y de lo que es su aspiración hacia el futuro. Pepe es alguien que ve hacia el futuro”, dijo el presidente honorario de Kimberly Clark México.
Con esa inopinada declaración, González se anticipó incluso al “ritual” priista del destape.
En la entrevista con Forbes, el empresario aludió a la alianza entre PAN-PRD-MC que, dijo, iba por buen camino: “Vamos a ver; todo indica que por tamaño y peso específico (el candidato de esa alianza) debiera ser alguien del PAN, pero también dentro del PAN hay cierta división”.
Sin embargo, el centro del discurso de González en San Luis Potosí y en sus declaraciones a la revista Forbes, fue Andrés Manuel López Obrador, quien por esas fechas ya estaba posicionado como puntero en las encuestas.
Ante las reiteradas menciones a López Obrador, Ramírez Tamayo le preguntó al empresario:
–Si lo tuviera enfrente, ¿qué le diría?
–Lo que veo del Peje –“para mí es El Peje”, puntualizó– es que es un hombre profundamente atado al pasado. Vive lo peor del siglo XX, no es capaz de ver el siglo XXI y todos sus retos.
Con esa declaración, que sirvió de título a la entrevista de Forbes México, el entrevistado anticipaba el activismo de los grandes capitalistas mexicanos que se detonó hace varias semanas.
En aquella entrevista González habló en nombre de las empresas en las cuales formaba parte de sus consejos de administración: Grupo Carso, de Carlos Slim; Grupo México, de Germán Larrea, y Grupo Alfa, de la familia Garza-Sada.
La embestida
La cargada empresarial esbozada por Claudio X. González para evitar “el riesgo del populismo” en México se concretó desde principios de año y se intensificó las últimas semanas.
Carlos Slim, Germán Larrea y Álvaro Fernández Garza comenzaron con sus críticas y cuestionamientos a López Obrador en las redes sociales
Fernández Garza es el más activo de los tres. El 2 de enero, por ejemplo, tuiteó: “Hay que tener mucho cuidado de votar por lo mejor para el país, usar la cabeza y no el estómago o el corazón”.
En esa salutación tuitera de Año Nuevo, el empresario utilizó una expresión similar a la que usó Enrique Peña Nieto la semana pasada.
Ese mismo día comparó a López Obrador con Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco. Y cuando se refiere a la familia Clouthier, señala que no heredaron el talento de su padre. En el caso de Rebeca Clouthier –hermana de Tatiana, la coordinadora de campaña de López Obrador–, Fernández Garza descalifica su candidatura a la alcaldía de San Pedro Garza García, arropada por el PAN.
Hijo de Mauricio Fernández Ruiloba, considerado fundador del PAN, y de Margarita Garza Sada, Álvaro Fernández es hermano de Mauricio, el polémico alcalde de San Pedro Garza García.
En su cuenta de Twitter, Álvaro Fernández suele reproducir las críticas que hace el escritor Enrique Krauze sobre López Obrador e incluye las propias:
Si López Obrador anuncia que integrará una red de “defensa del voto” para evitar el fraude electoral, el empresario tuitea: “Ya preparas tu excusa”. Cuando el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia dijo que Napoleón Gómez Urrutia era “perseguido” y “estigmatizado”, Fernández Garza se preguntó: “¿no será más bien que ocupas votos de Napo? Hazme el favor, una persona huida ponerlo de senador…” (sic).
Si López Obrador habla de frenar las subastas petroleras, el empresario regiomontano responde: “Y sigue López Obrador haciendo y diciendo estupideces. Pf. despertemos mexicanos”.
También ha comparado al candidato de Morena con el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Y cuando el candidato celebra un encuentro con empresarios, Fernández Garza ironiza: “¿Y como con qué empresarios te encontraste?”.
En lo que va del año, Fernández Garza ha emitido 19 tuits con contenido electoral, 16 de ellos sobre López Obrador.
Slim, presidente de Grupo Carso, suele ser más discreto. El 16 de abril, cuando habló en torno al Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), dijo:
“Me preocupa y me da miedo por lo que siga, porque si ese va a ser el precedente, va a haber malas decisiones de inversión”. Por cierto, Slim posee contratos en el NAIM, cuyo diseño y gestión de proyecto fueron contratados a su yerno, el arquitecto Fernando Romero.
De los empresarios que González Laporte dijo representar, sólo Germán Larrea Mota Velasco ha mantenido bajo perfil. Y aun cuando el magnate minero rehúye a los reflectores, pagó por la publicación de un desplegado en el cual aclaró que no prestó un avión a López Obrador; también le reclamó haber incluido a Napoleón Gómez Urrutia como candidato de Morena al Senado.
Otras opiniones empresariales
De la lista de 52 integrantes del CMN que Proceso pudo acreditar, 14 se han pronunciado contra López Obrador desde antes del actual diferendo con la cúpula empresarial.
El vocablo “miedo”, usado también en la propaganda del PRI, es persistente en el círculo de magnates, empezando por el más poderoso de todos: Carlos Slim.
Eduardo Tricio, presidente de Grupo Lala y de Aeroméxico, dijo el pasado 18 de abril: “Me da miedo que se paren o se quieran parar proyectos como el NAIM”.
Juan González Moreno, presidente de Grupo Maseca, expresó su apoyo a Meade y el pasado 19 de abril declaró a El Sol de México que no quiere ver a México como Venezuela.
Y el 22 de marzo, Tomás González Sada, presidente de Cydsa, manifestó su preocupación por la llegada a Los Pinos de un presidente que cancele las reformas.
El más visible y activo del CMN es Alejandro Ramírez, de Grupo Cinépolis, quien ha sido persistente en sus cuestionamientos a López Obrador.
En el CMN Javier Arroyo, de Corporativo Fragua; Blanca Treviño, de Softtek, y Emilio Azcárraga Jean, de Televisa, se han mostrado neutros en sus pronunciamientos acerca de López Obrador y el proceso electoral.
En una entrevista con El Universal, publicada el 27 de abril, Azcárraga dijo que era necesario cierto grado de continuidad, pero se mostró de acuerdo en revisar contratos del NAIM. Incluso minimizó la polarización del debate; dijo que es el clima esperado en cualquier campaña y, de manera similar a Arroyo y Treviño, omitió expresar su preferencia electoral.
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Fortunas amasadas sobre la pobreza de los empleados/ARELI VILLALOBOS
REVISTA PROCESO # 2167, a 13 de mayo de 2018.. 
A decir de expertos en política salarial y laboral, los integrantes del Consejo Mexicano de Negocios obtienen las mayores ganancias con grandes empresas que pagan sueldos de miseria y dan prestaciones incompletas. Es decir, crean empleos precarios pero no en proporción con su creciente riqueza, además de que son responsables de la colusión histórica con el Estado para mantener los salarios mínimos en niveles bajísimos.
Para el director del Observatorio de Salarios de la Universidad Iberoamericana, Miguel Santiago Reyes Hernández, el desplegado “Así no” que publicó el Consejo Mexicano de Negocios (CMN) el pasado jueves 3, es “pura propaganda”.
El también investigador del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad, de esa universidad, afirma que la advertencia de esa élite empresarial es parte del “mito histórico” que el CMN ha fomentado y que consiste en que “nadie debe pelearse con ellos porque son los generadores de empleo”.
De acuerdo con el Informe del Observatorio de Salarios 2018, el club empresarial (clasificado entre las “empresas de más de 500 trabajadores”) genera 1.4 de cada 10 empleos, es decir, ocupa al 14% de los 38 millones de asalariados del país.
Reyes Hernández destaca dos factores relevantes: la mayoría de los empleos consisten en labores de subordinación, no son altos puestos. Al 20% de sus trabajadores no les pagan en su totalidad vacaciones y aguinaldo, ni cotizan para el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit), que son las tres prestaciones mínimas establecidas en la Ley Federal del Trabajo.
“Si algo cuestionan los grandes empresarios es la demagogia, las falsas promesas, pero aquí (en su desplegado) hay una clara manipulación de cifras”, indica Reyes, también exdirector del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero-Puebla.
En un informe reciente, el observatorio universitario encontró que las grandes empresas de los magnates del CMN violan “claramente la ley”, pues sólo pagan todas las prestaciones a 80% de sus empleados, de los cuales 60% se ve beneficiado con lo “mínimo y algo más”, como bonos y otras prestaciones.
El restante 5.2% no tiene ninguna prestación y 14.8% tiene sólo alguna de las tres prestaciones que por ley debe dar cualquier empresa generadora de empleos formales en México.
A decir del investigador, los integrantes del consejo tienen “muchos recursos” y no tendrían “ningún problema” para asegurar a todos sus trabajadores. Por ese motivo señala que Secretaría del Trabajo y Previsión Social y el Instituto Mexicano del Seguro Social son omisos en su responsabilidad: “Deberían tener personal que revisara el cumplimiento legal de estas empresas. ¿Por qué no lo están haciendo? ¿Por corrupción? ¿Por compadrazgo?”
El Informe del Observatorio de Salarios de 2017 revela otro dato: 68% de los trabajadores de las empresas del CMN no alcanza el “salario mínimo constitucional”, que debería pagarse para que las personas vivan dignamente. El observatorio lo estableció en 638 pesos diarios.
La diferencia entre las percepciones de los directivos o accionistas y las de un empleado común es abismal. Por ejemplo, el informe dice que los accionistas de una empresa minera ganan un promedio de 13 millones de pesos al mes, pero pagan un promedio de 25 mil pesos a sus trabajadores. “Obviamente en el promedio de estos salarios se incluye a gerentes, no solamente a los trabajadores, a éstos se les paga muchísimo menos”, comenta Reyes Hernández.
El contraste es peor cuando se tiene en cuenta que la productividad mensual de dichas firmas –lo que cada trabajador genera– se estima en 462 mil pesos mensuales.
Trabajos indignantes
Las condiciones laborales son aún más difíciles para los jóvenes, apunta Reyes Hernández, porque el patrón argumenta su “falta de experiencia” para darles sueldos más bajos.
En el anexo estadístico del Informe del Observatorio de Salarios 2018 se establece que de 1 millón 423 mil 502 jóvenes de entre 15 y 29 años que laboran en empresas de más de 500 empleados, 22% carece de las tres prestaciones mínimas de ley y 9.1% no tiene ninguna.
Según el documento, también es el sector de la población asalariada de estas empresas que muestra los porcentajes más altos de trabajo sin contrato (28%), jornadas laborales superiores a ocho horas (23%), sin acceso a la seguridad social (21%) y no alcanza el salario digno (72%).
Samantha Cruz, estudiante de administración de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) campus Cuajimalpa, relata que durante su experiencia como “empleada general” durante un año y tres meses en la cadena de cines del millonario Alejandro Ramírez, fue la obligación de arrodillarse ante los clientes “para no molestarlos”.
Entre sus actividades en el Cinépolis VIP Samara, en Santa Fe, a veces le asignaban “correr”, es decir llevar la comida a los clientes hasta su asiento en la sala. Como parte del servicio, dice, “te arrodillas porque no puedes molestarlo; si estás parado obviamente tapas la película a los demás”.
Samantha, de 24 años, narra que las lesiones no eran motivo para transgredir esa regla: “Luego de un accidente que tuve, en el que me lastimé la rodilla y me dieron incapacidad, me pidieron ‘correr’. Yo no quería eso porque me dolía bastante, pero con todo estuve un fin de semana así. Obviamente mi rodilla se volvió a lastimar y me tuvieron que dar más tiempo de incapacidad. Ya cuando volví a trabajar me regresaron a taquilla”.
Empleado general es la categoría con que se contrata al grueso del personal de Cinépolis, así se desempeñan en cualquier área: limpieza, cocina y atención al cliente en taquilla o en proyección. “No importa que no sepas nada de cocina, por ejemplo; sobre la marcha los mismos compañeros te van enseñando”. Todo esto por 28.47 pesos la hora, con lo que su salario suma a la catorcena 2 mil 200 y hasta 2 mil 500 pesos.
Los turnos en Cinépolis son “fijos” y de ocho horas, con un día de descanso entre semana –nunca en sábado y domingo– aunque las jornadas cambian cuando hay estrenos grandes:
“Mi horario era de 16 a 11 horas, pero a veces salía a la media noche o, si era premier, a las 3 de la mañana, sin importar que al día siguiente tocara apertura y tuviera que estar a las 10. Con la escuela eso me empezó a causar mucho estrés. Además no te apoyan con el transporte; eso es horrible. Yo tenía la fortuna de que mis papás fueran por mí, pero cuando no podían, tenía que pagar Uber y éste me salía más caro que todo el día trabajando.”
El tiempo que trabajó ahí (de junio de 2016 a septiembre de 2017), Samantha tuvo aguinaldo, vacaciones y Seguro Social, pero no cotizó al Infonavit. Sin embargo, era la opción más viable:
“Honestamente no es un trabajo que yo recomendaría, pero reconozco que hay mucha facilidad para entrar. Mi entrevista fue muy fácil; me pidieron sólo mis documentos oficiales y la preparatoria terminada. Se me hizo fácil pedir trabajo ahí porque sus horarios supuestamente coincidían con mi horario de escuela. Cuando estaba buscando trabajo, mis dos opciones eran Cinépolis y Starbucks, pero finalmente me fui con el que pagaba más.”
Influencia histórica
El doctor por la Universidad de Texas y experto en el estudio del salario industrial en México del siglo XX, Marco Águila Medina, coincide: el empleo que las grandes empresas generan son una “parte pequeña” comparada con la ocupación total y con “los problemas de desocupación estructural del país”.
El también investigador y profesor de la UAM Xochimilco destaca que el sector empresarial ha jugado un papel determinante en la política salarial del país, pues su cercanía con la cúpula política, fortalecida desde el sexenio de Miguel de la Madrid, ha incrementado su capacidad para influir en los sueldos, en detrimento de la capacidad adquisitiva del sector obrero y de la autonomía de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami).
“Se supone que en la Conasami participan empresarios, representantes laborales y el Estado. En realidad es como si habláramos de la reunión de dos enemigos y un traidor: éstos últimos son los representantes de los trabajadores pero no son muy confiables, y del otro lado, el de los empresarios y el Estado, hay una tendencia a aliarse”, explica.
El académico advierte que, a pesar de que a nivel mundial estos consorcios son las que pagan los salarios “más altos” en el mercado –porque se asocian a las ganancias “excepcionales” que consiguen–, en México no ocurre lo mismo: para un trabajador que se desempeña en el mismo empleo y en la misma empresa que otro asalariado en otro país, el salario es más bajo.
“¿Por qué es importante para este consejo (el CMN) y la coalición gobernante que los salarios no crezcan? –plantea Águila Medina–. Si uno tiene una política de apertura comercial, un arma básica de competencias en el mercado mundial son los bajos salarios. El salario en México ha quedado estancado con la ayuda de la política del salario mínimo.”
La situación empeora, dice, porque ahora instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) influyen en la determinación del salario
mínimo.
“El FMI habla de salarios estructuralmente bajos y dejarlos ahí… y eso es lo que han seguido haciendo.”
Enfatiza que actualmente el nivel adquisitivo del salario está por debajo del que ganaba un mexicano en los setenta. El pasado 1 de diciembre la Conasami anunció un aumento de cinco pesos al salario mínimo, con lo que llegó a 88.36 pesos diarios.
En perspectiva histórica, añade, “el expresidente Lázaro Cárdenas puso el salario mínimo como una conquista a lograr para los sindicatos y movimientos de trabajadores, no por debajo sino por encima de lo que decía el mercado. En nuestros días y desde el sexenio de Miguel de la Madrid se aplica la política exactamente inversa, que es utilizar el salario mínimo como un ancla para el conjunto de la estructura salarial”.
Al respecto Reyes Hernández concluye: “Estos empresarios tienen posibilidades de ejercer cierta presión y lo pueden hacer, por ejemplo,  desde sus mismos empleados. Eso se ha demostrado. No es que estés en contra de los empresarios, sino de la manera en que ellos han hecho su riqueza y han crecido”.
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Una relación casi simbiótica/ARTURO RODRÍGUEZ, MATHIEU TOURLIERE Y ARELI VILLALOBOS
REVISTA PROCESO # 2167, a 13 de mayo de 2018.. 
Los desencuentros de los hombres de negocios con la clase política se exacerban cada fin de sexenio, cuando aquellos ven afectados sus intereses. La airada protesta del Consejo Mexicano de Negocios con el candidato de Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, y la respuesta que éste les dio –“minoría rapaz, los llamó– atizó las furias de temporal, pero después regresó la calma. Este episodio es similar al que protagonizó el tabasqueño en agosto de 1998 con la élite empresarial que durante décadas ha tenido una relación casi simbiótica con Los Pinos.
Andrés Manuel López Obrador fue categórico: sostuvo que la campaña en su contra no provenía de “los empresarios” en general, sino “del gobierno y un grupo muy reducido de banqueros y hombres de negocios vinculados al poder”, una referencia al entonces Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN).
El discurso suena familiar, aunque fue pronunciado en agosto de 1998, cuando López Obrador tenía 45 años, era presidente del PRD y la cúpula empresarial del país había emprendido contra él una campaña de desprestigio.
En esa época el banquero Antonio del Valle Ruiz, miembro de aquel consejo, advirtió que el programa perredista “nos crearía crisis mucho peores que la de 1995 y nos llevaría a inflaciones que ya nos olvidamos de ellas y nos llevaría a salidas masivas de capital”.
Y Francisco Javier Bours Castelo, de Bachoco, lo secundó: “Nos preocupa grandemente volver a las políticas populistas, que no son consistentes con lo que requiere el país y con lo que pasa en el mundo”.
La élite empresarial estaba furiosa. Semanas antes, el PRD había anunciado su intención de rechazar que los impuestos de los mexicanos subsanen las deudas de los bancos mediante el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa).
Además, el partido había exhortado a los trabajadores a no afiliarse a las afores –otro de los temas que cobró relevancia en las últimas semanas–, pues el gobierno federal anunció que las mismas administradoras financiarán la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), el proyecto transexenal más importante del país.
No era la primera ni la última vez que el ahora llamado Consejo Mexicano de Negocios (CMN) expresaba su hostilidad en público ante el posible triunfo de un programa ajeno a sus intereses.
Veinte años después la escena se repite: cuando el candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia anunció su intención de revisar todos los contratos del NAIM si llega a Los Pinos, y cancelar aquellos que estén manchados por la corrupción, provocó una andanada de críticas del sector empresarial.
El jueves 3, el CMN –formado ahora por más de 52 miembros, según la información recabada por Proceso– criticó abiertamente a López Obrador en el desplegado Así no publicado en varios periódicos.
Su presidente, Alejandro Ramírez Magaña –dueño de Cinépolis–, insistió en que López Obrador “no genera confianza”, mientras que el tabasqueño recicló sus argumentos contra el CMN, al que calificó de “minoría rapaz”, beneficiaria del sexenio de Carlos Salinas de Gortari.
Roces históricos
En mayo de 1994, Del Valle Ruiz, entonces presidente del CMN, envió a los demás integrantes del organismo empresarial el documento Sugerencias en la implementación de un plan para la promoción del voto dentro de la empresa, con la propuesta de distribuir documentos a sus empleados para “informarles” sobre los candidatos a la contienda presidencial.
En las cartas y semblanzas curriculares de los aspirantes a Los Pinos, Ernesto Zedillo estaba retratado como integrante del “nuevo PRI”, un partido abierto a la modernidad, la privatización y la seguridad en la propiedad privada, una estrategia de comunicación que fue retomada en 2012 para el regreso de ese partido a la Presidencia, con Enrique Peña Nieto.
El panista Diego Fernández de Cevallos –ahora asesor del candidato presidencial de Por México al Frente, Ricardo Anaya Cortés– aparecía como un “profesionista independiente del poder político”, mientras que Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el entonces candidato del PRD, era señalado a través de “textos y caricaturas grotescas” como un ejemplo del “viejo PRI” estatista, proteccionista y expropiador, de acuerdo con la investigadora Marcela Briz Garizurieta, quien tuvo acceso al documento y lo publicó en mayo de 2006 en su libro El Consejo Mexicano de Hombres de Negocios: surgimiento y consolidación.
En 1994, varios integrantes del CMN se expresaron abiertamente en contra de Cárdenas y a favor del priista. El banquero Roberto Hernández Ramírez, quien había tomado el control de Grupo Banamex durante el sexenio salinista y presidía la Asociación Mexicana de Bancos, afirmó que el priista garantizaba “certidumbre económica” y exhortó: “Zedillo o el caos”.
Gilberto Borja Navarrete, presidente del Grupo ICA, sostuvo que Zedillo aportaría “mayor crecimiento y justicia social”, mientras que Juan Sánchez Navarro, uno de los fundadores del antiguo CMHN –el antecesor del CMN–, expresó su “inquietud” en el caso de que el PRD triunfara.
En agosto de 1998 la cúpula empresarial –incluido el CMHN, su organismo de élite– se manifestó de nuevo contra López Obrador, ante el anuncio de que el PRD haría públicas las listas de los empresarios beneficiados por el Fobaproa: publicaron desplegados en los que hablaban de un “linchamiento generalizado” contra el empresariado nacional y acusaron al entonces dirigente perredista de usar el tema como “botín político”.
“Son los de arriba –expuso el consejo–. Ellos tienen muy buena relación con el gobierno, siempre la han tenido. Ellos le aplaudieron a Salinas. Por la alcahuetería de ellos Salinas pudo hacer y deshacer. Y ahora vuelven a mostrar respaldo absoluto al gobierno. Yo voy a ver a Clariond (Eugenio, entonces presidente del organismo empresarial) para mostrarles nuestros documentos y para que entiendan que el país no puede aguantar más otro saqueo.”
Pecados originales
El CMN suele presumir sus aportaciones a la economía mexicana mediante inversiones multimillonarias y la creación de empleos, mismas atribuciones que cada año les celebra el presidente de la República en turno. Las revistas de finanzas y de sociales elogian a sus miembros, quienes, en el contexto de corrupción que vive México aparecen como figuras confiables.
Sin embargo, la historia del CMN muestra que el grupo cometió actos reprochables. En 1968, por ejemplo, el consejo aplaudió la sangrienta represión que Gustavo Díaz Ordaz desató contra el movimiento estudiantil; ocho años después sus integrantes castigaron al diario Excélsior, dirigido por Julio Scherer García, mediante un boicot publicitario.
Cuando Miguel de la Madrid dejó la Presidencia declaró que desde por lo menos “dos o tres sexenios” anteriores al suyo, los hombres de negocios aglutinados en el consejo recibían a los secretarios de Estado en vísperas de la sucesión.
El 14 de agosto de 1987 el CMN se reunió con Salinas de Gortari para expresarle sus inquietudes sobre la situación económica y plantearle un plan de “modernización”. Meses después, algunos empresarios participaron al famoso “pase de charola”.
Y algunos integrantes del CMN, entre ellos Carlos Slim Helú, Antonio Madero Bracho, Fernando Senderos Mestre y Claudio X. González apoyaron abiertamente la candidatura de Salinas, mientras otros –sobre todo los industriales norteños– se mostraron proclives al PAN.
Antes de la nacionalización de la banca de 1982, los integrantes del entonces CMHN controlaban prácticamente el sector financiero: acaparaban los consejos de administración de Bancomer, Banamex, Comermex y Serfin. Entre 1962 y 1981 seis de sus miembros presidieron la Asociación de Bancos de México.
Con Salinas en el poder, prácticamente los mismos financieros retomaron el control accionario de las instituciones nacionalizadas, entre ellos Bernardo Garza Sada, Eugenio Garza Lagüera, Alberto Bailleres o Roberto Hernández, Carlos Slim, Claudio X. González. Hoy, todos están en el CMN.
La privatización de las paraestatales, que culminó durante el sexenio salinista, también enriqueció a varios de los miembros del CMN: Slim se hizo el hombre más rico con la compra de Teléfonos de México y Germán Larrea se convirtió en dueño de 90% de la producción nacional del cobre al adquirir la mina de Cananea.
Otros grupos aprovecharon la venta al por mayor de las empresas paraestatales y compraron carteras de negocios muy distintos a sus giros históricos: Madero Bracho se volvió dueño de supermercados y minas de oro; la familia Senderos Mestre hizo negocios de pollos y pegamentos; la cementera Cemex compró hoteles…
Durante su gestión en Los Pinos, Zedillo también fue un gran aliado de la élite empresarial durante la crisis bancaria de 1995, cuando nacionalizó la deuda del sector con el Fobaproa –ahora Instituto para la Protección del Ahorro Bancario–. La deuda del Fobaproa actual es de 1 billón 7 mil millones de pesos.
Varios miembros del CMN eran socios de empresas rescatadas por el Fobaproa, entre ellos: Valentín Díez Morodo, Pablo Escandón Cusi, Claudio X. González Laporte, Agustín Legorreta Chauvet, Fernando Senderos Mestre, Antonio Chedraui, Gastón Azcárraga Andrade, Bernardo Quintana Isaac, Emilio Carrillo Gamboa, Roberto Hernández Ramírez, Carlos Slim Helú, Fernando Ponce García, Enrique Robinson Bours Almada, Eugenio Clariond Reyes Retana y Alberto Bailleres.
Al frente del recién privatizado Banco Internacional, Del Valle Ruiz obtuvo un rescate del Fobaproa, pese a que había realizado operaciones de créditos cruzados con otras instituciones bancarias para financiar negocios familiares.
Una relación de interés mutuo
Después de 40 años de relación casi simbiótica con el PRI, varios integrantes del CMN decidieron apoyar a Vicente Fox durante las elecciones del año 2000: Slim, Hernández, Zambrano, Azcárraga, Aramburuzabala y Senderos aportaron a la asociación Amigos de Fox; Díez Morodo y Alfonso Romo Garza –entonces miembro del CMN y ahora enlace de López Obrador con el sector empresarial– integraron su equipo de transición, mientras que Escandón Cusi fue señalado en la triangulación de recursos hacia la campaña del panista.
Roberto Hernández tejió una relación cercana con el entonces presidente, cuya muestra más clara fue la invitación que le hizo el banquero al mandatario en un hotel exclusivo que instaló sobre su isla caribeña de Punta Pájaros, en julio de 2000. Ahí, Fox vacacionó junto con Zedillo.
Durante el sexenio de Peña Nieto, el CMN apoyó y aplaudió en público las reformas estructurales, implementadas gracias al consenso del PRI, el PAN y el PRD conocido como Pacto por México. De nuevo, algunos de ellos salieron ganadores de la explotación de yacimientos petroleros por empresas privadas, una demanda de larga duración del CMN que Peña Nieto concretó en la reforma energética.
Alberto Bailleres formó Petrobal desde 2015; Carlos Slim Helú obtuvo dos áreas de las licitaciones petroleras con Carso Oil and Gas, mientras que los integrantes del consejo de administración de Grupo Alfa –entre ellos Claudio X. González, Francisco Javier Fernández Carbajal, Armando Garza Sada, Adrián Sada González y Federico Toussaint Elosúa, todos miembros del CMN– crearon las empresas Newpek Exploración y Extracción y Verdad Exploración México, que también ganaron contratos para la explotación de dos áreas petrolíferas, de acuerdo con la investigación Desnacionalización del petróleo, que está elaborando el Observatorio de los Salarios.
En la administración actual, la influencia del CMN no sólo permeó en el sector financiero: la organización Mexicanos Primero, que Claudio X. González Guajardo –el hijo de González Laporte– fundó en 2007, fomentó una reforma educativa, finalmente impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto en 2013.
El desplegado de los empresarios y el intercambio de palabras con López Obrador estaba en vías de resolverse, cuando Salvador García Soto observó a Ramírez Magaña y el economista Gerardo Esquivel –asesor económico externo de López Obrador– platicar durante varias horas en un restaurante del sur de la Ciudad de México, según informó en su columna Serpientes y Escaleras, publicada el jueves 10 en El Universal.
El día siguiente, el líder de Morena, quien encabeza las encuestas con más de 10 puntos de ventaja sobre su rival Ricardo Anaya, aseveró que no sabía del encuentro –de “carácter personal”, dijo–, pero saludó la iniciativa.
El CMN es un pragmático: en mayo de 2005, Del Valle Ruiz, entonces presidente del grupo, aseveró que las elecciones del año siguiente no representarían un riesgo para el país. “Hemos empezado a acostumbrarnos a la democracia”, planteó el banquero.
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Ritual sexenal: pasarelas, pases de charola, conciliábulos...
ARTURO RODRÍGUEZ, MATHIEU TOURLIERE Y ARELI VILLALOBOS
2018-05-12 07:11:14 · COMENTARIOS DESACTIVADOS
REVISTA PROCESO # 2167, a 13 de mayo de 2018.. 
Las reuniones sexenales entre la cúpula empresarial y la alta burocracia política son tan legendarias, que los priistas acuñaron vocablos proverbiales como “pasarela” que aludía a los candidatos con posibilidades de llegar a la candidatura presidencial, o “pase de charola”, la colecta de campaña que se inicia una vez definido el candidato oficial.

El pasado 30 de abril, el portal de proceso.com subió un video en el que Ricardo Anaya –candidato presidencial de la coalición Por México al Frente, formada por PAN-PRD-MC–, tres días antes, dijo estar dispuesto a aliarse con Enrique Peña Nieto para evitar que Andrés Manuel López Obrador gane las elecciones del próximo 1 de julio.

Para el miércoles 2, López Obrador comentó que la intención de bajar a José Antonio Meade de la contienda, así como la promoción del documental El populismo en América Latina, eran parte del activismo de Claudio X. González, quien, junto con Alberto Bailleres, Germán Larrea, Eduardo Tricio y Alejandro Ramírez tuvieron una reunión con Anaya.

A pregunta expresa de Proceso, el tabasqueño admitió que se trataba de miembros del Consejo Mexicano de Negocios (CMN).

Su declaración detonó las descalificaciones de algunos empresarios durante una semana. El CMN respondió al candidato presidencial de Juntos Haremos Historia con un desplegado titulado Así no, firmado por el organismo empresarial cuya membresía es semisecreta.

López Obrador les exigió dar la cara. El asunto subió de tono, hasta que el sábado 5 López Obrador sacó un pañuelo blanco. No obstante, adelantó que los implicados habían cabildeado la publicación de un segundo desplegado en su contra con cámaras y organismos empresariales. Y el lunes 6, cuando varios periódicos lo difundieron, el diferendo quedó zanjado.

Usos y costumbres
Reeditada la ritualística del régimen hegemónico, la reunión de cinco empresarios con Ricardo Anaya fue calificada por López Obrador como el conciliábulo en el que se acordó unificar las campañas en su contra. Varios de los implicados negaron ese encuentro. Sin embargo, el jueves 10 Salvador García Soto informó sobre ese encuentro en su columna Serpientes y Escaleras de El Universal.

Ese tipo de reuniones coinciden con el activismo e intromisión histórica de los magnates mexicanos en las sucesiones presidenciales.

En su libro El Consejo Mexicano de Hombres de Negocios: surgimiento y consolidación, la investigadora Marcela Briz Garizurieta acreditó, por ejemplo, la “pasarela” de los presidenciales ante los magnates durante el régimen de Luis Echeverría. En esa ocasión, sostiene, Porfirio Muñoz Ledo recibió una palmada de Bernardo Quintana, de Grupo ICA, quien le espetó: “Nunca serás presidente”.

En 1988 los empresarios se inclinaron por Carlos Salinas de Gortari durante una reunión en la residencia de Carlos Hank González. Los miembros del CMN acordaron los apoyos económicos a la campaña que combatiría la postulación del “izquierdista” Cuauhtémoc Cárdenas.

La relación con el empresariado de la época descansó en dos personalidades aún activas: Claudio X. González, quien incluso se convirtió en asesor económico de Salinas, y Alfonso Romo Garza.

El 23 de febrero de 1993, en la mansión de Antonio Ortiz Mena, en la calle Tres Picos, en Polanco, 29 magnates se reunieron con Salinas de Gortari en las postrimerías de su administración.

En ese conciliábulo estuvieron el entonces dirigente del PRI, Genaro Borrego Estrada, y el responsable de las finanzas del partido, Miguel Alemán (Proceso 853). En pleno convivio se pasó la charola a los invitados. Algunos ofrecieron incluso más de 25 millones de pesos, monto superior al solicitado.

Entre los que acudieron a la encerrona de Tres Picos estuvieron Jorge Larrea, padre de Germán Larrea, así como Claudio X. González Laporte y Alberto Bailleres. Estos últimos forman parte del grupo que participó en la reunión reciente, según expuso López Obrador la semana antepasada.

El 23 de marzo de 1994, tras el asesinato del candidato presidencial del PRI Luis Donaldo Colosio, el relevo fue Ernesto Zedillo Ponce de León. Los hombres de negocios volvieron a reunirse para el pase de charola. El anfitrión fue Lorenzo Zambrano, cabeza de Cemex. Y el encuentro fue el 4 de mayo de 1994, mismo día que la clase empresarial, la mayoría de la cual era del CMN, tuvo un encuentro en Monterrey.

Alfonso Romo es ahora el principal responsable de la vinculación de López Obrador con el sector empresarial, en tanto que Josefa González Blanco Ortiz Mena –nieta de Antonio Ortiz Mena, el anfitrión del encuentro de 1993 en la casa de Tres Picos, e hija de Patrocinio González Blanco, exgobernador de Chiapas y secretario de Gobernación en el sexenio de Salinas– está incluida en el eventual gabinete del tabasqueño.

Democracia con tufo a dinero

La llamada transición democrática tuvo también la participación de los hombres del dinero, de manera más o menos conocida, por la integración de un grupo denominado Amigos de Fox, creado por Lino Korrodi, quien ahora se integró a la campaña de López Obrador.

En su edición 1334, Proceso anticipó los nombres, que posteriormente reveló el Instituto Federal Electoral (transformado en INE a partir de abril de 2014) que participaron en el financiamiento ilegal que facilitó el arribo de Vicente Fox a Los Pinos.

Una vez más, aparecieron los nombres de prominentes miembros del CMN: el banquero Roberto Hernández; Lorenzo Zambrano, de Cemex; Eugenio López, de Jumex; Pablo Escandón Cusi, de Nadro, y Carlos Slim, entre otros, quienes, a pesar de las indagatorias en su contra, nunca fueron tocados.

Por esos años, el presidente del CMN era Claudio X. González Laporte, quien alcanzó esplendor durante los sexenios priistas de Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.

Para 2005 el consejo participó también de manera activa en el proceso de desafuero al entonces jefe de gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador. El objetivo del gobierno foxista era impedir su postulación a la Presidencia de la República cuando llevaba amplia ventaja en las preferencias electorales.

El 10 de junio de ese año, la casa de Rómulo O’Farrill sirvió de escenario para la comilona a la que acudieron el entonces presidente Fox y su secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz (Proceso 1485).

A esa reunión se refirió López Obrador en 2006 durante su alegato ante la Cámara de Diputados:

“Un empresario me contó que el 10 de junio del año pasado, en una reunión en casa de Rómulo O’Farrill, ese grupo compacto de intereses creados le dijo al ciudadano presidente, palabras más, palabras menos: ‘Nos has quedado mal, no has podido llevar a cabo las privatizaciones y la reforma fiscal, pero eso ya no es lo que nos importa. Ahora lo único que te pedimos es que por ningún motivo permitas que ese populista de Andrés Manuel llegue a la Presidencia’.”

El más activo promotor del desafuero y de dejar fuera de la contienda de 2006 al político tabasqueño fue Claudio X. González, a quien López Obrador acusa de capitanear “la guerra sucia” de 2006 en su contra, junto con Roberto Hernández, Alfredo Harp Helú y otros miembros del CMN, a los que suele llamar “la mafia del poder”.

Para 2012, el respaldo a la candidatura de Enrique Peña Nieto fue claro como su apoyo al mandatario, al menos los primeros dos años de su gobierno. Proceso solicitó en 2013 la lista de invitados a Palacio Nacional a la toma de posesión de Enrique Peña Nieto. Al cruzarla con otra lista de asistentes del CMN a encuentros con Peña Nieto, aparecieron los hombres más ricos y poderosos de México, un tercio de los cuales figura en las listas de millonarios que, desde su surgimiento en la década de los sesenta, no han dejado elección sin influir de una u otra forma.
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Hace 25 años, Sánchez Navarro vaticinaba la colusión de los magnates y el gobierno/
RAFAEL RODRÍGUEZ CASTAÑEDA
REVISTA PROCESO # 2167, a 13 de mayo de 2018.. 
Hace un cuarto de siglo Juan Sánchez Navarro ya veía venir esa colusión que se convertiría en la élite del poder. En conversación con Rafael Rodríguez Castañeda en marzo de 1993 –entrevista publicada en el número 853 de Proceso, y de la que a continuación presentamos fragmentos–, el empresario, que se declaraba no priista, aunque alababa la gestión de Salinas de Gortari, preveía “una interacción entre el poder político y el poder económico”. Miembro del llamado entonces Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, agregaba: “Para gente de la extrema izquierda es el triunfo de la oligarquía y, por consiguiente, tiene un signo negativo”.
Crítico de la sigilosa cena en la que los dirigentes del PRI, encabezados por el presidente Carlos Salinas de Gortari, solicitaron dinero a los grandes empresarios nacionales; elogiador en cambio del proyecto gubernamental de hacer transparente el financiamiento de los partidos, don Juan Sánchez Navarro califica:
“Me sorprendió la presencia ahí del presidente Salinas.”
En una entrevista que el empresario cervecero convirtió en un análisis de la antidemocracia mexicana, a partir del agobiante presidencialismo nacional, Sánchez Navarro asegura que, en forma natural, la contribución económica al partido en el poder que otorguen los empresarios les permitirá influir en las decisiones gubernamentales.
Sentencia: “México carece de tradición democrática. Y en medio de la iniquidad existente, la democracia se vuelve meta casi imposible…”
Apenas iniciada la conversación, Sánchez Navarro es interrumpido por una llamada telefónica. El tema, evidente, es la cena de los 25 millones de dólares por cabeza. Alguien solicita al empresario su aportación. El entrevistado escucha, contradice, argumenta:
“Yo no soy priista… Ni pertenezco a ningún otro partido. Soy un empresario independiente…”
Cuelga el auricular, sonríe malicioso y, ahora sí, la plática inicial deriva en la entrevista solicitada:
–¿Por qué los empresarios, que no son priistas, tendrían que hacer aportaciones al PRI?
–Hasta donde yo tengo informes, los 25 o 30 empresarios que asistieron a la cena en casa de don Antonio Ortiz Mena, todos, son priistas. Unos claramente lo han manifestado con anterioridad y otros lo dicen en privado, pero todos son priistas.
–¿Y la presencia del presidente de la República?
–Me sorprendió mucho que asistiera el presidente Salinas. Aunque es considerado el priista número uno, su función básica es la de jefe de Estado. Su presencia le dio un tono distinto a la reunión. Aún no me explico la razón de su asistencia.
(…) –¿Por qué dice que lo sorprendió?
–Porque no creo que sea el papel del presidente, del jefe de Estado, concurrir a una reunión en la que se solicita dinero para uso de los partidos, aunque sea su propio partido.
–¿No desajusta la presencia del presidente en esa junta el libre juego de partidos? Si la lucha es pareja entre los partidos, que es la base de la democracia, la acción del presidente de la República en favor de uno de ellos, ¿no la desequilibra?
–Bueno, si tomamos en cuenta que el partido, el PRI, es el partido en el gobierno, quizás tendría una aparente justificación que el presidente estuviera ahí, pero yo pienso, en una visión un poquito más amplia, ¿asistiría a una reunión de este tipo cualquiera de los jefes de Estado de los países democráticos? ¿Encabezaría el jefe de gobierno de Inglaterra una reunión de financiamiento de los conservadores? ¿Estaría presente Clinton en una situación similar? Tengo mis dudas.
–Vivimos bajo un presidencialismo inocultable, y cuando el poder presidencial se carga en favor de un partido, ¿qué destino tiene la democracia?
–Bueno, es un tema de una amplitud y de antecedentes históricos importantes. La democracia en México ha tenido una debilidad orgánica porque lo que ha subsistido en nuestro país ha sido básicamente el gobierno presidencialista, que en muchos aspectos es la negación de la democracia. Entonces, no es México un ejemplo típico de democracia. En México hay…
–Perdone la interrupción. Para ser más claro: si el financiamiento debe ser transparente, ¿no debe ser transparente la conducta del presidente en materia política?
–Por supuesto, tiene que serlo…
–¿Y cree que es transparente la conducta del presidente en materia política, acudiendo a actos como el que comentamos…?
–Por eso reitero que no me explico por qué fue.
–¿Y no debiera legislarse o buscarse la forma para limitar la conducta del presidente, para sujetarlo también a normas en materia política?
–La relación del presidente con el partido que lo lleva al poder es una relación que siempre ha sido difícil. ¿En qué momento el presidente actúa como jefe de Estado y en qué momento es un miembro de su partido?
(…) –Por cierto, don Juan, parece que los deseos de transparencia en materia de financiamiento partidista vienen a posteriori de esta reunión, aparentemente provocados por la filtración de la información, por la indiscreción… ¿Pero qué le sugiere a usted el hecho de que se haya producido sigilosamente?
–Como decía Reyes Heroles, la forma es el fondo. Y creo que esta reunión no fue bien meditada. Porque supongo que era una reunión entre congéneres, entre compañeros de ideología del partido, y que no iba a salir a la luz pública. Y que se quería que se creara lo que llama Ortiz Mena un fideicomiso para que tenga un capital el PRI. Pero la indiscreción o la filtración, como usted quiera llamarla, que salió a la prensa, demuestra que la forma en que se hizo no fue la adecuada. Personalmente, hubiera querido que de una manera clara, abierta, se dijera: vamos a reunir a los empresarios que sean del PRI, vamos a estudiar con ellos el financiamiento de nuestro partido. O bien, se hubiera hablado con cada uno de ellos en lo particular. Sin necesidad de una reunión privada, poco clara…
–Si no hubiera ocurrido la filtración, ¿cree usted que se habría dado a conocer el proyecto de la transparencia?
–No sé si la reunión fue cuando ya se había tomado la decisión por parte de los jerarcas del PRI, y del gobierno, porque es el PRI-gobierno, de un cambio fundamental en las reglas del juego del financiamiento del Partido Revolucionario Institucional… En todo caso, a mí no me gusta que hubieran hecho una reunión casi secreta.
–¿Por qué no asistió usted a la cena de Ortiz Mena?
–Porque no me invitaron. Y no me invitaron, yo creo que por varias razones: primero, porque no soy del PRI; segundo, porque no tengo los 25 millones de dólares, y tercero, porque a lo mejor hubiera yo dicho alguna cosa que habría roto la armonía de la reunión.
–Estos empresarios que asistieron, no son unos empresarios cualesquiera, son…
–Son la crema, o por lo menos parte de la crema del empresariado.
–Sean o no priistas, son los beneficiarios de la política económica ejercida por el gobierno del PRI, y ahora están retroalimentando con recursos al PRI. ¿No es este un juego sucio de intereses mutuos entre el partido y los empresarios?
–En México, tradicionalmente, y supongo que en otros países también, hay un grupo de empresarios que en razón de su función empresarial, su tipo de negocios, el servicio que prestan, están muy ligados con el Estado. Tengo la impresión de que la mayor parte –no conozco la lista, no sé si usted la conoce– es gente que ha estado muy estrechamente ligada con el gobierno. Pongo el caso de Televisa, que es una concesión. Y los banqueros, que estaban ahí; y Teléfonos, institución muy especial, etcétera. Todos son empresarios que tienen fuertes intereses vinculados a la función política.
“En realidad, el problema para mí es el clarificar: ¿Cuáles son las verdaderas relaciones entre el poder político y el poder económico? Estamos asistiendo en México a un intento de cambio muy importante y quizás a una clarificación, por las declaraciones de González Garrido, si es que realmente se llevan a la práctica, de estas leyes o principios reglamentarios de la relación poder político con poder económico.
“La tesis vigente entre los intelectuales de izquierda, de que las oligarquías tienen un peso decisivo en la vida de las democracias occidentales, se pone de relieve como un hecho, es evidente. Claro que si usted aporta al fideicomiso para financiar al partido político que está en el gobierno, usted tiene una relación muy estrecha con el poder político y, evidentemente, aunque se diga lo contrario, podría usted tener una influencia en ciertas decisiones fundamentales.”
–Dice Don Antonio Ortiz Mena que no influirán…
–En el sentido de que uno presente una instancia escrita y que le digan que sí, porque uno aportó, no. Claro que no, pero que lo van a tomar en cuenta, que lo van a considerar, que lo van a recibir para que sean escuchados sus puntos de vista, por supuesto que sí. De hecho, ya ocurría así, no es una novedad, pero ahora queda de manifiesto que tiene que hacerse a la luz pública.
–Quien da 25 millones de dólares sí influye…
–Pues a mi juicio, sí. Es natural que las relaciones entre la cúpula del poder político y la cúpula del poder económico se estrechen más y haya una mayor influencia en ambos sentidos.
–¿Por qué diría Ortiz Mena que no van a influir los donantes en la vida del partido, como curándose en salud, como pensando que hay algo vergonzante en esta relación? ¿Por qué no abiertamente dice: nosotros influimos en ellos, ellos influyen en nosotros y creamos una influencia mutua y recíproca que nos alimenta a todos, nos retroalimenta a todos y nos beneficia a todos?
–Yo no sé si la versión periodística de lo que dijo Ortiz Mena es exacta. Pero esa frase no me parece clara y no me gusta, no estoy de acuerdo. Habrá una interinfluencia obvia, interacción entre el poder político y el poder económico. La ha habido, pero ahora ya más clara, y no solamente en México, sino en muchos lados del mundo. ¿Es bueno o es malo? Eso es otro problema. Para gente de la extrema izquierda es el triunfo de la oligarquía y, por consiguiente, tiene un signo negativo. Quizás los que pensamos de otra manera digamos que el pensamiento de los empresarios pueda ser útil para el desarrollo de una sociedad.
–¿Todo esto no llevaría a crear una especie de sector empresarial del PRI? ¿Por qué no están como grupo, como organización?
–No sé. Tengo entendido que están haciendo unos cambios en el PRI, en su estructura, en sus sectores, etcétera, que quieren ser, a mi juicio, una modificación del corporativismo que ha caracterizado al PRI a través de su historia. En realidad, el PRI ha sido un partido corporativista. Con reminiscencias del viejo fascismo y del socialismo muy claramente marcadas. Los sectores organizados corporativamente participan en la organización del partido del gobierno. El partido del gobierno subsiste a través de sí. Ese es un fascismo disociado, y lo que parece que están intentando, por lo que he oído, es modificar esta estructura. Lo que sí es claro es que quieren hacer transparentes dos cosas: primero, que el presupuesto que tienen en sus manos el gobierno y las empresas que están manejadas por el propio gobierno ya no intervenga en el financiamiento del partido, y que el partido sea financiado por grupos de empresarios. Me parece claro en ese orden de cosas. En el orden de la estructura interna del partido, no puedo adelantar una opinión, no lo conozco bien; de lejos me parece que hay mucha confusión.
(…) –Si el PRI ha sido corporativo, si el presidencialismo ha sido una fuerza brutal, ¿qué posibilidades de vida democrática hay?
–Son muy pocas…
–¿Y qué le sugieren esos empresarios que aportan sus millones para el PRI y que participan en este asunto…?
–Tengo la esperanza de que esos empresarios posean el buen sentido que necesita el país de que esa aportación y ese cambio que se quiere hacer en el financiamiento del PRI pudiera tener algún resultado positivo. Tengo esa esperanza.
(…) –Es lugar común que el que paga manda. ¿Podría agregarse que el que paga, no sólo manda, sino también pasa la factura? Es decir, algo les debe beneficiar…
–Si hay un sentido –y espero que lo haya– patriótico en el que paga, en el que da el financiamiento, debe pensar primero que ese donativo, que esa participación no es para enriquecer su empresa, sino para enriquecer al país en un sentido muy amplio. Es decir, para mejorar la vida democrática de México.
–¿Pero podría válidamente sospecharse que ese interés por financiar al PRI se explica en la medida en que son los empresarios los que más beneficios han obtenido?
–Mire usted, dijo Don Antonio Ortiz Mena una frase que también es digna de interpretación: “Es para dar seguridad a la inversión”. Pues yo creo que la seguridad debe darse a todas las inversiones, sean de priistas o no priistas. Es decir, si soy un empresario que vivo dentro de un régimen de derecho, aspiro a que haya una seguridad para mi inversión, con independencia de mi criterio político. Yo en eso no estoy muy cerca de la posición de Ortiz Mena.
–¿Qué fue lo que pasó? Antes se escuchaban entre los empresarios fuertes críticas al gobierno y al partido…
–Usted me oyó abiertos elogios a Salinas. Lo que ha pasado es que ha habido un cambio increíble en este país…
–¿Cambió el PRI o cambiaron los empresarios?
–No, no. Los empresarios más o menos somos los mismos. Mantuvimos una política y una filosofía que batalló mucho con las filosofías y las políticas de la gente que gobernaba al país, pero ahora hay una gran cercanía, porque gran parte de las tesis que sustentaban los empresarios, para poner un ejemplo muy sencillo, libertad económica, etcétera, están siendo puestas en marcha; entonces, ese hecho es más significativo casi que el que den dinero: la cercanía de los puntos, de la filosofía, que hay detrás de los conceptos empresariales y detrás de las fórmulas políticas.
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REVISTA PROCESO # 2167, a 13 de mayo de 2018.. 
El boicot al “Excélsior” de Scherer/JULIO SCHERER GARCÍA
Testimonios como el de Juan Sánchez Navarro sobre la participación y presión que ejercen los empresarios como bloque en diversos momentos políticos, así como los “pases de charola” que el PRI hizo entre los dueños del país en tiempos electorales, fueron documentados por el fundador de Proceso, Julio Scherer García.
Por ejemplo, en su libro Los Presidentes, narra:
“–¿Absolutamente dices?
“–Sí, eso digo.
“–Cuéntame –lo apremié.
“A juicio de la cúpula de los organismos privados en el país, el Comité Coordinador Empresarial que presidia Sánchez Navarro, Excélsior perdía objetividad en la presentación de las noticias y peligrosamente torcía el rumbo a la izquierda. Alarmados por la orientación del periódico más importante del país, industriales, banqueros y comerciantes exponían sus temores al presidente Echeverría. Él los escuchaba con los ojos entrecerrados y sin despegar los labios, igual que un sacerdote atento a la perversión del mundo, pero inerme frente a ese mundo que se le viene encima.
“Fue durante una comida en la casa del ingeniero Bernardo Quintana que el tema dejó de ser un soliloquio para los empresarios. Se miraron unos a otros, sorprendidos, cuando Echeverría les dijo que ellos eran los responsables de que la situación hubiese llegado a extremos que juzgaban inaceptables. Mencionó la publicidad, sostén de la cooperativa, y habló de los muchos millones de pesos que por decisión propia canalizaban a la caja de Excélsior. Pronunció una frase redonda, clave en la maquinación:
“–De qué se quejan –les dijo Echeverría–, si ustedes tienen el pandero en la mano.
“–¿Así fue Juan, así lo dijo?
“–Hay datos que se me pierden, pormenores confusos que a la distancia de los años no podría precisar con certeza absoluta. Pero no me cabe duda acerca de la frase textual que te refiero. ‘Ustedes tienen el pandero en la mano’, nos dijo. ‘La frase la recuerdo perfectamente. Fue nítida, impresionante’.
“Alentados por Echeverría, organizaron los empresarios el cerco contra Excélsior. El boicot sería hasta el final. Influirían en las decisiones de la cooperativa o presionarían hasta asfixiarla.
“El 6 de mayo de 1972 los directores de los principales diarios del país cumplimos con el besamanos ceremonial en Palacio. Tramitada la invitación para que el presidente encabezara el Día de la Libertad de Prensa, el 7 de junio, nos formamos en fila para despedirnos del jefe de la nación. Uno a uno avanzábamos hasta donde él se encontraba y repetíamos la escena: sonreía el primer poder, sonreía el cuarto poder, sonreían los dos poderes, sus manos enlazadas en ademán de amistad. La foto histórica eternizaba el instante.
“Para los afortunados había tiempo extra, parte del rito. A ellos les hablaba Echeverría en sordina, envuelta en el secreto la escena palaciega. Llegado mi turno, su mano fuerte y larga oprimió ligeramente mi brazo. Era la señal. Era de los elegidos. ‘Quería decirte’, empezó. ‘Diga, señor presidente’. ‘Me han llegado informes que no debes menospreciar. Tengo noticia, no confirmada aún, de que los empresarios planean represalias contra Excélsior’. Sonrió Echeverría, amistoso. Cualquier dato que tuviera, él se comunicaría conmigo. En cualquier circunstancia podría confiar en él.
“–Gracias, señor presidente.
“–Sabes que aprecio tu esfuerzo.”
(…)
“–¿Por qué me llamaste al cinco para las doce, a punto de resolverse el conflicto con Excélsior? –le pregunté a Sánchez Navarro.
“–Esa llamada representó mi última oportunidad. No tenía otra carta en la mano.
“Me cuenta:
“–Subervielle y Bailleres habían externado las primeras dudas acerca de la eficacia del boicot. El enemigo a vencer continuaba impasible y ellos resentían la ausencia de sus anuncios del Palacio de Hierro y el Puerto de Liverpool en Excélsior. Sospechaban de la buena fe del gobierno. Más que casual resultaba la sustitución de anuncios en las páginas del diario, en vez de los desplegados de la iniciativa privada, los desplegados de las paraestatales.
“–Juan, desistamos –le dijeron al líder de la cúpula empresarial.
“Sánchez Navarro les pidió un plazo. Fueron los días en que llamó a mi oficina. Intentó blofear, recurso del jugador con dominio sobre sí mismo. ‘Ganabas tú’, me dice. Había conversado con Horacio Flores de la Peña y vio desnuda la intriga. Maquiavelo sin genio, Echeverría quedaba al descubierto. Cuanto antes debía terminar la maquinación urdida en Palacio, decidió Juan.
“–Emboscadas, impudicia, componendas, inmoralidad, ansia de poder sin grandeza fueron algunas características del gobierno de Echeverría –reflexiona Sánchez Navarro–. Un destructor del país, para decirlo pronto. Siguió a Echeverría el presidente López Portillo, la irresponsabilidad política, la frivolidad a la vista de todos. A López Portillo siguió el presidente De la Madrid. Es inteligente, respetable. Todos lo querríamos de líder, pero él no quiere encabezar a la nación en crisis. Gobierna enconchado.”
La factura
“Salinas sabe dar y sabe cobrar.
“Cuando aún la desventura no lo alcanzaba, cuando se veía en la cima del mundo, convocó a los empresarios más poderosos del país a una cena el 23 de febrero de 1993 en casa de Antonio Ortiz Mena, el sempiterno secretario de Hacienda de los gobiernos del desarrollo estabilizador.
“El exmandatario quería asegurar para su partido la conservación del poder y la continuidad de su proyecto neoliberal. En el comedor de la casa de Tres Picos casi esquina con Rubén Darío, en Polanco, Salinas se dirigió a los magnates:
“–Son ustedes hombres triunfadores, exitosos, con gran poder de convocatoria, gracias a lo cual están en condiciones de reunir los 75 millones de nuevos pesos…
“Esa cantidad les había solicitado para que el PRI siguiera siendo, dijo, el gran partido de México, la mejor opción para la nación.
“Los hombres que estaban sentados a la mesa valían su peso en oro. Fortuna conjunta sin medida posible. Los millones crecen día a día, minuto a minuto. Entre otros, estaban ahí celebridades del mundo de los negocios como Jorge Martínez Huitrón, Raymundo Flores, Ángel Losada, José Madariaga, Carlos Hank Rhon, Claudio X. González, Carlos Slim, Eloy Vallina, Carlos Abedrop, Jerónimo Arango, Emilio Azcárraga, Alberto Bailleres, Antonio del Valle, Manuel Espinosa Yglesias, Bernardo Garza Sada, Adrián Sada, Diego Gutiérrez Cortina, Jorge Larrea, Gilberto Borja, Roberto Hernández, Lorenzo Zambrano. No podía faltar Miguel Alemán, doble invitado: multimillonario y secretario de Finanzas del PRI.
“Cálculos hechos entre bromas y veras, a los postres ya habían dicho que por supuesto contribuían con los 75 millones de pesos cada uno a las arcas del PRI, nada más faltaba que no… Al final todos, sonrientes, brindaron con la copa en alto.
“Carlos Salinas de Gortari sólo estaba pasando la factura.
“¿Qué podrían significar 75 millones de pesos para los magnates a los que su política neoliberal y el traspaso de buena parte del patrimonio nacional los había convertido en multimillonarios miembros de la lista de afortunados de la revista Forbes?
“Gracias a Salinas, por aquel entonces México aventajaba en número de multimillonarios a Gran Bretaña, Arabia Saudita, España e Italia…
“Carlos Salinas de Gortari quiso el poder. Llegó a él en 1988, bajo sospecha de fraude electoral.”
La cena de los 75 millones
En el libro Estos Años, Julio Scherer consigna:
“A Miguel Alemán Velasco le gusta contar historias que brotan de sus labios como burbujas de jabón, multicolores.
“Un viernes concurrido se unió a la mesa que preside Sánchez Navarro en el Club de Industriales y narró sin matices el epílogo de la famosa cena en casa del licenciado Antonio Ortiz Mena el 23 de febrero de 1993.
“Ante los hombres de mayor riqueza en el país habían hablado el anfitrión, el licenciado Genaro Borrego, presidente del PRI, y el presidente de la República. En lenguaje coincidente habían abordado la razón de la cita: reunir dinero para el partido y limpiar la imagen de órgano subsidiado por el gobierno. Una cuota única pidió Ortiz Mena a sus invitados: 75 millones de nuevos pesos.
“Los detalles del ágape se conocen. Azcárraga llegó tarde, ofreció sus disculpas al presidente, hizo mofa de los empresarios y cayó en el desafío:
“–He ganado tanto dinero en estos años que me comprometo a aportar una cantidad mayor.
“Bernardo Garza Sada aprovechó el viaje y apenas ocultó el acto fallido:
“–Ya que Emilio se comprometió a dar más, yo promedio con él para que nos quedemos con los 25 millones de dólares.
“Terminada la cena, terminado el café, terminados los coñacs, el presidente buscó el sitio adecuado para despedir, uno a uno, a la treintena de empresarios convocados. Alemán, secretario de Finanzas del PRI, se mantuvo a su lado.
“–Los escuché a todos –refiere. Una notable mayoría aprovechó la ocasión para hacerle alguna petición al presidente.
“–¿Qué peticiones? –pregunté.
“La respuesta flotaba:
“Franquicias, facilidades, su bienestar, sus negocios.
“No sorprendió a Sánchez Navarro el relato de Alemán. Cuarenta años líder de los empresarios le han permitido llegar al fondo de las motivaciones de la gran mayoría: su rendición al poder con la mente en sus cuentas bancarias.
“A mí tampoco me sorprendió la narración. A Pedro Aspe le escuché, en nuestra primera conversación real:
“–Sólo por unos cuantos empresarios metería la mano en el fuego. Tres, para ser preciso. Uno tu amigo Juan.
“–¿Se lo has dicho?
“–No.
“–¿Te importaría si le platico?
“–No, por supuesto.
“También escuché al secretario de Hacienda en los días del escándalo de Carlos Cabal Peniche, en agosto de 1994.
“–Siento asco.
“–¿Seguirías en Hacienda?
“–Creo que no.
“Aspe pudo haber contado la historia del sexenio a partir de un dato personal: al iniciarse el gobierno se trasladaba en motocicleta de la Secretaría de Hacienda, en el Zócalo, a su casa, en San Ángel.

“En el ocaso del régimen, al fondo de un automóvil blindado, llegaba a su casa entre parejas de guaruras.”

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