Crónica de un "Sí" seco!
La "Mañanera del Pueblo" de este lunes no fue rutina; fue una espera. El reloj marcó las 9:00 horas, rompiendo el hábito presidencial para abrir espacio a lo urgente: el eco de una llamada entre Palacio Nacional y la Casa Blanca. El diálogo entre la presidenta Sheinbaum y DTrump fue mucho más que cortesía diplomática; fue un ejercicio de precisión entre la vecindad obligada y la autonomía blindada.
A su lado, como un muro de contención técnica, estaban los hombres de la estrategia: Juan Ramón de la Fuente, Omar García Harfuch y Roberto Velasco. (¿Y la secretaria de Gobernación?). Sheinbaum iba preparada; buscaba disipar la incertidumbre de los dichos de Trump. Sobre el escritorio, los temas que quitan el sueño a ambos lados del río Bravo: el fentanilo, el flujo de armas —ese nudo ciego que aceptaron desatar juntos— y el comercio como el único lenguaje que no admite pausas.
La elegancia del pragmatismo
La llamada no ocurrió en el vacío. Sucedió apenas horas después de que Marco Rubio tensara la cuerda con su retórica de "narcoterrorismo" y sus dardos contra De la Fuente. Ante el ruido estridente de Washington, Sheinbaum opuso la calma del pragmatismo. "La colaboración en un marco de respeto mutuo siempre da resultados", sentenció. Fue una respuesta elegante para una partida de ajedrez donde México busca cooperar sin entregar las llaves de la casa.
Un "Sí" sin adornos
¿Se disiparon las dudas sobre una posible intervención militar? La respuesta fue un monosílabo de concreto.
— "Sí", respondió la mandataria a secas cuando le preguntaron si la opción militar estaba fuera del tablero.
Fue un "sí" firme, despojado de adornos; una barrera ante la insistencia de los micrófonos. Pero en la profundidad del interrogatorio, la narrativa se volvió una confesión de resistencia:
— Presidenta... ¿Trump le dijo si planea hacer incursiones en México?
— No, no lo dijo... Me preguntó por Venezuela y yo le dije que tenemos una Constitución, y ya no me dijo nada... También me preguntó si necesitaba ayuda contra los narcos y le dije que no.
Trump, fiel a su guion de fuerza, soltó su frase de rigor: "Se puede hacer más". Sheinbaum recogió el guante: "En efecto, podemos hacer mucho más, pero vamos trabajando". Un "no, gracias" envuelto en seda diplomática para rechazar la ayuda que condiciona la soberanía.
El silencio y la duda
Al cierre, una palabra quedó suspendida en el aire: "Movilización". Al ser consultada sobre si se refería a las tropas como último recurso de defensa, la mandataria optó por la cautela del silencio estratégico: "No, por el momento, no".
Mmm.
Cerramos el día con la sensación de una tregua vigilada. México y EU.caminan sobre el mismo puente, pero con la mirada fija en esa línea roja que divide la colaboración del atropello. Queda la espina de la contradicción: Trump llama a Sheinbaum "buena mujer" para luego sentenciar que "los cárteles dirigen México", intentando despojar al Estado de su autoridad moral. Y en la sombra, la filtración al The New York Times de aquel funcionario mexicano anónimo que confesó: "Vimos lo de Venezuela y entendimos que esto va en serio".
Nos queda, sin embargo, el eco de las preguntas sin respuesta: ¿Cuál será la versión que Trump cuente en sus redes? ¿Y qué piezas movía realmente el embajador Johnson en los pasillos de Palacio mientras el teléfono seguía caliente?
¿Qué significa realmente la frase de Sheinbaum: "Tenemos una Constitución"? Para ella, es el escudo legal de una nación. Para Trump, sin embargo, el concepto de ley es distinto. Él mismo ha afirmado que el único límite a su poder es su "propia moralidad". En este choque de mundos, el "sí" seco de la presidenta es, por ahora, el único refugio de una soberanía bajo asedio.
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