El eco de la ausencia: hallan bastiones criminales en la ruta de los mineros
En la Sierra de Concordia, Sinaloa la tierra parece hablar más de la guerra que de sus hombres. Lo que inició el pasado 23 de enero como una carrera contra el tiempo para localizar a diez trabajadores de la mina La Clementina, ha terminado por descorrer el velo de un territorio bajo control de sombras. Mientras las familias esperan noticias en la comunidad de Pánuco, las fuerzas federales se han topado, no con los desaparecidos, sino con las huellas de quienes dominan las alturas.
El hallazgo en las entrañas de la sierra
Este 5 de febrero, el despliegue de la Cuarta Región Naval y la SSPC transformó el paisaje de los poblados El Verde y Los Naranjos. No fueron vetas de plata lo que encontraron los marinos en sus reconocimientos aéreos y terrestres, sino la logística del asedio. En una primera incursión, las autoridades aseguraron un arsenal: 1,600 cartuchos, 46 cargadores y un artefacto explosivo improvisado. Este último tuvo que ser neutralizado in situ por especialistas, un recordatorio silencioso de que cada paso en esta búsqueda es un riesgo mortal.
Más allá, en Los Naranjos, la infraestructura delictiva quedó expuesta. Diez campamentos —puntos de vigilancia y descanso— fueron inhabilitados. Estos sitios no son solo refugios; son el "muro" de grupos que utilizan la minería informal para el lavado de dinero y blindan las rutas de trasiego hacia Durango.
Entre el operativo y la esperanza
La Secretaría de Marina ha sido clara: estos aseguramientos buscan debilitar la capacidad operativa del crimen organizado en una zona históricamente fracturada por la disputa de facciones. Sin embargo, detrás del lenguaje técnico de los informes oficiales y las puestas a disposición ante la autoridad, late la urgencia humana.
A casi dos semanas de que el grupo armado interceptara al personal técnico de Vizsla Silver, la densa geografía de Concordia se ha vuelto un laberinto de incertidumbre. El operativo interinstitucional —que suma a la Guardia Nacional y fuerzas especiales— se mantiene activo de manera permanente.
Aunque los fusiles y los chalecos tácticos ahora están en manos de la justicia, el asiento de los diez mineros sigue vacío. La misión continúa en lo alto de la sierra, con la prioridad absoluta de localizar con vida a quienes el 23 de enero simplemente salieron a trabajar y no volvieron.
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