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Hoy la respuesta a nuestros problemas es la la ley: FCH.

Palabras del Presidente en el XCIV Aniversario de la Promulgación de la Constitución de 1917
Señor Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Señor Senador Manlio Fabio Beltrones Rivera, Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República.
Señor Diputado Jorge Carlos Ramírez Marín, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Señora Gobernadora.
Señores Gobernadores.
Señoras y señores Legisladores.
Señoras Ministras y señores Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Doctor Raúl Plascencia Villanueva, Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Doctor Leonardo Valdés Zurita, Consejero Presidente del Instituto Federal Electoral.
Doctor Agustín Carstens, Gobernador del Banco de México.
Doctor Eduardo Sojo Garza-Aldape, Presidente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
Doctora Jacqueline Peschard, Comisionada Presidenta del Instituto Federal de Acceso a la Información y a la Protección de Datos.
Magistrada María del Carmen Alanís, Presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Señoras y señores coordinadores de los Grupos Parlamentarios.
Señores Presidentes y dirigentes de partidos políticos.
Señoras y señores, líderes sociales, sindicales, empresariales.
Estimados familiares de los Constituyentes de 1917, aquí presentes.
Señores rectores y académicos.
Muy distinguidos invitados especiales.
Muy estimados representantes de las comunidades indígenas en México.
Señoras y señores.
Saludo cordialmente a todos. A los representantes de los Poderes Legislativo y Judicial aquí reunidos, a los titulares de esos Poderes.
A la señora y a los señores Gobernadores, titulares de los Poderes Ejecutivos de los estados, que nos acompañan.
A los servidores públicos de la Nación.
A todos ustedes, amigas y amigos.
Hoy, la República se congrega en Palacio Nacional, el corazón político del país, para conmemorar la Promulgación de la Constitución de 1917, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que nos rige por igual a todas las mujeres y a todos los hombres que habitamos en este suelo.
Nuestra Ley Suprema es el resultado de la lucha por la libertad y por la identidad del pueblo de México.
En la Constitución cobra forma el proyecto de Nación, que es el Estado moderno. Es ella la fuente misma de nuestra libertad, de los derechos que nos permiten llevar una vida digna y buscar nuestro desarrollo. Ella consagra los valores de igualdad, de justicia, de libertad que caracterizan y a los que aspiramos los mexicanos. La Carta Magna es el pilar nuestra democracia, también.
En la Constitución se hace patente la obligación primordial del Estado de servir a la sociedad. En ella se establecen los principios para proteger la vida, la libertad y el patrimonio de los mexicanos.
La generación reconoce la claridad, la calidad pluriétnica y pluricultural de la Nación mexicana. Es también una lección de primer orden para las generaciones por venir.
Es la obra mayor de un grupo de patriotas que, por encima de cualquier diferencia ideológica o política, tuvo la capacidad de legislar para el futuro y, al mismo tiempo, retomar nuestro pasado; de poner fin a una guerra intestina, a una guerra civil, a la larga lucha revolucionaria;  y empezar a construir el camino del México moderno a través de la ley.
Por todo ello, la Constitución merece nuestro mayor respeto y admiración. Nuestra Carta Magna no es un instrumento legal más, sino la Ley Suprema que nos hace una sociedad libre, una sociedad fuerte, una sociedad de principios y valores para construir un mejor futuro.
El Constituyente del 17, fue la suma de las mejores aspiraciones de la Revolución Mexicana. Aquél fue un grupo plural de grandes hombres, de diversos orígenes, de distintas formas de pensar, que superando las diferencias se reunieron con sincero amor a la Patria para dotarla de una Carta Magna, que velara por todos los mexicanos.
Como dijo el Diputado Heriberto Jara entonces, en  aquellos debates: Todas las naciones libres, amantes del progreso, todas aquellas que sientan un verdadero deseo, un verdadero placer por el mejoramiento de las clases sociales, todos aquellos que tengan el deseo verdadero de hacer una labor libertaria, recibirán con beneplácito y júbilo la Constitución Mexicana.
Y así fue, siendo la nuestra la primera revolución social en todo el mundo, en el Siglo XX, la primera Constitución que consagrara, precisamente, los derechos sociales. Y es así. En la Constitución se sintetiza el proyecto de Nación que nos hemos dado nosotros mismos: un México de leyes, democrático, republicano e igualitario.
Hoy, el anhelo de los Legisladores del 17, de constituir, sobre la base del México postrevolucionario, una República que fuese democrática, que fuese Federal, y en el cual la soberanía popular residiera en el pueblo, y esta soberanía se expresara en el Poder, que para su ejercicio se divide en Legislativo y Ejecutivo y Judicial; esa aspiración orgánica para darle forma a la vida republicana después de la Revolución, a 94 años de su Promulgación, se cumple en la dinámica vida democrática de México.
Hoy, efectivamente, México es una República. Una República donde su base es la igualdad de los ciudadanos, y esa igualdad está, precisamente, consagrada en la Constitución misma.
Es una República, y es una República democrática. Aquí se vota libremente. Aquí se ejerce una vibrante democracia plural. Es una República donde prevalece la división de  Poderes. Donde el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial somos independientes entre nosotros.  Donde México es una Federación cuyas entidades federativas son autónomas y cada vez más fuertes, y al igual que el Congreso, son representadas pluralmente.
Hoy, como en 1917, y como dijera el señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia, el Ministro Juan N. Silva Meza, hoy como entonces, la respuesta a nuestros problemas es la Constitución y la ley.
Yo diría, específicamente, la aplicación de la ley por parte de quienes tenemos que aplicarla: los gobernantes. La aplicación de la ley a través de los instrumentos que la ley misma y la Constitución han puesto en nuestras manos para aplicarla.
La respuesta necesaria debe ser la constante actualización de la ley misma a las cambiantes circunstancias y a los nuevos desafíos de una sociedad dinámica y cambiante, como lo es la sociedad mexicana.
Y si bien es cierto que la parte orgánica de la Constitución del 17 se vive con intensidad en México, el reto de hoy sigue siendo el cumplimiento en la práctica tanto de las garantías individuales, como de los derechos sociales que en ella se expresan.
En esa pluralidad, también hay que decirlo, hemos tenido acuerdos, y estoy seguro que esos acuerdos han rendido frutos y habremos de tener más. El orden constitucional es el más grande patrimonio que compartimos los mexicanos.
De ahí la importancia de que todos lo conozcamos, lo valoremos, lo respetemos; de ahí la urgencia de socializar sus preceptos y sus mandatos.
La urgencia también de entendernos todos como orgullosamente pertenecientes a una misma Nación y, al propio tiempo, diferentes; como una Nación pluricultural, pluriétnica, donde las distintas formas de pensar no sólo se expresan en distintos partidos políticos, sino, también, en distintas formas de ser, de entender, de vivir, de convivir.
Es por eso que en esta fecha solemne, estaremos entregando la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en 13 lenguas indígenas, las más habladas en nuestro país, después del idioma español.
Estaremos entregando la Constitución traducida al tzetzal, al tzotzil, al chol, al otomí, al mazahua, al matlatzinca, al purépecha, al huasteco, al náhuatl de la Huasteca, al totonaco, al tepehua, al náhuatl Central de Veracruz y al maya.
Lo hacemos, porque sabemos que a través de la Constitución estamos también, precisamente, hermanados los mexicanos más allá del color de nuestra piel y más allá de la lengua en la que hablamos.
Es un acto de gran simbolismo, porque la Carta Magna es el ordenamiento jurídico que nos une y nos identifica a los mexicanos y sobre todo, nos hace iguales, iguales ante la ley.
En la Constitución de 17 está nuestro origen y está también nuestro rumbo y nuestro destino. Ahí está plasmado de manera indeleble nuestro Proyecto de Nación y nuestros más altos objetivos.
Bajo su égida, a lo largo del Siglo XX y en lo que va de este nuevo siglo, las mexicanas y los mexicanos hemos forjado un gran número de instituciones para hacer valer los derechos y las libertades que la misma Constitución consagra.
Vale la pena ver, a casi 100 años de haberse promulgado la Constitución del 17, el México de hoy. Con sus problemas sí, pero también con su vida plural y democrática, con su pleno e irrestricto ejercicio de las libertades personales; ver a México como una sociedad y una economía estable, como un país en orden en sus finanzas, en sus proyectos, en sus políticas.
Hay, por supuesto, enormes diferencias en la manera en que los derechos plasmados en la Constitución pueden ser ejercidos cada vez más con mayor amplitud.
Pero esa misma diversidad en los puntos de vista, en la discusión de las políticas públicas, en el contenido que deben tener las leyes mismas, en esa diversidad, precisamente, está uno de los más valiosos activos de la democracia republicana, establecida en la Constitución del 17.
A lo largo de este tiempo hemos luchado para que el Mandato Constitucional sea realidad en la vida diaria de todos. Hemos luchado, como nos comprometimos todos, cada uno, al tomar cargo de su propia responsabilidad, a cumplir y a hacer cumplir la Constitución y la ley.
Sería injusto no reconocer los avances que hemos tenido pero, a la vez, sería irresponsable dejar de señalar los enormes retos que prevalecen y que no podemos ni queremos eludir.
Ciertamente, México, como todas las naciones, enfrenta grandes desafíos. Pero lo importante no es que no haya problemas, sino que mantengamos firme la decisión y la voluntad de enfrentarlos y superarlos.
Y es la propia Constitución donde encontramos la guía y la fuerza para superar los retos, porque ella marca el derrotero que debemos seguir: aspirar a lo que la Constitución aspira en el marco de la ley que la Constitución garantiza.
Y aunque enfrentamos grandes desafíos, estos no se comparan con los que tuvieron aquellos Constituyentes del 17. En aquel entonces, el país estaba inmerso en un profundo conflicto armado que lo había desagarrado. La paz aún no se alcanzaba en todo el territorio nacional, las Instituciones políticas y económicas habían dejado de existir y se estaba en la gestación de un nuevo andamiaje institucional.
Aún después de su Promulgación, todavía hubo revueltas asonadas y cambios profundos, algunos violentos, en la vida institucional del país.
Pero, de entonces a la fecha, la Constitución ha caminado a su realización de la mano de cada una y de cada uno de los mexicanos. Y a nosotros, para superar los retos que nos ha tocado vivir como generación, es imprescindible actuar aquí y actuar ahora sin perder la lección de los Constituyentes, porque es momento de fortalecer y de aprovechar todos los instrumentos que nos ofrece la democracia para solucionar los grandes problemas nacionales, para dar cumplimiento a las exigencias ciudadanas, para acercar a nuestra Nación a las aspiraciones plasmadas en la Carta Magna.
Ciertamente, insisto, existen entre nosotros diferencias partidistas e ideológicas, diferencias regionales, de trayectoria, de credo, de profesión; y qué bueno que así sea, qué bueno que así sea porque la pluralidad enriquece y es el aliento vital de la democracia.
También entre los Legisladores del 17 hubo diferencias, pero éstas ni representaron la claudicación de sus ideales, ni tampoco un límite para detener su propuesta en beneficio de la Patria.
Nuestras legítimas diferencias no pueden ni deben ser un obstáculo para tomar las decisiones que nos permitan conducir a México a un mejor destino. Ninguna coyuntura política, ninguna coyuntura electoral, ninguna coyuntura de cualquier índole debe detenernos ni entorpecer el camino que marca la Constitución. Sus objetivos son más altos que cualquier objetivo personal, partidista o de grupo.
Los Constituyentes del 17 antepusieron el interés de la Nación por encima de cualquier otro interés, por legítimo que fuera, y nosotros tenemos la responsabilidad legal y moral de hacer lo propio.
En la esencia de la democracia también está el reconocimiento y el respeto a las diferencias, el reconocimiento y el respeto al otro, al que piensa diferente, al que es diferente. Tal como lo escribiera Octavio Paz: La democracia política y la convivencia civilizada entre los hombres exige la tolerancia y la aceptación de valores e ideas distintos a los nuestros.
Tolerancia y aceptación de ideas y valores distintos a los nuestros.
La tolerancia y el respeto son ya también principios fundamentales de la democracia, principios del diálogo y del entendimiento. Bajo la democracia, la tolerancia y el respeto convirtamos nuestras diferencias en un patrimonio que enriquezca a México y hagamos de la política el principal generador de bienes públicos. No perdamos la ruta que nos traza la Carta Magna y trabajemos juntos en todo lo que nos acerque a la Patria justa y próspera que anhelamos.
Más allá de las diferencias, los mexicanos tenemos una gran Nación, y una gran Nación que con orgullo nos une, y nos une también, consecuentemente, la Constitución Política, que es la expresión orgánica del Estado Mexicano, que es la expresión de las garantías de los derechos de todos.
La Constitución nos une en nuestras diferencias y más allá de nuestras diferencias. Por eso es preciso mantenernos unidos en lo esencial, para consolidar nuestra democracia, para consolidar nuestra economía fuerte que hemos construido a lo largo de los años, pero especialmente para darle a ambas, a la democracia y a la economía, el dinamismo que necesita. Porque debemos generar un mercado laboral fuerte, que ofrezca más y mejores empleos a los mexicanos, que tenga la capacidad de incorporar más fácilmente a los jóvenes y a las mujeres a la actividad digna del trabajo; que permita, también, aumentar la competitividad del país, que haga que México sea una Nación ganadora en el concierto internacional.
Es necesario también, que los consumidores se beneficien de los mejores productos a los mejores precios, que sólo pueden provenir de una competencia justa en quienes proveen los bienes y servicios.
Que debemos promover una mayor sinergia entre los sectores público y privado para seguir construyendo las grandes obras de infraestructura que necesita el país para su desarrollo. Que debemos perfeccionar nuestros procesos electorales para que sean, precisamente, reglas claras y precisas, instrumentos de concordia una vez que el pueblo toma sus decisiones democráticas que deben ser siempre, siempre respetadas.
Es momento de fortalecer nuestra democracia, de avanzar en la conformación de un régimen que le dé más poder a los ciudadanos, que favorezca la impostergable rendición de cuentas en todos los Poderes y en todos los órdenes de Gobierno.
Es tiempo de profundizar la tarea que vincule más estrechamente la labor de los gobernantes con las necesidades y exigencias del pueblo de todos los mexicanos. Es crucial avanzar en un diseño institucional que facilite la toma de decisiones y nos permita alcanzar los acuerdos indispensables para transformar a México.
Debemos hacer frente y debemos hacer frente unidos a toda amenaza a las libertades y a los derechos de los ciudadanos, fundamentalmente al crimen que atenta contra ellos. Tenemos que hacer frente unidos en la defensa de esas libertades y de esos derechos consagrados por la Constitución.
Fortalecer las herramientas con las que cuenta el Estado para enfrentar a la delincuencia y a la vez, las herramientas del ciudadano para poder hacer vigentes sus derechos ante la ley. Generar instrumentos que fortalezcan la capacidad del Estado de hacer frente a esa delincuencia, incluyendo a los cuerpos policiales, y que nos permitan tener las indispensables policías confiables que le hacen falta al país.
Es indispensable también disponer de herramientas para desmantelar la capacidad financiera y criminal de la delincuencia.   En suma, se requiere adecuar nuestra legislación para fortalecer las instituciones, las de seguridad pública, las de procuración de justicia, las instituciones democráticas, y acabar así con la impunidad que tanto ha lastimado y sigue lastimando a nuestra sociedad.
Tenemos enemigo común y debemos hacerle frente en común y con determinación. Sé que vamos a vencer a ese enemigo común, porque las mexicanas y los mexicanos de buena voluntad somos más, millones y millones más, y estamos unidos y de pie para enfrentar juntos esos y otros mayores desafíos. Hoy más que nunca es indispensable cerrar filas para alcanzar un México de leyes.
Los mexicanos debemos seguir construyendo un país donde prive el Estado de Derecho, que la ley sea respetada a cabalidad y que quien la viole reciba el castigo que merece. Sólo en el estricto cumplimiento de la ley estaremos colocando las bases de un país mejor, de un país más seguro, un país en el que todos podamos caminar con tranquilidad en nuestras calles y en nuestras plazas, un país donde estén vigentes las garantías individuales consagradas en la Carga Magna, un país también que le dé mayor certidumbre a la inversión y que ésta genere los empleos que tanto anhelamos los mexicanos.
Trabajemos con la convicción de que los avances que tengamos en materia económica, social, política o de seguridad, serán logro de todos los mexicanos y no de grupo o parcialidad alguna.
Trabajemos con la convicción de que más allá de quién gobierne, compartimos una Nación y un proyecto de ella que está fundada en valores y en anhelos que nos son comunes.
Cada uno desde su trinchera, como Legislador, como Juez, como Gobernador, como Presidente Municipal, como Presidente de la República, tenemos la irrenunciable responsabilidad ante los mexicanos, y es la de trabajar incansablemente para que cuenten con las oportunidades que les permitan llevar adelante una vida digna y sacar adelante a su familia.
Contrario a lo que muchas veces se dice, en México entre Poderes y entre partidos hemos alcanzado acuerdos, y esos acuerdos han rendido frutos.
Sé que tenemos muchos más por construir, pero con la voluntad nacional, con México puesto en la mira de todos, sé que esos acuerdos son posibles y habremos de alcanzarlos.
Hoy México enfrenta enormes desafíos, retos que exigen soluciones complejas y de largo plazo, y que ponen de manifiesto la necesidad de actuar juntos bajo la guía de los ideales plasmados en la Constitución, que hoy conmemoramos.
Señoras y señores:
A lo largo de la historia las mexicanas y los mexicanos hemos sido capaces de llegar a acuerdos en temas cardinales, de materializarlos en leyes, en instituciones y en políticas públicas que benefician a la Nación entera.
Iniciemos esta nueva década con unidad de propósito y unidad de acción; orientémonos al Centenario de la Constitución con la fuerza de lo mucho que nos une, con la fuerza de nuestros principios, valores e ideales; enfrentemos con ellos, resolvamos los problemas que nos ha tocado vivir.
Es un privilegio servir a México en estos tiempos de prueba y, al mismo tiempo, de oportunidad y de esperanza. Es un verdadero honor, y por ello habremos de estar prestos a responder el llamado que hoy nos hace la sociedad para unir fuerzas, para trabajar con un elevado sentido del deber y de la Patria, y para que los principios, los mandatos plasmados en la Constitución cobren plena vigencia y contribuyan al bienestar de los ciudadanos.
Recordemos las palabras que pronunciara don Venustiano Carranza en un día como hoy, hace 94 años. Decía: Llevemos la Constitución en nuestras manos como la enseña que nos hará grandes, justos y respetados entre los demás pueblos de la Tierra, que nos traerá la paz y la prosperidad.
Sigamos el rumbo que nos dicta la Carta Magna. Cumplamos sus elevados propósitos de justicia, desarrollo y democracia. Probemos una vez más que las mexicanas y los mexicanos estaremos a la altura del destino de nuestra gran Nación, y esa será la mayor honra a la Constitución mexicana y el mejor cumplimiento del deber que tenemos con México y con su historia.
Muchas gracias.

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