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La salvación: un partido-frente: PML

La salvación: un partido-frente (PML)/
Rosalia Vergara, reportera.
Revista Proceso # 1872, 16 de septiembre de 2012:
Embajador, exsecretario de Estado, expresidente de dos partidos, candidato presidencial, senador y diputado… Protagonista y testigo privilegiado de la vida pública mexicana desde hace décadas, Porfirio Muñoz Ledo analiza en entrevista el momento político de la izquierda ante el regreso del PRI a la Presidencia y lo compara con la disyuntiva que enfrentó el Frente Democrático Nacional en 1988. Concluye que con voluntad política los partidos del Movimiento Progresista y Morena aún pueden mantenerse unidos en un “partido-frente”, a fin de constituirse en una oposición fuerte y con agenda propia.

Para Porfirio Muñoz Ledo, quien fue un destacado político del PRI y, con Cuauhtémoc Cárdenas e Ifigenia Martínez, entre otros, participó en la fundación del PRD, el retorno del priismo a Los Pinos obliga a la izquierda a replantear su organización y sus formas de hacer política, a fin de constituirse en una verdadera oposición.
En entrevista con Proceso, una de las figuras históricas más influyentes del perredismo, que incluso coordinó sus bancadas en la Cámara de Senadores y en la de Diputados, plantea la creación de un partido-frente a partir de un congreso refundacional como el realizado en agosto de 1995 en Oaxtepec, Morelos, cuando él presidía el PRD y después de un descalabro electoral en Aguascalientes, Veracruz, Baja California, Zacatecas y Oaxaca, que dejó al partido al borde de la marginalidad (Proceso 980).
Muñoz Ledo llama a “las izquierdas” a “otro Oaxtepec”, para “fijar la agenda política, decidir la forma de negociación con otras fuerzas y definir su forma de organización unitaria”, porque en su opinión esta es la última oportunidad de unirse para cambiar.
Eso responde a la decisión de Andrés Manuel López Obrador de separarse de los partidos que integraron el Movimiento Progresista (PRD, MC y PT) para formar otro con la estructura de Morena, dependiendo de la decisión que se tome en la mayoría de los distritos.
“Ya hay una serie de documentos básicos. No se ha tomado la decisión definitiva, pero todo parece indicar que los militantes se inclinan hacia la formación de un partido político”, admite.
Desde su amplia perspectiva histórica, dice que la medida se justifica porque el actual escenario político mexicano es similar al de 1988, cuando “se cayó el sistema” del IFE y el candidato priista Carlos Salinas de Gortari obtuvo un cuestionado triunfo sobre Cuauhtémoc Cárdenas. Fue precisamente ese año cuando él se atrevió a interpelar al presidente Miguel de la Madrid, lo que causó revuelo.
El 18 de agosto de 1991 Muñoz Ledo fue el candidato perredista a la gubernatura de Guanajuato que le disputó al priista Ramón Aguirre Velázquez y al panista Vicente Fox, y después impugnó la elección porque la consideró fraudulenta. En 1997 fue el primer presidente de la Cámara de Diputados de oposición, y en esa calidad respondió el informe presidencial.
Entonces, dice volviendo a 1988, “éramos cuatro partidos y una corriente, el Frente Democrático Nacional, que sería el símil de Morena. Yo creo que hay que repetirlo, con modalidades diferentes. Ahora puede ser un partido-frente; eso es lo que tenemos que actualizar. Si se manejan las cosas con buena voluntad todos salimos ganando por un propósito común”, señala.
E insiste: “La izquierda necesita una refundación, no puede seguir así. ¿Es posible una depuración en la izquierda? ¿La izquierda va a seguir sometida al imperio de los grupos, de las fracciones? Esos son los grandes temas: formas de organización y agenda inmediata”.
La última oportunidad
En 2007, el Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano, antes Convergencia, resintieron la aprobación de reforma al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) en el rubro de las coaliciones y estuvieron a punto de romper con el PRD, con el que habían formado el Frente Amplio Progresista (FAP) tras las elecciones presidenciales de 2006.
Para 2008 el PRD entró en una severa crisis que duró nueve meses, después de la elección de la dirigencia nacional que ganó Jesús Ortega por resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Alejandro Encinas fue su contrincante y se dijo convencido de que no fueron los militantes quienes eligieron a Ortega.
Al borde de la ruptura, Encinas planteó la renovación del PRD. Pidió retomar la vocación de las izquierdas “para conformar un frente político y, quizá, más adelante un nuevo partido” (Proceso 1674).
Para el ahora senador y exjefe de Gobierno capitalino, se trataba de “una segunda llamada a cambiar las reglas del juego”, por lo que hizo un llamado a rescatar “un proyecto que han construido desde hace 20 años y que se ha desviado al punto de que se institucionalizaron la corrupción y el clientelismo”.
“Queremos proponer una agenda –abundó– y que el partido y los legisladores dejen de tener una actitud reactiva a la agenda de la derecha. Queremos tomar una iniciativa con nuestra agenda propia. Esa es la diferencia.”
En 2009, durante su peor crisis electoral tras obtener sólo 17% de los votos, el PRD realizó su segundo congreso en Oaxtepec. Ahí se volvió a plantear el tema y se formó la Comisión de Reforma para la Refundación del partido, coordinada por el exgobernador de Tlaxcala Alfonso Sánchez Anaya.
Éste elaboró el análisis general de los foros de reforma del PRD, en el que enumeró los problemas “organizativos”: fallas en la estructura y las normas estatutarias, funcionamiento lento y viciado del partido, padrón confuso y tendencial, falta de instrumentos para la toma de decisiones democráticas y estrategias poco eficaces para incidir en los medios de comunicación (Proceso 1726).
En aquel entonces Sánchez Anaya previó la necesidad de sumarse a movimientos sociales como el que ahora encabeza el dos veces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, quien después de denunciar un fraude electoral en 2006 inició la resistencia civil que derivó en la formación, el 2 de octubre de 2011, de la asociación civil Morena.
Unirse o desaparecer
“Démosle al movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador unidad plena, un solo partido, un solo emblema, un solo programa y una sola lista de candidatos a diputados federales en 2015… No hay razón para que mantengan diferencias públicas como las planteadas en los últimos días”, propuso Carlos Navarrete en 2009.
En ese entonces, el secretario de Relaciones Políticas del llamado gobierno legítimo de Andrés Manuel López Obrador, José Agustín Ortiz Pinchetti, rechazó que la fusión sea la medida adecuada para mermar las desavenencias en el FAP, porque no existían condiciones políticas para ello.
Así que la propuesta de Navarrete no prosperó. En 2009 cada partido participó por su lado en las elecciones intermedias. En 2010, con Ortega como presidente, el PRD se alió con el PAN en las elecciones de Sonora, Oaxaca, Hidalgo, Durango y Baja California. En Zacatecas, Aguascalientes y Veracruz cada cual lanzó a sus candidatos a gobernadores.
López Obrador rechazó encabezar dicho proyecto, porque ya tenía un compromiso con la Convención Nacional Democrática (CND), creada el 20 de noviembre de 2006, cuando ante ella se proclamó “presidente legítimo”.
Para ese momento, la posibilidad de fusión de partidos les parecía a muchos perredistas una forma viable de refundar a la izquierda y acabar con el divisionismo, pues de lo contrario perderían la oportunidad de ganar la elección presidencial de 2012 y las posteriores (Proceso 1674).
Después del FAP se creó el Diálogo para la Reconstrucción de México (Dia), dirigido por Manuel Camacho Solís. “Ahora se necesita otra forma de organización que sea un frente de partidos que a lo mínimo que deba aspirar es a ser un partido-frente”, resaltó Muñoz Ledo.
Como se informó en este semanario (Proceso 1829), el 13 de noviembre de 2011 el jefe de gobierno capitalino Marcelo Ebrard se reunió con López Obrador después de que se difundiera que el segundo era el mejor posicionado para la candidatura presidencial de las izquierdas. Ahí se ratificaron acuerdos previos que incluían cuatro propuestas de Ebrard:
“Cesar el conflicto con el PRD, trabajar en la construcción de un Frente Amplio similar al que se gestó en Uruguay…, asumir una actitud más moderada con las clases medias y el sector empresarial, abrirse al exterior y abanderar los derechos de las minorías, y evitar la división en el Distrito Federal en la selección de puestos de elección popular, incluida la Jefatura de Gobierno.”
Días después, el 17 de noviembre, el Dia presentó el proyecto para convertirse en la coalición Movimiento Progresista, cuya copia tiene este semanario. Lo integraron los tres partidos (PRD, PT y MC) con Morena, con la perspectiva de convertirse en partido político después de 2013.
Otro de los acuerdos es que el Dia desapareciera para dar paso a un Frente Amplio Progresista con los mismos integrantes, y con la misma aspiración a fusionarse en un partido en el mismo plazo.
Muñoz Ledo considera que ante el retorno del PRI a la Presidencia de la República es necesario establecer un objetivo claro para la izquierda, porque se están resintiendo las actitudes colaboracionistas entre el PRI y el PAN, como se reflejó en el reciente proceso electoral, y se prevé que suceda lo mismo cuando se discutan las llamadas reformas estructurales en el Congreso de la Unión.
“En la pasada Legislatura, en la que yo participé, fue a base de movilizaciones y maniobras parlamentarias que logramos aplazar la reforma laboral; ahora lo veo mucho más difícil”, afirma.
Por eso, el pasado 29 de agosto de 2012 los tres partidos de izquierda integraron el Frente Legislativo Progresista, para “hacer valer” su peso como segunda fuerza política del país. Sin embargo, no lo consiguieron en 2006, cuando obtuvieron la mayor votación de su historia y escalaron a la misma posición, pero no lograron mantener la unidad.
Acota Muñoz Ledo: “Hay tres grandes temas para la izquierda: definir una agenda negociable para los próximos años; encontrar las bases orgánicas de la unidad y acercar a la izquierda a la sociedad.
“Para que la izquierda se adelante con una agenda y la ponga en la mesa de la discusión, yo creo que debe haber un gran Congreso de las Izquierdas, un segundo Oaxtepec. No lo que hicieron en Guerrero, porque no fue un Congreso, sino una reunión política. Debe ser un congreso con ponencias, como los antiguos.”
Ahí, dice, debe someterse a discusión si esta refundación será de uno o de los tres partidos, si habrá fusión… cómo van a definir la unidad de las izquierdas.
Enseguida plantea: “Se está haciendo un frente parlamentario, pero ¿va a haber un partido-frente? ¿Cómo se organiza? ¿Morena va a convertirse o no en partido político? Yo creo que puede haber una unión de tres partidos o de cuatro partidos. El número no es el problema y Morena tiene características propias que la podrían convertir en una organización política con capacidades electorales”.
La agenda de izquierda
Muñoz Ledo renunció al PRD en 1999, después de que no consiguió la candidatura presidencial. Se postuló en 2000 por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) y en el proceso declinó en favor de su anterior rival panista, Vicente Fox.
En el sexenio foxista, el experimentado político fue nombrado embajador de México ante la Unión Europea y encabezó el movimiento Nueva República.
Según él, se distanció de Fox por su intervención en la campaña presidencial de 2006 en contra de Andrés Manuel López Obrador. Desde entonces ha sido uno de los hombres más cercanos al excandidato presidencial de las izquierdas. En 2009 Muñoz Ledo fue electo diputado del PT en la LXI Legislatura, donde presidió la comisión de Relaciones Exteriores. En 2012 quiso volver al Senado, pero no obtuvo la candidatura del Movimiento Progresista.
De acuerdo con su análisis, las condiciones actuales son muy distintas de las que imperaban en 2006, y cree que es posible lograr la unidad con voluntad política:
“El momento que vive el país es peligroso, porque hay muchos movimientos sociales –sobre todo de jóvenes, como el #YoSoy132– y puede haber una provocación en cualquier momento. Hay que ser muy cuidadosos en esta parte del proceso político mexicano para no generar enfrentamientos o actos violentos, porque podríamos transitar de un retroceso político a un sistema represivo.
“Creo que nosotros tenemos que poner la agenda. Tenemos una asignatura pendiente: el Acuerdo Nacional sobre Justicia y Seguridad. ¿Vamos a volver al mismo escenario, donde los gobernadores, incluyendo a los de la oposición, se reúnen en torno a una mesa encabezada por el presidente para tomar acuerdos ceremoniales y que cada vez les quitan más facultades a los estados?”
En su opinión, “la transición democrática, con su consecuente reforma constitucional, fue una iniciativa que provino de la izquierda. El origen de todos los hechos que estamos viviendo es la decisión de un sector importante del entonces partido en el gobierno, el PRI, de conformar una corriente democrática que más tarde constituyó el Frente Democrático Nacional y que, sin duda alguna, ganó las elecciones en 1988. Entonces el periodo de la transición democrática empieza con un fraude electoral y termina con otro” (ríe).
Destaca que la izquierda no ha logrado que se realicen elecciones limpias, equitativas y transparentes en el país. Otros pendientes son la reforma del Distrito Federal, el cambio de la línea económica neoliberal, el combate a la pobreza y su posición internacional. Con eso, opina, se puede decir que el periodo de la historia llamado transición democrática está cerrado en estos momentos.
“Volvimos al punto dónde estábamos (con el Frente Democrático Nacional). Regresa un concepto de hacer política que caracterizó al partido mayoritario, el PRI, durante muchos años. Es un PRI muy regional. Hay una sobreabundancia de personajes del Estado de México y en segundo término de Hidalgo. Es un partido ceremonial.
“Es una restauración, de eso no cabe la menor duda. Ahora la pregunta es: frente a esta restauración, ¿la izquierda necesita una reinvención? Es el motivo del debate. Yo creo que las izquierdas tienen posibilidad de fijar la agenda nacional.”

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