Revista
Proceso
# 2021, 25 de julio de 2015..
Su
colosal fortuna, tan inasible como él/CARLOS
ACOSTA CÓRDOVA
Nadie
conoce con exactitud el monto de la fortuna de Joaquín Guzmán Loera y la
riqueza del cártel que lidera junto con su compadre Ismael El Mayo Zambada. La
revista Forbes lo intentó sin éxito, de ahí que esa cifra sea tan nebulosa como
el mismo capo. Hasta ahora los analistas sólo conocen datos fragmentados sobre
las empresas del líder del Cártel de Sinaloa y sus socios dentro y fuera del
país.
De
Joaquín Archivaldo Guzmán Loera se dice que mueve más drogas que el capo
colombiano Pablo Escobar en sus mejores tiempos.
También,
que el Cártel de Sinaloa, liderado por él e Ismael El Mayo Zambada, es
responsable de la mitad de los narcóticos ilegales que entran a Estados Unidos
desde México, y que, en particular, cerca de 90% de la cocaína que se consume
en Estados Unidos proviene de México, en su mayor parte a través de las
organizaciones de Guzmán Loera.
Sin
embargo, nadie –ninguna institución, dependencia, gobierno o centro
especializado– ha podido calcular la fortuna del “enemigo público número uno”,
el “criminal más buscado en el mundo”, por cuya captura el gobierno mexicano
ofrece una recompensa de 60 millones de pesos y el gobierno estadunidense 5
millones de dólares.
Forbes,
la revista neoyorkina especializada en negocios y famosa por sus célebres listas
de los hombres y mujeres más ricos del mundo, así como de los más poderosos e
influyentes, lo intentó alguna vez, pero luego se retractó.
En
2009 incluyó al Chapo Guzmán por primera vez en The World’s Billionaires List,
con una fortuna de mil millones de dólares –el mínimo para aparecer en sus
páginas– y lo ubicó en el lugar 701.
En
esa ocasión, Forbes argumentó que en 2008, traficantes mexicanos y colombianos
vendieron droga a Estados por un monto que pudo fluctuar entre los 18 mil
millones y los 39 mil millones de dólares. Y que fácilmente al Chapo le habrían
dejado un mínimo de mil millones de dólares.
Los
dos años siguientes Forbes lo mantuvo en su lista con el mismo monto, pero en
lugares más abajo: 937 en 2010 y en el sitio mil 140 en 2011.
También
la revista estadunidense publica cada año una lista de las personas más
poderosas e influyentes del mundo, independientemente del monto de su fortuna,
y en ella incluye a presidentes, líderes religiosos, políticos y sociales.
En
2010 y 2011 la revista enlistó al Chapo Guzmán en los lugares 60 y 55,
respectivamente. En esos años ocuparon el primer lugar el presidente chino Hu
Jintao y el mandatario estadunidense Barack Obama, en ese orden.
De
acuerdo con la lista de 2011, Guzmán Loera resultó más poderoso e influyente
que el primer ministro japonés Yoshihiko Noda y el entonces presidente de
Rusia, Dimitry Medvedev, así como de Tim Cook, director general de la poderosa
firma tecnológica Apple.
Sin
embargo, para 2012 Forbes decidió ya no incluirlo en sus listas de los
billonarios del mundo. Reconoció que era imposible calcular sus bienes
materiales y financieros y que no había metodología capaz de dar seguimiento y
cuantificar una fortuna que se mueve en su mayor parte de manera subterránea.
Otro
argumento que dieron los directivos de la revista –en 2014– es que Forbes, al
enlistarlo, “había contribuido a forjar la ‘leyenda negra’ del narcotraficante.
Que involuntariamente contribuyeron a aumentar la fama del Chapo Guzmán, el
criminal más buscado del mundo.
“Pero
esa nunca fue la intención”, dijo en marzo de ese año Edward de Valle II,
vicepresidente de Forbes Américas.
Es
prácticamente imposible cuantificar una fortuna que deriva de flujos
impresionantes de dinero en efectivo que escapan al control y supervisión de
las autoridades; de la creación de empresas fantasma, muchas de las cuales se
crean para una operación delictiva específica y desaparecen en cuanto se
concreta esa operación; de empresas legalmente constituidas y que pagan impuestos
pero que sirven lo mismo para lavar dinero que para la propia distribución de
las drogas.
Peor,
si esas empresas, unas 300, se hallan en 12 países de América y en España.
Cifras
escurridizas
Y
si es difícil rastrear los ingresos del Chapo y el Cártel de Sinaloa, lo es más
estimar sus gastos. Difícil resulta saber cuánto pagan Guzmán Loera y su
organización a sus socios, principalmente latinoamericanos –colombianos, sobre
todo– por las drogas que les compran y luego venden en Estados Unidos.
Nadie
puede saber cuánto paga El Chapo a unas 150 mil personas, entre empleados y
contratistas que trabajan para él, según el investigador Malcom Beith. El dato
fue recogido por Patrick Radden Keefe en un artículo publicado en el New York
Times Magazine en junio de 2012.
Menos
aún puede saberse cuánto pagó y sigue pagando El Chapo por sobornos que ha
repartido generosamente a diestra y siniestra en el tiempo. Es de conocimiento
público que el Cártel de Sinaloa hace pagos regulares a autoridades federales,
estatales y municipales para evitarse problemas y trabajar aun con más
seguridad.
Escribió
Radden: “Cuando la DEA hace varios años realizó una encuesta interna entre sus
50 mejores agentes e informantes y les pidió que nombraran el factor más
importante para el funcionamiento de un negocio de la droga, le respondieron de
manera abrumadora: la corrupción.
“En
un juicio en 2010, un exoficial de policía de Juárez, Jesús Fierro Méndez,
reconoció que él había trabajado para (el Cártel de) Sinaloa. ‘Cuando un
abogado le preguntó: ¿Los cárteles de la droga tienen a la policía en la
nómina?’. ‘A todos ellos’, contestó Fierro Méndez.”
También
es un enigma el gasto que ha destinado El Chapo para pagar a arquitectos,
ingenieros, otros expertos y trabajadores de la construcción por los más de 100
narcotúneles que ha hecho en su carrera delictiva, algunos de los cuales
inclusive cruzan la frontera con Estados Unidos.
Según
Radden, “el túnel en Douglas (Arizona) constituye la obra maestra del Chapo, es
un emblema de su ingenio creativo. Veinte años después, los cárteles siguen
excavando en la frontera, donde más de un centenar de túneles han sido
descubiertos en los años transcurridos desde el primero construido por El
Chapo. Los túneles son ventilados y con aire acondicionado, y algunos cuentan
con rieles que se extienden hasta un kilómetro para dar cabida a las toneladas
de carga en tránsito”.
Ese
pasadizo, construido a finales de 1980, fue un parteaguas en la logística del
Chapo para enviar droga a Estados Unidos de manera rápida y segura, por lo que
incrementó fuertemente su demanda de estupefacientes a los narcos colombianos.
Cuenta:
“A finales de 1980, El Chapo contrató a un arquitecto para diseñar un paso
subterráneo de México a Estados Unidos. Lo que parecía ser un grifo de agua
fuera de la casa de un abogado del cártel en la ciudad fronteriza de Agua
Prieta, fue de hecho una palanca secreta que, cuando se movía, activaba un
sistema hidráulico que abría un acceso oculto debajo de una mesa de billar
dentro de la casa. El pasaje se extendía más de 200 metros, justo debajo de las
fortificaciones a lo largo de la frontera, para surgir dentro de un almacén de
propiedad del cártel en Douglas, Arizona.
“Cuando
esta nueva ruta estuvo completa, El Chapo dio instrucciones a Martínez (Miguel
Ángel, uno de sus subalternos de más confianza y quien se dedicaba a pilotar
una avioneta del Chapo para transportar droga) para llamar a los colombianos.
“‘Diles
que envíen toda la droga que puedan’, dijo. Como los envíos se multiplicaron,
(el Cártel de) Sinaloa adquirió una milagrosa reputación por la velocidad con
la que podía hacer pasar los inventarios a través de la frontera. ‘Antes de que
los aviones llegaran de regreso a Colombia, la cocaína ya estaba en Los
Ángeles’, se maravilló Martínez”, escribió Radden.
Descubiertos
los narcotúneles por autoridades estadunidenses y mexicanas, a Guzmán Loera no
le faltó imaginación para seguir moviendo droga. Se dio el lujo de abrir una
fábrica de conservas en Guadalajara en la que producía miles de latas de chiles
jalapeños con el nombre de “Jalapeños Comadre”.
Lo
que hacía en realidad era rellenar las latas con cocaína, selladas al vacío, y
las enviaba a tiendas de abarrotes propiedad de mexicanos en California, según
Radden.
Y
agregó: “Enviaba drogas en compartimientos hechos a la medida, en camiones de
refrigeración con remolque, en chasises de automóviles y en camiones de pescado
(que los inspectores de control no deseaban detener por mucho tiempo). Envió
drogas por la frontera en trenes de carga, a almacenes del cártel en Los
Ángeles y Chicago, en coches de ferrocarril que ruedan y descargan directamente
en el interior. También envió drogas a través del servicio postal FedEx
(Federal Express)”.
La
logística, estructura y organización de una agrupación criminal como el Cártel
de Sinaloa complica el rastreo de ingresos y gastos derivados del trasiego de
drogas, por lo que es difícil calcular la fortuna de un líder del narco como El
Chapo.
Son
múltiples, variadas y aun sofisticadas las maneras en que el Cártel de Sinaloa
recibe la droga de sus socios latinoamericanos, para llevarlas luego a Estados
Unidos.
Escribió
Radden: “En un primer momento, la organización del Chapo controlaba una ruta de
contrabando simple; ésta iba por el oeste de México a Arizona. En 1990 movía
mensualmente tres toneladas de cocaína en la frontera, y desde allí a Los
Ángeles.
“El
(Cártel de) Sinaloa se ha distinguido siempre por ser el más ecléctico en
cuanto a los medios empleados para el transporte de drogas. Trabajando con los
proveedores colombianos, los operadores del cártel trasladaban cocaína a México
de diversas maneras: en pequeñas avionetas privadas, en equipajes, como
contrabando en vuelos comerciales, y hasta en aviones 747 propios, que podían
llevar hasta 13 toneladas de cocaína.
“Usaron
contenedores de barcos, buques pesqueros, lanchas rápidas y submarinos
semisumergibles de crudo en un primer momento, y luego submarinos totalmente
sumergibles, con diseños concebidos por ingenieros, construidos en lugares
encubiertos en la Amazonia, enviados por piezas a través del río para ser
ensamblados a lo largo de la costa.
“Estos
navíos pueden llegar a costar más de 1 millón de dólares. Sin embargo, los
traficantes los consideran descartables. En el caso de ser interceptados por la
Guardia Costera, un sujeto a bordo está encargado de tirar de una palanca que
hace que se hunda la carga y, con ella, las pruebas del delito. Sólo la
tripulación queda flotando en el agua, a la espera de ser recogidos por las
autoridades”.
Empresas
y socios
Desde
principios de la década pasada, la Oficina para el Control de Bienes de
Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de
Estados Unidos ha llevado un riguroso control de los negocios del Chapo en
México y en otros países, sobre todo Colombia.
Negocios
–legales inclusive, con registro fiscal– que servían para lavar dinero y
distribuir drogas.
Por
ejemplo, en diciembre de 2011 detectó cuatro empresas, dos en México y dos en
Colombia. Las de México eran negocios de estética para automóviles: Estetic
Carr de Occidente, S.A. de C.V., y Estetic Car Wash, S.A. de C.V. (RFC:
ECW03022L81), ambas ubicadas en Zapopan, Jalisco. Eran manejadas por Agustín
Reyes Garza, Don Pilo.
Las
de Colombia eran de un giro totalmente distinto: Agropecuaria La Cruz, S.A. y
Criadero Las Cabañas, LTD (criadero de avestruces), ambas con registro fiscal y
eran dirigidas por el narco colombiano Néstor Alonso Tarazona Enciso. Las dos
en Bogotá.
De
hecho, no hubo giro comercial que no abarcaran los negocios del Chapo y sus
socios de otros países. A través de su socio colombiano Jorge Milton Cifuentes
Villa, alias Elkin de Jesús López Salazar, y los subordinados de éste dirigían
empresas financieras y comerciales como éstas: As Inversiones, S.A.; CBM de
Colombia, S.A; CI Planeta Comercial, S.A.; Productos Kibony, S.A.; RDI, S.A., y
T&T Andina, S.A. Todas en Bogotá.
En
Ecuador tenían negocios que facilitaban el transporte de drogas. Éstos eran
legales y se hallaban registrados ante la autoridad fiscal: Comercializadora
Empresarial Team Business, S.A., Negocios Internacionales del Ecuador
Nidegroup, S.A., y Snack Party, los tres ubicados en Quito,
En
la capital de Panamá operaban a Grupo Mundo Marino, S.A. En Montevideo,
Uruguay, a Genética del Sur, S.A., con una sucursal en la provincia de
Lavalleja. Y en México a International Group Oiralih, S.A. de C.V., ubicada en
Huixquilucan, Estado de México.
Para
el trasiego de drogas a través del mar, el socio hondureño de Guzmán Loera,
Carlos Arnoldo Lobo, se valía, entre otras, de empresas dedicadas a la
construcción de buques de pesca y de maquinaria marítima compleja de alta
tecnología. Esto fue detectado por la OFAC en abril de 2014. Lobo tenía en su
país residencias y vehículos de lujo.
En
2011, esa dependencia estadunidense informó que el socio Jorge Luis Llanos
Gazi, de nacionalidad mexicana y colombiana, controlaba en México Audio
Alarmas, S.A. de C.V., en Zapopan, y Basaltos Tonalá, S.A. de C.V., en Tonalá,
Jalisco; esta última proveedora de las empresas constructoras del Chapo.
Esos
son apenas unos ejemplos. Pero lo detectado por la OFAC es una insólita y
variada gama de giros comerciales en los que han incurrido Guzmán Loera y el
Cártel de Sinaloa.
Nada
más por apuntar algunos: lecherías, negocios de arte, guarderías,
inmobiliarias, comercializadoras, restaurantes, arrendadoras, centros
comerciales, casas de empeño, autódromos, parques acuáticos, criadero de
avestruces, clubes deportivos, empresas de aeronáutica, farmacéuticas,
distribuidoras de medicinas, crianza de caballos, hoteles en México y Colombia…
También
se incluyen firmas de servicios financieros con filiales en México, en Miami,
Florida, y Madrid, Panamá y Colombia; gasolineras, empresas mineras, boutiques,
aerolíneas, constructoras, compañías turísticas, haciendas, empresas
importadoras y exportadoras, y negocios de autopartes.
El
Chapo y sus aliados sudamericanos cuentan asimismo con fundaciones
filantrópicas, como Salva la Selva y Bienestar para el Porvenir.
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