10 feb. 2017

Adiós, Chapo; hola, Dámaso


Razones/
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
Excelsior, 10 de febrero de 2017..
Adiós, Chapo; hola, Dámaso
Cuando en 1997 murió Amado Carrillo Fuentes, asesinado por los médicos que le habían realizado una amplia cirugía estética (y que habían sido comprados por los otros líderes del cártel que se querían deshacer del mítico Señor de los Cielos porque éste ya no sólo no era operativo, sino que se había convertido en una figura pública que ponía en riesgo todo el negocio) se inició una dura batalla dentro de esa organización criminal para establecer a su sucesor: fue ahí, no diez años después, cuando comenzaron las decapitaciones, los cuerpos desmembrados en tambos (entre ellos los de los médicos que habían participado en la operación de Carrillo y que le suministraron una sobredosis de un somnífero llamado dormicum), la violencia por el control del cártel y de los territorios.
No hubo un jefe que reemplazara a Carrillo Fuentes. El cártel se dividió entre sus hermanos que se quedaron en Juárez, encabezados por Vicente Carrillo y los de Sinaloa. Ya fugado El Chapo Guzmán de Puente Grande en enero del 2001, su asociación con Juan José Esparragoza, El Azul, y El Mayo Zambada, los llevó a controlar la mayor parte de la organización criminal, que poco después terminó enfrentada no sólo con los hermanos de Carrillo Fuentes, sino también con los que habían sido sus jefes de seguridad, los Beltrán Leyva.
Meses antes de la muerte del Señor de los Cielos, era detenido en Monterrey y enviado inmediatamente a Estados Unidos el líder del cártel del Golfo, Juan García Ábrego. Su detención desató durante muchos meses la lucha por la sucesión. Con el paso del tiempo, un oscuro sicario que se caracterizó por hacer matar a todos los que habían comenzado como sus aliados y al que comenzaron a llamar El Mata Amigos, se terminó imponiendo a sangre y fuego. Era Osiel Cárdenas que para frenar la entrada del cártel de Sinaloa a su territorio contrató primero como su equipo de protección personal, luego como sicarios y más tarde como el brazo armado y operador de toda la organización, a un grupo de exmilitares y policías a los que llamó Los Zetas.
Incluso, durante los años que Osiel estuvo preso en México, Los Zetas fueron disciplinados con su jefe, a pesar de que tenían cada vez más poder y autonomía. Pero en cuanto Osiel fue extraditado a Estados Unidos, en enero del 2007, y más aún cuando se supo que había llegado a un acuerdo con la justicia de ese país para ser colaborador a cambio de una sentencia reducida, que quedó en 20 años de cárcel y el pago de una indemnización millonaria en dólares, la guerra entre Los Zetas y el resto de las estructuras del cártel del Golfo se hizo inevitable y terriblemente virulenta.
Cambiaron radicalmente las alianzas y mientras unos grupos terminaron trabajando con el cártel de Sinaloa, o asociados a éste, otros se sumaron al cártel de Juárez y a los Beltrán para combatir a los de El Chapo.
Pero todo eso también comenzó a cambiar. El cártel de Sinaloa impulsó luego de la muerte de Ignacio Nacho Coronel el surgimiento de un grupo que comenzó como Los Mata Zetas hasta convertirse más tarde en el Cártel Jalisco Nueva Generación. Cuando El Chapo fue detenido en el 2014, el CJNG había adquirido poder y autonomía, en una historia muy similar a la que habían tenido Los Zetas con el cártel del Golfo. Pero pese a ello, con El Chapo preso en Almoloya, pero aún con buena comunicación con su gente, los acuerdos se respetaron.
Paradójicamente, luego de que se fugó El Chapo de Almoloya, fue cuando quedó de manifiesto que su relación con los demás jefes del cártel era escasa: durante los meses que estuvo prófugo tuvo tiempo y posibilidad de reunirse hasta con Kate del Castillo y Sean Penn, pero no hay constancia de que se haya podido encontrar, con Zambada, Dámaso López u otros jefes del cártel. Ese gusto por la exhibición no sólo lo llevó a la cárcel, sino que demostró que ya no era confiable para los verdaderos operadores, como Dámaso López, El Licenciado.
Con su detención en enero del 2016 y su posterior extradición a Estados Unidos los lazos se rompieron. Primero fue el secuestro de los hijos de El Chapo en Puerto Vallarta, aparentemente por los grupos ligados al CJNG. Ahora con El Chapo en una corte de Nueva York se ha pasado al enfrentamiento armado. Los hijos de El Chapo, tendrán todas las de perder. Dámaso López, el que fuera el hombre de confianza de Guzmán Loera porque fue él quien organizó, siendo Dámaso jefe de custodias del penal, su fuga de Puente Grande en el 2001, se impondrá por una sencilla razón: mientras El Chapo está incomunicado en una cárcel de alta seguridad en Brooklyn, Dámaso es el que ha controlado las operaciones del cártel. No es descabellado pensar que, como en su momento lo hizo Osiel Cárdenas, El Chapo busque ser testigo protegido y atenuar su condena. Los hijos de Guzmán Loera han demostrado que su ámbito está más en Instagram que en la operación criminal. Y Dámaso puede restablecer una alianza con los sucesores de Amado Carrillo en Juárez y mantener los lazos casi rotos con el CJNG. Ése es algo más que el embrión del próximo cártel hegemónico en el país.
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