27 may. 2017

Cierre de un ciclo de René Delgado en Reforma

Cierre de un ciclo de René Delgado en Reforma
Reforma, 27 de mayo de 2017
A los lectores, consejeros, colaboradores y fuentes informativas les participo del cierre de mi ciclo al frente de la Dirección Editorial de Reforma, no así del término de mi colaboración con el Diario.
A quienes nos hacen rodar sobre los rodillos y navegar en el ciberespacio, a los compañeros y directivos del Grupo -destacadamente a Alejandro Junco de la Vega- les reitero mi orgullo por haber contribuido a hacer latir el Corazón de México y la esperanza de haber correspondido a su profesionalismo, confianza y gallardía a lo largo de casi veinticuatro años.
Gracias a todos.
sobreaviso12@gmail.com


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Un loco solitario
Columna SOBREAVISO / René Delgado
Reforma, 27 May. 2017
En la figura de un loco solitario se quiso explicar y sepultar el asesinato de Luis Donaldo Colosio, borrando así la presunción de una acción perversa y concertada. Se dijo que, quizá, la tensión política, contaminada por una atmósfera violenta, contribuyó a amartillar la pena de aquella triste tarde de marzo.
Hoy, se está recargando aquella tensión y atmósfera, sumándole agravantes. La violencia de estos días es criminal y tiene varios frentes. El malestar social expresa, a veces, los síntomas de la revuelta. La advertencia sobre la grave circunstancia más de una vez ha sido dicha.
Ojalá los dirigentes políticos y los acólitos que, día a día, le ponen un grano de sal a la tensión y una pizca de pimienta a la atmósfera, no estén suspirando por la aparición de un loco solitario.
Jugar con esa idea descabellada no los salvaría, terminaría por condenarlos.
La angustia, la ocurrencia y la celada anti-política pintadas de supuesta estrategia están dictando acciones ajenas al rescate nacional, propias de un acto desesperado de sobrevivencia... y, de seguir creyendo que así se puede llegar en mejores condiciones al 2018, un desfiladero o una fractura no puede descartarse.
En vez de adoptar acciones políticas y legislativas tendientes a garantizar la elección presidencial del año entrante y ventilar la atmósfera, atendiendo el reclamo ciudadano, a la clase dirigente sólo le apura ensayar cuanto sea necesario con tal de asegurar su prevalencia. Cierra puertas y ventanas, agranda al interior su laberinto, pacta entre ella y echa mano de la política del miedo aunque a ella misma la espante... Quiere impedir a toda costa que alguien sin credencial de su selecto club pretenda desplazarlos de lo que consideran su condominio y patrimonio exclusivo.
No le interesa crear las condiciones para que, en libertad y seguridad, los electores resuelvan, por sí, el destino que les pertenece.
Los homicidios dolosos rompieron récord en el primer cuatrimestre del año como no ocurría desde 1997. El clamor ciudadano por combatir la corrupción recibe por respuesta el engaño y el acoso -incluido el espionaje-, y la condena partidista de esa práctica sólo busca tomar ventaja en el concurso electoral. A la pobreza se le exprime el jugo y se le extiende tarjeta o credencial con restricciones, cuidando de mantenerla en los niveles de hace un cuarto de siglo. La manifiesta intervención del gobierno federal en los comicios escapa a la vista de la autoridad electoral que, al final, terminará por validarla o invalidarla. A los periodistas asesinados en el ejercicio profesional de su libertad, se les garantiza una corona mortuoria de flores secas y la promesa de un fiscal atento. La violencia criminal anima a un spot electoral.
La podredumbre política no llama la atención de la clase dirigente. Nada la insta a decidir qué hacer con la seguridad pública; a nombrar al fiscal anticorrupción; a aliarse con la ciudadanía que, increíblemente, aún les tiende puentes; a dejar de condicionar la ayuda asistencial al voto ciego; a cuidar, en vez de comprar, a la prensa; a descartar el uso y abuso de la tragedia como ariete para golpear al adversario en turno.
Nada les recomienda actuar debidamente en cada uno de esos campos, siendo que podría servir al propósito de asegurar la elección presidencial y garantizar al electorado su participación libre y plena.
No, el foco de atención de la clase política está en otro lado. No en rescatar al país sino en salvarse ella, así sea al precio de provocar un nuevo desastre. Tiene la mira puesta en sobrevivir y, luego, repartirse los restos del naufragio y seguir en el ejercicio del no poder.
De ahí la tentación de emprender acciones políticas, ruines y legislativas de último minuto. Inventar un frente con disfraz antipriista, siendo que la fuerza tricolor está en la lona. Abortar el proyecto del cuarto polo, con la idea de gastar los intereses sin invertir un centavo. Atrapar en la red de la corrupción al adversario, a fin de sumarlo y sumirlo en el pantano. Legislar sobre las rodillas la segunda vuelta electoral y, si es necesario, la tercera y la cuarta vuelta, con tal de repetir o alternar y compartir lo que quede durante el sexenio entrante. Echar mano del miedo para, aunque sea de ese modo, reintentar la hazaña que tan buen resultado le rindió en 1994. Espantar con el petate de Chávez, aunque aquí los muertos se vayan a la fosa sin petate.
El temor a la derrota y a su propio porvenir los hace jugar con el mismo fuego que a punto de incendiar al país estuvo en aquel año, como también en 2006.
Más de una vez, la gente ha pagado y sufrido la desvergüenza y la ineptitud de la clase dirigente que, con tal de ostentar sin ejercer ese título, le da por coger la caja de cerillos. Avivar la tensión y sobrecalentar la atmósfera no la va a sacar de su apuro. Jugar con el miedo cuando la rabia hace espuma en la boca es un peligro. A ver si no se les aparece un loco solitario, en vez de salvarlos podría terminar por condenarlos y lastimar al país de nuevo.
· CIERRE DE UN CICLO
A los lectores, consejeros, colaboradores y fuentes informativas les participo del cierre de mi ciclo al frente de la Dirección Editorial de Reforma, no así del término de mi colaboración con el Diario.
A quienes nos hacen rodar sobre los rodillos y navegar en el ciberespacio, a los compañeros y directivos del Grupo -destacadamente a Alejandro Junco de la Vega- les reitero mi orgullo por haber contribuido a hacer latir el Corazón de México y la esperanza de haber correspondido a su profesionalismo, confianza y gallardía a lo largo de casi veinticuatro años.
Gracias a todos.
sobreaviso12@gmail.com


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