3 ene 2026

El estruendo de la fuerza: Cuando la diplomacia se quedó sin voz


El estruendo de la fuerza: Cuando la diplomacia se quedó sin voz
La madrugada de este 3 de enero de 2026 nos ha recordado, de la manera más cruda posible, que en el tablero del poder mundial la lógica de la fuerza suele arrollar los manuales de la diplomacia. Lo ocurrido en Caracas no es solo una operación militar de precisión quirúrgica; es un quiebre humano y legal que deja más interrogantes que certezas.
El fracaso de la palabra
Como analistas, a veces pecamos de optimistas al creer que el mundo ha aprendido las lecciones del siglo XX. Hace apenas unos días proyectábamos una "asfixia estratégica", un desgaste lento. Sin embargo, la administración Trump ha decidido que el tiempo de la política se agotó. Ver a fuerzas de élite extranjeras extrayendo a un mandatario —independientemente de su legitimidad o sus faltas— nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad de la soberanía en nuestra región. ¿Dónde queda el derecho internacional cuando los misiles sustituyen a las mesas de diálogo?
El rostro humano bajo el humo
Más allá de la retórica de victoria que emana de Washington o el júbilo de ciertos sectores, mi mirada hoy se queda con el ciudadano venezolano. Ese padre de familia en Miranda o La Guaira que despertó con explosiones, sin luz y bajo el vuelo rasante de aeronaves invisibles.
La guerra, aunque se vista de "operación de liberación", siempre tiene el mismo aroma: el del miedo y la incertidumbre. México, con su tradicional congruencia diplomática, ha hecho bien en recordar que América Latina debe ser una zona de paz. No se trata de defender ideologías, sino de defender la vida y la estabilidad de una región que ya ha sufrido demasiado.
Un salto al vacío
La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores marca el inicio de lo que llaman "el juicio del siglo", pero también el inicio de un experimento peligroso. ¿Qué sigue para un país que amanece en un vacío de poder total? La historia nos ha enseñado que es fácil derribar estructuras, lo difícil es reconstruir el tejido social y la paz.
Hoy me toca reconocer que la realidad fue más rápida que el análisis. Pero también me toca insistir en lo fundamental: la justicia que se impone solo por la pólvora deja heridas que tardan generaciones en cerrar.
Esperemos a ver qué dicen desde Mar-a-Lago a las 11:00. Lo que escucharemos serán los detalles técnicos de una incursión, pero lo que no nos dirán es cómo piensan devolverle la tranquilidad a un pueblo que hoy, más que nunca, está en manos del destino.
Lástima que la política no estuvo a la altura de la paz.

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