3 mar. 2017

Jeff Sessions, mintió...,

Jeff Sessions mantiene su inocencia y se inhibe de la investigación sobre los vínculos de Trump con Moscú
El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, jurando en el Senado el pasado 10 de enero. REUTERS

El secretario de Justicia de EEUU niega que mintiera bajo juramento y se viera con el embajador ruso en calidad de asesor de Trump durante la campaña electoral
Es el segundo cargo de la Administración Trump que miente sobre sus vínculos con el embajador de Moscú
(Empero) Trump dice que confía "totalmente" en Sessions pero que ignoraba su reunión con el embajador ruso
PABLO PARDO
El País, Washington, 02/03/2017 22:14
El círculo más estrecho de colaboradores de Donald Trump ha vuelto a ser golpeado por sus vínculos con Rusia. En esta ocasión se trata del fiscal general -cargo que equivaldría en España al de ministro de Justicia-, Jeff Sessions, que hoy tuvo que recusarse de cualquier investigación relativa a la campaña electoral de 2016.

Sessions tuvo que hacer ese anuncio después de que el diario 'The Washington Post' revelara que había mentido bajo juramento al Senado el 10 de enero, cuando el senador demócrata Al Franken le preguntó si había tenido algún contacto con Moscú durante la campaña. "No tuve ninguna comunicación con los rusos", dijo el fiscal general.
El fiscal general estaba mintiendo. Como desveló hoy el 'Post', Sessions se había reunido al menos dos veces con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak. Una, en julio; la otra, en septiembre. En esa segunda ocasión, el encuentro fue, directamente, en el despacho de Sessions en el Senado. Posteriormente se supo que el 13 de septiembre Session también conversó por teléfono con Kislyak.
Sessions, que fue el primer senador en apoyar a Donald Trump y es, junto con su yerno, Jared Kushner, y su asesor político, Steve Bannon, su más cercano colaborador, era en aquellos meses uno de los principales asesores en política exterior del candidato republicano, y su nombre ya sonaba como más que probable miembro del gabinete en un eventual Gobierno de Trump. Después, ante una pregunta similar del senador Patrick Leahy, formulada por escrito, Sessions volvió a responder: "No".
En su actual cargo, Sessions es el responsable último del Departamento de Justicia y del FBI, que es lo más parecido a una policía a nivel nacional que tiene EEUU, un país federal y muy descentralizado. Y tanto el FBI como el Departamento de Justicia podrían estar llevando a cabo varias investigaciones secretas acerca de los presuntos vínculos entre Trump y su equipo con el Gobierno de Vladimir Putin. Así pues, una persona que es miembro del gabinete de Trump pero ha mentido sobre sus relaciones con Rusia sería quien supervisa las investigaciones sobre las relaciones del gabinete de Trump con Rusia. Por eso la noticia de su auto recusación es doblemente importante.
Las revelaciones del 'Washington Post' han caído como una bomba en Washington. El director de ética de la Casa Blanca entre 2005 y 2007, cuando el George W. Bush era presidente, Richard Painter, colgó ayer un 'tuit' declarando: "Mentir al Senado bajo juramento sobre los contactos que uno ha tenido con los rusos es una buena manera de ir a la cárcel". A primera hora de la tarde, Painter publicaba un artículo de opinión en la web del 'New York Times' titulado 'Jeff Sessions tiene que irse'. Painter es un republicano, al igual que Donald Trump y Jeff Sessions, y miembro de la Sociedad Federalista, el principal grupo de juristas conservadores de Estados Unidos.
La respuesta de Sessions a las acusaciones es que se reunió con Kislyak en su calidad de miembro del Comité de Inteligencia del Senado, y que no lo consideró relevante cuando Franken le preguntó. Es una explicación políticamente poco sostenible, pero a la que se agarran los republicanos. El Comité de Inteligencia del Senado tiene 27 miembros. De ellos, 26 afirman que no se reunieron con el representante diplomático ruso.
Sessions es, así, el segundo alto cargo del Gobierno de Trump, tras el consejero de Seguridad Nacional, Mike Flynn, que miente sobre sus vínculos con Kislyak. Flynn, debido a su cargo, no tuvo que pasar por la confirmación del Senado. Pero sí tuvo que dimitir cuando 'The Washington Post' publicó que había hablado con Kislyak por teléfono en varias ocasiones. Encima, la reunión de Sessions con el diplomático tuvo lugar en septiembre, justo cuando los servicios de inteligencia estadounidenses dieron la alarma sobre la interferencias del espionaje ruso en la campaña presidencial de ese país.
Pero la noticia tiene más ramificaciones. La más obvia es, al igual que en el caso de Flynn - que negó hablar con Kislyak, que debe de ser la personas con el teléfono mejor pinchado de todo EEUU y, tal vez, del mundo - la increíble actitud de Sessions. Porque en septiembre el senador se reunió con el embajador ruso en su despacho del Senado. Eso significa que su staff, compuesto por unas 40 ó 50 personas que trabajan con él, sabía que estaba mintiendo el 10 de enero.
Más increíble es la actitud de bloqueo del Partido Republicano. Hay que tener en cuenta que el ataque al consulado de EEUU en la ciudad libia de Bengasi, en 2012, provocó 33 audiencias en el Congreso, a las que acudieron a testificar 252 personas, y que produjeron 1.982 páginas de informes. Todo para no llegar a ninguna conclusión, aunque, a cambio, ese partido logró dañar la imagen de la candidata demócrata a la presidencia, Hillary Clinton. Hasta la fecha, la relación de Rusia con Trump y su equipo ha generado cero sesiones, cero informes, y cero investigaciones.
Y, por ahora, eso no parece que vaya a cambiar. La oposición demócrata y algunos republicanos han exigido que Sessions dimita o, al menos (como ha ocurrido), se recuse de las pesquisas sobre los vínculos de Trump y su equipo con Moscú. Los republicanos, sin embargo, han reaccionado con un 'prietas las filas'. El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, había declarado que no veía "propósito ni razón alguna" para que Sessions se recusara. Trump declaró ayer que tiene "total confianza" en su fiscal general.
Algunos republicanos han roto con esa línea. La centrista Susan Collins, senadora por Maine, y Lincoln Chaffetz, por Utah, han pedido que Sessions se recuse. Más lejos ha ido uno de los líderes de la oposición a Trump dentro del Partido Republicano, el senador por Carolina del Sur Lindsay Graham, ha planteado la creación de un fiscal independiente que examine los vínculos entre Trump y Rusia. Por ahora, sin embargo, está claro que, para el partido en el Gobierno en EEUU, las relaciones entre el presidente y su equipo y Rusia son mucho menos importantes que los 'emails' de Hillary Clinton.
Entretanto, la atención se está centrando en Kislyak, un personaje apenas conocido entre el público en Washington, y con fama de ser un diplomático discreto y aburrido, que no destaca en una ciudad a la que muchos consideran 'Hollywood para empollones', y en la que la gente presume de a qué político conoce o a qué fiesta privada le han invitado igual que en la meca del cine hablan de con qué estrella han coincidido en el baño del bar. Claro que en las novelas de John LeCarré (que, a fin de cuentas, fue espía) los mejores agentes son, siempre, los que tienen una personalidad menos interesante.


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