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En Morena, un revoltijo político que saca chispas/


En Morena, un revoltijo político que saca chispas/ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA...
Revista Proceso # 2172, 16 de junio de 2018...
Una revisión nombre por nombre de los candidatos a diputados federales y senadores, así como a gobernadores, refleja hasta qué punto la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador atrajo a dirigentes de otras fuerzas políticas, muchos de ellos con estructura electoral e influencia en sus regiones. Esto le ha dado fuerza a la coalición Juntos Haremos Historia, pero también la convirtió en un organismo político de operación muy compleja.
En un templete con vista al mar están juntos el expanista Germán Martínez Cázares y Manuel Espino Barrientos. Recorre el presidium Joaquín Díaz Mena, El Huacho, candidato a la gubernatura de Yucatán, quien saluda a cada uno hasta llegar al centro, donde le dirige una sonrisa el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador.


La estampa sería inverosímil hace unos años. Ahora se repiten por todo el país, con las connotaciones y personalidades locales de cada caso, escenas así de imposibles no hace mucho, pues la coalición Juntos Haremos Historia, integrada por Morena, PT y PES importaron a muchos de sus candidatos del PRI, PAN y PRD, en este último caso quizás hasta desfondarlo.

Hace 12 años Manuel Espino era el dirigente nacional del PAN y Germán Martínez Cázares el estratega jurídico y miembro del war room de Felipe Calderón Hinojosa, que terminaría por asumir la Presidencia de la República mientras López Obrador denunciaba fraude electoral.

“Los de enfrente quieren un gerente, nosotros queremos un presidente (…). Yo no quiero para mis hijos un gerente que administre los privilegios desde el poder. Yo quiero para mis hijos, y tengo cuatro, un presidente que gobierne para todos sin distingo”, exclama Martínez Cázares, casi hasta desgañitarse, en una arenga que pide el voto para López Obrador.

Es 4 de mayo en Puerto Progreso, Yucatán. Apenas en marzo, Díaz Mena renunció al PAN para asumir la candidatura al gobierno de su estado por la alianza Juntos Haremos Historia.

Martínez Cázares recuerda ahí a su mentor, el extinto Carlos Castillo Peraza, el último ideólogo panista, originario de la entidad, convertida ese día en el lugar desde el que los dos exdirigentes nacionales del PAN aparecieron por primera vez con López Obrador juntos y en público. Espino es el que convoca:

“En todo el país estaremos promoviendo la adhesión de líderes sociales de organizaciones comunitarias, dedicadas a todas las tareas sociales de México para asegurarnos de sepultar con votos la corrupción.”

El llamado no es puro discurso. Por todo el país, la adhesión de personalidades del PRI y el PAN es notable en candidaturas a legisladores federales y locales, en los nueve gobiernos estatales que se renovarán de manera concurrente con la elección presidencial y en los mil 596 ayuntamientos. 

La recepción de exmilitantes de todos los partidos es amplia, pero es el PRD de donde llegaron más hombres y mujeres que apenas hace unos meses ostentaban cargos públicos y de elección popular. Se pasaron a cualquiera de los partidos de la coalición Juntos Haremos Historia.

Entre septiembre de 2017 y marzo del presente año, los partidos que postulan a López Obrador importaron de otras formaciones políticas al 50% de los candidatos al Senado de la República.

Además, el 40% de las candidaturas a diputados federales fueron asignadas a exmilitantes de partidos ajenos a la coalición.

De las nueve candidaturas a gobiernos estatales, cuatro proceden de otros partidos, fenómeno que se reproduce en los municipios, de suerte que, sólo tomando en cuenta las capitales nueve de las 24 entidades que renovarán ayuntamientos, hay candidatos de diferentes fuerzas políticas con militancia reciente o bien con el rango de “externos” o “ciudadanos”.

Importados, al Congreso

Durante los primeros días de campaña López Obrador debió sortear protestas y expresiones de rechazo que los morenistas y petistas, muchos de ellos simpatizantes que lo han acompañado en sus tres postulaciones presidenciales, lanzaban contra los candidatos recién llegados de otros partidos.

El tercer día de campaña, por ejemplo, en Gómez Palacio, Durango, en una enorme concentración que recibió al candidato presidencial en el recinto ferial de ese municipio, los asistentes lanzaron tremenda rechifla contra la candidata a diputada federal Marina Vitela, quien acababa de abandonar el PRI y a la que ni siquiera dejaron hablar.

El programa se alteró. López Obrador tomó el micrófono, llamó a la calma y recibió la ovación. Ahí pidió respeto, habló de la necesidad de sumar a gente de todas las expresiones porque el movimiento es plural. Con el paso de las semanas, ese mensaje se fue ampliando. El candidato empezó a llamar a los militantes de todos los partidos a votar por su coalición “para conseguir el cambio”, a “votar parejo” por los candidatos que lo acompañan, aunque luego “se regresen a sus partidos”.

Respecto a los candidatos, Morena y sus aliados siempre aseguraron que las designaciones se definieron mediante encuestas, en tanto que López Obrador negó haber intervenido en las nominaciones.

De 62 candidatos que van en fórmula al Senado, Juntos Haremos Historia postuló a 31 candidatas y candidatos procedentes de otros partidos. Ocho de los candidatos vienen del PRI; cinco, del PAN; 11, del PRD; dos, del Panal; dos más militaron en Movimiento Ciudadano (MC) y otros dos en el PVEM.

Tomando como punto de partida los 280 candidatos a diputados federales de mayoría que integran el listado disponible en la página oficial del Instituto Nacional Electoral (INE), una revisión nombre por nombre permite observar que son al menos 30 candidatos los que provienen del PRI; 14 los que abandonaron el PAN; 60 los que dejaron el PRD; nueve los que renunciaron a MC y al menos uno que se separó del Panal.

En el caso de los candidatos a gobernadores, quienes llegaron de otros partidos, además de Joaquín Díaz Mena, el de Yucatán, son el expanista de Guanajuato Ricardo Sheffield; el otrora militante de MC en Jalisco, Carlos Lomelí; en Puebla el experredista reciente Miguel Barbosa. Rutilio Escandón, para Chiapas y, Adán Augusto López, para Tabasco –quienes son cuñados– han mantenido una relación constante con López Obrador. El segundo es considerado el primer senador en renunciar al PRD, es decir, fue pionero de la bancada de Morena.

Pero en otros casos se trata de personalidades vinculadas a gobiernos que resultan polémicos porque están implicados en actos de corrupción. En Puebla, por ejemplo, la fórmula para el Senado fue integrada por Alejandro Armenta Mier y Nancy de la Sierra, ambos expriistas, el primero secretario de Desarrollo Social con Mario Marín, exdirigente del PRI en la entidad y con una larga trayectoria en ese partido que alcanzó todavía el gobierno de Enrique Peña Nieto, donde se desempeñó como titular del Registro Nacional de Población.

De la Sierra fue en este sexenio la responsable del programa social Prospera en Puebla, además de que es esposa de Juan José Espinoza, exalcalde de San Pedro Cholula y actualmente candidato a diputado local por Juntos Haremos Historia, aunque procede de MC.

Prospectos que pertenecieron a grupos políticos polémicos abundan entre candidatos a diputados federales: en Aguascalientes es candidata por el Distrito III Dulce Margarita Arellano Gourcy, excolaboradora de Armando Reynosa Femat; en Michoacán, por el Distrito X, va Iván Pérez Negrón, tesorero y funcionario en administraciones municipal y estatal de Fausto Vallejo. No es el único: los expriistas Martín Samaguey y Miguel Ildefonso Mares, candidatos a las alcaldías de Uruapan y Zamora, respectivamente, son dos vallejistas conocidos.

De hecho, el PES prefirió romper la alianza a nivel local en Michoacán y así pudo lanzar al propio Fausto Vallejo a la presidencia municipal de Morelia, luego de que, a principios de año, López Obrador declarara que Morena era un referente moral y debía cuidar su imagen cuando un eventual candidato tenía antecedentes de corrupción.

Otros candidatos relacionados con grupos políticos acusados de corrupción y nepotismo: 

En el Distrito XII de Puebla, Fernando Luis Manzanilla, que fue secretario de Gobierno con su cuñado Rafael Moreno Valle. Jesús de los Ángeles Poll Moo es candidato en Quintana Roo, donde fue funcionario de Roberto Borge y diputado por el PRI; por esa entidad también van al Senado los borgistas Freyda Maribel Villegas Canché y José Luis Pech Varguez. Carlos Mario Villanueva, hijo del exgobernador Mario Villanueva, es candidato al ayuntamiento de Chetumal. En Tabasco aspira a una diputación Manuel Rodríguez González, excolaborador de Andrés Granier.

Por otra parte, Miguel Barbosa tiene larga militancia en la izquierda y en 2006 y 2012 apoyó a López Obrador. Sin embargo, es la encarnación de aquello que el fundador de Morena convirtió en los últimos años en uno de sus ejes discursivos, pues cuando era líder del Senado Barbosa aprobó la reforma educativa (“la más importante de la legislatura”, dijo entonces), la Ley de Hidrocarburos, que dio origen a los gasolinazos, y la reforma fiscal, entre otras.

No es el único. De norte a sur hay quienes ahora compiten por Morena y sus aliados después de haber votado las reformas que surgieron del Pacto por México, a las que López Obrador se opuso. En la Ciudad de México, por ejemplo, son candidatos a diputados Mario Delgado y Dolores Padierna.

Fuerzas vivas

En un exclusivo complejo hotelero y de convenciones en Punta Diamante, López Obrador envía un mensaje de serenidad. Son los días de su confrontación con los grupos empresariales más poderosos de México. Es cuestionado por sus posiciones y, frente a cientos de notarios, mujeres y hombres de aspecto impecable y formas solemnes, el aspirante presidencial prefiere que el discurso más especializado lo pronuncie la notaria y exministra de la Suprema Corte Olga Sánchez Cordero, su anunciada secretaria de Gobernación.

De repente el lugar se vuelve un hervidero de acarreados que compiten por hacer escuchar sus consignas de apoyo, tornan inaudible la música lounge y atropellan a los abogados que intentan saludar al candidato, formaditos. Los dos contingentes han llevado hasta ese lugar la disputa que sostienen en las elecciones locales, sin retirar su apoyo a López Obrador para la presidencia. 

Es 17 de mayo y no hace ni tres días que la coalición Juntos Haremos Historia se fracturó en el nivel local. De un lado están los que vienen de la alianza Morena-PES, encabezada por el candidato al Senado Félix Salgado Macedonio y su candidata a la alcaldía de Acapulco, Adela Román; del otro están los que llegaron detrás de Zeferino Torreblanca, el exgobernador que busca otra vez ser alcalde del puerto, por el PT.

Apenas parte el vehículo de López Obrador, las consignas aumentan de tono. “¡Asesino, asesino!”, le gritan a Torreblanca, cuyo vehículo, para su mala suerte, tarda en llegar. Unos y otros acarreados se lanzan consignas. Finalmente, puede partir y los contingentes se dispersan.

Las candidaturas a los ayuntamientos son espacios de discordia y, al menos en Veracruz, Tabasco y Quintana Roo, lograron mantener la coalición tras un hábil juego de negociaciones. Pero no cuajó en Guerrero, Baja California Sur, Campeche ni Michoacán, entre otros estados. 

En esas entidades las disputas estallaron en parte porque uno u otro partido no cedieron posiciones. En otras, la alianza se mantuvo a pesar de la procedencia de los candidatos, tanto en ayuntamientos como en cargos federales.

En Coahuila, por ejemplo, la coalición lopezobradorista lleva como cabeza de fórmula al Senado a Armando Guadiana Tijerina, quien renunció al PRI en 2011, tras un desacuerdo con los hermanos Moreira. Lo acompañan para distritos federales los expanistas José Ángel Pérez Hernández, exalcalde de Torreón, y Óscar Mohamar Dainitín. Y Claudio Bress Garza, político y empresario de larga trayectoria en el PRI, busca la alcaldía de Piedras Negras.

La mayoría de esos candidatos conocen las formas de operación del PRI y del PAN, pero sobre todo cuentan con estructuras electorales, aún atenuadas por la falta de presupuesto. 

Uno de los panistas históricos de Nuevo León, Jesús María Hinojosa, quien fue dos veces alcalde de Guadalupe y una de Monterrey, ahora es candidato de la coalición de Morena, PES y PT.

Nuevo León es una de esas entidades donde los panistas han visto tambalear sus filas y que más migración ha sufrido hacia Morena, el PES y el PT. Ahí aspira al Senado Judith Díaz, de amplia trayectoria panista que incluye una senaduría entre 2006 y 2012. Esta vez va en fórmula con el también expanista Álvaro Suárez Garza.

La presencia de candidatos provenientes del PRI y del PAN es particularmente notable en los estados del norte. En Tamaulipas va por un escaño en el Senado Américo Villarreal, hijo homónimo del exgobernador priista ya fallecido; en Chihuahua fue postulado Cruz Pérez Cuéllar, procedente del PAN, y en Sonora Alfonso Durazo, cercano a López Obrador desde 2006, aunque de variada militancia desde que abandonó el PRI en los años noventa.

En pleno diferendo con la cúpula empresarial del país, López Obrador fue a Matehuala, San Luis Potosí, el 5 de mayo, y ahí expuso por primera vez su idea de “unidad”:

“Hay que hacer a un lado, sin maltratarlos, de manera sutil, a los de la mafia del poder para que el gobierno no esté secuestrado; que el gobierno no sea un comité, como ahora, al servicio de una minoría rapaz.

“Para eso se necesita la unidad de todo el pueblo y estoy llamando a priistas, panistas, perredistas, de todos los partidos y a los ciudadanos sin partido, a que juntos logremos la transformación del país.”

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