25 jun. 2018

Pederastia; el Vaticano condena a cinco años de cárcel a Capella

Pederastia; el Vaticano condena a cinco años de cárcel a Capella
Durante el proceso relámpago contra el ex consejero de la Nunciatura en Washington, que admitió la posesión y difusión de material pedopornográfico, se le condenó también a pagar una multa de 5 mil euros. Se plantea la hipótesis de un proceso canónico y el sacerdote será recluido en el cuartel de la Gendarmería vaticana
LAPRESSE

Vatican Insider, 23/06/2018...
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO
Cinco años de reclusión y cinco mil euros de multa por «divulgación, transmisión, oferta y posesión» de material pedopornográfico. La sentencia del Tribunal vaticano del proceso en contra de monseñor Carlo Alberto Capella, el ex consejero de la Nunciatura en Washington, llegó a las 13.20 después de casi una hora de debate y tres horas de audiencia, durante la cual los Promotores de justicia vaticanos, Gian Piero Milani y Roberto Zanotti pidieron cinco años y nueve meses de reclusión, más una multa de 10 mil euros. 

  Se trata de una condena única, pues el Tribunal de la Santa Sede nunca había procesado a nadie por pedopornografía, pues el delito fue introducido por la ley VIII establecida por el Papa Francisco el 11 de julio de 2013 con un “Motu proprio” en materia penal y de sanciones administrativas. La sentencia de la Corte vaticana fue formulada citando el artículo 10 de esta ley, que establece sanciones para quienes produzcan o comercien material pedopornográfico.
  Capella obtuvo la pena máxima, teniendo en cuenta el agravante de la «enorme cantidad» del material pedopornográfico poseído y difundido (aunque el abogado defensor argumentó en contra de este punto durante su argumentación). Sin embargo, según explicaron a Vatican Insider, para cuantificar la pena, el agravante fue declarado equivalente a los atenuantes genéricos. Entre ellos, el comportamiento procesual del imputado y su colaboración en las investigaciones.
 Se plantea la hipótesis de un proceso canónico para una eventual reducción al estado laico (parece que las actas ya fueron enviadas a la Congregación para la Doctrina de la Fe), pero mientras tanto, monseñor Capella será recluido en una de las celdas del cuartel de la Gendarmería vaticana, en donde ha estado desde el 7 de abril de este año, día de su arresto, después de la investigación que comenzó en su contra en Estados Unidos (también había un mandato de arresto de Canadá).
  El proceso en contra del preado italiano comenzó ayer por la tarde. Un proceso relámpago, pues, y no había ninguna razón para prorrogarlo más, puesto que el mismo sacerdote admitió todos sus crímenes, desde la fase instructoria. El prelado precisó «el contexto» que dio pie a esta búsqueda compulsiva de fotos y videos de «niños en actos sexuales explícitos», y el sucesivo intercambio con otros usuarios en las chats privadas de la red social Tumblr. Confesó ayer durante su interrogatorio de más de 50 minutos con el presidente Giuseppe Dalla Torre. Y volvió a hacerlo hoy por la mañana durante su declaración espontánea, pronunciada de pie ante la Corte. Después siguieron las requisitorias del Promotor de Justicia y del abogado defensor, Roberto Borgogno.
  «Los errores que he cometido son evidentes y los ubico en un periodo de fragilidad. Estoy disgustado porque esta debilidad mía afectó la vida de la diócesis, de la Iglesia y de la Santa Sede», afirmó el prelado. También dijo que le dolía mucho lo sucedido, sobre todo pensando en sus familiares. «Espero que esta situación pueda ser considerada un accidente en mi vida sacerdotal, que amo mucho más», refirió a los jueces con un tono menos mecánico del que utilizó ayer. «Quiero seguir siendo de alguna manera útil para la correcta interpretación de los hechos y quiero proseguir con el camino de rehabilitación», comentó.
  Camino que ya ha emprendido, después del arresto, con el psicoterapeuta Tommaso Parisi, que, durante la audiencia de ayer, dijo que el imputado era un sujeto «colaborativo», aunque frágil. También el abogado Borgogno, citando el diagnóstico médico del monseñor, redactado por el psicólogo Luigi Beta, subrayó que no se identificaron «tendencias a la pederastia o a la parafilia», sino más bien «problemas de tipo psicológico» que se desarrollaron tras una «crisis interior», surgida del traslado de Roma, en donde trabajaba en la Secretaría de Estado vaticana, a la Nunciatura de Washington. Demasiados cambios para «una personalidad cerrada, que tiende a auto-denigrarse» y que «tiene dificultades para relacionarse con la esfera de sus emociones».

No hay comentarios.: