Tragedia en el Interoceánico: Entre el luto y el conflicto de interés
Ver ese vagón herido, recostado sobre un barranco de seis metros en Nizanda, Oaxaca, no es solo una imagen de fierros retorcidos; es el retrato de una modernidad que nos ha estallado en la cara. Ayer, el Tren Interoceánico, ese sueño que prometía unir océanos, terminó uniendo a familias en el dolor. 13 personas no llegaron a casa. Trece nombres, como la pequeña Elena de seis años o el colega Israel Gallegos, que hoy al parecer son la prueba de que la prisa política suele ser una pésima ingeniera.
Hoy el discurso oficial nos habla de la "Caja Negra" o el Pulser como el oráculo que revelará la verdad. El Almirante Secretario de Marina, Raymundo Morales, promete rigor. Pero ¿No estamos ante un evidente conflicto de interés? Resulta difícil ignorar que quien hoy encabeza la Marina y promete investigar, era —hasta hace apenas unos meses— el director del Corredor Interoceánico.
La Presidenta Claudia Sheinbaum habla de rigor, pero la memoria ciudadana es fresca. Aún pesa la opacidad del descarrilamiento en Izamal con el Tren Maya. Allá, la suerte nos salvó de una tragedia; aquí en Oaxaca, la suerte se terminó. No podemos permitir que este dictamen caiga en el mismo vacío informativo de siempre.
La FGR dice que ya desplegó peritos en criminalística, ingeniería y seguridad industrial. Hablan de "colocar a las víctimas en el centro". Pero poner a las víctimas en el centro no es solo emitir boletines; es aceptar si el talud se venció por falta de mantenimiento o si la vía simplemente no estaba lista para la carga que le impusieron.
No se puede construir el progreso de un país sobre vías inciertas.
La verdadera prueba para este gobierno no es recuperar un dispositivo electrónico de la cabina, sino tener la honestidad política de reconocer si se sacrificó la seguridad en el altar de los tiempos electorales y las entregas apresuradas.
Trece vidas exigen una investigación sin maquillajes. Esperamos que, esta vez, la justicia camine más rápido que la burocracia, porque las familias de Nizanda no merecen que la verdad se descarrile entre expedientes.
Como siempre digo, y hoy más que nunca: la verdad nos hará libres.
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