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El caso de Florence Cassez

Un “thriller” lleno de trampas
HOMERO CAMPA, reportero.
Revista Proceso www.proceso.com.mx, # 1692, 5 de abril de 2009;
Como si fuera parte de una novela policiaca, el caso de Florence Cassez mezcla intriga, suspenso y espionaje. Su expediente –al que Proceso accedió– exhibe la maraña de intereses de las personas involucradas, así como numerosas contradicciones en las que han incurrido autoridades, acusados y víctimas.
El 31 de agosto de 2005, Valeria Cheja Tinajero, de 18 años, se dirigía a su escuela, el Colegio Vermont, en la Ciudad de México. Ocupaba el asiento del copiloto de su auto, un Seat rojo 2003. Al volante iba el chofer de la familia, Óscar Sergio Mena Serrano.
Pasaban de las 6:30 de la mañana y el tráfico ya era intenso. En la calle San Francisco Culhuacán, casi esquina con Taxqueña, se les cerró un auto Volvo “al parecer de color blanco”. Bajaron dos sujetos armados. Uno de ellos rompió con la cacha de su pistola la ventanilla del Seat del lado del chofer y sacó del vehículo a Mena Serrano. Los individuos se subieron al auto y pasaron a Valeria al asiento trasero.
Luego de recorrer unas cuadras abandonaron el Seat y subieron a la joven a una camioneta tipo Van. La taparon con una cobija. Diez minutos después la tenían en una casa de seguridad…
El jefe de la banda tomó el nextel de Valeria para comunicarla con su madre, Laura Maya Tinajero Ortega. Cuando ambas empezaron a hablar, el jefe arrebató el teléfono a Valeria y le advirtió a la madre: “tengo secuestrada a su hija”.
Eran cuatro los miembros de la banda. Su líder pidió al principio un rescate de 5 millones de pesos. Terminó por aceptar 180 mil pesos. El 5 de septiembre, seis días después de su secuestro, Valeria fue liberada a unas cuadras de su casa.
El 13 de septiembre de 2005, Valeria presentó una denuncia por secuestro ante el Ministerio Público. Se abrió así la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIS/190/2005. Como parte de ésta, elementos de la Agencia Federal de Investigación (AFI) pidieron a Valeria que los acompañara a varios recorridos de reconocimiento por la zona donde tal vez la mantuvieron retenida. En una de esas ocasiones Valeria vio un Volvo. Se le “figuró” que era el auto utilizado en su plagio, pero ya no era de color blanco, sino gris. Luego comentó a los agentes que el conductor se parecía al jefe de la banda de secuestradores. Todo ello ocurrió en una avenida transitada: Viaducto Tlalpan, a la altura de la desviación a la carretera federal a Cuernavaca.
De acuerdo con el informe AFI/DGIP/PI/12307/05 y una declaración ampliada de Valeria, los agentes bajaron a la joven y siguieron al Volvo hasta que el auto ingresó a una casa ubicada en el kilómetro 29 de esa carretera, esquina con cerrada Ahuacatitla, en la colonia San Miguel Topilejo. Era el rancho Las Chinitas, donde vivía Israel Vallarta Cisneros, el conductor del Volvo que, al final, resultó gris plata.
Así, por casualidad, la AFI localizó a Israel Vallarta, presunto jefe de la Banda del Zodiaco y novio de Florence Cassez, ciudadana francesa sentenciada a 60 años de prisión por los delitos de secuestro, delincuencia organizada y portación de armas de uso exclusivo del Ejército, y cuyo eventual traslado a su país con base en el Tratado de Estrasburgo es analizado por una comisión binacional de México y Francia.
La captura
Después de que la joven Valeria Cheja identificó el auto Volvo color gris, los agentes de la AFI vigilaron los movimientos de Vallarta. Lo videograbaron y fotografiaron. Descubrieron así los talleres que tenía con sus hermanos en Iztapalapa y ubicaron a los familiares y conocidos que frecuentaba. El 3 de diciembre le presentaron a Valeria las fotografías de Vallarta. Lo reconoció de inmediato.
Según el parte informativo AFI/DGIP/PI/12498/05, a las 5:30 de la mañana del 9 de diciembre de 2005 el agente de la AFI que vigilaba el rancho Las Chinitas vio salir a Vallarta “en compañía de una persona del sexo femenino” en una camioneta Chrysler Voyager blanca. Se dirigían hacia la Ciudad de México. El agente se comunicó por radio con dos de sus compañeros que se encontraban en la carretera a Cuernavaca, en la entrada del pueblo de Topilejo.
Cuando Vallarta y su acompañante pasaron por ese lugar, los policías les marcaron el alto y se identificaron como agentes de la AFI. El parte policiaco afirma que Israel intentó tomar un arma larga que se encontraba en el piso del asiento del copiloto, pero uno de los agentes se le adelantó. El documento consigna que Israel agredió a los policías “física y verbalmente”, por lo que éstos hicieron “uso de la fuerza legítima” con el fin de arrestarlo. Después, pidieron a Florence que los acompañara. Ella accedió “de manera voluntaria”.
Los agentes subieron a Israel y a Florence a una camioneta Chevrolet Suburban con placas de circulación 954-RDA. El documento indica que se dirigían a las oficinas de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) en la Ciudad de México, pero que a la altura de un lugar conocido como El Mirador, Israel les manifestó que tenía secuestradas a tres personas en su rancho Las Chinitas. Dijo que los integrantes de su banda tenían instrucciones de que “si no regresaba en un tiempo determinado”, éstos matarían a los plagiados.
Los agentes pidieron apoyo de dos comandos de “reacción rápida”. Regresaron al rancho a las 7:15 y el propio Israel les abrió el portón con sus llaves. Atravesaron un patio empedrado y en un inmueble ubicado al frente del lado derecho encontraron a los tres secuestrados: Ezequiel Elizalde Flores, Cristina Ríos Valladares y el menor Cristian Ramírez Ríos.
¿Y dónde estaban los cómplices de Vallarta, los que estarían cuidando a los secuestrados y quienes los matarían si él no regresaba “en un tiempo determinado”? En ningún documento del expediente al que accedió Proceso se aclara este punto.
Lo cierto es que, luego del rescate de los plagiados, la AFI hizo un montaje de recreación para Televisa y TV Azteca.
En su primera declaración ministerial, Vallarta reconoció haber participado en el secuestro de seis personas, incluidas las tres encontradas en el rancho Las Chinitas. Aseguró que el jefe de la banda no era él, sino un sujeto llamado Salustio, alias Sagitario.
Al principio, los secuestrados se encontraban en una casa de seguridad ubicada en avenida Xochimilco número 54, en el pueblo de Santa Cruz Xochitepec, delegación Xochimilco. Israel dice que Salustio quería cortarle una oreja al niño Cristian, a lo que se opuso y lo cual motivó una pelea entre ambos.
“Si tanto quieres a las víctimas, llévatelas a tu casa”, le dijo Salustio. Israel trasladó a Cristina y a su hijo a Las Chinitas. Poco después Salustio le entregó a Ezequiel. En ese lugar permanecieron alrededor de dos semanas.
En su declaración preparatoria del 9 de marzo de 2006, Israel se retractó de su primer testimonio, pues dijo que lo firmó después de haber sido torturado. Se declaró inocente de cometer secuestros. Deslindó a Florence de cualquier responsabilidad en sus actividades y contó otra historia:
Manifestó que él y Florence viajaban en la camioneta Voyager blanca en la que transportaban unos muebles hacia el nuevo departamento que ella alquiló en la calle de Hamburgo, en la colonia Juárez. A la altura del kilómetro 27 de la carretera a Cuernavaca un camión de gas obstruía el paso. De repente varios vehículos particulares rodearon su vehículo y entre ocho y 10 agentes de la AFI vestidos de civil se acercaron para hacer, dijeron, una “revisión de rutina”. Lo bajaron de la camioneta y lo arrestaron.
En su declaración Florence sostuvo que cuando los detuvieron, los agentes de la AFI le dijeron que ya habían investigado las actividades de Israel, que se dedicaba al secuestro, pero que “sabían” que ella “no tenía nada que ver (…) que estuviera tranquila”.
Los agentes subieron a Israel y a Florence a una camioneta Suburban. Los condujeron a las oficinas de la SIEDO. Él asegura que lo golpearon todo el tiempo y, luego, lo bajaron del vehículo para meterlo en un edificio. Mientras, Florence permaneció en la vagoneta.
Israel afirma que lo llevaron a un sótano, lo desnudaron y lo torturaron: golpes con puño cerrado, trapos con sustancias sobre su boca, agua sobre nariz y boca al punto de la asfixia, golpes con un palo de escoba en las plantas de los pies, introducción de una parte de ese palo por el ano, descargas eléctricas… En el expediente se agrega un informe médico de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos –folio 57768-57769– en el que se enlistan 15 lesiones en diferentes partes del cuerpo, como excoriaciones, equimosis y quemaduras.
Vallarta sostiene que en su tortura participó “una persona de apellido Cárdenas Palomino”. Según esta declaración, se trataría de Luis Cárdenas Palomino, uno de los colaboradores más cercanos de Genaro García Luna, primero en la AFI y ahora en la Secretaría de Seguridad Pública (SSP). En la primera dependencia fue director general de Investigación Policial, y en la SPP es coordinador de Inteligencia para la Prevención del Delito.
Israel también afirma que en diferentes momentos le dijeron: “te pasaste de listo con alguien muy importante”. Le aseguraron que a Florence también la estaban torturando y le propusieron un acuerdo: que aceptara todo a cambio de dejar ir a su “novia francesa”. Él dice que accedió al trato.
Entonces cesaron los golpes. Le hicieron anotar nombres y números, así como firmar papeles. Lo vistieron y lo subieron a otra Suburban. Le pusieron al teléfono a Florence. Le dijo: “Tú ya te vas. Hice un trato con estas personas, que te van a ir a dejar a la embajada. Dí que perdiste tus documentos y vete a tu país. Quise hacerte feliz y no pude…”
Según el relato de Israel, los agentes lo llevaron de regreso al rancho Las Chinitas. Para entonces, dice, ya pasaba de la medianoche del 8 de diciembre de 2005. Llegaron al rancho y había mucho movimiento: sacaban muebles y metían objetos. Cárdenas Palomino era el que daba las órdenes. Vio a Florence cuando la llevaban caminando. “¿No que la habían dejado ir?”, le preguntó a uno de sus guardias. No hubo respuesta.
Lo llevaron a uno de los inmuebles y lo sentaron en un sillón viejo junto a Florence. Pasaron las horas y por la mañana un agente prendió un televisor que estaba frente a ellos. Se transmitía el noticiario matutino del canal 2 de Televisa. Unos minutos después, el periodista Carlos Loret de Mola anunció en la pantalla un enlace para transmitir el rescate de unos secuestrados. Israel dice que observó en la pantalla su propio rancho y luego otra toma de la cabaña en la que se encontraba. Se abrió la puerta y ya lo estaban videograbando. Lo levantaron, lo tiraron al suelo e hicieron “como que me esposaban…”.
Los testigos
Ezequiel Elizalde declaró que lo secuestraron la mañana del 4 de octubre de 2005. Dos hombres armados entraron al billar Elimen, propiedad de su padre, Enrique Elizalde, y se lo llevaron en una camioneta Chevrolet color gris tipo Van. Sus plagiarios pidieron 2 millones de pesos como rescate.
En su declaración, Cristina Ríos Valladares manifestó que la secuestraron junto con su esposo Raúl Ramírez Chávez, y el hijo de ambos, Cristian Hilario Ramírez Ríos, la mañana del 19 de octubre de 2005.
Viajaban en un Jetta azul rumbo a la escuela de su hijo, Centro Escolar Las Américas, ubicada en la colonia Estrella. Raúl Ramírez precisó que circulaban por la lateral de avenida Ferrocarril Hidalgo cuando un camión de redilas obstruyó el paso de autos que iban detrás de su vehículo, mientras que de una camioneta tipo Van color claro bajaron tres individuos encapuchados que portaban armas largas. Éstos los subieron a la camioneta y se los llevaron. Sus captores liberaron a Raúl para que consiguiera el dinero para el rescate de su esposa e hijo: 15 millones de pesos.
En su primera declaración tras ser liberados, el 9 de diciembre de 2005, ni Cristina ni su hijo reconocieron la imagen y la voz de Florence. Dijeron, además, que no habían sufrido ningún abuso físico o sexual. En declaraciones ampliadas cambiaron su versión.
El 14 de febrero de 2006, el niño identificó la voz de Florence como la de la persona que le sacó sangre y le dijo: “aprieta el brazo” con “acento raro (…) como de no mexicana”. Un día después Cristina Ríos recordó que escuchó la voz de Florence “desde la primera casa de seguridad” cuando “bromeaba con los demás cuidadores”. Además, su hijo le contó que le sacaron sangre, pero que no lo hizo un doctor, “sino una mujer, ya que le había visto la mano, la cual era muy delicada y suave”.
Ezequiel Elizalde es el único de los secuestrados que desde la primera declaración reconoció la voz de Florence como la de uno de sus captores. Dice que “hablaba con acento extranjero, al parecer de origen francés, ya que arrastraba la ‘R’”. Dice que esa mujer le llevó unos sándwiches y que le recomendó no hacerse “el héroe” ni hacer “pendejadas” porque “si no, íbamos a acabar mal”. También dijo que la pudo ver. Llevaba pasamontañas y lentes negros, pero se asomaba parte de su “cabello teñido color güero”. Afirma que tres días antes de que lo rescataran, “la mujer con acento extranjero” le produjo un piquete en el dedo meñique de la mano izquierda que le dejó una cicatriz (la cual posteriormente resultó ser una pequeña marca congénita). Además, lo amagó con enviarle un “regalito a su papá” y le dio a escoger entre un dedo o una oreja.
Hubo un testimonio más que incriminó a Florence: el de Leonardo Cortés López, de 29 años y comerciante de verduras que tenía un puesto “metálico sobre ruedas” en la esquina de las calles Norte 58-A y Oriente 91 en la Ciudad de México, muy cerca del domicilio de Cristina Valladares, quien además era su clienta.
Declaró que vio por televisión la liberación de Cristina y de su hijo y que en ese momento identificó a Florence como la mujer que “seguía” a su clienta cuando ésta iba de compras. Señaló que en una ocasión la “extranjera” vigiló a Cristina desde la farmacia Río Blanco, que se encuentra frente a su puesto de verduras.
Sin embargo, Cortés no pudo ratificar ni ampliar su declaración. La razón: murió el 21 de mayo de 2006 cuando la camioneta que conducía –una Pick-Up Chevrolet modelo 2001– volcó sobre la carretera El Arenal-Chimipal, en el estado de Hidalgo, según se asienta en la Averiguación Previa 1/1/667/2006 de la Procuraduría General de Justicia de dicha entidad.
Tanto en el auto de formal prisión que decretó la primera juez del caso, Olga Sánchez Contreras, como en la toca penal 198/2008 dictada por el segundo juez, Fermín Rivera, se otorga valor
probatorio a dichos testimonios, así como a otras “evidencias”. Una de ellas: Florence vivió en el rancho Las Chinitas durante los 15 días que estuvieron allí los secuestrados, aunque ella utilizaba una cabaña ubicada al fondo del rancho y los plagiados se encontraban en un inmueble ubicado casi al frente y a la derecha del portón de entrada.
Además, de acuerdo con el inventario de objetos y documentos requisados, los recibos telefónicos del rancho correspondientes a octubre y noviembre de 2005 están a su nombre.
Las relaciones
Del expediente del caso se desprende que Valeria Cheja era amiga de dos de las personas involucradas en su plagio: los hermanos Marco Antonio y José Fernando Rueda Cacho, quienes incluso fueron a su fiesta de cumpleaños.
Los hermanos Rueda Cacho tienen un primo de nombre Édgar Rueda Parra, quien cuidaba a los secuestrados, entre ellos su propia tía y su primo: Cristina Ríos Valladares y su hijo Cristian. De hecho, en varias declaraciones ampliadas, el menor señaló que la voz de uno de los secuestradores “se parece a la de mi primo Édgar” y que en una ocasión a éste se le salió preguntarle en voz alta a uno de sus compañeros “si ya le habían traído las medicinas” a su tía. Cuando se dio cuenta de su error, sólo dijo: “Chin”.
Israel Vallarta es cuñado de Alejandro Mejía Guevara, su supuesto cómplice, quien aparece como arrendatario de la casa de seguridad de Xochimilco, primer sitio en que estuvieron los secuestrados. No obstante, en un cateo realizado a esa finca el 28 de diciembre de 2005 “aparecen diversas identificaciones a nombre de Alejandro Jiménez Cortés, propietario del inmueble”, según consigna el documento de la diligencia de cateo.
Alejandro Mejía Guevara es amigo de Luis Fernando Rueda Cacho, quien convenció a su padre para que le prestara al primero 108 mil pesos, dejándole como garantía el auto Volvo gris utilizado en el secuestro de Valeria Cheja.
Sin embargo, la relación más intrigante es la que sostuvieron Israel Vallarta y Eduardo Cuauhtémoc Margolis Sobol, de origen israelí, exagente del Mossad y exsocio de Sebastián, hermano de Florence.
En su declaración preparatoria, Israel dijo que a mediados de 2002 llamó por teléfono a su “amigo” Sebastián. Éste le comentó que “estaba iniciando un negocio” y que quería platicárselo. Añadió que justamente se encontraba con uno de sus socios y lo invitó a unirse con ellos en el lugar en que se encontraban: el restaurante Cleint de avenida Masaryk, en Polanco. El socio era Margolis. Vallarta no aclaró qué clase de negocio le propuso Sebastián. Sólo refirió que después de comer y platicar se despidió de Margolis, e intercambiaron sus números telefónicos.
Agregó que a partir de ahí siguió viendo a Margolis, al margen de Sebastián. Lo invitó varias veces al rancho Las Chinitas y que, incluso, en una ocasión “tuvimos relaciones íntimas él y yo”. Aseguró que el israelí le tenía “tanta confianza” que le regaló un auto Passat que estaba a nombre de su empresa y un radio nextel para que ambos estuvieran en comunicación.
Vallarta sostiene que Margolis le platicaba de sus negocios, sobre todo los de su empresa de seguridad y mediación para liberar secuestrados, pero que empezó a contarle que “tenía información de personas secuestrables”. Israel afirmó: “Me di cuenta que era una persona muy peligrosa”. Comentó luego que éste le advirtió: “no intentes pasarte de listo. Cuidado con tu boca”. Según su versión se alejó de él y después se enteró de que había tenido problemas con Sebastián y que incluso había amenazado con hacerles daño a su esposa e hijos. Después empezó el noviazgo con Florence.
En su declaración, Israel afirmó que Margolis es el único que tiene el poder y el dinero para involucrarlo en las acusaciones de secuestro que actualmente enfrenta. Insistió en su inocencia y pidió protección para él y su familia. En la misma declaración describió que en la mañana del 10 de diciembre de 2005, un día después de realizado el montaje de rescate para la televisión, “una persona vestida de civil de color beige, ingresó en la galera en la que me encontraba (en las instalaciones de la SIEDO), me levantó, me golpeó con puños y pies y me dijo: ‘te manda los buenos días tu judío favorito. Que ya sabes: que si hablas te mueres tú y toda tu familia’, quedándome claro a quién se refería”.

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