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Jacobo Silva y Gloria Arenas

El Estado, “socio” del narco
JOSé GIL OLMOS,
Revista Proceso # 1724, 15 de noviembre de 2009
Después de una década de aislamiento penitenciario, los exguerrilleros del ERPI Jacobo Silva y Gloria Arenas expresan su visión de la realidad nacional a mediados del sexenio de Felipe Calderón: encuentran que las condiciones sociales que los motivaron a alzarse en armas todavía prevalecen, pero agravadas. Por eso, aseguran, el Estado mexicano ya está aplicando una estrategia represiva y se alía con el narco para contener el inminente estallido social.
Al salir de la prisión después de 10 años, lo primero que sorprende a Jacobo Silva y Gloria Arenas, exdirigentes del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), es la militarización del país y el poder creciente del narcotráfico.
Luego viene una cascada de preocupaciones: el desempleo, la violencia, la inseguridad y la criminalización de la protesta social. Finalmente, ven que el país está a un paso del precipicio, en los albores del estallido social.
Jacobo, conocido como el comandante Antonio cuando era integrante de Ejército Popular Revolucionario (EPR) y luego dirigente del ERPI, fue detenido el 19 de octubre de 1999 en un operativo militar encubierto. Tiene una cicatriz entre las cejas, producto de la tortura. La huella de los golpes se le acentúa, endureciendo su gesto cada vez que habla de un tema delicado:
“Percibo un país en el que se han agudizado las condiciones que a nosotros nos hicieron incorporarnos a la lucha armada. Veo que esta militarización es en extremo preocupante porque se ve como algo cotidiano e incluso, para algunos sectores, como algo necesario.
“Eso es alarmante, porque va conduciendo poco a poco a que no haya preocupación por el aumento de la represión, a que (las personas) se acostumbren a los asesinatos, detenciones y desapariciones, que ahora les llaman levantones. Antes era muy poco lo que había, y ahora es cotidiano.”
A su vez, Gloria, conocida antes como la coronela Aurora, tiene una expresión más sonriente que Jacobo, su pareja. Pero cuando se le pregunta cómo aprecia la situación del país, se pone seria y advierte: “Parece que tenemos una paciencia infinita y que siempre vamos a aguantar más el desempleo y la inseguridad, pero en lo profundo veo un hartazgo a punto de estallar”.
Antonio y Aurora estuvieron presos una década, acusados de rebelión, homicidio, tentativa de homicidio y daños, delitos por los que fueron sentenciados a 49 años de prisión.
El pasado 28 de octubre ella salió del penal de Chiconautla, Estado de México, y al día siguiente él fue liberado de la cárcel de alta seguridad El Rincón, de Tepic, Nayarit, después de haber ganado dos amparos contra la justicia federal.
En entrevista, los dos exguerrilleros acusados de haber atacado un convoy del Ejército el 16 de julio de 1996, en Guerrero, señalan que a pesar del enorme hartazgo social que perciben, no consideran que la sociedad esté bien organizada, más allá de movimientos aislados como el de Atenco y el de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO).
Asimismo señalan que la inconformidad social va creciendo por debajo de la aparente calma y que el Estado ya se dio cuenta, por lo que ya echó a andar una estrategia de represión consistente en criminalizar la protesta social y desvirtuar a la guerrilla asegurando que está aliada con el narcotráfico. Ellos rechazan esto categóricamente.
“Los gobiernos del PAN han sido un fracaso. El gobierno de Felipe Calderón es un gobierno del miedo, la mentira y la desesperanza. Con eso llegó al poder y con eso se mantiene, porque son sus principales instrumentos”, sostiene Jacobo.
–¿Cómo ven al país después de 10 años que pasaron en la cárcel?
–Apenas estamos saliendo. Es muy pronto, pero tenemos una primera impresión: el país es diferente y a la vez no. Cuando ingresamos a prisión me preguntaban qué era ser presa política, porque yo así me declaraba. Creían que era una política, pero presa. Hoy que salgo ya nadie me cuestiona por qué luchamos. Lo que veo es que la gente está de acuerdo en la necesidad de hacer algo, lo que sea, pero hacer un cambio –responde Gloria Arenas
Jacobo Silva dice, por su parte, que poco se puede ver desde una cárcel de máxima seguridad, y que si se guiara nada más por lo que pudo conocer desde ahí diría que no hay futuro para el país.
“Pero al salir y entablar una relación con esta gente de La otra campaña que nos apoyó todo este tiempo –explica–, se ve que todavía hay lugar para la esperanza y que el país tiene futuro. Difícil, es cierto, pero para mí no hay lugar para el desánimo, porque si no lo hubo en la cárcel de máxima seguridad, (donde estuve) aislado de la sociedad y de la familia, menos ahorita, al ver a gente muy joven preocupada por hacer un cambio social.”
Advierte que existe un potencial de estallido social por el notorio descontento de amplios sectores de la población, “solamente que a veces no se identifica el enemigo o no se encuentra la causa común que puede hacer confluir esos descontentos, y porque desgraciadamente el Estado ha logrado aislar esos movimientos, y cuando estallan ha sido de manera parcial o muy localizada, como los casos de Atenco y Oaxaca”.
–Dicen ustedes que se ve un potencial estallido, pero no se nota una organización de la sociedad.
–Esa sería la desgracia que actualmente hay en el país. Los núcleos sociales son pequeños, dispersos, localizables; no han logrado hasta el momento esa unidad. El potencial existe, se ve, así lo han demostrado las protestas que hay contra la militarización disfrazada del combate al narcotráfico. No hay seguridad de que este descontento se manifieste en un estallido, pero podría dar lugar a éste –comenta Jacobo.
Agrega que es como en 1910:
“Antes del estallido de la Revolución se decía que no había posibilidad de un estallido, todo el mundo pensaba que se iba a festejar la Independencia con bombo y platillos. Sin embargo hubo un estallido porque el descontento ahí estaba. Solamente gente sagaz como John Kenneth Turner lo detectó, y personalidades políticas como Madero encontraron que había ese potencial. Podría ser que en este momento hubiera posibilidad de un estallido.”
Narcoestado
Gloria y Jacobo sostienen que las versiones publicadas de que grupos guerrilleros y narcotraficantes en México se han aliado como en Colombia, forman parte de una estrategia del gobierno federal para justificar la represión.
En todo caso, afirman, los cárteles están asociados con sectores del Estado mexicano en un negocio que les deja grandes ganancias. Abunda Gloria Arenas:
“Lo fácil es decir: la guerrilla está en la ilegalidad y el narco también, lo lógico es que se unan. Sin embargo este fenómeno no se ha dado en México. Yo llegué a escuchar declaraciones de Eduardo Medina Mora, cuando era el procurador, rechazando que hubiera alianza de los grupos armados y el narcotráfico. Dijo que, de acuerdo con sus investigaciones, no era así.
“La actuación del EZLN ha sido muy clara: no se permite alcohol y mucho menos la siembra de drogas en sus territorios. La actitud del ERPI ha sido la misma, incluso de denuncia pública de que el narcotráfico es parte del Estado o de que ya tiene un espacio dentro del Estado, que han logrado una alianza que permite que sicarios del narcotráfico hagan detenciones de luchadores sociales para entregarlos al Ejército. O viceversa, casos en los que el Ejército ha detenido a luchadores sociales y los entregan a los paramilitares de los narcotraficantes. Entonces, es lo contrario, no vemos que existe la narcoguerrilla en México.”
Jacobo asegura que el narcotráfico en realidad ha optado desde hace muchos años por la alianza con fuerzas que están dentro del Estado, lo cual se ha evidenciado con tantos militares descubiertos en tratos con los narcotraficantes.
“Así que en vez de narcoguerrilla hay un narcoestado, y cuando hay conflictos es entre diferentes cárteles, cada uno apoyado por diferentes fuerzas del Estado. Al narcotráfico no le interesa la guerrilla y a ésta no le interesa la alianza con el narcotráfico. Qué bueno que así sea. No solamente con el EZLN, sino desde antes, cuando estábamos en el EPR era muy clara la política de deslinde total y absoluto respecto del narcotráfico”, precisa el excomandante del EPR y del ERPI.
Gloria Arenas insiste: “El narcotráfico hace alianza con quien le conviene, con quien tiene el poder. Es un negocio enorme, es una empresa enorme. Lo que quieren es asegurar sus ganancias, y quien se las puede asegurar es el Estado”.
–¿En algún momento el narcotráfico puede ser un enemigo para la guerrilla?
–Sí, es una fuerza que está en contra de las fuerzas que vienen de abajo y que quieren transformación, porque finalmente al narcotráfico yo lo veo dentro de las empresas capitalistas, claro que de manera ilegal, pero finalmente es una empresa que está, incluso, sosteniendo no sé hasta dónde la economía del país, o por lo menos en algunas zonas es una fuente de ingresos para la población. Por eso no hay que menospreciar la importancia que tiene económicamente el narcotráfico.
Represión estratégica
La pareja fue detenida un año antes de que Vicente Fox llegara a Los Pinos prometiendo una transición política en el país. Desde la cárcel vieron el transcurrir errático del foxismo y la llegada incierta de Felipe Calderón. Para ambos, el gobierno del PAN representa lo mismo que del PRI durante siete décadas, con la agravante de que han incrementado la marginación social, la pobreza y la represión sólo para favorecer a la clase empresarial.
“No se ve una gran diferencia. En todos estos años lo que se hizo es perfeccionar las medidas neoliberales, saquear más al país. Pienso que comparativamente se cree que es mejor que gobierne el PRI porque es nacionalista. Pero creo que, si el PRI hubiera continuado, hubiera hecho lo mismo que el PAN”, precisa Arenas.
Para Silva, la única diferencia entre esos gobiernos es de estilo: “El PAN se caracteriza por ese puritanismo aparente, pero en realidad es lo mismo”.
Advierte que los panistas han agudizado la pobreza del país, lo cual está generando el hartazgo social. Por eso, aseguran, sigue vigente el cambio social mediante la vía armada, no obstante que desde hace años los grupos guerrilleros se encuentran aparentemente inactivos.
A decir de Gloria Arenas, cuando ambos participaron en el EPR y en el ERPI aprendieron que la viabilidad de la lucha armada no se da por voluntarismo sino de acuerdo al momento y por decisión de la gente.
“Lo que ya no es válido en este momento son algunas concepciones que se tenían antes, y hay grupos que aún las tienen. Por ejemplo, la idea de que una organización guerrillera es la vanguardia de todo el movimiento, tanto pacífico como armado, y que es una forma de lucha superior a la pacífica o a otras, y que por eso éstas tienen que supeditarse a la vía armada. Creo que eso ya está rebasado.
“El EZLN en 1994 rompió con esa concepción, hizo reflexionar al movimiento armado y no armado. Creo que han pasado varios años en los que se ha profundizado y reflexionado. Entonces esas concepciones de la toma del poder para instaurar un gobierno o dictadura del proletariado para a partir de ahí hacer todas las transformaciones, también está rebasada. La que no está rebasada es la necesidad de cambio y de todas las formas de lucha que puedan contribuir” a lograrlo.
–¿Incluyendo la armada? –se le plantea.
–Incluyendo la armada.
Jacobo Silva añade que hay gran dispersión de los grupos armados, lo que refleja las profundas diferencias políticas y de concepción que hay entre ellos, lo que debilita la lucha social:
“Hay un cierto debilitamiento porque siempre que hay una escisión o división disminuye la posibilidad de hacer grandes esfuerzos. Eso no se puede negar. Ahora, ¿qué tanto es desfavorable o favorable (una escisión) en comparación con una unidad ficticia? Yo creo que vale más, que es más sana una dispersión basada en una cosa real que una unidad basada en cuestiones ficticias”, justifica el exguerrillero que tomó la decisión de escindirse del EPR y formar el ERPI.
“Eso es lo que ha hecho que existan divisiones, diferencias entre quienes mantienen las posiciones más rígidas y los que tienen una posición más flexible –explica–. Esa dispersión es sintomática, quiere decir que hay un proceso de reflexión y la capacidad de criticar el propio pasado, las concepciones propias, y creo que se va incrementando el espectro de las fuerzas que tienen la visión más democrática, más acorde con la realidad y que ha tomado la experiencia mundial respecto del modelo de socialismo que se trataba de construir hace décadas”, sostiene.
Esas diferencias, añade Jacobo, difícilmente podrán superarse en el corto plazo y por lo mismo no se puede pensar, por el momento, en un pacto de unidad entre los diferentes grupos armados. Sin embargo, no descarta una alianza coyuntural como se hizo en el pasado en países de Centroamérica.
“Ya desde antes de caer en prisión, dentro del ERPI se había discutido sobre aprender la gran lección que dio el EZLN, que es la del trabajo subterráneo lento, que no se notara, para que cuando estallara fuera algo grande o relativamente mayor de lo que sería si se mostrara todo lo que se tiene y se puede hacer. Fue una gran lección que nos sorprendió y desde aquel tiempo la tratamos de asimilar y aplicar. Por eso hubo esa escisión desde aquel tiempo y el ERPI tomó ese camino. Es posible que otras fuerzas hagan lo mismo”, señala el exguerrillero.
Pero la disminución de las acciones bélicas no significa que no puedan realizarlas como antes, aclara Gloria Arenas. Desde su punto de vista, las organizaciones guerrilleras decidieron replegarse estratégicamente:
“Es evidente que lo que más puede influir en este repliegue es la decisión de dar espacio a la lucha pacífica y ponerse en un segundo plano. Eso es lo que puedo percibir. Puede ser que exista un poco de debilitamiento en algunos grupos, pero son décadas y esos debilitamientos se superan de alguna forma. No creo que eso sea lo determinante. Si se guarda silencio no sólo en cuanto a la acción armada, sino también en la expresión, creo que más bien es que se está trabajando en otro sentido”.
Lo que sí es seguro es que el Estado ya se prepara para reprimir un posible estallido, dice Arenas:
“Nosotros todavía discutimos si habrá un estallido social, pero el Estado ya lo ve claro y está tomando medidas en ese sentido, porque le ha dado una figura delictiva a cada acción que realiza la gente para protestar, como es la retención de funcionarios, el bloqueo y demás. El Estado se está preparando, es una estrategia a futuro. Creo que parte de esa estrategia es la alianza con el narcotráfico y también la justificación ideológica de la militarización”.

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