1 feb. 2017

La historia del iraquí Fuad Sherif y su familia

La familia que tuvo que regresar a Irak le gana el pulso a Donald Trump y viajará a  EU.
FRANCISCO CARRIÓN, @fcarrionmolina
El Mundo, 01/02/2017 1

La mujer y los hijos de Fuad muestran sus visados SAFIN HAMEDAFP-PHOTO
La historia del iraquí Fuad Sherif y su familia, a los que el pasado sábado la orden dictada por Donald Trump frustró su viaje a Estados Unidos y les obligó a permanecer durante 25 horas en el aeropuerto internacional de El Cairo, tendrá final feliz. La embajada estadounidense en Bagdad les ha comunicado este miércoles que cuentan con luz verde para comenzar una nueva vida en Estados Unidos.
"Fuad, Arazu, Bnyad, Yad y Shad han recibido la autorización oficial de la embajada estadounidense en Bagdad y pueden volar a Estados Unidos", ha confirmado la activista Mona Fetuh. Fuad, esposa y sus tres hijos -atrapados en una terminal del aeropuerto cairota y obligados a regresar a Erbil, la capital del Kurdistán iraquí- fueron las primeras víctimas de la orden ejecutiva firmada el pasado viernes por el presidente estadounidense que prohibía durante los primeros 90 días la entrada de ciudadanos procedentes de siete países de mayoría musulmana, entre ellos, Irak.

La familia tenía como estación final el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York pero el pasado sábado, durante la que debía ser una breve escala en el aeropuerto de El Cairo, las autoridades egipcias le impidieron tomar el avión de la aerolínea local Egyptair con destino a Estados Unidos. Los funcionarios alegaron el veto promulgado por el magnate republicano, que ha provocado una ola de indignación en todo el mundo.
"Trabajaba en una farmacéutica y dejé el puesto para emigrar. Vendí mi hogar y todo lo que tenía para costear el viaje. Y ahora no tenemos nada", relató a EL MUNDO Fuad el pasado domingo recién aterrizado en Irak.
Fuad trabajó en programas financiados por la agencia estadounidense para el desarrollo internacional (USAID, por sus siglas en inglés) tras la invasión de Irak en 2003 y, después de dos años de trámites, le fue concedido un visado en virtud de un programa especial diseñado para proporcionar refugio a los civiles iraquíes que se jugaron la vida colaborando con las tropas y las autoridades estadounidenses tras el ocaso del régimen de Sadam Husein.
Lejos de resignarse, Fuad y familia no han parado de pedir auxilio y recibir muestras de solidaridad. "Los últimos tres días fueron al mismo tiempo los más caóticos, desoladores y llenos de esperanza que he vivido", reconocía este martes Bnyad, el hijo mayor de la pareja iraquí cuyo percance ha ocupado titulares y concitado la ayuda de organizaciones de derechos humanos y políticos estadounidenses. "Cuando fuimos deportados jamás pensé que recibiríamos esta cantidad inmensa de amor y respaldo", agrega el joven de 19 años.
"Ver que tanta gente se ha movilizado rápidamente me hace confiar en que derribaremos las injusticias que esta nueva Administración trata de imponernos", admite Fetuh. "La lucha -agrega- está lejos de concluir y necesitamos tumbar por completo esta prohibición que ha destruido futuros, separado familias y colocado a los refugiados más vulnerables del planeta en grave riesgo". Superado el obstáculo, la familia planea viajar la próxima semana a su destino inicial, Nashville, la capital del estado de Tennessee.
El feliz desenlace de Fuad y los suyos es, sin embargo, una excepción. La controvertida medida de Trump, cuya anulación ha pedido este miércoles la ONU, ha afectado a decenas de miles de ciudadanos con visado de residencia o en proceso de tramitación. Precisamente este miércoles el ex director de la CIA David Petraeus ha denunciado que la orden está bloqueando el viaje del general Talib al Kenani, comandante de las fuerzas antiterroristas iraquíes cuya familia reside en EEUU por las amenazas de muerte a las que se enfrentan.

En sus primeras declaraciones a propósito del veto el primer ministro iraquí, Haidar al Abadi, afirmó este martes que no aplicará el principio de reciprocidad, tal y como le pedía el Parlamento, porque quiere preservar los estrechos lazos que ambos países mantienen en la lucha contra el autodenominado Estado Islámico. No obstante, consideró que la medida penaliza a quienes están plantando cara al terrorismo en plena ofensiva contra los yihadistas en Mosul. El Gobierno iraquí también ha recordado que ninguno de sus ciudadanos ha sido condenado por participar en atentados en suelo estadounidense, como sí ha sucedido con nacionales de Arabia Saudí y Egipto, países a salvo de la prohibición.

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