4 feb. 2017

Los poetas/Roberto Fuentes Vivar

Los poetas/Roberto Fuentes Vivar
Al maestro Alejandro Avilés

Los poetas se arropan 
con abrigos de palabras
 y guardan en los bolsillos
 las comas que les sobran.
Los poetas son seres 
que machacan rosas 
para extraer la realidad 
y convertirla en frase.
Los poetas roban 
sus alas a las aves 
y lavan sus manos
 con papel periódico
Los poetas juegan a leer 


las cartas para detectar
 arcanos avernos por los 
cuales circular sin brújula.
Los poetas son unos
 tristes seres esdrújulos, 
con enfermedades graves 
provocadas por dolores agudos 
que les deja esta sociedad 
virtualmente encanecida,
 agónica de sinalefas 
y millonaria en ripios.
A veces se tragan las sílabas
 que no pueden pronunciar 
por su ternura indómita
Son seres que guardan el 
tiempo en los minúsculos 
polvos de arena que 
quedan en sus suelas.
Saben que un lunes 
puede ser viernes 
y que Saturno no es Dios 
sino estado de ánimo.
Los poetas fuman 
los sueños de los duendes 
y miran espejismos 
donde un charco es en realidad
un ejército de sueños comprimidos.
Los poetas son 
las manecillas de la risa, 
el pincel de la saudade
el engrane del llanto, 
los profetas del octavo pecado capital, 
los inhaladores de la liturgia, 
los sastres del imposible, 
los ladrones de la misión divina.
Los poetas aspiran el vapor 
de la tetera, lo muerden, 
lo mastican, lo engullen
 hasta derretir el agua.
Los poetas le quitan 
la sal a los saleros 
para untarla, crema,
 en la raya de sus labios.
Enfrían el hielo 
y calientan el fuego, 
para buscar palabras que
 no hieran los sonidos.
Los poetas trepan balcones 
para masticar hormigas 
y chupar del viento 
su soledad ociosa.
Tienen razón cuando 
despluman grillos 
para sorber guturales 
lamentos nocturnos.
Le ponen cicatrices
 al presente y creen 
en el amor como 
una ciencia exacta, 
a pesar de la inexactitud
 de la palabra misma,
Ven la televisión apagada
 para imaginar imágenes 
y se encierran en sus cuartos
 para respirarse a sí mismos 
con sus almas quietas.
Se ponen guantes para
 retocar la luna llena 
y esperan ser marea 
que los lleve a tierra 
una y otra vez y 
otra vez en una.
Son los laberintos de Dédalo, 
los voceros de Casandra, 
las alas de Ícaro y la filigrana 
que Orión tejió en el cielo.
Los poetas colocan
 pabilos en las carreteras 
para iluminar las frases 
y ponen alas a los gatos
 para que vuelen en las noches 
y despierten felinos y dormidos 
en las madrugadas frías de
 los inviernos, cuando 
el orgullo pide asilo.
Los poetas destripan ardillas
 para anestesiar al bosque
 y saben que la manipulación
 de los versos conduce 
a la vida eterna.
Los poetas le sacan
 brillo al silencio
 para reverenciar 
las comas y ovacionan
 la palabra con 
puntos y seguido.
A veces adivinan
 acentos en las letras 
que se esconden de 
vergüenza y adornan
 con mayúsculas la 
sinrazón del tiempo.
Los poetas dominan 
las eses y las combinan 
mushhhaasshhas 
para despertar al viento.
Otoño de 2004
Roberto Fuentes Vivar. Columnista en temas económico, colaborador de la agencia Quadratín y de los diarios Milenio y Mundo Express.
Publicado en el libro: "Un grito contra nadie. Aproximaciones a la obra de Alejandro Avilés"/ Fred Alvarez y Leopoldo González, coordinadores; publicado por el Instituto Sinaloense de Cultura,  primera edición 2016.
«...Todos los sinaloenses nacimos a la orilla de un río (…)
 toda la vida estaba en las márgenes de los ríos 
y el agua, el río mismo, se identificaba en nuestro 
subconsciente con la vida…»..» AAI.

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