30 may. 2017

¿Hacia dónde va Sinaloa?

¿Hacia dónde va Sinaloa?/ Ernesto Hernández Norzagaray
 Rio Doce, 29 de mayo, 2017.
Sinaloa es ya un estigma, que es decir mucho en un país convulsionado por la violencia criminal.

Y ese estatus solo se obtiene con el tiempo, la persistencia y sobre todo como se ha tejido a lo largo de décadas, dejando decenas de vidas truncadas y familias rotas.
Hoy, difícilmente podemos encontrar una familia que no haya sido tocada y tenga un hueco insondable en su vida.
Una foto como recuerdo de un rostro, una sonrisa o un gesto que pudo ser y no fue, por lo que sea en ese vértigo insensato.
Que si estaba metido en el negocio o estaba en el lugar y el momento equivocados, si hubo una confusión o quizá perdió la vida en uno de los muchos asaltos que diariamente se cometen sin dejar registro, porque no hay confianza en las policías y existe temor de que luego se revierta.
La vida en Sinaloa se ha vuelto frágil, tremendamente frágil, solo en lo que va del año han asesinado a cerca de 600 personas y no sabe de género, edad o status social.
Un número grotesco que exhibe la incapacidad de las instituciones públicas para garantizar mínimos de seguridad.
Aun cuando, como nunca, se les ha dotado de recursos materiales e incentivos económicos para que las policías y los servicios de inteligencia hagan mejor y más eficiente su trabajo. Nada parece ayudar.

Los números producen escalofrío y más cuando en los últimos días la violencia se ha llevado a personas de amplio reconocimiento público. Que, por simple comparación, muestran que cualquiera puede ser el siguiente en esa cadena infinita de infortunio.
Y en alguna forma lo es, con el número de personas a las que solo se dedica una nota breve en la página policiaca, y el llanto de familiares o amigos.
Es cuando muchos nos preguntamos ¿hacia dónde va Sinaloa? Y no hay una respuesta que llame a la esperanza, el optimismo o el ánimo reconfortante.
A Sinaloa lo debilita la violencia, que con su fuerza lo trastoca todo. La economía levanta si está bajo manto protector. Si se le deja hacer a la pequeña, mediana o la gran empresa.
Basta que se le imponga un tributo, una cuota o una mensualidad para que las cosas empiecen acaminar mal y el empresario pierda la cabeza porque siente una pistola en la cabeza.
La sociedad vive espantada con el santo en la boca. No ve por donde podrían mejorar las cosas. Asume estoicamente que empeoran y la lleva al confort de lo privado.
Menos todavía, cuando sigue viendo que aquello que representa una estética, una música, una película o un mito, sigue minando la conciencia de muchos jóvenes que no miden las consecuencias de sus preferencias y gustos.
Es por eso que no es difícil concluir que Sinaloa, si no se defiende a sí misma, si no logra salir de este hoyo en el que estamos, tendrá inexorablemente un mayor deterioro y eso significa más y más de lo mismo.
El gobierno está pasmado, no tiene reflejos y manera de reaccionar, quiere salir al paso con retórica, frases, promesas y tiempo, mientras sus enemigos que conspiran ríen a carcajadas al ver su total inexperiencia, impericia, miedo.
Y ante este vacío, este tremendo vacío de poder, o peor, ese vacío que lo están llenando otros, la pregunta “hacia dónde va Sinaloa” cobra especial importancia y se vuelve crucial e indispensable para empezar a acomodar las piezas rotas.

A eliminar ese estigma que nos alcanza a todos los que nacimos en este estado, que alguna vez la escritora Elena Poniatowska describió con sus fortalezas, sus ríos, su mar, su bella serranía, su gente de trabajo y su creatividad. Al que, diría enfática ante un numeroso público carnavalero,  le sobra de todo…pero también balas.

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