26 jun. 2018

Error de Jorge Volpi...Carta a Jorge Ordoñez

Texto de Samuel González Ruiz...
Jorge Ordoñez:
Su intención de lavar el honor ante las acusaciones falsas y calumniosas de "revelar secretos" y que Usted trabajaba para MIJANGOS ha sido cumplido:
En el articulo de hoy (domingo en Reforma, abajo ) Volpi reconoce dos de sus muchas falsedades en su "Novela Criminal":
1. Que Usted no trabajaba para Javier Mijangos, sino para la Ministra Sanchez Cordero

2. Que Ordoñez No entregó a Miguel Carbonell el proyecto de sentencia, que luego éste último llevó al Embajador Daniel Parfait. Y con quien supuestamente se abrazó de gusto por la inminente liberación de la Cassez. 
Lo anterior en realidad estaba vinculado al proyecto personal de Parfait de ser nombrado Ministro de Exteriores de Francia en el nuevo gobierno de Sarkozy. 
Por ello el embajador francés uso fondos ilícitos de la Campaña de Sarkozy para pagar a los abogados de la Cassez y utilizó medios para ocultar el origen ilícito de los fondos, es decir, lavó dinero para este fin, a través de otra embajada en Mexico. 

La novela relata aunque no sabemos si es verdad, que la jefa de prensa de la embajada llegó en el moment del abrazo a la oficina de su jefe, frustrando cualquier posibilidad de cobro.
El abogado de Israel Vallarta, Jorge Volpi, en su papel de novelista, subido en el podio de Funcionario Universitario y premio literario, pretende impartir cátedra, ésta si "ejemplar e histórica" sobre un caso que puede ser sintetizado sobre el debido proceso en México. Construido ahora sabemos con financiamientos ilegales de campaña y posiblemente operaciones de lavado de dinero de KADAFI.
JORGE VOLPI acepta su error en una NOVELA CRIMINAL pero refuta el de su "noble" trabajo de abogado defensor que también realiza en su "NOVELA". Sin embargo, desde el punto de vista externo y aplicando su misma lógica varios años después, no pudo verificar datos básicos de su investigación como estos:
Quien entrego el proyecto a Carbonell. En este caso Volpi encubre a un Ministro sabiéndolo. 
Para quien trabajaba Ordoñez.
Cuál era el objetivo real de Daniel Parfait en el asunto Cassez y en el asunto Ingrid Betancourt.
Con qué dinero y dónde se pagaron las operaciones de defensa de la Cassez como parte de la Campaña de Sarkozy. 
Cómo se entregaba el dinero en efectivo dentro de la embajada. 
Qué otra embajada fué utilizada para entregar dinero ilícito.
Cuánto dinero fue gastado en la Defensa de Cassez proveniente de fuentes no claras o ilícitas.
En resumen, si Jorge Volpi fuera un Policia en el Nuevo Proceso Penal acusatorio no obtendría ni una confirmación de la detención en la audiencia de control. 
Que bueno que es Novelista.
Samuel Gonzalez,
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La normalidad/Jorge Volpi
Reforma 23 de junio de 2018...
Florence es inocente porque nuestra legislación recoge, al fin, la presunción de inocencia
Si algo misterioso tiene la escritura de una novela es que con frecuencia ni siquiera el autor mismo adivina sus alcances. Con una novela sin ficción, donde los personajes en realidad son personas, con sus propias vidas, destinos y creencias, el descontrol se recrudece. Han pasado tres meses des-de que publiqué Una novela criminal, el libro en el que pretendí contar, usando las armas de la literatura, la historia verídica de Florence Cassez e Israel Vallarta, y solo ahora he empezado a columbrar el sentido de sus páginas. Cuando inicié el recorrido por esta historia tan inverosímil como real, mi meta era contar de la mejor manera posible una trama con todos los ingredientes para seducir a un lector de ficción; poco a poco caí en la cuenta de que el tema central del libro era otro, más extenso y doloroso: un retrato de México, de lo peor de México -su sistema de justicia-, a través de un caso que me parecía excepcional.
Tres meses después, reviso este juicio. Sin duda el caso se volvió excepcional, pero en sus inicios no lo era. Volvamos por un segundo a aquel 9 de diciembre de 2005, cuando los dos principales noticieros de la televisión anuncian que transmitirán en vivo la captura de unos peligrosos secuestradores: ¿por qué ese día nadie nota las incongruencias de la grabación?, ¿por qué ninguno de los periodistas que llegan a Las Chinitas observa irregularidad alguna? Porque todo lo que ocurrió en ese "rancho" en las afueras de la capital era normal. Era -y es- normal que la policía detuviera a presuntos criminales un día y los presentara al siguiente; era -y es- normal que sembrara armas y pruebas; era -y es- normal que presionara a las víctimas; era -y es- normal que inventase testigos.
Lo que no vimos o apenas atisbamos ese día, también era normal: la complicidad entre los medios y el poder, la tortura, la falsificación de los hechos, la destrucción de la verdad. Mientras escribía este libro ocurría el caso Ayotzinapa: otro ejemplo de torturas e ineficacia, de intromisiones políticas y destrucción de los hechos, como acaba de demostrar una arriesgada sentencia judicial. El reportaje de Animal Político publicado en estos días, "Matar en México", comprueba lo mismo: 9 de cada 10 homicidios quedan impunes. Nuestra justicia simplemente no existe.
En aras de esa justicia reconozco, aquí, un error mío: una fuen-te que se reveló errada me llevó a escribir que quien le mostró la sentencia del ministro Arturo Zaldívar al abogado Miguel Carbonell, poco antes de que se hiciera pública, fue el abogado Jorge Ordóñez, entonces se-cretario de la ministra Olga Sánchez Cordero. Ahora sé que no fue él: lamento profundamente la falsa atribución.
En estos tres meses he sido acusado -lo esperaba- de defender a criminales. Mis detractores repiten la misma mentira: que el montaje de García Luna no implica que Florence e Israel sean inocentes. Y claman, en teoría, por las víctimas. No me sorprende que varios implicados en el caso lo hagan, ni tampoco periodistas asociados con el gobierno, sino voces que se pretenden críticas. Sorprende que defiendan al gobierno y a un sistema que violó los derechos tanto de los presuntos criminales como de esas víctimas, haciendo imposible desentrañar la verdad. Y sorprende aún más que tomen posiciones propias de la ultraderecha: no asumir que incluso los criminales tienen derechos los emparienta con Bush Jr. o con Trump. No: Florence no fue liberada por un pequeño error en su proceso, por la falta de asistencia consular o por el mero montaje: lo fue porque los encargados de buscar la verdad la destruyeron por completo.
Florence es inocente porque nuestra legislación recoge, al fin, la presunción de inocencia. El único culpable de que no haya justicia, ni para ella ni para Israel Vallarta y su familia, ni para las víctimas que los acusan, es el Estado. En estas semanas, Israel fue trasladado arbitrariamente de El Altiplano a Puente Grande, en Jalisco, otra cárcel de máxima seguridad, lo cual retrasará aún más su proceso. Como él, hoy en México todos somos ciudadanos a medias: víctimas potenciales de un sistema de justicia tan corrupto como ineficaz.
@jvolpi

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