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EL EMP, la opinión de Juan Veledíaz, la respuesta de Miguel Angel Gódinez, el hijo del general, y...

Responde el periodista Juan Veledíaz a Miguel Angel Gódinez en un articulo que publicó ayer domingo en Excelsior; resulta que Juan escribió hace unos días en su columna semanal (abajo completa) señalando que la noche del 31 de diciembre de 1993 con el estallido en Chiapas, el general Godínez Bravo (su padre) entonces Comandante de la región militar "no solo lo dejó mal parado, sino exhibió la poca experiencia en el manejo de información de inteligencia que oportunamente le habían hecho llegar..."
Por lo que el hijo del general le dijo al periodista que era un ignorante que no había investigado y se refiere a él de manera despectiva  "según experto analista de las Fuerzas Armadas"..
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Preciso. Juan Veledíaz es uno de los reporteros más versados en el tema de las fuerzas armadas; es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la FCPS-UNAM, y trabaja como reportero desde 1993 en varios medios, entre ellos El Norte, Reforma, Milenio, El Universal; además es Premio Nacional de Periodismo (2002) en crónica por la investigación “Secretos de una tragedia militar”, publicado en la revista Proceso. 
Ah! y es autor de dos libros de investigación sobre fuerzas armadas: El General sin Memoria. Una crónica de los silencios del Ejército mexicano. (Debate, 2010), y Jinetes de Tlatelolco. Marcelino García Barragán y otros retratos del Ejército mexicano (Proceso, 2017); por cierto hí se documenta el triste papel que hizo el EMP en el conflicto estudiantil de 1968. 
Actualmente Juan es director regional de la OEM -(El Sol) en Sinaloa.
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Por lo que Juan le responde duramente al señor Gódinez...
Leamos lo que ocurrió...
Para el señor Godínez y su columna de Excélsior....
https://www.estadomayor.mx
México, 23 de julio.- Miguel Ángel Godínez García, hijo del fallecido general Miguel Ángel Godínez Bravo ex jefe del Estado Mayor Presidencial de José López Portillo (1976-1982), aludió el domingo 22 de julio en su espacio de opinión del diario Excélsior, a mi texto publicado en este blog titulado “La guardia pretoriana en la mira” 
http://www.estadomayor.mx/83936
Van unas precisiones para documentar sus opiniones.
1.- El oficialismo está lleno de clichés, uno de los más recurridos por los opinadores ligados al poder, cuando un asunto coyuntural amerita investigación y crítica por las irregularidades y privilegios que se exhiben, es el de la muletilla “ahora que está de moda pegarle”, seguido del “aprovechan para golpear”. Y el señor Godínez cubre esta característica.
2.- Por el tono de su columna se nota que al señor Godínez le molestó mi texto de “La guardia pretoriana en la mira”, donde refiero lo que ha significado el paso por el Estado Mayor Presidencial para gran parte de los militares que ahí hacen carrera. Es claro que la poca o nula experiencia en el mando de tropas que suelen tener los oficiales que ahí sirven y que desde los salones del poder, entre oropel y protocolos, obtienen sus ascensos en el escalafón militar, amerita que sean considerados por sus propios compañeros de armas como una “casta de privilegiados”.
3.- El señor Godínez lanza una retahíla de adjetivos y comentarios por un solo párrafo, uno solo, donde señalo que al general Miguel Ángel Godínez Bravo, como comandante de la séptima región militar en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas el 31 de diciembre de 1993, el levantamiento zapatista “lo dejó mal parado” y exhibió “la poca experiencia en el manejo de información de inteligencia que oportunamente le habían hecho llegar”.
Mal lector el señor Godínez, en ningún momento aludo a que su padre “no informó al presidente”. Con esa falacia construye su columna donde dice que “nunca” me enteré que Carlos Salinas prescindió del general Antonio Riviello Bazán para hablar con el general Godínez “quien lo mantuvo al tanto de los hechos”.
Dice el señor Godínez que el autor de estas líneas “jamás ha “investigado” que la única persona que no fue removida de su cargo durante el levantamiento fue el general Godínez Bravo.
Asegura el señor Godínez que Sebastián Guillén Vicente, el ex profesor de la UAM vuelto celebre por el alias de “Marcos” y uno de los lideres sobrevivientes de la guerrilla chiapaneca, “reconoció que Godínez fue excelente estratega”. Añade que tampoco estoy “informado” del factor del TLC para evitar la respuesta gubernamental. Y remata diciendo que no reflexiono por qué su padre “fue reconocido y nombrado” director de una dependencia en la Sedena y después diputado federal.
El señor Godínez no solo es mal lector, sino que exhibe una profunda ignorancia sobre el tema del que dice saber. Como hijo de un militar beneficiado con ascensos en el sexenio de López Portillo, donde hasta un jefe de la policía encarcelado por corrupto lo hicieron general, destila soberbia y demuestra que le falta documentarse.
En el año 2004 publiqué en una edición especial de la revista Proceso, parte de todo un dossier de inteligencia militar sobre el levantamiento en Chiapas, cotejado con varios oficiales que en su momento sirvieron en la sección segunda del Estado Mayor tanto de la séptima región como en la Defensa Nacional. Posteriormente para una investigación en ciernes sobre Chiapas, varios militares han señalado que Godínez tuvo todo para persuadir a sus superiores y al ver que era imposible una acción disuasoria, su capacidad militar se quedó corta. Se trataba de conminar al presidente de la república a tomar cartas en el asunto. El general Riviello así lo recordó también en sus memorias. Es público que Salinas no quiso intervenir por la coyuntura de las negociaciones del TLC.
Dice el señor Godínez que su padre fue nombrado comandante de “la operación Arcoíris” (sic), y que no me enteré de los cargos que después tuvo.
Le contaré una anécdota. Una tarde de noviembre del 2002, durante un receso del Consejo de Guerra contra los generales Francisco Quirós Hermosillo y Mario Arturo Acosta Chaparro, donde el autor de estas líneas cubrió de principio a fin el juicio, su padre le dijo al general Quirós: –Compadre, ponte bien esa cosa en el oído, luego no escuchas lo que te dicenGodínez se refería a que el aparato para la sordera del general Quirós no le ayudaba a escuchar bien todo lo que se decía en las audiencias. La imagen era una metáfora por sí sola de todo lo que estaba ocurriendo. Los viejos generales no daban crédito a lo que escuchaban. Su poder sempiterno e intocable aparecía en las portadas de todos los diarios hecha pedazos. Finalizaba la era de los generales intocables al quedar exhibidos en todos los medios de comunicación.
Señor Godínez, su servidor no se considera “experto analista en fuerzas armadas”, nunca lo he sido ni me interesa serlo. Pero una cosa si le puedo corregir, la estrategia en Chiapas fue una “Fuerza de Tarea” (llamada Arcoíris), espero conozca el concepto militar. Y el cerebro y encargado de ponerla en marcha fue un soldado curtido en campo y cuartel, se llamó Mario Renán Castillo Fernández.
Insisto señor Godínez, su servidor no es “experto analista”, me resulta irrisorio quienes así se presentan sin nada que los respalde. Dos libros sobre el ejército (El general sin memoria. Una crónica de los silencios del Ejército Mexicano. Random House Mondadori, 2010; y Jinetes de Tlatelolco. Marcelino García Barragán y otros retratos del Ejército Mexicano, Proceso 2017), no me hacen “experto”. De mi trabajo le puedo decir que la base de esos libros es investigación de casi dos décadas, documentos y cientos de entrevistas, lo cual me da información. Y usted debe de saberlo, la información sobre todo la militar, es de muy difícil acceso, y quien la obtiene conoce más de esa otra realidad que no aparece en los medios.
No señor Godínez, que usted no lea o no se entere no le da derecho a decir que nuestro blog es “pequeño”. Si usted fuera curioso sabría que este espacio se creó hace seis años a iniciativa del talentoso cineasta y documentalista Bruno Cárcamo Arvide, hijo de mi respetada amiga y decana de la fuente de las fuerzas armadas Isabel Arvide, con quien disiento en muchas cosas, pero siempre en aras de darle la mejor información al lector.
Por último señor Godínez, el único interés que existe al abordar desde un punto de vista crítico el papel del Estado Mayor Presidencial en la vida pública del país, es el interés público. Usted sabe que este año se cumple medio siglo de la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968, donde el EMP fue señalado de estar detrás de este sangriento suceso. Relájese porque lo que viene seguro no le va a gustar.
Saludos.
Juan Veledíaz
@velediaz424
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¿Y que dijo Isabel Arvide?
Leamos..
Estado Mayor Presidencial, el hijo de Godínez y lo publicado
de Isabel Arvide • 23 de julio del 2018
México, 23 de julio.- ¿Por qué debemos defender la desaparición del Estado Mayor Presidencial? La respuesta es muy simple: se convirtió en la expresión militar de la soberbia, en la actuación permanente contra la ciudadanía en aras de una supuesta “seguridad” de poderosos en turno.
Porque no se trata del Primer Mandatario y su familia, sino de todos aquellos que tienen a su servicio a militares para cargar bolsas del mandado y esperar en el automóvil en casa de las amantes.
Militares que viajan de “avanzada” a una ciudad para apoderarse de hoteles y restaurantes, para atropellar a los ciudadanos con sus bardas y sus “medidas de seguridad”.
Que reciben presupuesto a capricho, que realizan funciones de espionaje por orden superior, que utilizan sus instalaciones para negocios personales. Una verdadera “Guardia Pretoriana” que fue creciendo en número y atribuciones.
Conocí muy de cerca otro concepto de Estado Mayor Presidencial, otros mandos. Fueron otros tiempos.
Miguel Ángel Godínez García, en su columna “Alto Mando” busca confundir mi posición frente a la desaparición del Estado Mayor Presidencial, pública, con temas personales. Fui, lo saben todos en el medio militar, íntima amiga de su padre, el general Miguel Ángel Godínez Bravo, que fue jefe de Estado Mayor Presidencial con el Presidente López Portillo.
Fui su amiga durante más de 30 años, hasta su muerte. Cuando el general Juan Arévalo Gardoqui iba a mandarlo a Roma, como agregado militar, me citó en su oficina para irnos a comer, los dos, con Godínez y ahí decirle de su nueva comisión. Esa fue nuestra relación.
Godínez Bravo fue ejemplo de una carrera militar que comenzó en el EMP y siguió adelante, sin privilegios, en el ámbito del mando operativo.
En el afán de responder un texto firmado por Juan Veledíaz, publicado en EstadoMayor.mx, el hijo de mi general Godínez confunde gimnasia con magnesia. Habla de una exclusiva a Julio Scherer sobre la información que afirmaba haber enterado a Carlos Salinas respecto al conflicto armado de Chiapas, meses antes de que estallase, lo que para esa fecha ya constaba en mi libro “La guerra de los espejos”, así que difícilmente era “exclusiva”.
La intencionalidad de denigrarme, mencionando mis “amigos” generales es totalmente gratuita e innecesaria. Lo cierto es que otros generales utilizan ese espacio periodístico para expresar su disgusto por mi posición pública. Y me recuerda que es muy poco lo que ha cambiado hacia dentro de las Fuerzas Armadas, cuando no tienen espacio para la crítica.
Esto, también, tendrá que cambiar.
En cuanto a la expresión de que EstadoMayor.mx es “un pequeño blog”, le recuerdo a Godínez García que es un referente de información militar, que tiene más de mil visitas diarias y que es fuente de información para muchos diarios de provincia, así como punto de discusión entre los mandos militares. Sin contar con un centavo de publicidad del gobierno por más de seis años…
@isabelarvide
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Estas es la columna donde el hijo del general Gódinez que crítica a Juan Veledíaz..
Arvide, EMP, general Godínez, EZLN y Ebrard/ MIGUEL ÁNGEL GODÍNEZ GARCÍA
Columna Alto mando...
Excelsior..., 22 de Julio.
Ahora que está de moda pegarle al Estado Mayor Presidencial ante su inminente desaparición, columnistas aprovechan la oportunidad para golpear por igual al Ejército Mexicano y algunos de sus mandos, como al general Miguel Ángel Godínez. 
Una muestra es lo que ocurre en el pequeño blog que dirige Isabel Arvide, en el que publica Juan Veledíaz, según experto analista de las Fuerzas Armadas.
Arvide fue de las periodistas consentidas del gral. Godínez; mantuvo amistad con los generales Francisco Arellano, Juan Morales, Juan Arévalo Gardoqui y Absalón Castellanos, gobernador de Chiapas, al que secuestraron los zapatistas en 1994.
Tan importante fue esa amistad con mi padre que a donde quiera que iba, primero como jefe del EMP y después como comandante de la VII RM, la trataba con respeto y distingo. Recuerdo que en el avión presidencial Quetzalcóatl I, junto con el gral. Godínez y López-Dóriga, platicaban los problemas del país, asuntos políticos y seguridad nacional.
Antes de morir mi padre, lo comuniqué con ella, lo cual me agradeció, y días más tarde fue de las primeras en saber de su fallecimiento.
Aclaro que no deseo cuestionar el cambio que tuvo hacia el EMP, pues es una decisión personal, pero lo que no puedo pasar por alto son las percepciones equivocadas de Veledíaz, ya que tienden a la mentira y el descrédito.
En uno de sus trabajos: La “guardia pretoriana” en la mira, desatina al describir lo ocurrido en diciembre de 1993 y 1 de enero de 1994, con el levantamiento del EZLN. Arvide tuvo varias pláticas confidenciales con el gral. Godínez y estuvo en reuniones de Samuel Ruiz y el comisionado para la paz, Manuel Camacho, cuya seguridad era responsabilidad de Godínez por instrucción de Salinas, su amigo; Marcelo Ebrard, hoy hombre cercano de AMLO, fue testigo importante de la estrategia y entrega del general.
La última vez que la vi y saludé fue en el homenaje a mi padre, donde compartió también con el jefe del EMP, Roberto Miranda, y el subsecretario de la Defensa, Arturo Granados.
Juan Veledíaz alude que Godínez no informó al Presidente, lo que es mentira. Nunca se enteró que Salinas prescindió del secretario de la Defensa para hablar directamente con el gral. Godínez, quien lo mantuvo al tanto de los hechos, antes, durante y después del brote guerrillero. Así lo corroboran los partes militares que no ha revisado.
Jamás ha investigado por qué la única persona que no fue removida de su cargo durante el levantamiento fue, precisamente, el general Godínez, a diferencia del secretario de Gobernación, Patrocinio González, y el gobernador Elmar Seltzer.
Tampoco está informado que Julio Scherer, quien fue su jefe en la revista Proceso, acudió a la casa del general a entrevistarlo y más tarde presumió como exclusiva que Salinas fue informado antes del estallamiento del conflicto; desde el descubrimiento de los campos de entrenamiento; el secuestro de dos oficiales del Ejército, a quienes mataron, quemaron y descuartizaron; de la captura de algunos responsables y del intercambio de cartas entre Godínez y Samuel Ruiz.
Desconoce que el mismo Marcos reconoció que Godínez fue un excelente estratega, incluso, aceptó que lo tuvo cercado en tres ocasiones, pero que no le hizo nada porque así se lo ordenó Salinas.
Tampoco está informado que si no hubo reacción del gobierno fue porque se negociaba el TLC. Tampoco se pregunta por qué Godínez, el 31 de diciembre de 1993, en lugar de estar en Tuxtla Gutiérrez, cuartel general, estaba con sus tropas en San Cristóbal, ni por qué fue nombrado comandante de la Operación Arcoiris. Esta información es parte de las declaraciones en vida de Godínez y de Scherer, publicadas en Proceso. Tampoco reflexiona por qué Godínez fue reconocido y nombrado director del ISSFAM y posteriormente diputado federal.
¿Qué interés existe cuando hay incertidumbre en el EMP y se busca una rivalidad con la SDN?
DE IMAGINARIA. Mientras algunos aseguran que el general Audomaro Martínez será el próximo secretario de la Defensa, éste se mantiene muy ocupado en la creación de la Guardia Nacional de la que seguramente será el comisionado.
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El texto cuestionado...por el hijo del general..
La “guardia pretoriana” en la mira/de Juan Velediaz 
10 de julio del 2018
Por primera vez en su historia, que comenzó con la llegada de un civil a la presidencia de la república hace 62 años, el Estado Mayor Presidencial la otrora “guardia pretoriana” del presidencialismo mexicano, está bajo la lupa. La “oficina militar de la Presidencia”, según lo anunció la noche de su triunfo electoral Andrés Manuel López Obrador pasará bajo jurisdicción de la secretaría de la Defensa Nacional, con una primera intención de acotar los cotos de poder político, el tráfico de influencias y la falta de fiscalización y rendición de cuentas que caracteriza a este cuerpo especial, resabio del viejo sistema presidencialista  autoritario. Paradojas de la historia, medio siglo después de uno de los episodios mas oscuros de la existencia del EMP, por el rol de sus francotiradores en la matanza estudiantil de Tlatelolco, su paso a la extinción se vislumbra en el horizonte.
México, 10 de julio.- La primera vez en su carrera militar que tuvo mando de tropas, en funciones operativas en terreno, fue como general de división. Su caso ilustró a la perfección lo que es una crítica en el ejército a los militares que hacen carrera como “ayudantes”, “carga portafolios” y “abre puertas” de políticos en el Estado Mayor Presidencial (EMP).
El día que Roberto Miranda Sánchez piso un cuartel fuera de Guardias Presidenciales y del EMP, fue al terminar el sexenio de Ernesto Zedillo, donde ocupó la jefatura del cuerpo especial encargado de la seguridad del presidente de la república y su familia. Y donde consiguió todos sus ascensos desde teniente a general de división.
A Miranda Sánchez se le reconoció su labor logística, de organización y conocedor de protocolos, pero no como comandante de tropas. Las críticas de sus subordinados, primero en Torreón, donde llegó como comandante de la Onceava Región Militar al inicio del sexenio foxista, y después en Mazatlán al frente de la Tercera Región Militar, fue que no sabía mandar.
Era el típico comandante que a gritos, abusos, arrestos y rabietas quería hacerse respetar, dice a este Blog un oficial que le tocó como superior jerárquico en aquel tiempo.
Mirada era lo que se le conoce como un “traga fuego”, es decir aquel que utiliza el recurso de la rabia y el abuso como estratagema para ocultar su ignorancia operativa en terreno. No era caso único, dice esta fuente que pidió el anonimato para evitar represalias en su actual destino, suele ocurrir con quienes hacen carrera en oficinas, salones de recepciones oficiales y en rutinas en el Cuerpo de Guardias Presidenciales que nutre al EMP.
Hubo un momento en que Miranda aspiró a ser secretario de la Defensa Nacional, a finales del sexenio calderonista. Dio entrevistas, habló de reformar a la Sedena, pero su expediente de sus últimas encomiendas no le alcanzó ni siquiera para ser tomado en serio.
En el año 2000 uno de sus ex jefes en el EMP también busco seguir en las mieles y privilegios del presupuesto público. Cuando el general Miguel Ángel Godínez Bravo declaró al periódico Milenio en aquel entonces, que no se descartaba para encabezar la Sedena, a más de un militar de profesión y curtido en la sierra, desierto y selva, les provocó una carcajada. El hombre que le cubrió las espaldas y guardó los secretos de José López Portillo, creía, se sentía, que podía estar al frente de la Defensa Nacional. El estallido de la rebelión en Chiapas a la media noche del 31 de diciembre de 1993, cuando era comandante de región en esa entidad, no solo lo dejó mal parado, sino exhibió la poca experiencia en el manejo de información de inteligencia que oportunamente le habían hecho llegar.
En su momento fue opinión generalizada entre varios de sus colegas contemporáneos que de Godínez a Miranda, los militares adscritos al EMP que se habían ganado el escudo del águila con las estrellas, que los acreditaba como generales del ejército, había sido más por su servicio al presidente en turno que en terreno al frente de unidades operativas.
Sin rendir cuentas a nadie
De acuerdo a información oficial, hasta el año 2006 se tenía registrado que el Estado Mayor Presidencial contaba con 11 generales y almirantes, 174 jefes –es decir oficiales con el rango de coronel, teniente coronel, mayor y sus equivalentes en la marina que son capitanes—402 oficiales subalternos, 821 elementos de tropa y marinería, así como 45 policías federales y 410 civiles, para sumar mil 863 efectivos.
Si se sumaran los efectivos del Cuerpo de Guardias Presidenciales, el jefe del EMP, tiene bajo su mando a alrededor de nueve mil efectivos, encuadrados en diversas dependencias y unidades.
Esto constituye una cuarta cuarta fuerza armada por encima de la secretaría de la Defensa Nacional, la Fuerza Aérea y la secretaría de Marina Armada de México, dice a este Blog el general brigadier retirado José Francisco Gallardo Rodríguez.
Gallardo, quien abordó en su tesis doctoral algunos conceptos clave para entender la seguridad nacional y el papel de las fuerzas armadas dentro de una reforma del Estado,
asegura que la existencia del EMP desde su origen está fuera de cualquier ley o reglamento. Su existencia es partir de un ordenamiento del fuero militar. “¿Con base en que? Cuando cualquier ordenamiento legal debe tener como fuente de derecho a la Constitución, la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos. Y el Estado Mayor Presidencial no aparece. El Estado Mayor Presidencial es un órgano técnico militar que auxiliará al Presidente de la República en la obtención de información general; planificará sus actividades personales propias del cargo y las prevenciones para su seguridad, participará en la ejecución de las actividades procedentes como una unidad administrativa de la Presidencia de la República, adscrita directamente al Presidente. El EMP se encuentra integrado dentro de la estructura de la Presidencia de la República, con base en un Manual de Organización. Por tanto es una oficina militar de la Presidencia”, dice.
El Cuerpo de Guardias Presidenciales, que fue creado en septiembre de 1952 a pocos meses para que concluyera el sexenio alemanista, está compuesto de un cuartel general, tres batallones de infantería, dos batallones de Policía Militar, un batallón de Transportes, un Grupo de Morteros, un Grupo de Caballería, una Compañía de Ingenieros, una Compañía de Intendencia, una Compañía de Sanidad y una sección de Transmisiones además de una batería de honores y una banda de música, lo que sumaría alrededor de cinco mil efectivos.
También existe desde 1983 el 24 batallón de infantería de Marina adscrito a Guardias Presidenciales, integrado por un mando, un grupo de comando y tres compañías de fusileros, una compañía de armas de apoyo, y una compañía de cuartel general y de servicios, lo cual suma alrededor de 800 efectivos.
El EMP cuenta desde 1986 con un Grupo Aéreo de Transporte Presidencial, integrado por pilotos de la Fuerza Aérea y los servicios aéreos, su número de efectivos varía, pero ronda los 500 con 15 aeronaves.
Todo este personal tiene a su cargo el Palacio Nacional, la residencia oficial de Los Pinos, edificio Molino del Rey, el predio Constituyentes, el  Hangar Presidencial, el centro hospitalario, el campo militar Marte, el campo deportivo del EMP, un sitio marcado por las intrigas que ahí se fraguaron previo a la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968.
Además de operadores logísticos y golpeadores de fotógrafos de prensa que se acercan demasiado al “Tlatoani” sexenal, el EMP tiene también la facultad de garantizar la seguridad de mandatarios y funcionarios extranjeros que visiten el país, de los ex presidentes de la república, donde algunos ex jefes del EMP se han retirado, y de otras personalidades que por la importancia de su cargo o encomienda ordene de manera expresa el presidente de la república.
Ha sido con el pretexto de su misión de garantizar la seguridad de instalaciones presidenciales, que el EMP se ha regodeado de canonjías y prestaciones que los hacen ser una “casta intocable”. Gallardo recuerda que una de sus actividades como cuerpo especial ha sido desarrollar actividades de inteligencia y contrainteligencia que son necesarias par el cumplimiento de las funciones del EMP.
Bajo este argumento en 1967 el entonces jefe del EMP, el general Luis Gutiérrez Oropeza mandó a un grupo de oficiales encabezados por el entonces mayor Carlos Humberto Bermúdez Dávila a entrenarse en tácticas antiterroristas a bases militares estadounidenses.
Gutiérrez Oropeza, conocido con el mote del “Poblano”, pasó a la historia como el cerebro detrás de la matanza estudiantil de Tlatelolco tras revelar en sus informes póstumos el entonces secretario de la Defensa Nacional, el general Marcelino García Barragán, cómo sus soldados detuvieron a varios oficiales del EMP que habían actuado como francotiradores desde los edificios de la Plaza de las Tres Culturas aquella tarde del 2 de octubre de 1968.
Bermúdez era entonces jefe de la sección segunda, inteligencia militar, del EMP, y en su expediente aparece aquel curso de un año antes en Estados Unidos.
Su relevo en 1970 en el EMP, el hoy brigadier retirado Jorge Carrillo Oléa, fundador del Cisen, lo señala como uno de los orquestadores de aquella provocación al ejército que devino en el trágico tiroteo que marcó la historia contemporánea del país del que este año se cumple medio siglo de ocurrido.
Paradojas de la historia, 50 años después de uno de los episodios mas oscuros de la existencia del EMP por su papel en Tlatelolco, su paso a la extinción se vislumbra en el horizonte.


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