Hay silencios que gritan más que cualquier discurso, y hay llamadas que, con un solo timbrazo desde el norte, tienen el poder de sacudir el reloj de la "sagrada" mañanera en Palacio Nacional. En este tablero de ajedrez que compartimos con el vecino, la decimosexta conversación entre los jefes de Estado se sintió, hasta donde la vista nos alcanza, menos como un trámite y mucho más como un ejercicio de equilibrismo al borde del abismo.
Tras 40 minutos de diálogo, la Presidenta Sheinbaum calificó como "productiva y cordial" esta nueva entrega de su relación con Trump. Con la seguridad y el T-MEC como ejes, ambos mandatarios coincidieron en que la relación "va muy bien", en un intercambio que incluso permitió un saludo de cortesía con la primera dama, Melania Trump. El mensaje oficial es de continuidad; sin embargo, en la política, lo que se ve suele ser solo la punta del iceberg.
El punto de fricción más humano —y profundamente político— se resume en una palabra: "operación". Mientras el Wall Street Journal sostiene con la frialdad del papel que el FBI ya camina por suelo mexicano en redadas secretas —como la que cercó al exatleta Ryan Wedding—, la Presidenta Sheinbaum levanta un muro de palabras.
—¿Tocaron el tema del FBI y la captura del exatleta? —se le cuestionó
"No, no tocamos el tema", afirmó ella con la sequedad de quien cierra una puerta.
Y entonces, nos lanza una invitación a la lectura entre líneas sobre la nota del diario neoyorquino, insistiendo en que "México hizo su trabajo…
Mmmm. Ayer lo escribí en La Silla Rota: Claudia Sheinbaum se equivocó al colocar una imagen trucada para sostener su narrativa. La realidad es que en el gabinete de seguridad no parecen querer pleitos con el FBI y, peligrosamente, parecen creer en todo lo que les dice el embajador Johnson, como si fuera un asunto de fe. No los conocen aún.
Ante la insistencia de si hubo permiso para agentes extranjeros, la respuesta buscó el eco del nacionalismo: "Nosotros nunca vamos a aceptar operaciones conjuntas... las operaciones en nuestro territorio son de fuerzas mexicanas".
Es un momento de una complejidad humana cruda; la Mandataria tiene la tarea titánica de convencer a un pueblo de que el mando sigue en casa, mientras el eco de las botas extranjeras resuena en los titulares internacionales; además al negar que Trump insiste -una y otra vez-, en la entrada de tropas, intenta desactivar una bomba de tiempo que amenaza la confianza nacional, y nuestras fronteras.
La relación bilateral no solo sangra por la herida de la seguridad; también respira por el pulmón del comercio. Trump, fiel a su estilo de "sobar el lomo para después dar el abrazo" (o el zarpazo, según sople el viento), parece haber encontrado en Sheinbaum una interlocutora que domina el lenguaje del T-MEC.
Esta vez, el magnate reaccionó con un post de una efusividad que, honestamente, preocupa. Calificó a su homóloga de líder "maravillosa e inteligente". Pero el ojo crítico nos obliga a mirar detrás de la cortesía: ¿Es un reconocimiento genuino o una estrategia de seducción para ablandar la resistencia mexicana ante las barreras no arancelarias? El fantasma del acero sigue ahí, agazapado detrás de los adjetivos "productiva" y "cordial".
La crónica se tensa al llegar a Cuba. México intenta retomar su traje de interlocutor entre La Habana y Washington. Pero en el tablero actual, esta es una apuesta de altísimo riesgo. Buscar oxígeno para la isla frente a un Trump que no olvida es una mala idea que podría contaminar la mesa donde se negocia lo más importante para México.
Finalmente, asoma la sombra de Canadá. Al mencionar a Mark Carney, Trump lanza una piedra al estanque de la estabilidad regional. La insistencia de Sheinbaum en mantener el frente unido de los tres países es su apuesta por la supervivencia colectiva frente a la vieja táctica neoyorquina: dividir para vencer.
Al final, lo que nos queda es la postal de una paz armada. Sheinbaum se aferra a la narrativa del avance, mientras Trump reparte flores en sus redes sociales. Pero detrás de la cortesía y esa invitación a Washington que flota sin fecha, se libra una batalla silenciosa. La pregunta de fondo no es qué tan "inteligente" la considera Trump, sino dónde termina la cooperación necesaria y dónde empieza la subordinación silenciosa.
Vamos a esperar la próxima llamada; seguramente será, de nuevo, en horario mañaneril.
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