5 ene 2026

Las columnas políticas hoy, lunes 5 de enero de 2025

 Entre el realismo político y la supervivencia 

Lo que estamos viendo en Venezuela no es diplomacia, es una rendición disfrazada de retórica soberanista. Delcy Rodríguez, hasta ayer el brazo derecho y la sombra de Nicolás Maduro, ha pasado del grito de guerra al susurro conciliador en menos de 24 horas. ¿La razón? El peso de la realidad —y de las tropas estadounidenses— en Caracas.

El pragmatismo del miedo

Resulta fascinante, observar cómo Rodríguez ahora apela a la "convivencia comunitaria" y al "derecho internacional" después de haber denunciado el sábado lo que llamó un secuestro de su otrora jefe: Nicolás Maduro, peor decidió dejarlo solo en la prisión de Nueva York.

Pero no nos engañemos: el tono suave no nace de la convicción, sino de la amenaza directa de Trump. Cuando el inquilino de la Casa Blanca te advierte que "te puede ir peor que a Maduro", el vocabulario revolucionario se archiva y aparece la palabra "cooperación".

El botín de guerra: El crudo

La verdadera trama de este drama no está en las declaraciones de paz de Rodríguez, sino en las frases de Trump a bordo del Air Force One. Al pedir "acceso total" al petróleo, Washington está pasando la factura de la operación militar. La promesa de miles de millones de dólares para reconstruir la infraestructura no es filantropía; es la toma de control de la joya de la corona por parte de las petroleras estadounidenses.

¿Qué futuro le espera a Delcy? 

 Por un lado, Trump dice que ella "trabajará con ellos"; por el otro, el exilio venezolano clama por su cabeza y su arresto. Rodríguez intenta navegar en una contradicción imposible: ser la heredera del chavismo capturado y, al mismo tiempo, la operadora local de una intervención extranjera que busca desmantelar todo lo que Maduro representaba.

 Estamos ante un cambio de guardia donde el discurso de "paz" de Rodríguez es simplemente el aceite necesario para que la maquinaria petrolera de EU vuelva a girar. El destino de Venezuela ya no se decide en Miraflores, sino en los términos que dicte Washington bajo la sombra del petróleo.

Todo cambia.

El Secretario de Estado Marco Rubio, aclaró la postura de la administración Trump, matizando declaraciones previas sobre "gobernar" el país sudamericano.

Dijo de entrada que no habrá intervención directa, Reconocimiento condicionado: Están dispuestos a trabajar con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y el liderazgo actual, siempre y cuando tomen "las decisiones adecuadas".

El mecanismo principal de presión será un bloqueo militar a las exportaciones de crudo. Los buques sancionados no podrán entrar ni salir hasta que se abra la industria a la inversión extranjera (priorizando empresas estadounidenses).

Rubio definió tres metas fundamentales para normalizar la relación:

i) Seguridad: Detener el narcotráfico y el flujo de pandillas hacia territorio estadounidense.

ii) Reformar la industria petrolera para que beneficie al pueblo y no a "piratas o adversarios".

Rubio señaló que, a diferencia de Maduro (quien incumplió acuerdos), ahora buscan interlocutores con quienes sí se pueda negociar.

Aunque Rubio calificó el despliegue de tropas como una "obsesión de la prensa" y aclaró que Venezuela no es Irak o Afganistán, confirmó que Trump no descarta públicamente ninguna opción.

Es claro la misión de EU se centra en utilizar el petróleo como "palanca de presión" para forzar cambios políticos y económicos que favorezcan los intereses nacionales de Washington.. ¿Y la democracia?

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Suben acciones de Chevron tras acción de Trump en Venezuela

Agencia Reuters; Nueva York, Estados Unidos (05 enero 2026) .-07:27 hrs

Las acciones de las petroleras estadounidenses subían en las operaciones previas a la apertura de la sesión de este lunes, ya que los inversionistas apostaban a que las medidas del Presidente Donald Trump contra el liderazgo de Venezuela permitiría a las firmas estadounidenses un mayor acceso a las mayores reservas de petróleo del mundo.

Las acciones de Chevron, la única de las grandes petroleras estadounidenses que opera actualmente en los campos petroleros de Venezuela, subían un 7.3%, mientras que las refinerías Phillips 66, Marathon Petroleum, Valero Energy y PBF Energy ganaban entre un 5% y 16%.

Las alzas se produjeron después de que Trump dijo que Estados Unidos necesitaba "acceso total" a las vastas reservas de petróleo de Venezuela tras la detención del Presidente Nicolás Maduro, agudizando las expectativas de que Washington podría aliviar las restricciones a las exportaciones de crudo venezolano.

"Vamos a hacer que nuestras muy grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura malograda, la infraestructura petrolera, y comiencen a hacer dinero para el país", dijo Trump el sábado.

Venezuela llegó a producir 3.5 millones de barriles diarios (bpd) en la década de 1970, lo que suponía más del 7% de la producción mundial.

La producción cayó por debajo de 2 millones de barriles por día en la década de 2010 y promedió alrededor de 1.1 millones el año pasado, o aproximadamente el 1% de la oferta mundial, después de años de falta de inversión y sanciones.

El crudo venezolano es un crudo agrio pesado con alto contenido de azufre, lo que lo hace adecuado para la producción de diesel y combustibles más pesados, aunque con márgenes más bajos en comparación con otros grados, en particular los de Oriente Medio.

"Este tipo de crudo se ajusta bien a la configuración de las refinerías estadounidenses de la Costa del Golfo, históricamente diseñadas para procesar tales calidades", dijo Ahmad Assiri, estratega de investigación de Pepperstone.

La presencia actual de Chevron en Venezuela en virtud de una exención de Estados Unidos la ha posicionado como un posible beneficiario temprano de cualquier cambio de política, mientras que las refinerías pueden beneficiarse de una mayor disponibilidad de crudo pesado más cerca de casa.

No obstante, los analistas advierten que cualquier recuperación significativa de la producción petrolera venezolana llevará tiempo, dada la incertidumbre política, el deterioro de las infraestructuras y los años de falta de inversión.

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Soberanía y cooperación: el posicionamiento de México

"Rechazamos categóricamente la intervención en los asuntos internos de otros países. La historia de América Latina es clara: la intervención jamás ha traído democracia, bienestar o estabilidad duradera", afirmó la presidenta Sheinbaum durante su conferencia matutina.

La postura del Gobierno de México se fundamenta en el Derecho Internacional, estableciendo que la soberanía y la autodeterminación son principios no negociables. Bajo esta visión, se rechaza cualquier injerencia extranjera, partiendo de la premisa de que solo los pueblos tienen el derecho legítimo de:

Decidir su propio camino y forma de gobierno.

Ejercer soberanía absoluta sobre sus recursos naturales.

Construir su futuro sin presiones externas.

 Un nuevo paradigma de cooperación

Se propone transitar del modelo de "amenaza e intervención" hacia uno de cooperación horizontal. Este cambio de paradigma exige que las relaciones internacionales actuales se basen en el respeto mutuo, permitiendo que cada nación gestione su desarrollo y recursos de manera independiente.

Relación con EU;

"Amigos y socios, nunca subordinados".

Y ante los amagos de intervención por el narcotráfico, 

México mantiene su compromiso en el combate al fentanilo por razones humanitarias. No obstante, se enfatiza que la violencia es un problema compartido, alimentado por el tráfico ilegal de armas desde EU y la alta demanda de consumo en dicho país.

Sheinbaum  plantea que el combate a las drogas no debe ser exclusivamente policial, sino que la estrategia debe abordar las causas raíz: valores, familia, educación y el desmantelamiento del lavado de dinero en ambas naciones.

El posicionamiento concluye con una visión de desarrollo donde el crecimiento económico tiene un fin humanista: la reducción de la pobreza. Se apuesta por la inversión en ciencia y tecnología para fortalecer la independencia de todo el continente.

El mensaje central para la relación con EU es: "Cooperación sí, subordinación no". En México la autoridad emana del pueblo, y aunque existe plena disposición para trabajar en equipo por la paz, el trato siempre deberá ser de igual a igual, bajo el lema: "América pertenece a sus pueblos"

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Las columnas políticas hoy, lunes 5 de enero de 2025

Templo Mayor de REFORMA

ABRE LA SEMANA con una denuncia penal ante la FGR de quienes dicen ser víctimas directas del descarrilamiento del Tren Interoceánico.

EL DESPACHO que los representa adelantó que van contra constructoras, contratistas y servidores públicos a quienes responsabilizan de lo ocurrido.

Y ASEGURAN que expondrán irregularidades y fallas en la construcción, supervisión y mantenimiento de ese sistema de transporte.

HABRÁ que estar atentos para ver qué pruebas presentan los quejosos y, también, cómo es recibida y procesada la denuncia por la Fiscalía encabezada por Ernestina Godoy quien, por cierto, tiene la encomienda de investigar el accidente.

EL GOZO se está yendo al pozo tras la salida de Ariel Juárez como titular en la Junta de Caminos del Edomex.

QUIENES han criticado la forma en la que se administraba ese organismo público vieron el relevo como una oportunidad para entrarle en serio al problema de los baches que afecta a millones de mexiquenses.

PERO todo indica que el nuevo titular, Joel González, será pan con lo mismo, pues ratificó a la mayor parte de los funcionarios de la Junta y, siguiendo las pasos de su antecesor, armó la licitación para rehabilitar el Periférico Norte en plenas fiestas decembrinas y sin darle suficiente difusión.

DE HECHO, la recepción de propuestas fue programada para el 24 y 25 de diciembre lo que generó serias dudas sobre un proceso que debería fomentar la competencia en vez de hacerse a la carrera... y en lo oscurito.

VA QUEDANDO claro que la operación militar de EU en Venezuela tiene una lógica distinta a las de las intervenciones de ese país en épocas pasadas.

AL DEJAR de abordar al crimen organizado como un problema meramente policial y tratarlo como un actor geopolítico, Donald Trump cambia el paradigma.

LA DETENCIÓN de Nicolás Maduro se entiende, en ese contexto, no como la deposición de un Presidente, sino como el descabezamiento de un cártel.

Y LA ACCIÓN militar va acompañada de otras medidas para cortar los flujos financieros, aislar las redes criminales y romper las alianzas tóxicas.

DE LO QUE se trata, en última instancia, es de liberar a un Estado que estaba secuestrado, no de invadir a un país e imponer un gobierno afín, como ocurría el siglo pasado.

Y TODO indica que este nuevo enfoque no aplicará sólo para Venezuela, pues las advertencias de Trump al presidente de Colombia, Gustavo Petro, van en ese mismo sentido.

LA PREGUNTA clave en este asunto es cuáles serán los siguientes objetivos del inquilino de la Casa Blanca, porque ha mencionado en ese mismo tenor a Cuba... pero también a México.

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Noroña hace de las suyas en Roma

Bajo Reserva/El Universal

El viajero frecuente Gerardo Fernández Noroña parece muy a gusto con su actitud pendenciera frente a cualquier posibilidad de tener que rendir cuentas, si no de sus gastos en sus ya acostumbradas vacaciones europeas con comidas en restaurantes de lujo, por lo menos de la contradicción entre el discurso de austeridad y hasta de pobreza franciscana que abraza en su vida pública y su gusto por la buena vida. Ahora, en la sofisticada Roma, el senador morenista arremetió contra un joven mexicano que se acercó a preguntarle por su estancia en Italia mientras lo grababa con su teléfono. Fiel a su costumbre, le tiró un manotazo, intentó quitarle el celular y lo correteó, mientras que la acompañante de Noroña intentó darle una patada, pero falló. Otro compló de la derecha, seguramente.

Hijo de tigre… defiende a Maduro

Nos cuentan que José Ramón López Beltrán quiso emular a su padre y salió a defender desde sus redes sociales a Nicolás Maduro y reprobar los bombardeos de Estados Unidos en Caracas. Sólo que no encontró apoyo a su mensaje sino exigencias de congruencia para que deje de vivir en el país vecino y de “alimentar el capitalismo” con sus compras en tiendas de lujo por allá. Hubo quienes de plano lo acusaron con el exembajador en México y actual subsecretario de Estado, Christopher Landau, famoso como “cazador” de críticos de su país en México para retirarles la visa.

La UNAM pide restablecer el derecho internacional

En estos días de posicionamientos, nos dicen que resalta el de la Universidad Nacional Autónoma de México para condenar las acciones militares de Estados Unidos, el unilateralismo y las amenazas externas. Reconoce que el deterioro de la vida democrática y los derechos humanos y políticos en Venezuela reclamaban resolución urgente, que tendría que haberse canalizado por los canales multilaterales y no por el uso de la fuerza. La máxima casa de estudios considera que debe restituirse el derecho internacional y permitir que los venezolanos sean quienes resuelvan sus problemas y construyan su futuro, con apoyo de la comunidad internacional y con respeto pleno a su soberanía.

Alito, testigo estrella contra la 4T

Nos cuentan que la dirigencia del PRI de Alejandro Alito Moreno no cejará en su empeño de ser el acusador estrella del régimen morenista en Estados Unidos y buscará montarse con mayor entusiasmo en el tema Venezuela para denunciar que sigue los pasos del chavismo y sus herederos maduristas. Los tricolores buscarán que ante el inminente debate en México de la reforma electoral se ponga el énfasis en que la mayoría oficialista prepara la destrucción del régimen democrático para perpetuarse en el poder. El argumento central que usarán, nos dicen, es que la reforma no busca mejorar contrapesos ni el control del poder, sino todo lo contrario, eliminar a las minorías y dejarlas sin voz ni representación.

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El silencio de las chachalacas/Héctor De Mauleón

El Universal, 

Desde marzo de 2021, el gobierno de Estados Unidos ofrecía 15 millones de dólares por información que llevara a la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, acusado formalmente por el Departamento de Justicia de participar en una conspiración de narcoterrorismo y de conspirar para importar cocaína a los Estados Unidos.

Al año siguiente, en septiembre de 2021, AMLO invitó a Maduro a participar en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que iba a celebrarse en la ciudad de México.

La llegada del dictador se mantuvo bajo reserva hasta el último minuto, en que la Secretaría de Relaciones Exteriores la confirmó en un comunicado. Era la primera vez que Maduro salía de Venezuela desde que Estados Unidos lo acusara de narcotráfico.

Marcelo Ebrard lo recibió en el aeropuerto. A la reunión asistía también el dictador cubano Miguel Díaz-Canel. Maduro cenó en Palacio Nacional, se entrevistó con López Obrador, propuso, públicamente, que México se convirtiera en sede permanente de la Secretaría General de la CELAC.

La presidentes de Uruguay y Paraguay, Luis Lacalle y Mario Abdo, repudiaron la presencia en la cumbre de los líderes de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

“México es la casa de todos”, decía López Obrador.

A resultas de esa visita, los entonces senadores por Florida Marco Rubio y Rick Scott, reclamaron en una carta dirigida a Andrés Manuel López Obrador que no hubiera detenido y extraditado, “tan pronto como pisó suelo mexicano”, a Nicolás Maduro, a quien describieron como “narcodictador”.

Los senadores manifestaron su decepción y le recordaron a AMLO la acusación que pesaba contra su invitado. “Maduro es un criminal, un matón… el genocidio que está cometiendo contra su propia gente”, declaró Scott en una entrevista en la que consideró inadmisible la presencia de este en la CELAC. A Díaz-Canel, los senadores lo describieron como “títere de la dictadura cubana”. La carta de los senadores criticaba “las acciones y declaraciones” de López Obrador, “incompatibles con los valores democráticos”.

Maduro había sido invitado por primera vez a la toma de posesión de AMLO a fines de 2018. Volvería al país por tercera ocasión en octubre de 2023, durante un encuentro sobre migración en el que se retrató al lado del tabasqueño en las ruinas de Palenque.

Durante ese tiempo, el intercambio de cortesías entre AMLO y Maduro fue interminable. En diciembre de 2018, este le prometió a López Obrador “trabajar de manera conjunta por los sueños de la Patria Grande”. En junio de 2022 Maduro agradeció la no asistencia de López Obrador a la Cumbre de las Américas, de la que habían sido excluidas Venezuela, Cuba y Nicaragua, y agradeció también sus posturas sobre “la política hostil” de Washington: dijo que López Obrador representaba “a toda América Latina” y le aplaudió “por ir al frente en defensa de la verdad”.

AMLO agradeció sus comentarios: “Hay muy buenos dirigentes en América Latina. Personajes que yo veo con mucho respeto…”.

Cuando a AMLO le bajaron de YouTube una conferencia en la que reveló el teléfono personal de la jefa de corresponsales de The New York Times, Maduro acusó una campaña en contra del mandatario mexicano, dirigida desde el gobierno de Estados Unidos. Maduro le agradeció también “por respetar a Venezuela”, cuando AMLO evitó pronunciarse sobre el fraude electoral perpetrado en 2024 en contra de Edmundo González.

De hecho, Maduro gritó “¡Viva México!” cuando AMLO se desmarcó de las naciones democráticas que desconocieron, en 2019, el supuesto “triunfo” electoral que llevó a su segundo mandato al dictador.

“Si no quiere venir, que no venga”, declaró Marco Rubio cuando AMLO se negó a acudir a la Cumbre de las Américas. Desde aquellos días Rubio acusaba a López Obrador de haber entregado el territorio mexicano a los cárteles: lo acusaba de haber recibido dinero de los cárteles durante sus campañas y lo acusaba también de haber apoyado “tiranos en Nicaragua, Venezuela y Cuba”.

AMLO respondía que el entonces presidente Biden estaba sometido a presiones “de republicanos extremistas” y, en clara referencia a Rubio, “de dirigentes de la comunidad cubana que tienen mucha influencia y odio”.

La madrugada del sábado, el presidente estadounidense Donald Trump anunció que Maduro y su esposa, Cilia Flores, habían sido capturados tras “un ataque a gran escala” y sacados del país.

El hombre que había anunciado su retiro, y había prometido reaparecer solo en caso de amenazas graves contra el país, atentados contra la democracia o acoso político contra la presidenta, salió de la oscuridad por segunda vez en mes y medio, empujado por sus “convicciones libertarias”, para condenar la detención de Maduro y hablar de “un prepotente atentado”, de un acto de “tiranía mundial”, de “una acción que ni Bolívar ni Lincoln aceptarían”: para definir la detención del dictador como “un secuestro” y para pedir a Donald Trump que “mande al carajo a los halcones”.

Desde el momento de la detención, la Secretaría de Relaciones Exteriores había fijado la postura del gobierno de Claudia Sheinbaum: “un llamado urgente a respetar el derecho internacional, así como los principios y propósitos de la Carta de la ONU, y a cesar cualquier acto de agresión contra el gobierno y pueblo venezolanos”.

Sheinbaum estaba obligada a declarar en contra de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, a pesar de que la embajada estadounidense presionaba esperando una declaración de apoyo.

Trump dejó ver su molestia al revirar de inmediato que algo se tenía que hacer con México, porque el país “está gobernado por los cárteles”. López Obrador no pudo contener su ansiedad. Tampoco su inmoderado protagonismo. Donald Trump lo ignoró. El Salvador de la Patria solo salió a estorbar en momentos en que se abre para México un año extremadamente crítico en cuanto la relación bilateral: Trump ha amenazado con dejar morir el T-MEC o bien con aumentar los aranceles si no se incluyen temas que a él le resultan cruciales. Al mismo tiempo, Sheinbaum no es vista por Estados Unidos como un actor plenamente confiable, debido a sus compromisos y sus pactos políticos.

Hay demasiados fierros que el gobierno mexicano deberá sacar de la lumbre en 2026: entre otras cosas, en la acusación contra Maduro, México es citado varias veces como punto estratégico en el trasiego de drogas. Estados Unidos seguirá jalando el hilo.

En ese contexto tan enredado, lo que cabría esperar es el silencio de las chachalacas. ¿O es que el mensaje de AMLO significa que lo vamos a tener al frente de la gestión de esta etapa, haciéndole sombra a la presidenta?

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La apuesta

Jesús Silva-Herzog Márquez 

REFORMA, 05 enero 2026

Cayó el dictador pero la dictadura sigue en pie. La captura de Maduro no tiene nada que ver con la restauración democrática. Se trata de una afirmación imperial que se deshace de una figura incómoda, de una amenaza a los que se quedan y de un aviso al resto del continente. El presidente de Estados Unidos tiene el poder y la voluntad de deshacerse de cualquier figura en el hemisferio. La ley interna, el derecho internacional, la soberanía de las naciones, la democracia le tienen sin cuidado. El autócrata solo quiere autócratas afines y democracias subordinadas. La ilegitimidad del gobierno de Maduro, el fraude electoral que lo mantuvo en el poder, la persecución a los disidentes no tienen nada que ver con la intervención militar del fin de semana.

Las fiestas por la nueva era en Venezuela son, por lo menos, prematuras. El gobierno de Trump declara que asume el control del país y que, a partir de ahora, se harán cargo de Venezuela los señores que planearon y ejecutaron la maniobra militar. No parece que tras las bombas y la detención haya una idea clara de qué hacer ahí. Nosotros estamos al mando en Venezuela, pero, al mismo tiempo, hemos entrado en negociaciones con quien ha asumido el Poder Ejecutivo en reemplazo de Maduro.

Trump se entiende bien con militares, pero se entiende mejor con los cleptócratas. No tiene ninguna urgencia por el establecimiento de un régimen democrático en Venezuela. Sabe bien que todas las piezas del Estado se encuentran capturadas por el régimen chavista y no tiene la menor intención de alterar ese funcionamiento. Lo que le importa es que la máquina sirva a sus intereses. El hombre no esconde sus apetitos. Quiere hacer negocio. Busca que sus compañías entren a Venezuela a explotar los yacimientos que la incompetencia chavista es incapaz de utilizar. Lo dice con todas sus letras. En su mensaje tras la intervención, la palabra petróleo surge una y otra vez. No pronuncia nunca la palabra democracia. El gobierno trumpista, que se dice dueño de los destinos del país, no llama a formar un gobierno de transición, no pide la convocatoria a nuevas elecciones. Trump hace apuesta por el chavismo. Está convencido de que el poder real está en manos del régimen y que, golpeado como está por la captura del líder, estará obligado al entendimiento. Negociaremos con la Presidenta sustituta, ha dicho el gobierno norteamericano. Su propósito después de la contundencia de los bombardeos y la eficacia quirúrgica de la aprehensión del Presidente en funciones es doblar a la dirigencia chavista. Parece estar convencido de que el régimen se ha quedado sin cartas (como le gusta decir a él) y que tendrá que someterse. Si no están dispuestos a la subordinación, vendrá una segunda ola de ataques.

El operativo logró cazar al Presidente y, de inmediato, desautorizar a la oposición. Los opositores al régimen recibieron de Trump un golpe devastador. María Corina Machado, la galardonada dirigente opositora, recibió una bofetada del conquistador: será una buena persona, pero no tiene apoyo interno, ni siquiera es respetada dentro de Venezuela. La primera opción de Trump es la sumisión del chavismo, no su fin.

La intervención militar de Trump es ilegal por los cuatro costados. Lo es de acuerdo a la ley de Estados Unidos y es violación de los principios esenciales del Derecho Internacional. Una ilegalidad tan ostentosa que resulta su mensaje principal. La declaración estruendosa de que vivimos otros tiempos. El despliegue del poder imperial no invocará reglas o ideales, no buscará cooperación ni alianzas. Se mostrará de manera implacable. La estrategia de seguridad nacional de Trump ubica a América Latina como prioridad. El continente entero visto como su zona de dominio incontestable. Trump se concede el poder de poner y de quitar gobiernos, de intervenir militarmente donde le plazca, de interferir en elecciones y remover gobernantes si así lo decide. Frente a esta amenaza, la cabeza fría de la presidenta Sheinbaum no le da al país ninguna seguridad. Lo que nos hace críticamente vulnerables es la narcopolítica. Si la Presidenta quiere proteger, como dice, la soberanía nacional, tendrá que confrontar las ligas entre el crimen y la política. La complicidad de la coalición gobernante con el crimen organizado es la mayor amenaza a la soberanía.

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Maduro no es Allende

TOLVANERA / Roberto Zamarripa

REFORMA

El 13 de abril de 2002 luego de que la Guardia presidencial venezolana en medio de una manifestación popular recuperara el Palacio de Miraflores, tras el golpe de Estado que depuso momentáneamente a Hugo Chávez, todo el gabinete chavista tomó el control.

Chávez estaba secuestrado primero en el Fuerte Tiuna y luego llevado a la isla de La Orchila por un grupo de militares disidentes. El vicepresidente de la República entonces era Diosdado Cabello y tras recuperar el Palacio de Miraflores y conocer que Chávez no había firmado su renuncia, asumió ante la Asamblea Nacional el cargo de Presidente interino.

Todo el gabinete civil se concentró en Miraflores y cada uno de los ministros recibió una metralleta. Sobre las 8 de la noche del sábado 13 de abril uno de los ministros comunicó a los pocos periodistas que estaban dentro del Palacio: "Tenemos información que el Palacio puede ser bombardeado. Si ustedes quieren permanecer aquí será bajo su propio riesgo. No tenemos armas para ustedes". Ningún periodista salió.

No hubo ataque. Cerca de las 3 de la mañana del domingo 14 de abril un helicóptero descendió en el helipuerto del Palacio para dejar a Hugo Chávez, rescatado de su cautiverio por un comando élite de la 42 Brigada de Infantería al mando de Raúl Isaías Baduel.

Chávez se negó a renunciar en su cautiverio. Había aceptado negociar e ignoraba que sus leales habían recuperado el Palacio presidencial.

Algo de eso habrán revisado en el equipo de Donald Trump para operar la captura de Nicolás Maduro el pasado sábado 3 y no asfixiar al chavismo (que no al madurismo). Y algo no entendió Maduro (y sí recordó Cabello) para entender la historia.

Maduro no es Chávez ni mucho menos Salvador Allende, quien murió con su arma al hombro. El relato del secuestro de Maduro solo tiene hasta ahora una versión, la de los victoriosos. El presidente Trump describió que Maduro intentó correr a un cuarto resguardado por puertas de acero pero no llegó. Su esposa Cilia, gritaba desesperada y, al parecer, Maduro se rindió al ser apuntado por armas estadounidenses. No se batió. No peleó.

Su grupo leal, muchos de ellos agentes cubanos, según el relato, cayeron en la breve batalla. Entre 40 y 70 muertos, según las versiones.

La movilización popular en abril del 2002 ocurrió porque se conoció que Chávez no se había rendido. Eso infundió ánimos. El pasado sábado, Maduro estaba solo y su gabinete no tuvo la reacción que ocurrió en 2002 con Chávez. Entonces sí estaban dispuestos a inmolarse por su líder.

El gobierno de Maduro fue autoritario, irresponsable y extraviado. Los videos de bailecitos de fin de año de Maduro enervaron a Trump, pero eran al final un insulto, una afrenta para el pueblo venezolano.

La intervención estadounidense viola todos los preceptos internacionales. Pero nada restituirá la circunstancia que prevalecía el 2 de enero.

El gobierno mexicano ha tomado nota con cautela. Debe reconocerse que el pronunciamiento conjunto con Chile, Colombia, Uruguay, España y Brasil es muy significativo. No solo recupera la relación con España, indebidamente maltratada, sino que establece el eje de acciones para el futuro: la multilateralidad.

No es la primera vez, ni será la última que México enfrente una intervención abusiva e indebida de un país contra otro. Una más de EU. La tibieza mexicana frente a la agresión rusa en Ucrania cobra hoy sus efectos. Habría una mayor autoridad política y moral para condenar lo ocurrido en Caracas.

Pero el trazo del futuro es urgente. Construir alternativas que frenen, moderen o resistan la remodelación del mundo a partir de las acciones de fuerza por encima de las leyes y la convivencia internacionales.

Ya no se trata de la negociación del día a día. Se trata de la estrategia multilateral, bilateral y diversa. Construir redes que disminuyan daños y prevengan catástrofes. Sigue Cuba y México debe tomar nota, para mediar y atemperar. Es tiempo de defensa de la legalidad, la democracia y los derechos humanos.

robertozamarripa2017@gmail.com

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No es el fin/Manuel J. Jáuregui 

REFORMA, 05 enero 2026

Tristemente iniciamos el Nuevo Año con malos augurios, tanto internos como externos. Claro, en lo personal les deseamos el mejor de los años, colectivamente, estimados lectores; sin embargo, y porque vivimos en un régimen cuatrotero, socialista y prodictaduras, mucho tememos que nos espera -como País- un 2026 muy aciago. Gran parte de nuestros problemas (y al ratitico hablamos de Venezuela) es que nos gobierna gente inepta: tenemos trenes que se descarrilan y matan gente, ya sea por mala conducción o por mala construcción. Nos plaga también un crecimiento económico NULO, debido a la incertidumbre jurídica, la violencia y la falta de confianza. Y por si esto fuese poco, nos colocamos del lado equivocado de la historia, con una diplomacia que defiende a los tiranos y desestima el sufrimiento de los pueblos subyugados.

MÁS DE Manuel J. Jáuregui

Regalazo23.12.2025

Gotham22.12.2025

Redentor(a)19.12.2025

Santa Drones18.12.2025

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Descontón15.12.2025

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Pierde-pierde11.12.2025

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Trump / Monroe08.12.2025

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Mala idea04.12.2025

¡Fállenle!03.12.2025

Que se asome02.12.2025

La que dicta01.12.2025

A la baja28.11.2025


Nos atravesamos, con falta de tacto entre las patas de los caballos, abiertamente desafiando a nuestro vecino al norte del Bravo, quien repite que los cárteles -y no Claudia Sheinbaum- gobiernan México. Esto, justo horas después de haber capturado al narcotirano venezolano, Nicolás Maduro, en una operación militar que dejó en ridículo a las "Fuerzas Armadas" venezolanas, las que ni pudieron impedirlo ni figuraron en la acción, pues en 30 minutos entraron los Chinook, los Delta Force agarraron al ex chofer de camión y amanuense de Chávez, y se lo llevaron con toda facilidad.


Cuando Rusia invadió a Ucrania nuestra diplomacia no dijo ni pío, ¡es más, recibieron con honores al Embajador ruso en el Senado! Pero ahora que se trata de tumbar a un narcotirano déspota nos rasgamos las vestiduras denunciando "una invasión". Venezuela está invadida desde hace 25 años: por los CUBANOS (se estima que hay más de 30 mil cubanos en Venezuela, como asesores, espías y guardaespaldas de Maduro), los IRANÍES (que le proveyeron drones) y los RUSOS, que le venden armamento (aviones de combate Sukhoi) y hacen negocio con el petróleo, por ejemplo, suministrándolo a Cuba.


El arresto de Maduro, debemos ser claros, no es el fin del desmadre, sino el INICIO del mismo. Así de pulcra como fue la faceta de la operación militar que capturó a Maduro, así de inepta era la "opción" original propuesta por el Presidente Trump de que, hasta que se realice una transición justa, "NOSOTROS GOBERNAREMOS VENEZUELA"... ¡error! Para empezar, Estados Unidos no tiene forma de "gobernar" legítimamente, pues no está en Venezuela: lanzó ahí una operación, pero no permaneció. Esa opción, aparentemente, quedó descartada ayer por el Secretario de Estado, Marco Rubio. Y, en segundo lugar, si acaso hay alguien a quien se le pueda llamar -con cierto asomo de verdad- "Presidente" de Venezuela, éste sería Edmundo González, quien se encuentra en España.

¿Y qué con los militares venezolanos afines a Chávez/Maduro? Ellos no están desarmados y tienen un jefe: el Secretario de Defensa, ¿y éste a quién es leal? ¿A Delcy Rodríguez, hoy Presidenta encargada de Venezuela? ¿Y ella de quién tomaría órdenes? ¿Acaso de Marco Rubio?


Y ni siquiera hemos abordado el tema de la economía de Venezuela, destrozada por un cuarto de siglo de errores garrafales e ineptitud por parte de los socialistas que la han gobernado, ídolos de nuestros cuatroteros. Estiman expertos que tan sólo restaurar la industria petrolera venezolana requerirá unos DOSCIENTOS MIL MILLONES de dólares de inversión, y regenerar la destrozada capacidad de abastecer de alimentos al pueblo venezolano, otro tanto. (El 80 por ciento del total de los alimentos llegó a ser importado). Por esto es que el desmadre apenas inicia: sí, se libró el pueblo de un dictador; Venezuela es ya LIBRE, pero la "realpolitik" indica que el camino de su recuperación es complicado. Pues -como nos pasa hoy en México- en lugar de imprimirle prioridad al buen Gobierno se le dio primacía a la ideología y acumulación de poder.


Sacar a Maduro, juzgarlo, encontrarlo culpable y condenarlo a mil años de cárcel es lo fácil; hacer que Venezuela recupere su DEMOCRACIA, instituciones, prosperidad, su paz y su armonía es lo endemoniadamente complicado... ¡Y Estados Unidos se ha echado a cuestas, solito, este pesado paquete!


 

 

 



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Maduro y Trump

JAQUE MATE / Sergio Sarmiento EN REFORMA

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05 enero 2026

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"Venga por mí. Aquí los espero

Licenciado en filosofía por la Universidad York de Toronto. Director editorial de Encyclopaedia Britannica en Latinoamérica y España de 1978 a 1994. Dirigió la Enciclopedia Hispánica. Colabora con El Norte desde 1989 y Reforma desde 1994. Fue vicepresidente de noticias de TV Azteca. Conduce La Entrevista con Sarmiento y otros programas de radio y televisión. Caballero de la orden de las letras y las artes de Francia.

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en Miraflores. No se tarde

en llegar. Cobarde".


Nicolás Maduro

 

 

La incursión de Estados Unidos a Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, violó el derecho internacional. La Carta de las Naciones Unidas, como apuntó la presidenta Sheinbaum el sábado, establece que los miembros de la organización "se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado". Es tan inaceptable la incursión estadounidense en Venezuela como la invasión rusa de Ucrania.

La ley estadounidense permite la realización de operaciones militares en el extranjero para proteger vidas estadounidenses o para detener a prófugos de la justicia, pero no para ocupar o manejar un territorio. Sin embargo, el presidente Trump ha declarado: "Vamos a administrar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa". Una ocupación debe ser aprobada por el Congreso. Tampoco permite la ley el uso de las fuerzas armadas para tomar control del petróleo de otro país. Si hay indemnizaciones que el gobierno de Venezuela deba pagar por las expropiaciones de 2007 o de 1976, deben definirse en tribunales y solo en caso de rechazo podrán cobrarse de otra manera.


Por otra parte, Maduro era un dictador sangriento, peor que el chileno Augusto Pinochet, tan odiado por la izquierda, pero que aceptó el regreso a la democracia. Michelle Bachelet, la expresidenta socialista de Chile, denunció en 2022, como alta comisionada para los derechos humanos de la ONU, al régimen de Maduro: "Documentamos numerosas violaciones y abusos de derechos humanos perpetrados por las fuerzas de seguridad y colectivos armados, incluyendo el uso excesivo de la fuerza, asesinatos, detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos en condiciones de detención".


Maduro y Hugo Chávez arruinaron la economía venezolana, antes una de las más prósperas de Latinoamérica, mientras que ellos y la élite del "Socialismo del Siglo XXI" se enriquecían. El salario mínimo, esa medida que tanto le gusta a la 4T, era en Venezuela a fines de 1998, antes del gobierno de Chávez, de 100 mil bolívares mensuales, 176 dólares. En enero de este 2025 es de 130 bolívares (después de quitar muchas veces muchos ceros) que equivalen a 44 centavos de dólar, 7.92 pesos mexicanos al mes (Bloomberg en Línea). Ocho millones de venezolanos, de una población de 28.5 millones, tuvieron que emigrar ante la pauperización del país y la persecución política.


Maduro se robó cínicamente la elección presidencial del 28 de julio de 2024. Las autoridades electorales nunca presentaron las actas que habrían validado el resultado, pero la oposición recuperó más del 80 por ciento y las ha publicado en internet para escrutinio público. Se ha comprobado que son actas legítimas y que dan el triunfo a Edmundo González Urrutia por 67 por ciento de los votos contra 30 por ciento de Maduro.


Preocupa que, en lugar de impulsar la entrega del gobierno de Venezuela al presidente electo, González Urrutia, la Casa Blanca haya reconocido virtualmente a Maduro como presidente de Venezuela, cosa que negó el secretario de Estado Marco Rubio, y haya anunciado que colaborará con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro, lo cual habría sido equivalente a dejarle el gobierno de Alemania a Joseph Goebbels tras la derrota de Hitler en 1945.


La Fiscalía General de Estados Unidos ha presentado acusaciones por narcotráfico contra Maduro y su esposa en una corte de Nueva York. Habrá que ver las pruebas, pero los especialistas coinciden en que Venezuela es un país poco importante en el narcotráfico. México sí lo es. Por eso inquieta la declaración de Trump: "Algo habrá que hacer con México".


 

· MATANZA

 

Y la matanza en México continúa. Ayer fue encontrado sin vida el cuerpo del empresario tequilero Adrián Corona, secuestrado el 27 de diciembre. La violencia es nuestra mayor crisis.


 

www.sergiosarmiento.com

 

 



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Petroimperio

Denise Dresser EN REFORMA

4 MIN 00 SEG

05 enero 2026

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Lo ocurrido en Venezuela no es una operación quirúrgica para rescatar la democracia. Es un regreso sin ambages al imperialismo petrolero que América Latina conoce demasiado bien. Donald Trump no actuó movido por la libertad, la justicia ni el sufrimiento de los venezolanos. Actuó por petróleo y por poder. Desde la Casa Blanca no se ha tenido pudor alguno. Trump declaró que Estados Unidos controlará Venezuela durante un periodo indefinido y que recuperará sus intereses petroleros. No habló de acompañar una transición democrática, sino de administrar un botín.

Denise Dresser es politóloga, escritora, columnista y activista. Coordinó el libro "Gritos y Susurros: Experiencias Intempestivas de Mujeres". Ganó el Premio Nacional de Periodismo en 2010. Su último libro es "El País de Uno. Reflexiones para entender y cambiar a México".

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Venezuela posee 303 mil millones de barriles de petróleo, alrededor de 17% de las reservas probadas del mundo, más que Arabia Saudita. A precios actuales -alrededor de 57 dólares por barril- ese petróleo vale 17.3 billones de dólares. Incluso vendiéndolo a la mitad de su valor, seguiría siendo una riqueza cercana a 8.7 billones: más que el PIB de cualquier país del mundo, salvo Estados Unidos y China. El secuestro de Maduro es saqueo con discurso geopolítico.


Trump jamás ha ocultado su obsesión. Desde hace años repite: "take the oil". Las acusaciones de narcotráfico, las violaciones a derechos humanos o la migración sirven como pretextos. Instrumentos retóricos. Lo central es el petróleo y la posibilidad de imponer un gobierno más maleable a los intereses estadounidenses, a los de Trump, su familia, sus aliados y el capitalismo de cuates que lo rodea.


Por eso conviene no engañarse. La captura de Nicolás Maduro no garantiza una transición democrática. El problema venezolano nunca fue solo el hombre en la cima, sino la arquitectura del poder construida por el chavismo y perfeccionada bajo Maduro: una cleptocracia armada, sostenida por redes de corrupción, lealtades compradas y fragmentación deliberada del Estado. Cambiar al dictador no desmantela el sistema, y menos cuando quien impulsa el cambio es otro autócrata.

Por eso Trump descarta sin titubeos a María Corina Machado, y a la oposición política venezolana. Trump nunca confió en una líder con legitimidad democrática propia. Prefiere a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, pieza central del chavismo, a quien funcionarios estadounidenses describen como "profesional" y "confiable". Confiable, es decir, negociable.


Aquí encaja con precisión lo que describe Anne Applebaum en Autocracy, Inc.: las autocracias contemporáneas no sobreviven aisladas, sino a través de redes transnacionales de intereses, protección mutua y negocios sucios. Trump no busca desmontar ese sistema; busca insertarse en él. Sustituir una cleptocracia hostil por otra subordinada. Cambiar a Maduro por alguien dispuesto a garantizar concesiones petroleras y un protectorado económico de facto.


No está claro que Rodríguez acepte ese pacto. Sí es evidente que alguien dentro del Ejército traicionó a Maduro y vendió su ubicación. Y también es obvio que a Washington le incomoda menos el autoritarismo que la insubordinación. Nada de esto exonera al chavismo. Hugo Chávez y Maduro devastaron el país, encarcelaron opositores, reprimieron protestas y empujaron a millones al exilio. La crítica es necesaria. Pero condenar la dictadura no obliga a aplaudir la intervención. Se puede -y se debe- rechazar ambas.


La historia latinoamericana ofrece una advertencia conocida. Franklin D. Roosevelt justificó durante décadas el respaldo a Anastasio Somoza con una frase infame: "Será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Esa lógica vuelve hoy. Maduro estorbaba. Rodríguez podría servir. El criterio no es la democracia, sino la conveniencia. Y ése es el mensaje que Trump está enviando a los otros líderes de la región: o me sirves o te amenazo con buques militares, bombardeos, y secuestros por las fuerzas Delta. La nueva "Doctrina Donroe".


¿Y los venezolanos? Ellos quieren algo radicalmente distinto: vivir sin miedo, reconstruir instituciones, decidir su futuro sin mafias internas ni tutelas externas. La intervención estadounidense no apunta ahí. Apunta a controlar la mayor reserva petrolera del planeta y a exhibir poder estadounidense a la mala.


Quitar a Maduro puede ser útil para Trump. Pero no es una victoria democrática. Es el nacimiento de un petroprotectorado. Y cuando la soberanía se cambia por barriles, la historia demuestra que la factura siempre la paga la población. Venezuela no está saliendo del infierno: está entrando a otro, con bandera distinta.


 





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