Entre el realismo político y la supervivencia
Lo que estamos viendo en Venezuela no es diplomacia, es una rendición disfrazada de retórica soberanista. Delcy Rodríguez, hasta ayer el brazo derecho y la sombra de Nicolás Maduro, ha pasado del grito de guerra al susurro conciliador en menos de 24 horas. ¿La razón? El peso de la realidad —y de las tropas estadounidenses— en Caracas.
El pragmatismo del miedo
Resulta fascinante, observar cómo Rodríguez ahora apela a la "convivencia comunitaria" y al "derecho internacional" después de haber denunciado el sábado lo que llamó un secuestro de su otrora jefe: Nicolás Maduro, peor decidió dejarlo solo en la prisión de Nueva York.
Pero no nos engañemos: el tono suave no nace de la convicción, sino de la amenaza directa de Trump. Cuando el inquilino de la Casa Blanca te advierte que "te puede ir peor que a Maduro", el vocabulario revolucionario se archiva y aparece la palabra "cooperación".
El botín de guerra: El crudo
La verdadera trama de este drama no está en las declaraciones de paz de Rodríguez, sino en las frases de Trump a bordo del Air Force One. Al pedir "acceso total" al petróleo, Washington está pasando la factura de la operación militar. La promesa de miles de millones de dólares para reconstruir la infraestructura no es filantropía; es la toma de control de la joya de la corona por parte de las petroleras estadounidenses.
¿Qué futuro le espera a Delcy?
Por un lado, Trump dice que ella "trabajará con ellos"; por el otro, el exilio venezolano clama por su cabeza y su arresto. Rodríguez intenta navegar en una contradicción imposible: ser la heredera del chavismo capturado y, al mismo tiempo, la operadora local de una intervención extranjera que busca desmantelar todo lo que Maduro representaba.
Estamos ante un cambio de guardia donde el discurso de "paz" de Rodríguez es simplemente el aceite necesario para que la maquinaria petrolera de EU vuelva a girar. El destino de Venezuela ya no se decide en Miraflores, sino en los términos que dicte Washington bajo la sombra del petróleo.
Todo cambia.
El Secretario de Estado Marco Rubio, aclaró la postura de la administración Trump, matizando declaraciones previas sobre "gobernar" el país sudamericano.
Dijo de entrada que no habrá intervención directa, Reconocimiento condicionado: Están dispuestos a trabajar con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y el liderazgo actual, siempre y cuando tomen "las decisiones adecuadas".
El mecanismo principal de presión será un bloqueo militar a las exportaciones de crudo. Los buques sancionados no podrán entrar ni salir hasta que se abra la industria a la inversión extranjera (priorizando empresas estadounidenses).
Rubio definió tres metas fundamentales para normalizar la relación:
i) Seguridad: Detener el narcotráfico y el flujo de pandillas hacia territorio estadounidense.
ii) Reformar la industria petrolera para que beneficie al pueblo y no a "piratas o adversarios".
Rubio señaló que, a diferencia de Maduro (quien incumplió acuerdos), ahora buscan interlocutores con quienes sí se pueda negociar.
Aunque Rubio calificó el despliegue de tropas como una "obsesión de la prensa" y aclaró que Venezuela no es Irak o Afganistán, confirmó que Trump no descarta públicamente ninguna opción.
Es claro la misión de EU se centra en utilizar el petróleo como "palanca de presión" para forzar cambios políticos y económicos que favorezcan los intereses nacionales de Washington.. ¿Y la democracia?
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