Mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en el Día del Ejército Mexicano. Oriental, Puebla
19 febrero, 2026
General Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional.
Almirante Pedro Raymundo Morales Ángeles, secretario de Marina.
General Francisco Leana jeda, comandante del Ejército Mexicano.
Doctor Alejandro Armenta Mier, gobernador constitucional del estado de Puebla.
Mexicanas y mexicanos.
Integrantes de las Fuerzas Armadas, familias que con orgullo acompañan la vocación de servicio de sus hijas y sus hijos:
Hoy conmemoramos el Día del Ejército Mexicano, con ello, no evocamos únicamente una institución, evocamos un momento decisivo en el que la nación fue puesta a prueba y el pueblo respondió con firmeza. Recordamos el instante en que la soberanía estuvo en riesgo, en que la voluntad popular fue traicionada, y en que mujeres y hombres de México decidieron organizarse para defender la democracia y la soberanía.
En febrero de 1913, el presidente constitucional Francisco I. Madero, surgido de una elección democrática después de una rebelión popular contra el dictador Porfirio Díaz, enfrentó una conspiración que combinó ambiciones internas y presiones externas. Durante trece días, la capital de la República fue escenario de enfrentamientos armados y maniobras políticas que culminaron con un artero y vil golpe de Estado contra el presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez.
Ese periodo, al que la historia llama la Decena Trágica, representó uno de los momentos más dolorosos de nuestra historia moderna.
Victoriano Huerta, encargado de defender al gobierno legítimo, traicionó su juramento y pactó con los viejos intereses porfiristas y con intereses extranjeros. Esa conjura tuvo la deplorable injerencia del entonces embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, quien intervino activamente en negociaciones que desembocaron en el llamado Pacto de la Embajada. Aquella intervención, vulneró nuestra soberanía en un momento crítico y facilitó la imposición de un régimen nacido de la traición.
Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron obligados a renunciar y posteriormente asesinados. La voluntad popular fue violentada. La soberanía nacional fue puesta en entredicho. La República parecía fracturarse.
Pero México no aceptó la traición como destino. En medio de la oscuridad, la dignidad prevaleció como ha prevalecido a lo largo de la historia de nuestra patria. Mención especial merece la figura de Sara Pérez Romero, esposa de Madero, quien simboliza esa entereza moral; acompañó a su esposo hasta el final, defendió la legitimidad democrática y sostuvo la causa republicana en circunstancias extremas. Su valor demuestra que la defensa de la patria no pertenece sólo a los campos de batalla, también se libra en la firmeza ética.
El entonces gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, desconoció al régimen usurpador y proclamó el Plan de Guadalupe. Convocó al pueblo a restaurar el orden constitucional frente al golpe de Estado. Esa proclama ocurrió un 19 de febrero de 1913 y de ese llamado surgió el Ejército Constitucionalista, antecedente directo del Ejército Mexicano.
Ese es nuestro origen histórico: la defensa de la autodeterminación frente a la traición; la defensa de la soberanía frente a la injerencia; la defensa de la voluntad popular frente a la imposición.
Así, el Ejército Mexicano nació del pueblo; no fue concebido para proteger privilegios, sino para garantizar que el poder residiera en el pueblo. En sus filas se integraron campesinos que reclamaban tierra, obreros que exigían derechos laborales, ferrocarrileros, jóvenes decididos a construir una nación más justa. Fue y es pueblo uniformado, organizado para preservar la República.
En la revolución participaron también liderazgos sociales y políticos como Francisco Villa y Emiliano Zapata, dirigentes, generales que viven en el corazón del pueblo como luchadores por la justicia.
De ese crisol histórico emergió la Constitución de 1917, que consagró derechos sociales de vanguardia y reafirmó la soberanía nacional como principio irrenunciable.
A lo largo del siglo XX y hasta nuestros días, el Ejército Mexicano ha mantenido su lealtad al poder civil. En algunos momentos, quien fungiera como comandante supremo ordenó actuar contra el pueblo, sin embargo, afortunadamente esos tiempos quedaron en el pasado. Así el Ejército Mexicano es la consecuencia de un origen profundamente ligado a la voluntad popular.
Hoy que vivimos en un mundo complejo, donde las presiones externas, intereses geopolíticos y los desafíos globales pueden poner a prueba la soberanía de las naciones, en ese contexto, nuestras Fuerzas Armadas son garantía de que México decidirá su destino con independencia. La soberanía no es una consigna abstracta, es la capacidad real de nuestro pueblo para gobernarse sin imposiciones.
El Ejército Mexicano, así, no sólo defiende fronteras, también apoya la seguridad pública y construye futuro. Sus ingenieros militares han participado en la edificación de hospitales que amplían el acceso a la salud, en la construcción y modernización de aeropuertos que conectan regiones estratégicas, en proyectos ferroviarios que integran territorios históricamente marginados. Cada obra es una manifestación concreta de servicio público. Cada infraestructura levantada es una expresión de la soberanía en acción.
Cuando la naturaleza pone en riesgo comunidades enteras, el Plan DN-III-E demuestra la vocación solidaria de nuestras Fuerzas Armadas. Soldados y soldadas rescatan, distribuyen, reconstruyen. No preguntan de dónde proviene quien necesita ayuda; actúan porque su compromiso es el deber cumplido y la generosidad los trasciende.
Como primera mujer presidenta, es imprescindible reconocer el lugar que ocupan las mujeres en el Ejército Mexicano, en la Fuerzas Armadas. Desde las soldaderas de la Revolución hasta las oficiales de alto rango en la actualidad, la presencia femenina ha sido decisiva. Hoy las mujeres son médicas militares que salvan vidas en zonas de desastre, ingenieras que diseñan infraestructura estratégica, pilotos que surcan los cielos, especialistas en inteligencia y logística, comandantas que lideran unidades con profesionalismo y firmeza.
Su participación no es anecdótica, ya es una realidad. Representa una transformación profunda de nuestras Fuerzas Armadas y de nuestra sociedad. Cada hombre que porta el uniforme, honra a quienes, hace más de un siglo, caminaron junto a los ejércitos revolucionarios sosteniendo la causa de la justicia. Y cada niña que las observa sabe que el servicio a la patria también le pertenece a ellos.
Las mujeres en el Ejército Mexicano no sólo cumplen con su deber: lo elevan. Su disciplina, su preparación técnica y su liderazgo han demostrado que el servicio militar exige carácter, inteligencia, templanza, compromiso, cualidades que las mujeres también ejercemos. Mi admiración para ustedes.
A todos los que forman parte de nuestras Fuerzas Armadas:
El uniforme que portan representa horas de entrenamiento riguroso, evaluaciones constantes, disciplina estricta. Representa también ausencias en fechas familiares, responsabilidades compartidas, hijos e hijas que aprenden desde temprano el significado del deber.
Recordemos siempre, que la voluntad popular y el servicio al pueblo son lo que nos define como nación. No olvidemos nunca que esa voluntad fue traicionada en 1913 y fue defendida por el pueblo organizado. Hoy sigue siendo el fundamento de nuestra vida democrática. El Ejército Mexicano, heredero de ese momento trascendental, tiene como misión servir a esa voluntad y protegerla.
Por eso, hoy es necesario reconocer el patriotismo de nuestras Fuerzas Armadas. Un patriotismo que no se expresa en discursos vacíos, sino en la disciplina cotidiana, en la lealtad institucional, en la entrega silenciosa. Aman a su pueblo porque de él provienen. Aman a su patria porque en ella tienen raíces su familia y su historia.
Mi reconocimiento al general secretario de la Defensa Nacional y al almirante secretario de Marina, servidores públicos honestos, patriotas y leales a la República. Bajo su conducción, nuestras instituciones militares actúan con profesionalismo, institucionalidad y compromiso democrático, fortaleciendo la confianza del pueblo.
A cada soldado, hombres y mujeres, a cada integrante de nuestras Fuerzas Armadas: el pueblo de México les reconoce su entrega. Reconoce su valor y lealtad. Y reconoce que su servicio es, en los hechos, una expresión de amor.
Amor a la familia que espera su regreso. Amor al prójimo que es protegido en momentos de emergencia. Amor a la naturaleza que es resguardada cuando se combate un incendio o se protege una región afectada. Pero, sobre todo, amor a la patria que se defiende con dignidad y soberanía.
Ese amor es la fuerza más profunda de México. Es lo que nos permitió superar la traición de 1913. Es lo que nos permitió consolidar nuestra Constitución. Es lo que hoy nos permite avanzar con independencia, soberanía y justicia.
Contamos con el respaldo del pueblo de México, este es nuestro país, esta es nuestra patria y estas son nuestras grandes Fuerzas Armadas.
Nos sostiene la honestidad y el amor al pueblo. No hacen mella, nada ni nadie, porque el pueblo está consciente y sabe que no vamos a ceder ante ninguna injusticia.
México es hoy más fuerte porque hay un pueblo que participa, que vigila y que defiende, junto con su gobierno, la independencia y la justicia como principios fundamentales de esta etapa histórica que estamos viviendo.
Muchas felicidades a todas y todos los que conforman el Ejército Mexicano, muchas felicidades a todas y todos los que conforman nuestras Fuerzas Armadas, son un ejemplo y lo digo con admiración y respeto:
¡Que viva el Ejército Mexicano!
¡Que vivan las Fuerzas Armadas
¡Que viva el pueblo de México!
¡Que viva México!
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