10 de feb. de 2010

Marcha de la Lealtad

El Presidente Felipe Calderón Hinojosa encabezó esta mañana el 97 Aniversario de la Marcha de la Lealtad, en el Castillo de Chapultepec.
Acompañado de integrantes de su Gabinete, así como de representantes de los Poderes Legislativo y Judicial, el presidenete Calderón pasó Lista de Honor a los héroes de las batallas de 1874 y 1914.
En el evento, el Secretario de la Defensa Nacional, General Guillermo Galván Galván, reiteró la lealtad de las Fuerzas Armadas al Presidente de la República.
Alejado del discurso tradicional -algo inusual-, el general secretario llamó a las fuerzas políticas a respaldar la propuesta del Presidente. Argumentó que las iniciativas de reformas integrales buscan propiciar “ese bienestar colectivo que todos exigen, pero que no todos procuran”.
Como único orador del acto, sostuvo que el gobierno ha sido enfático en plantear la urgencia de los cambios que el país demanda y que, para realizarlos, se requiere “de todos sin excepción”.
Pidió anteponer el apego nacional a las particularidades del poder político.
Niega General Galván pleito con la Marina. "Pierden el tiempo aquellos que pretenden dividir a los soldados de aire, mar y tierra. Jamás habrá discordancia entre quienes tenemos la misma cuna, la misma forja y un mismo horizonte: México.
"Bajo las órdenes de nuestro Comandante Supremo, marinos y soldados nos mantenemos unidos, atentos y disciplinados, con el compromiso y la responsabilidad que implica servir a la Nación", dijo el mando militar en el marco de la conmemoración del 97 aniversario de la Marcha de la Lealtad, celebrado en el Castillo de Chapultepec.
Tras la ceremonia, el Primer Mandatario saludó de mano a diversos Generales, comandantes y jefes operativos.
Al Presidente  Calderón le acompañaron en el pase de revista el General Galván; el Secretario de Marina, Almirante Francisco Saynez, además los Presidentes del Senado y la Cámara de Diputados, Carlos Navarrete y Francisco Ramírez Acuña, así como el Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, Presidente de la Corte.
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-MODERADOR: Nuestro Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas pasará Lista de Honor a los Héroes de 1847 y 1914.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Del Heroico Colegio Militar: Teniente Juan de la Barrera.
-VOCES A CORO: Murió por la Patria.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Cadete Juan Escutia.
-VOCES A CORO: Murió por la Patria.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Cadete Agustín Melgar.
-VOCES A CORO: Murió por la Patria.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Cadete Vicente Suárez.
-VOCES A CORO: Murió por la Patria.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Cadete Fernando Montes de Oca.
-VOCES A CORO: Murió por la Patria.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Cadete Francisco Márquez.
-VOCES A CORO: Murió por la Patria.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: De la Heroica Escuela Naval Militar: Teniente José Azueta.
-VOCES A CORO: Murió por la Patria.
-PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA: Cadete Virgilio Uribe.
-VOCES A CORO: Murió por la Patria.
-MODERADORA: El ciudadano General Guillermo Galván Galván, Secretario de la Defensa Nacional, hará uso de la palabra.
-SECRETARIO GUILLERMO GALVÁN GALVÁN: Maestro Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.
Diputado Francisco Ramírez Acuña, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados.
Senador Carlos Navarrete Ruiz, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores.
Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Almirante Mariano Francisco Saynez Mendoza, Secretario de Marina.
Distinguidos miembros del presídium.
Damas y caballeros.
Compañeros de armas:
La historia es una veta que nos alecciona y orienta. Conocerla en las escuelas y en los hogares, evocarla en las oficinas, fábricas o en la campiña, es buen alimento para la identidad nacional e inmejorable sendero para profundizar en la comprensión de quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos.
Hemos nacido en territorio donde los valores son signos nutricios de la personalidad individual y colectiva. Los símbolos patrios, códices que resumen nuestra estirpe y espíritu, así lo representan.
Esta mañana evocamos con singular interés un episodio que puso a prueba un ideal del país.
Hace 97 años, Francisco I. Madero, el Apóstol de la Democracia y ejemplo de verticalidad, enfrentó con férrea actitud a las aviesas intentonas de quienes se oponían a su convicción política.
El rumor, la intriga y la crítica destructiva crearon un ambiente de descomposición social que culminó en amargos desenlaces. Las fuerzas que obstruían el cambio hacia la democracia, conspiraban para atentar contra la voluntad popular.
La sublevación antimaderista fue una clara ofensa a las instituciones, que exaltó el amor patrio. Momento en que la lealtad se hizo presente en la noble y valerosa reacción de los cadetes del Colegio Militar, que supieron cumplir con su deber escoltando al Presidente de la República a Palacio Nacional.
Hablo de las virtudes que conforman la mexicanidad de ayer, de hoy y de siempre.
Al reflexionar en torno a la lealtad, resulta difícil encontrar un rango más alto en la escala axiológica universal de todas las épocas. Quien es leal, posee el mejor acervo moral.
Los soldados la conocemos a profundidad, la honramos con esmero e integridad y la practicamos en el cotidiano quehacer castrense.
La mujer y el hombre, la sociedad en conjunto y sus instituciones, crecen con los permanentes actos de lealtad que realizan día a día.
Su antónimo, la deslealtad, carcome cimientos, disuelve principios y mancilla convicciones. Nada más profano que las traiciones, y el país ha sabido de ellas.
Este año, por razones y motivos conmemorativos, nos ubicamos en un periodo excepcional que nos invita a revisitar acontecimientos.
Vivimos las centurias independentistas y el siglo revolucionario, cronología inédita que nos debe motivar al repaso de los hechos como una obligación cívica, no para hacer tabla rasa del pretérito, sino para realizar un permanente ejercicio de conciencia.
Nuestra población, que enaltece sus luchas por la libertad, igualdad y democracia, principales baluartes de su sentido de pertenencia. Esta práctica nos permite ponderar fielmente los actuales desafíos para confirmar o rectificar rumbos y decisiones.
Desde nuestro ámbito miliciano, estimamos que las prioridades del México contemporáneo pueden quedar enmarcadas en dos grandes objetivos: la cohesión social y el acuerdo político. Ambos en aras del interés nacional.
La cohesión de la sociedad es un factor indispensable e insustituible para concretar el proyecto del país. Transformada en apoyo hace viable toda estrategia comprometida con el desarrollo, seguridad y bienestar de la población. Su materia prima es la proverbial solidaridad, que desde siempre prodigamos y se nos reconoce.
El acuerdo político es actitud propositiva y virtuosa que conduce al consenso por la vía del respeto, la prudencia y la buena intención para escuchar y comprender las razones de los demás. Es expresión de madurez y fino diálogo, que permite capitalizar las coyunturas que se nos presentan.
El Gobierno de la República ha sido enfático al plantear la urgencia por alcanzar los cambios que demanda el país. Para ello, es necesaria la savia tonificante de todos; de todos, sin excepción. Se requieren ideas creativas, renovadoras y dinámicas que sincronicen a la Nación con la modernidad.
También es imprescindible fortificar la institucionalidad en todos los ámbitos de poder y órdenes de Gobierno, para hacer propicio el orden y asegurar una visión de futuro válida y factible; para capitalizar la grandeza de la República, de su gente, de sus recursos e historia.
Para generar una mayor calidad de gestión y garantizar un sistema político que dé cauce a la resolución de conflictos; y para fortalecer los vínculos entre gobernados y autoridades, que puedan estimular respuestas ágiles en ambos sentidos. Tensar el tejido social, lastima y obstruye el avance.
Es ésta una oportunidad inmejorable para tomar decisiones, cambiar lo obsoleto y anquilosado, e impulsar lo vigente o innovador. Sólo mediante reformas integrales estaremos en condiciones de consolidar ese bienestar colectivo que todos exigen, pero que no todos procuran.
Esa es la propuesta. Esa es la convocatoria presidencial. No es utopía, se trata de voluntad, de responsabilidad cívica y compromiso histórico.
Entendemos que el poder político es complejo y acumula variados intereses, propios de su naturaleza, normas y fines.
No obstante, en todo momento y circunstancia, es necesario anteponer el apego nacionalista.
Somos gente generosa y afín al progreso. Tenemos genio inventivo y nivel intelectual para afrontar y superar, razonadamente, los retos que el destino nos depare.
Somos una sociedad pujante y valerosa, que no se arredra ante ningún obstáculo. Por eso, México sigue y está presente a pesar de sus detractores.
Es menester, entonces, tener siempre presente que la coexistencia pacífica es un bien inestimable. Mal haríamos en ver nubarrones en el porvenir o hacer cábalas con las coincidencias cronológicas, para emplearlas como matriz de nuevas reediciones violentas de la historia.
No hay duda. Nuestro objetivo debe ser el desarrollo en un ambiente de fraternal armonía.
Con esa visión, las Fuerzas Armadas rinden hoy, como ayer, un tributo a la lealtad institucional. Es un homenaje a la virtud, que nos hermana, fortalece y da sentido a nuestra existencia.
Pierden el tiempo aquellos que pretenden dividir a los soldados de aire, mar y tierra. Jamás habrá discordancia entre quienes tenemos la misma cuna, la misma forja y un mismo horizonte: México.
Bajo las órdenes de nuestro Comandante Supremo, marinos y soldados nos mantenemos unidos, atentos y disciplinados, con el compromiso y la responsabilidad que implica servir a la Nación.
Contener en primera línea el daño que la criminalidad organizada causa en la sociedad, nos hace conscientes de los peligros que acechan y de los riesgos que se corren.
Continuaremos redoblando esfuerzos para combatir esos desafíos a la seguridad interior, dando todas las batallas, las que sean necesarias, contra viento y marea, sin la mínima confusión. Nos asiste la confianza social y la razón del Estado para responder a la exigencia de paz y tranquilidad de la población.
Señor Presidente:
La lealtad del Instituto Armado se ha labrado en la historia Patria. Es la más preciada divisa que portamos en el uniforme verde olivo, azul o blanco, pues ella apellida el nombre y da lustre a nuestro antecedente institucional.
Gracias a ella, permanece encendida la llama de la más alta encomienda: Cumplir con el deber con indubitable lealtad. Lealtad para vencer antagonismos, lealtad para enaltecer el orgullo de ser soldados y lealtad para resguardar las instituciones.
Como Presidente de la República y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, cuenta usted con ella.
Muchas gracias.

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