23 mar. 2017

Aburto... 23 años después

Aburto... 23 años después
Andro Aguilar
Reforma, Cd. de México (23 marzo 2017).- Mientras el PRI siga en la Presidencia de México, no se sabrá cómo ocurrió el homicidio de Luis Donaldo Colosio, enfatiza la periodista Laura Sánchez Ley, autora del libro Aburto, testimonios desde Almoloya, el infierno del hielo (Grijalbo).
"Nos siguen validando la misma versión, siguen utilizando el mismo método. Mientras exista un gobierno priista, no vamos ni siquiera a saber con certeza que Mario Aburto está vivo. ¿Qué nos demuestra que está vivo? Si en 23 años su familia no lo ha visto. Si su misma familia nos sigue diciendo que no habla con él".
Durante más de dos décadas, el caso Colosio fue conocido por cuatro fiscales especiales, 12 procuradores generales de la República, tres presidentes priistas y dos panistas. Pero sigue sin ser esclarecido.

Mientras tanto, en más de dos décadas de reclusión, Mario Aburto Martínez sólo recibió una visita, ocurrida durante sus primeros años en Almoloya. Hoy, recluido en Huimanguillo, Tabasco, no tiene ningún contacto con su familia y muy poco se sabe de este personaje dibujado por las autoridades como un asesino solitario que se atrevió a dispararle al que sería el próximo presidente de México.
Hace cuatro años, previo al 20 aniversario del asesinato de Colosio, la periodista Laura Sánchez (Tijuana, 1988) comenzó a investigar al presunto homicida que, según las versiones oficiales, tiene emociones turbulentas y reacciones impulsivas. Un borderline, le llamaron, capaz de disparar a dos centímetros de la cabeza del candidato que, unos días antes de su asesinato, denunció un "México con hambre y sed de justicia", que contrastaba con el México idílico del salinismo.
En 2013, la periodista conoció en San Diego a un académico que testificó en el proceso de petición de asilo de la familia de Mario Aburto a Estados Unidos.
"Estos son los argumentos que presentaron, por si quieres hacer algo", recuerda que le dijo al mostrarle una pila de papeles.
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Sánchez Ley conocía de manera superficial el caso Colosio. Pero, al revisar los documentos, se interesó en las causas que orillaron a la familia Aburto a solicitar la protección fuera del país.
"Presentan una serie de denuncias que explican cómo la señora María Luisa y sus dos hijas pequeñas sufrieron abuso en la PGR de Tijuana cuando detienen a Mario Aburto. Dan lujo de detalle de cómo los ministeriales les quitaron la ropa, les decían 'modelen, cabronas'. Cosas espantosas. Al hijo menor lo tuvieron tres días torturándolo. Están acreditadas las lesiones", dice la periodista.
La tijuanense relata que para obtener más datos ingresó solicitudes de información, habló con funcionarios de la Comisión Nacional de Seguridad y de la Secretaría de Gobernación, pero sólo obtuvo negativas. El expediente de alrededor de mil 600 declaraciones -que incluyen las de los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo- se encuentra reservado hasta el año 2035, según los argumentos de las autoridades, por si acaso algún otro fiscal decide reabrir la investigación.
Sánchez Ley buscó otras vías para conseguir la información. Tardó medio año en contactar a otro testigo clave en el caso que salió amenazado de México hace años.
"Tuve que darle la vuelta, empezar por otro lado y convencer a mucha gente, que tiene miedo aún, de que yo no trataba de desentrañar si Mario era culpable o inocente. Este libro no se trata de Luis Donaldo Colosio, no trata de aclarar si Mario Aburto lo asesinó o no. No trata de victimizarlo ni satanizarlo. Trata de contar quién era él, quién era esta familia", explica.
La historia la cuenta por medio de cartas y llamadas hechas desde la prisión, de expedientes judiciales y de entrevistas a esos personajes clave.
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La periodista habló con las personas que conocieron a Mario Aburto en contextos muy distintos a los del terreno judicial. Y emergió un hombre que le gustaba dibujar y escribir. Un tanto aniñado, con afición a las caricaturas, especialmente Tom y Jerry. Servicial con su familia y que demostraba su cariño con palmadas y abrazos.
"Pareciera que el Aburto de los fiscales es otro, muy distinto al que conocieron amigos, familiares, vecinos, empleadores", dice la autora.
La periodista tuvo acceso también a las cartas que intercambió Mario Aburto con su familia, en las que los pone al tanto de sus avances en el dibujo y la escritura, donde cita a Tales de Mileto, a Séneca y a Platón, pero también reitera su inocencia.
"Esos que me quieren de conejillos de Indias que se vayan al cuerno, bola de capos corruptos, sin escrúpulos, para dañar a alguien injustamente", escribía desde Almoloya.
En el libro se narra cómo, por un acuerdo con el padre de Mario Aburto, las llamadas del detenido desde el penal serían grabadas para tenerlas como respaldo.
Sánchez Ley recibió de Rubén Aburto una caja con una veintena de cintas en las que estaban grabadas las conversaciones telefónicas.
Los primeros años, las palabras del detenido buscaban defender su inocencia, con el paso del tiempo las conversaciones se enfocaron en satisfacer las dudas sobre qué cocinaba su madre o cómo estaban sus sobrinos. Con esos audios es posible saber que Aburto era un hombre que conocía las leyes, los artículos constitucionales, aconsejaba a su padre a no guardar rencor e invitaba a sus familiares a no perder la fe en Dios.
Los documentos incluidos en el libro evidencian que Aburto -con graves problemas de la vista- pinta y ha vendido sus cuadros hacia el exterior de la prisión. Su firma es sólo una M, para evitar el rechazo de sus posibles compradores.
En su libro, Laura Sánchez Ley incluyó gran parte de las cartas de Mario Aburto y las transcripciones de esas conversaciones telefónicas, que duraban en promedio 10 minutos.
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Laura Sánchez Ley tenía 6 años de edad cuando Luis Donaldo Colosio fue asesinado. Creció con la versión oficial que señala a Mario Aburto Martínez como un asesino solitario que buscó notoriedad al asesinar a a un personaje destacado.
Con su investigación de cuatro años, la periodista corroboró que la versión dada a conocer por las autoridades mexicanas está plagada de inconsistencias. Y ahora, 23 años después del magnicidio, la tijuanense busca que las nuevas generaciones conozcan otra parte del capítulo en la historia de la lucha por el poder en México.
"Cuando la nube se disipe un poco, cuando no tengamos medios machacando que él lo mato, que las nuevas generaciones conozcamos el otro lado de la moneda de Mario Aburto. No conocemos al Mario Aburto de manera personal. Los chicos no saben nada sobre el caso y esa es una ventaja para nosotros, porque podemos empezar a contarles las dos partes de la moneda, no sólo la parte oficialista", afirma.
A 23 años del asesinato de Colosio, la periodista señala que el caso recuerda las ineficiencias del sistema de justicia en México, que describe como una maquinaria para crear culpables.
"Yo no puedo responder si Salinas lo mandó a matar. Pero sí puedo decir que creo que es culpable de haber montado una investigación que -precisamente por la premura de hallar culpable a Mario Aburto- incurrió en gravísimos errores. Si bien pudo haber sido culpable, es tan ridícula la conclusión, tan ridículas las pruebas que aportan, que pareciera que todo fue un montaje. Nos hacen pensar eso", remata.

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