16 dic 2025

Kast no supone un regreso al pinochetismo

Kast no supone un regreso al pinochetismo/ Rogelio Núñez Castellano. es profesor del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá e investigador sénior asociado del Real Instituto Elcano.

El Mundo, Martes, 16/Dic/2025 

Dos son las principales incógnitas por despejar tras el triunfo de José Antonio Kast en las elecciones chilenas: ¿supone para Chile, como se ha afirmado, una victoria de la ultraderecha?, y ¿cuáles serán las características de su Gobierno?

A la primera pregunta cabe responder con un «no». Si con ultraderechista se hace referencia a un Kast que añora el regreso del pinochetismo o que descree de la democracia liberal. Es cierto que votó en el plebiscito de 1988 por la continuidad del dictador, que su hermano fue uno de los hombres del periodo abierto por el golpe del 73 y que no ha ocultado sus alabanzas hacia lo que considera aciertos del régimen militar. En Kast predomina no el pinochetismo, sino el espíritu portaliano (conservador más que ultraderechista). Portaliano hace referencia al pensamiento y acción de Diego Portales, hombre fuerte del Chile de los años 30 del siglo XIX, padre de las instituciones republicanas y del conservadurismo chileno.

Su discurso de la victoria estuvo alejado de los planteamientos iliberales y contrarios al pluralismo de la ultraderecha. Fue portaliano cuando recalcó la idea de «orden», tan cara para Portales, y también fue republicano: se calificó como presidente de todos los chilenos y anunció su renuncia a seguir como máximo dirigente de su partido. Además, en ese discurso, hizo referencia a ex presidentes de centroizquierda (Patricio Aylwin, Ricardo Lagos, Eduardo Frei y Michelle Bachelet) y al centroderechista Sebastián Piñera, a quien tanto criticó. Incluso reconoció a su rival (comunista) Jeannette Jara. También ha eludido la tentación populista de las ultraderechas nacionalistas de prometer soluciones inmediatas y fáciles. Kast tiene «claro» que «los resultados no se verán al día siguiente: esto requiere perseverancia, fortaleza y sabiduría».

Habrá sin duda que esperar a cómo se desarrolla su gestión, pero estas primeras sensaciones están muy lejos del cliché que se le ha impuesto. Uno de los principales analistas políticos chilenos, Ascanio Cavallo, lo define muy bien: «Kast es un conservador, un político que desea restaurar un país en los bordes de la pastoral (religión incluida), de valores tradicionales, con una fuerte valoración de la ley y el orden. No es un anarcocapitalista como Milei, ni un vengador como Orban, ni un purificador como Abascal».

Todo apunta a que Kast buscará conformar un Gobierno de amplia unidad de las derechas que abarcará desde los libertarios de Johannes Kaiser a los centristas de Evópoli y Demócratas. Quizá no conformando un Gabinete donde estén todos, pero sí tratando de que le otorguen apoyo en el legislativo. Kast parece más inclinado a reunir en torno a la presidencia a las diferentes y muy heterogéneas derechas con el fin de eludir, al menos a corto y medio plazo, los temas relativos a los valores, para centrarse en dar solución a los asuntos que más acaparan la atención de la población: la parálisis económica, el alto coste de la vida, la migración y la inseguridad.

Kast necesita al centroderecha, que representó Evelyn Matthei en primera vuelta, por dos razones: porque tiene equipos y cuadros con experiencia de los que él carece y porque requiere de sus votos en el legislativo. Kast asimismo necesita dentro del Gobierno o con un apoyo externo a Kaiser. No solo por los votos que le garanticen la gobernabilidad, sino porque tenerlo fuera sería abrir un escenario para que se conformara una doble oposición: la que le vendrá desde las izquierdas y la que le vendría de su ala más derechista, que encarnan los libertarios de Kaiser.

Esa unidad de las derechas, en sí misma, es compleja porque mientras que el ala más derechista, la de Kaiser, desea desenterrar los temas relacionados con los valores (por ejemplo, el aborto), los más centristas no aspiran a introducir cambios en la legislación. Además, dentro del partido de Kast, Republicanos, hay sectores que también desean, como hicieron en el Consejo Constitucional de 2022-23, reimpulsar esas cuestiones. Kast, en la actual coyuntura, que es diferente a la de 2021, parece más inclinado a eludirlas para centrarse en los problemas de gestión: inseguridad, migración, alza del coste de la vida y bajo crecimiento. En una entrevista con El Mercurio, dijo: «Nosotros tenemos una postura clara (sobre los valores), la ciudadanía la conoce, y no nos vamos a mover para hablar de temas que hoy día no son las urgencias sociales que la gente quiere que se solucionen». Por ello, en vez de hablar de asuntos como el aborto, el matrimonio igualitario o la adopción homoparental, a los que Kast y el Partido Republicano se han mostrado contrarios, se centrará en los que llama «problemas reales de las personas», entre los que identifica la seguridad y el crecimiento.

Un modelo probable de Kast es el de Giorgia Meloni por sus políticas económicas y el abandono de sus posturas más maximalistas. Meloni representa este trayecto que Kast busca seguir desde posiciones más escoradas a la derecha entre 2021 y 2024 a otras más moderadas en la actualidad. Cuando se le ha preguntado cuál es su modelo de dirigente mundial no ha citado a Bukele o Trump, sino a la primera ministra italiana.

Las dos obsesiones de Kast, que conectan con las de la población y explican la magnitud de su victoria, van a ser la reactivación de la economía y el combate a la inseguridad. En materia económica el programa para los primeros 90 días se divide en cuatro ejes: proyectos de ley, modificaciones administrativas para impulsar la inversión, generar certeza en materia laboral y políticas de austeridad fiscal. El reto del próximo Gobierno será llevar a cabo reformas estructurales para impulsar la expansión de un PIB en parálisis desde hace más de una década. Entre 2004 y 2013, Chile promedió un crecimiento cercano al 4,8% anual y avanzó con fuerza en convergencia hacia economías desarrolladas. En cambio, para la década 2014-2023, el crecimiento promedio rondaba el 1,9% anual y la expansión per cápita se volvía casi nula.

La consecuencia, en términos concretos, es una economía menos capaz de crear oportunidades: menos empleos netos por año y salarios reales que avanzan más lentamente. El nuevo Gobierno recibirá una economía con un crecimiento potencial muy bajo, en torno al 2%. Por otra parte, el país enfrenta una significativa estrechez fiscal y fuertes presiones de gasto.

En materia de seguridad, la apelación al orden hará que predominen propuestas punitivistas, algunas con sabor bukelista e incluso trumpiano por su deseo de expulsar (no se sabe cómo) a unos 300.000 inmigrantes, la mayoría venezolanos.

Desde una perspectiva regional, las elecciones chilenas y la victoria de Kast han ratificado las actuales tendencias político-electorales que predominan en América Latina. En primer lugar, ha existido, como en Honduras, un claro voto de castigo al oficialismo. La contundente victoria en segunda vuelta lo pone en evidencia. Chile es el mejor ejemplo de que en la región, más que de giros a la derecha o izquierda, hay que hablar de voto permanente de castigo: desde 2009 en el país siempre ha ganado la oposición.

Además, los partidos de centro, como en el resto de la región, han quedado fuera del juego electoral. El voto se ha inclinado por propuestas de derecha y de izquierda, y el centro no ha sido competitivos. En tercer lugar, este resultado refuerza a Donald Trump, que añade a un nuevo aliado.

Asimismo, la economía/coste de la vida y la inseguridad son los dos temas en torno a los cuales giran las campañas y que han decidido el voto de los chilenos. Y, finalmente, la alta politización y elevada fragmentación provocan que los presidentes electos no tengan mayoría en el legislativo. Les obligan a alcanzar pactos o a que sus presidencias queden bloqueadas en cuanto a la posibilidad de impulsar reformas estructurales.

Temas que han explican la victoria de Kast y que macarán también los procesos electorales latinoamericanos en 2026.


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