¿En la mesa o en el menú?
Entre el estruendo de los aviones militares y los discursos de Davos, México se debate en una mesa donde los cubiertos no son para todos. ¿Es el fin de la soberanía o el inicio de un milagro?
El 2026 ha comenzado con el estruendo de los cimientos del siglo XX derrumbándose. La captura de Nicolás Maduro en Venezuela, bajo la operación "Determinación Absoluta", no es solo un titular de prensa; es el epitafio de un orden mundial que intentó regirse por tratados y que hoy parece una reliquia arqueológica. Entramos, casi sin aviso, en una era de "incertidumbre radical" donde impera la ley del más fuerte. En este nuevo escenario, Donald Trump pretende dictar órdenes al mundo, pero el eco de Davos llegó días después como una necesaria ruptura.
Bajo el aire gélido de los Alpes suizos, el pasado 20 de enero, Mark Carney no fue a Davos a pronunciar diplomacia de cortesía; fue a practicarle una autopsia al orden global. Al invocar al "verdulero" de Havel —aquel que colgaba carteles de obediencia solo para que el régimen lo dejara vivir en paz—, Carney sentenció que esa ficción ha muerto. Hoy, las reglas del juego son piezas de museo: la economía y los aranceles son misiles, y la energía es el nuevo campo de batalla.
Solo hay dos posiciones posibles: o te sientas como comensal o terminas siendo el menú. No hay de otra. Liébano Sáenz subraya hoy en Milenio que México parece haber aceptado su lugar en la carta, y sus argumentos son demoledores: hemos aportado lo que Washington más valora —seguridad fronteriza y freno a la inmigración—, pero el costo ha sido alto: la entrega de casi un centenar de delincuentes al margen de procesos formales, aranceles a Asia por instrucción externa y cesiones en agua, sanidad y hasta en el suministro a Cuba.
En tanto, Canadá ya sacó los cubiertos; se rearmó, está por invertir un billón de dólares en tecnología y dejó de pedir permiso. Sin embargo, el desafío de Carney ha provocado una reacción volcánica en Mar-a-Lago: primero, Trump lo tachó de "malagradecido", y este 24 de enero escaló la apuesta amenazándolo con un arancel del 100% a todos sus bienes si concreta cualquier pacto con China. Para Trump, Carney se equivoca al intentar convertir a su país en un "puerto de embarque" asiático; advierte que China "devorará" el estilo de vida canadiense. Para el republicano, la gratitud no es un valor ético, es la moneda obligatoria para pagar la seguridad y el mercado.
¿Y México?
La presidenta Sheinbaum debió haber ido a Davos y alzar la voz igual que Carney, pero a lo hecho, pecho. Intentó leer entre líneas y calificó el discurso de Carney como "muy bueno", buscando validar una inversión que no comprometa la dignidad frente a la lógica de la subordinación. Pero seamos realistas: la soberanía no es un concepto que se defienda con adjetivos en una Mañanera; tiene peso y hace ruido, y la realidad termina siempre por imponerse.
En una sola semana ocurrieron tres hechos que vinieron del norte. Si Liébano ya puso el tema sobre la mesa, estos sucesos terminan de ilustrar el panorama:
1.- Notificación: A pocas horas de la alerta KICZA 0015/26, emitida por la FAA de EU, un Hércules C-130 norteamericano aterrizó en Toluca. En la geopolítica, ver un coloso de la Fuerza Aérea descender desde Texas hasta el corazón del Estado de México es mucho más que logística; fue un espectáculo inquietante. La presidenta intentó matizarlo como un "autobús escolar", pero si aterrizó en Toluca y no en el AIFA, fue porque la Casa Blanca quería una notificación de ocupación de espacios.
2.- El trofeo de cacería: Tras el avión, vino la entrega masiva de "los 37". Es profundamente amargo observar cómo un mismo tema cuenta dos historias. Para México, fue un "acto soberano" de depuración; para Washington, el trofeo de una cacería contra "narcoterroristas". Mientras la Fiscal Pam Bondi celebraba el éxito de Trump, nosotros nos preguntamos: ¿la soberanía se defiende en el atril o se mide en las calles?, y:
3.- Surrealismo total: El cuadro lo completa el caso de Ryan Wedding. El director del FBI, Kash Patel, aterrizó discretamente y se llevó a un presunto criminal que comparó con "El Chapo". Mientras Patel presume una operación de élite con "cero margen de error", aquí se nos ofrece la versión de la "rendición silenciosa". ¡El surrealismo en su máxima dimensión!
En este nuevo tablero, México es la pieza más expuesta. Trump baraja desde hace días la intervención terrestre como quien mueve una torre en el ajedrez. Es la resistencia de la diplomacia frente a la impaciencia de la fuerza. El miedo, sin embargo, es un motor eficiente…
Estamos entre la espada y la pared, a menos que…
Estamos en la mesa, sí, pero a diferencia de Liébano, me resisto a creer que el destino final sea irremediable. Todo apunta a que seremos el plato fuerte, pero como hombre de fe que soy, creo en la posibilidad de un milagro; en que no todo se reduzca a la fría dicotomía de estar en la mesa o en el menú. Ojalá —quiera Alá— se nos permita, dignamente, tomar los cubiertos.
Ese milagro depende de lo que haga en los próximos días la Presidenta. Creo firmemente que debe dejar atrás la sombra de López Obrador y dar, finalmente, un manotazo en la mesa, con lo que ello implica... Ese es el verdadero milagro que México espera mientras el ruido de los motores del Hércules sigue retumbando en nuestra memoria.
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