11 ene 2026

La voluntad bajo arresto y el regreso del realismo

La voluntad bajo arresto y el regreso del realismo

Lo que vivimos aquel 29 de julio de 2024 no se olvida; se lleva tatuado como una herida que no cierra. No fue solo una elección, fue un grito. Mientras la gente rescataba actas con las manos temblorosas pero firmes, el mundo veía lo obvio: un 70% de esperanza para Edmundo y Corina frente a un 30% que ya olía a despedida. Pero en Miraflores decidieron que la realidad era opcional. Inventaron un triunfo, escondieron los papeles y, de un plumazo, secuestraron la voz de todo un país.

El silencio que duele

Lo más triste no fue solo el robo en Caracas, sino la respuesta en casa. Vimos a testigos de lujo como Celso Amorim —el hombre de Lula— oler la tensión de los despachos y el alivio de los barrios, para que al final, la diplomacia de pasillo terminara dándole la espalda a la calle.

Duele escribirlo, pero hay que decirlo: Lula, Petro y Claudia Sheinbaum prefirieron la cautela al coraje. Dejaron a un pueblo solo, bajo la lluvia, esperando una justicia que nunca llegó de sus vecinos. Y qué decir de España. Pedro Sánchez, que debió ser el puente, prefirió arrugarse. Su "equidistancia" no fue neutralidad, fue una complicidad que avergüenza, mientras otros, como los italianos, daban la cara por la libertad.

El negocio de la fuerza

Hoy, en este arranque de 2026, el escenario es otro. Ya no mandan las actas, manda la "ley de hierro". El rapto de Maduro por la Delta Force y el ascenso de los hermanos Rodríguez nos dicen que la democracia fue canjeada por un negocio. Trump no busca salvar almas, busca asegurar el petróleo. Es un realismo cínico donde el capital, que siempre es cobarde, exige reglas. Como dijo el CEO de Exxon: nadie mete un dólar donde el que tiene el fusil te puede quitar la cosecha.

La luz del martes

Pero en medio de este tablero de intereses, hay una luz. Pasado mañana, María Corina entra a la Casa Blanca. Y no entra sola; lleva en los hombros esa memoria democrática que no pudieron quebrar.

Lo más valiente de ella es que no llega pidiendo venganza, sino ofreciendo reconstrucción. Corina habla como arquitecta, no como verdugo. Su promesa de una transición ordenada y el fin de la tortura es, para una generación de venezolanos que solo conoce el miedo, casi un cuento de hadas. Ella sabe que el respeto a la propiedad privada es el único idioma que entienden los mercados, pero también sabe que sin dignidad no hay país que valga la pena reconstruir.

Venezuela sigue bajo arresto, sí, pero el martes sabremos si el mundo está listo para tratarla como una nación soberana o si solo la ven como un botín de guerra.

Ojala haya cosas positivas..


 

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