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Reunión del día del Ejército

El Presidente Calderón en el Desayuno del Día del Ejército y Fuerza Aérea
19 feb 2012 | Parte del discurso
Temamatla, estado de México, 19 de febrero del 2012
General Guillermo Galván Galván, Secretario de la Defensa Nacional.
Almirante Mariano Francisco Saynez Mendoza, Secretario de Marina.
General Leonardo González García, Comandante de la Fuerza Aérea Mexicana.
Ministro José Fernando González Salas, Representante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Senador Silvano Aureoles Conejo, Vicepresidente del Senado de la República.
Doctor Eruviel Ávila Villegas, Gobernador del Estado de México.
Señor Antonio Olivares  Leyva, Presidente Municipal de Temamatla.
Muy estimados Generales, Jefes, Oficiales y personal de tropa.
Jóvenes cadetes.
Queridos soldados de México.
Distinguidos invitados especiales.
Estimados Secretarios.
Señoras y señores.
Como mexicano y como Presidente de la República, me enorgullece estar aquí, para celebrar, una vez más, el Día del Ejército y la Fuerza Aérea Mexicana.
Éste es el último 19 de febrero que celebraré con ustedes, en mi calidad de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.
En este día tan especial quiero rendir un sincero y sentido homenaje a los soldados de México; a las mujeres y los hombres  que encarnan los mejores valores de  nuestro pueblo: el heroísmo, el patriotismo, la lucha sin claudicaciones.
Ustedes son ejemplo de servicio desinteresado a la Nación. Servidores públicos solidarios y valientes, comprometidos, verdaderamente, con las mejores causas de la Patria.
En cada una y en cada uno de ustedes, veo a una madre y a un padre de familia que se esmera por darle a sus hijos el mejor futuro y, a la vez, a mexicanas y mexicanos ejemplares que lo dan todo por construir un mejor país, más seguro, más libre, y más fuerte institucionalmente,
Ustedes encarnan a los bravos guerreros aztecas, que no dudan en enfrentar la adversidad con valor por el bien de su comunidad.
A los gallardos Caballeros Águila que emprenden el vuelo, para proteger nuestros cielos. Ustedes simbolizan el espíritu de libertad de Hidalgo, Morelos y Allende; la voluntad republicana de Juárez y la lucha democrática de Madero; el ánimo de justicia de Zapata y el fervor constitucionalista de Venustiano Carranza.
Hoy por hoy, ustedes son principal baluarte y garantía de la Nación libre y soberana que los mexicanos hemos construido de generación en generación.
En estos años hemos todos sido testigos de la generosidad con la que han apoyado a las comunidades que se han visto afectadas por graves fenómenos naturales; lo mismo en las inundaciones en Chiapas, o en Tabasco, o en este Estado de México, en la reciente sequía que ha asolado a Chihuahua y a otros estados de la República.
Cientos de miles de familias han encontrado alivio al ver las caravanas del Ejército y las aeronaves de la Fuerza Aérea, que llevan alimentos, artículos de primera necesidad, consuelo, ayuda, asistencia médica, a quienes lo necesitan.
Así es, y así ha sido, en cada momento difícil por el que ha atravesado nuestro país.
Nuestro Instituto Armado siempre ha estado ahí, salvando vidas, reconstruyendo casas y escuelas; llevando ayuda a mujeres, hombres, niños y ancianos en los momentos más aciagos.
Y no sólo les ha tocado encarar la fuerza de la naturaleza, sino y, sobre todo, en estos tiempos de gran desafío para México les ha tocado poner todo el temple, todo el valor, todo el corazón de quienes sirven en nuestras Fuerzas Armadas.
Efectivamente, nuestro querido país ha atravesado por momentos muy complejos en materia de criminalidad, en los que la acción de los delincuentes vulneró, de tal manera, el entramado institucional que ponía en riesgo la seguridad interior del país.
Un desafío enorme, del cual México está saliendo adelante.
Sin la intervención patriótica del Ejército Mexicano, se quiera reconocer o no, eso no hubiera sido posible.
Con gallardía y decisión, los soldados de México enfrentan a una delincuencia organizada, que no sólo busca envenenar el cuerpo y el alma de los jóvenes, a través del narcotráfico o el narcomenudeo, sino que no dudan en secuestrar, en robar, en extorsionar o asesinar a mexicanas y mexicanos de bien.
Una delincuencia violenta y cruel que busca oprimir al pueblo de México, que quiere vulnerar sus derechos y pisotear sus libertades, y que avanzaba a pasos agigantados en la corrupción y control de las instituciones.
Y en esos momentos difíciles, en los que la Patria  clamaba por la ayuda de sus mejores hijos, los soldados de México han pasado lista de presente, y han  mostrado, exitosamente, en su defensa, todo su  valor  y toda su gallardía.
Esa es la dimensión histórica de su tarea. Y por ese sacrificio, el pueblo de México y el Presidente de la República les estaremos siempre agradecidos.
Ante el avance de la criminalidad y la vulnerabilidad mostrada por las instituciones encargadas de la seguridad y la justicia en diversos lugares del país; ante el sufrimiento de millones de familias mexicanas sometidas a tal flagelo, ningún gobernante que tenga el mínimo respeto por el pueblo, al cual está obligado a servir, podía cruzarse de brazos.
Hay quienes sugieren que lo mejor hubiera sido no hacer nada, y permitir que los delincuentes actuaran a sus anchas. Esas voces, también señalan que la violencia que se vive en algunas regiones es culpa del Gobierno. Nada más alejado que la realidad. La violencia asesina es causada por las bandas criminales, no por la acción del Gobierno ni de las Fuerzas Armadas.
Las muertes son provocadas por los delincuentes, en su desenfrenada ambición por controlar territorios para nuevas rutas y mercados  de sus negocios ilícitos. Y en todos los lugares, en todos donde se han llevado a cabo operativos de fuerza Federal, ha sido a solicitud y en apoyo de las autoridades locales, que se han visto rebasadas en su capacidad frente a la acción de la delincuencia.
De manera tal, que es falso que la presencia Federal haya motivado la violencia. Por el contrario, la violencia criminal es la que ha motivado la presencia Federal para combatirla y someterla.
Hay también quien señala que lo mejor hubiera sido esperar a que mejoraran las instituciones de seguridad para combatirla. Es una falsa premisa.
De no haber actuado a tiempo, la criminalidad hubiese terminado, quizá, por devorar a unas debilitadas instituciones, muchas de las cuales no harían, sino ceder día a día su poder a los criminales.
De no haber actuado con determinación y desde el principio, quizá hoy hubiera sido ya demasiado tarde.
Se ignora, además, que la disciplina, preparación, lealtad, patriotismo y capacidades logísticas y estratégicas del Ejército Mexicano, son extraordinariamente superiores a las de la delincuencia.
Por eso, día con día, en cualquier punto de la República Mexicana donde los criminales agreden en algún enfrentamiento a los soldados de México, ustedes resultan invariablemente triunfadores.
Un Gobierno comprometido con su pueblo no puede permanecer impasible ante el sufrimiento de la gente. La obligación constitucional, ética, política y moral de todo gobernante es cumplir y hacer cumplir la ley; preservar la seguridad interior y soberanía exterior del país, y coadyuvar con las autoridades competentes a la persecución de los delitos y a la impartición de la justicia.
Se trata de imperativos categóricos en el orden legal y en el orden ético.
Y, por ello, hemos actuado e implementado una estrategia integral que busca atender este problema en toda su complejidad.
Una estrategia que medularmente tiene tres ejes para dar la respuesta integral que se necesita.
El primer eje es, por supuesto, el combate frontal a los grupos criminales.
Ustedes, los miembros del Ejército y la Fuerza Aérea, junto con la Procuraduría General de la República, la Marina Armada de México y la Policía Federal, han acudido en auxilio de la población en aquellas regiones donde las autoridades han pedido la ayuda de manera expresa.
Y quiero reconocer aquí a todas y a todos ustedes, y a los miles de mexicanas y mexicanos de uniforme que están dando la cara por el país y que con bravura están en el primer frente de la defensa de las familias mexicanas.
Sé muy bien que esta tarea no es fácil, y que enfrenta enormes peligros en cada misión. Pero, también, sé que ustedes hacen y cumplen esa misión porque están defendiendo la libertad, la seguridad, la dignidad  de las familias mexicanas y, con ello, están defendiendo a la Patria de quienes  ahora la agreden.
Al estar haciéndolo, están defendiendo a México, actuando en defensa propia de México, y construyendo una Nación más segura, más próspera y más justa, como todos la anhelamos.
Por ello, como Presidente de los mexicanos, expreso el profundo agradecimiento y admiración de nuestro pueblo a la labor que realizan las y los soldados de México.
Pueden estar seguros de que, a pesar de la adversidad que nos ha tocado vivir, las mexicanas y los mexicanos del mañana recordarán estos días como el momento en el que el país comenzó a romper las cadenas que lo querían atar a la criminalidad, a la inseguridad y a la violencia.
Y sé que la historia habrá de juzgar y recordar como lo que son: héroes  que, en el momento de mayor desafío se atrevieron a dar un paso al frente y a servir a la Patria, cuando ésta llamó a sus mejores hijos para defenderla.
Es cierto que se han dado casos excepcionales de algunos malos elementos, que se apartan de los valores que ennoblecen al Instituto Armado, y que con ello traicionan su uniforme y la confianza en ellos depositada.
Pero, también, es cierto, y consta, que no hemos tolerado ni toleramos ningún comportamiento que manche el buen nombre de nuestras Fuerzas Armadas. Y como ha sido durante mi Administración, cada caso que sea de nuestro conocimiento se llevará ante la justicia y se castigará a los responsables.
Todos  ustedes tienen la encomienda de actuar con absoluto respeto a la legalidad, y sé que desempeñan su trabajo con la plena convicción de que están dando una batalla fundamental para la construcción de un mejor país.
Y sé muy bien, también, y con profunda tristeza, que en esta lucha por un México mejor, hemos perdido a muchos de nuestros soldados, mexicanos ejemplares que han ofrendado su vida por México.
Les pido que, en su honor, guardemos un minuto de silencio.
(MINUTO DE SILENCIO)
Gracias.
Su pérdida nos duele profundamente. Sin embargo, su sacrificio no ha sido en vano.
Y hoy, la mejor manera de honrar su memoria es avanzar firmes hasta la victoria. Continuar firmes en la defensa de los ciudadanos y en la construcción de un México más seguro.
Por supuesto, que su sacrificio no ha sido en vano.
En el suelo donde han caído nuestros héroes florecerá un México nuevo.
El principal valor de su esfuerzo es el legado fundamental que dejan a los mexicanos.
Un México donde los delincuentes no actúan impunemente, donde se les persigue y se les lleva a la justicia para que paguen sus delitos.
Un México donde la autoridad sólo responde a los ciudadanos sin ningún interés, mucho menos los intereses ilícitos, prevalece sobre los de la comunidad.
Un México de instituciones, donde cada familia es libre y donde los hijos de los mexicanos pueden jugar, crecer, estudiar, trabajar en absoluta libertad y seguridad.
Por eso, es importante señalar que el esfuerzo de los soldados de México está rindiendo frutos.
Uno a uno han venido cayendo bajo a la acción de la justicia los más despiadados enemigos de México.
De la lista de los 37 criminales considerados más peligrosos del país, se ha capturado o neutralizado a 22 de ellos; además, ustedes han capturado a más de 180 cabecillas regionales y lugartenientes de grupos criminales, que estaban lastimando a la población con su violencia, y no lo harán más.
La participación de las Fuerzas Federales nos ha permitido, también, decomisar a los criminales casi 140 mil armas, 560 aeronaves, y más de 13 mil millones de pesos.
Dicen que los grandes árboles caen de muchos hachazos. El árbol de la corrupción y la impunidad, en donde anidaron estos enemigos de México, tiene raíces añosas, que crecieron durante décadas. Y, sin embargo, a pesar de que se trata de un esfuerzo de largo plazo, pensado en las próximas generaciones de mexicanos, hoy comenzamos ya a ver algunos de sus frutos.
En diversas regiones del país donde ha intervenido el Ejército Mexicano, la violencia criminal ha comenzado a ceder, lo mismo en Baja California, que en Tamaulipas; que en La Laguna o en Ciudad Juárez. Por primera vez se registran reducciones, marginales si se quiere, pero constantes, en el número de hechos violentos registrados.
Por supuesto, que nadie puede descartar acontecimientos extraordinarios o sobresaltos en dicha tendencia, pero la estrategia avanza por el bien de los mexicanos.
El segundo eje de esa estrategia, más importante, incluso, que la persecución de los criminales, consiste en reconstruir las instituciones de seguridad y de justicia.
Ello es vital, porque la vulnerabilidad de las instituciones es lo que ha obligado, precisamente, a ejercer la fuerza subsidiaria de la presencia de las fuerzas armadas.
Estamos, por ello, transformando a fondo instituciones como la Policía Federal, para consolidarla como una institución profesional, bien equipada, con tecnología de punta y eficaz en el combate al crimen, y que sea una institución civil la que conforme la primera línea de batalla contra los criminales.
Y lo mismo hacemos con la Procuraduría General de la República; depurando y fortaleciendo al Ministerio Público y a la policía ministerial, para que cumpla atingentemente con sus funciones.
Y estamos apoyando a las entidades federativas para que puedan hacer lo propio con sus instituciones locales de seguridad y de justicia.
Es obvio que en una República Federal, como la nuestra, no todo depende ni puede hacerse desde el Ejecutivo Federal. En la lucha por la seguridad es indispensable que se depuren y fortalezcan las instituciones de seguridad y justicia en todas y cada una de las entidades de la  República.
El día en que contemos con cuerpos policíacos y ministerios públicos honestos, confiables, bien preparados y mejor pagados en cada una de las 32 entidades de la República mexicana, ese día habremos ganado la lucha por la seguridad pública en el país. Y ese día, también, será innecesaria la presencia permanente del Ejército  mexicano en  tareas, cuya responsabilidad primaria es de esas tales autoridades.
No podemos obviar, por otra parte, que más del 90 por ciento de los delitos que se cometen en el país son del orden local, y que más allá de la visibilidad de la acción de la delincuencia organizada, lo que cotidianamente sufre el ciudadano común es otro tipo de delito, el delito de robo, por ejemplo, realizado ahí, en su comunidad, y que integra el 84 por ciento de los delitos que se cometen en el país.
Es ahí donde la acción de las autoridades estatales es no sólo la competente, sino la determinante para combatirlo.
De ahí que, respetuosamente, exhorto a las entidades locales a acelerar su proceso de depuración y fortalecimiento de las instituciones encargadas de la seguridad y de la justicia.
Habremos de legar a los mexicanos un país de instituciones más fuertes.
Y ese es un activo fundamental que tendrá México en su futuro y que permitirá, precisamente, que las Fuerzas Armadas puedan permanecer en sus actividades tradicionales.
Y el tercer eje de la estrategia es el fortalecimiento del tejido social.
Por eso, hemos realizado un esfuerzo sin precedente para tener un tejido social más cohesionado, a través de oportunidades, en particular, para los jóvenes y los adolescentes, y que cierre espacios a la delincuencia.
Lo hemos hecho, por ejemplo, construyendo mil bachilleratos y más de 100 universidades totalmente nuevas en los últimos cinco años.
Otorgando casi ocho millones de becas, para que nuestros niños y jóvenes sigan estudiando, porque un joven que estudia, es un joven que está más lejos del crimen, la violencia o las adicciones. Porque queremos en México más becarios y menos sicarios.
Y lo hemos hecho también con la cobertura universal de salud, o con el apoyo que brindamos a más de seis y medio millones de familias con programas como Oportunidades.
Ese debe ser el legado que demos dejar: una sociedad más justa, más solidaria, más humana, cuya cohesión social impida por sí mismo el paso a la delincuencia.
Soldados de México:
No hay honor más grande que el de servir a la Patria. Y el esfuerzo de todos ustedes se ve recompensado en la profunda admiración y respeto que los mexicanos les profesamos.
Nunca tendremos cómo retribuir plenamente el sacrificio de los integrantes del Ejército Mexicano y de la Fuerza Aérea.
Desde el primer día de mi Gobierno, me comprometí a velar por la tropa. Y por eso, a lo largo de mi Administración, hemos trabajado para que ustedes y sus familias puedan tener mejores condiciones de vida.
Hoy quiero anunciar que este año, 2012, nuevamente habrá un incremento significativo para el personal de tropa, así como para sus mandos, hasta el grado de teniente.
De esta forma, a lo largo de mi Administración habremos mejorado sustancialmente los ingresos del personal militar, particularmente de la tropa.
Para dar un ejemplo, en el caso del soldado raso, sus percepciones, considerando ya el aumento de este año, habrán pasado de cuatro mil 300 a casi 10 mil 800 pesos; es decir, un aumento cercano al 150 por ciento, dos veces y media de lo que ganaba al inicio de la Administración.
También, hemos buscado mejores esquemas de financiamiento para que puedan adquirir un hogar digno en donde criar a los hijos. Hoy, 26 mil elementos han adquirido una casa con un crédito del Gobierno Federal y del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas.
Y hemos otorgado a las hijas e hijos de los soldados de México las becas más generosas que otorga el  Gobierno de la República para que tengan mejores oportunidades de vida.  Hoy, casi 20 mil hijas e hijos de  nuestros soldados cuentan  con una beca del Gobierno Federal total para estudiar en la preparatoria o universidad pública o privada de su preferencia.
Y hoy, también, quiero anunciarles que el jueves pasado el Congreso aprobó la iniciativa que propuse para modificar la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas y la Ley Orgánica del Ejército y la Fuerza Aérea.
Estas modificaciones permitirán, como ha señalado el General Secretario, que, entre otros beneficios, las madres, viudas, viudos, concubinas o concubinarios de los militares caídos en cumplimiento del deber reciban un apoyo vitalicio, no menor a 10 mil pesos mensuales.
De la misma forma, con las reformas se incrementarán los haberes de los militares retirados hasta en casi un 60 por ciento, y se permitirá extender la licencia por edad límite al personal que está próximo al retiro.
Es lo menos que puede hacerse en reconocimiento a quienes han mostrado con creces su valor y su lealtad a México y a sus instituciones.
Soldados de México:
La vida me ha dado el privilegio de estar, durante estos años, al lado de los soldados mexicanos y de trabajar hombro con hombro por los desvelos de los ciudadanos, por la recuperación plena del imperio de la ley y el orden, por la seguridad y la convivencia, por la paz con justicia que todos anhelamos para nuestro México.
Nuestros soldados son mujeres y hombres depositarios de la fuerza legítima del Estado, una fuerza virtuosa y generadora de virtud cuando se emplea con apego a la ley y en la búsqueda del bien común.
Son mujeres y hombres supeditados a la ley y a la voluntad del pueblo de México.
Mujeres y hombres que han defendido la democracia y las instituciones, porque combaten la peor amenaza que atenta contra ellos.
Ustedes han luchado contra criminales poderosos y han preservado y defendido las libertades ampliándolas y profundizándolas.
Han avanzado, además, en medio del severo escrutinio público, manteniendo siempre una actitud institucional y tolerante a la crítica y, a la vez, han sido sensibles y receptivos para rectificar donde hubiese que rectificar, y se han mantenido incólumes en el servicio a México.
Por eso, reitero mi más profunda admiración y gratitud, por el extraordinario servicio a la Nación. A todos y cada uno de ustedes, y en especial  a usted, señor Secretario de la Defensa Nacional, General Guillermo Galván Galván, por su valor, su lealtad y su patriotismo en estos momentos de prueba y dificultad que la Patria ha enfrentado.
Que en el corazón de cada mexicana y cada mexicano esté siempre el reconocimiento y el afecto a nuestros soldados. Lo merecen por su heroísmo, por su responsabilidad, por su sacrificio, porque han entendido que es tan importante la eficacia en la tarea, como el respeto a los derechos humanos, que también es parte de la misión.
Porque han encarnado el compromiso de un pueblo y un Gobierno que aman entrañablemente a la Nación. Porque al sembrar la semilla de un México seguro, justo y próspero, están sembrando la semilla de un árbol cuya fronda y cuyos frutos cobijarán y alimentarán, también, a sus propios hijos.
Ustedes son ejemplo para todos los mexicanos. Por eso, les reitero, además de mi agradecimiento, mi más sentida felicitación.
Y los instruyo a que sigan trabajando incansablemente por el bien de nuestra Nación; perseverar y heredar  a las generaciones futuras el México seguro, justo y próspero que todos anhelamos.
Enhorabuena.
Muchas felicidades.

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