- Los soldados están siendo juzgados por el juez, Tte Coronel Jorge Suárez Becerril, quien fuera secretario particular del general Rafael Macedo de la Concha
- ¿Quienes eran realmente las personas abatidas? Secuestradores?
Tlatlaya ¿orden
roja?/Juan Velediaz
Estadomayor.mx,
1 de octubre del 2014
Se
le conoce como “orden roja” a la disposición castrense de tirar a matar. Era
algo común en los años 70 durante la campaña militar contra la guerrilla en
Guerrero, y durante los primeros días de enero de 1994 durante el alzamiento
zapatista en Chiapas. ¿Ocurrió lo mismo en Tlatlaya, Estado de México? ¿Fue una
decisión de un oficial al mando de su pelotón o una orden superior que podría
ir más allá del comandante del batallón? Las dudas persisten después del
anuncio de la consignación de un teniente y siete de tropa ante tribunales
militares, y de la conferencia del titular de PGR donde informó de la acusación
ante la justicia federal contra tres de ellos por el homicidio de 22 personas.
México,
1 de octubre: El teniente Ezequiel Rodríguez
Martínez empezó su carrera como soldado raso a principios de los años 80.
En 1995 era sargento cuando concursó y ganó una plaza para ir a estudiar al
Colegio Militar, en lo que en la milicia mexicana se conoce como Curso
Intensivo de Formación de Oficiales de las Armas (CIFOA). Los estudios fueron
durante un año, en 1996 se graduó como “técnico” militar, es decir de
subteniente del ejército con los conocimientos básicos para desempeñar su labor
al frente de un pelotón, compuesto de alrededor de 10 efectivos, y años después
ya como teniente al mando de una sección, integrada por 30 soldados.
Sus
30 años de experiencia de pronto sirvieron de nada ante lo que ocurrió en junio
pasado. En los últimos días del mes la compañía a la que pertenecía, dentro del
batallón 102 que tiene su cuartel en la comunidad de Santa María Ixtapan en el
municipio de Tejupilco, Estado de México, se le asignó patrullajes en una zona
en los límites con el estado de Guerrero. Cuando llegaron al municipio de
Tlatlaya, las tropas se dividieron en pelotones, compuestos por una decena de
efectivos, instalaron retenes y comenzaron a recorrer poblados de alrededor
como San Pedro Limón.
Algo
ocurrió que de pronto el pelotón que comandaba el teniente Rodríguez Martínez
supuestamente se enfrentó a tiros con unos hombres armados. La historia en esta
parte del relato se interrumpe. El oficial ya no abundó más en la historia que
poco a poco desde el pasado jueves 25 de septiembre, cuando ingresó detenido a
la prisión del campo militar uno, contó a algunos sus compañeros presos.
El
oficial y siete de sus subordinados del batallón 102 de infantería, llegaron
detenidos acusados de la muerte de 22 personas en el poblado de San Pedro
Limón, en Tlatlaya, Estado de México. El sábado por la noche, relatan fuentes
militares, fueron sacados de las celdas conocidas como “negras”, unas mazmorras
apartadas del resto de dormitorios que se volvieron célebres por haber sido el
área dentro del penal que a finales de los años 60 y los 70 albergó a civiles
presos en la llamada “Guerra Sucia”. Los llevaron a declarar, lo mismo ocurrió
al día siguiente.
Tanto
el teniente Rodríguez Martínez como los siete soldados, fueron acusados por la
fiscalía militar de desobediencia e infracción de deberes, delitos por los que
el juez sexto militar, el teniente coronel Jorge Suárez Becerril, les dictó el
auto de formal prisión el pasado martes 30 de septiembre. Ese mismo día por la
tarde Jesús Murillo Karam, anunció en conferencia de prensa, que tres de los
detenidos serían juzgados por un juez federal por el delito de homicidio en
contra de 22 personas. La acusación era independiente del proceso que se les
instruye en tribunales castrenses, dijo el Procurador General de la República.
El funcionario añadió que hasta esa tarde se analizaba aun en instancias
federales, hasta dónde podrían llegar las responsabilidades del resto de los
militares detenidos. Sin precisar los nombres de los tres militares que serían
consignados como probables responsables de la muerte de los 22 jóvenes, señaló
que el 30 de junio después del enfrentamiento con los presuntos delincuentes,
tres militares ingresaron a la bodega y realizaron una nueva secuencia de
disparos. Algo que “no tiene justificación alguna”.
¿Y
la línea de mando?
Los
acusados lucen confiados. Sus abogados creen que podrían salir libres en un
mes, dice una fuente militar que ha tenido contacto con algunos de los soldados
detenidos por el caso Tlatlaya. Otros piensan que no podrían durar más de un
año en prisión antes de que salgan en libertad. Los cargos dentro del código de
justicia militar no están catalogados como graves, el único que configuraría
una pena mayor sería el de desobediencia, dice otra fuente de tribunales
militares.
El
juez Suárez Becerril, es un teniente coronel de justicia militar que antes de
ser nombrado titular del juzgado sexto se desempeñó como secretario particular
del general Rafael Macedo de la Concha, cuando el ex procurador militar y ex
titular de la PGR en el gobierno panista de Vicente Fox, se desempeñó como
presidente del Supremo Tribunal Militar. De acuerdo a las mismas fuentes
militares que conocen la integración del expediente, el caso de los 22 muertos
en Tlatlaya no va más allá de una acción tomada a expensas del comandante de
pelotón. No se ha investigado, hasta el momento, la línea de mando que podría
llegar al comandante de la compañía a la que pertenecían, para saber qué
ordenes tenía, ni al comandante del batallón 102 para que aclaré que orden
dictó, ni y al comandante de la 22 zona militar, el general de brigada José
Luis Sánchez León para que declaré sobre las órdenes de operaciones que
autorizó. No se ha aclarado si de orden verbal existía la directriz de no tener
detenidos, tratándose de sospechosos que hayan sido capturados en flagrancia, como
pudo ocurrir con los 22 fallecidos, a quienes se les acusó del secuestro de
tres personas, dice esta fuente que por razones de seguridad solicitó se
reservara su identidad.
El
batallón 102 inició sus operaciones en esta zona colindante con el estado de Guerrero,
en la región de la Tierra Caliente, en mayo del 2010, cuando el entonces
gobernador Enrique Peña Nieto acompañado del secretario de la Defensa Nacional,
el general Guillermo Galván, inauguraron las instalaciones en Santa María
Ixtapan, Tejupilco. El área de operaciones quedó delimitada en los municipios
de Amatepec, Tejupilco, Almoloya de Alquisiras, San Simón de Guerrero, en la
región de Tierra Caliente dentro del Estado de México, que colinda con Guerrero
y Michoacán, una zona donde el grupo delictivo “La Familia”, mantiene una
disputa sangrienta con los autodenominados Caballeros Templarios, del lado
michoacano, y con los llamados Guerreros Unidos, en territorio guerrerense.
Antecedentes
Cuando
el teniente Rodríguez Martínez y los siete de tropa llegaron a la prisión
militar, sus colegas presos lo primero que les preguntaron fue de qué les
acusaban y a qué unidad pertenecían. La primera respuesta coincidía, venían
consignados por el caso de los 22 muertos de Tlatlaya. Mientras que la segunda difería,
unos decían que venían del 102 de infantería y otros del batallón 25, con
cuartel en Santa María Rayón, Estado de México. Parecía una táctica para
despistar, ante los antecedentes registrados por la prensa en los últimos años
sobre la actuación del batallón 102.
El
periódico El Sur, editado en Acapulco y que circula en buena parte del estado
de Guerrero, publicó en diciembre pasado pormenores de la muerte de cuatro
personas en el tramo carretero que une la comunidad de Palos Altos con Arcelia,
en la Tierra Caliente guerrerense. Los muertos a tiros por los soldados del 102
de infantería que patrullaban el lugar, fueron el director de tránsito de
Arcelia, Mario Urióstegui Pérez, el subdirector Josué Gavínez Ramírez y dos
empleados del ayuntamiento, quienes de acuerdo a las autoridades locales habían
salido la noche anterior de cacería. El titular de tránsito a quien apodaban
“la Mona”, estaba señalado por inteligencia militar de ser el suegro de Johnny
Olascoaga Hurtado, apodado “el Mojarro” o “el Pez”, un individuo considerado el
principal líder del grupo denominado “La Familia”, sobre quien pesan sospechas
de estar detrás de la ola de secuestros que se suscitaron en los últimos meses
en Valle de Bravo.
Acusaciones
de complicidad de nueve militares que pertenecían al 102 de infantería, en
labores de protección al narco, fueron recogidas por el diario Reforma en
febrero del 2012. Las imputaciones fueron por filtrar información de operativos
y movimientos de tropas al grupo que encabezaba “el Mojarro”, quien pagaba
sobornos a tenientes, sargentos y cabos del batallón. La nota del diario
capitalino citaba la declaración de uno de los acusados, el teniente Omar Lugo
León, quien decía que al jefe de “La Familia” en la Tierra Caliente de
Guerrero, lo conoció por esos meses de 2010. “Inicié una amistad con el
mencionado sujeto, el cual me propuso que colaborara con él proporcionándole
información de las operaciones militares en que el participaba, haciéndole un
obsequio de 140 mil pesos, diciéndome que si no podía consiguiera quien le
proporcionara dicha información. Acepté colaborar filtrando información de las
operaciones militares, recibiendo la promesa de recibir mensualmente 20 mil
pesos por esa actividad”, declaró Lugo según la nota aparecida en el diario.
@velediaz424
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