Cuotas
y cuates en la Corte/Carlos Elizondo Mayer-Serra
Excelsior, 1 de octubre de 2015
Para
que la Suprema Corte sea autónoma no basta que lo diga la Constitución.
Requiere que los ministros sean autónomos frente a quienes tienen poder, en particular
el político. La forma más usual para dejar de ser una democracia no es el golpe
militar. Es ir minando la autonomía de los poderes constitucionales. En
Venezuela y Rusia, Chávez y Putin, respectivamente, fueron colocando gente
cercana a ellos en las instituciones clave que conforman los pesos y
contrapesos en una democracia.
El
proceso de nombramiento de ministros de la Corte en México no hace imposible
tal regresión. El Presidente de la República nomina una tercia. El Senado elige
por mayoría de dos terceras partes a uno de los tres. Si rechaza la terna, el
Presidente propone otra en la cual no puede estar ninguno de los rechazados. Si
el Senado la vuelve a objetar, el Presidente elige a uno de los tres
integrantes de su segunda terna.
Un
Presidente que mandara una tercia impresentable, que por tanto fuera rechazada
por el Senado, tendría en una segunda terna la oportunidad de proponer a tres
cuates suyos y luego, si los rechazan, escoger a su preferido. El costo
político sería muy alto. La visibilidad de sus intenciones erosionaría su
legitimidad y la de la Corte.
Existe
un riesgo más plausible. La negociación de ternas con base en cuates de los dos
principales partidos que tienen la llave para el nombramiento: el PRI y el PAN.
Juntos tienen 90 senadores, 70% de la Cámara.
La
semana pasada, Ricardo Raphael dio cuenta de un creciente rumor de que hay un
pacto entre el PRI y el PAN para nombrar, como reemplazo, a los dos ministros
de la Corte que próximamente se retirarán, Raúl Cervantes y Germán Martínez. (http://goo.gl/2B4i0l) Raúl
Cervantes, según Wikipedia en las primeras líneas de su perfil, es “un político
y abogado mexicano, miembro del Partido Revolucionario Institucional, ha sido
en dos ocasiones diputado federal y actualmente senador de la República…”.
Germán Martínez, según la misma fuente, “… es un abogado y político mexicano,
miembro del Partido Acción Nacional, ha ocupado varios cargos en la política
mexicana…”.
Nominar
a dos políticos que han tenido altos cargos del PRI y del PAN iría en contra de
la necesidad de contar con una Corte autónoma. Sin embargo, el gobierno parece
haber decidido que hay escándalos que no le quitan el sueño. ¿De qué otra forma
entender el nombramiento de Arturo Escobar como subsecretario en Gobernación?
Como los medios de comunicación en general son olvidadizos, el escándalo en las
redes sociales dura hasta que aparece el siguiente y la sociedad es apática,
parece rentable apostarle a que cualquier crítica finalmente se olvida en 15
días.
Hay
un problema adicional. Nombrar a Raúl Cervantes iría en contra de la
Constitución, cuyo artículo 95 señala que para ser ministro de la Corte se requiere
no haber sido “… senador (…) durante el año previo al día de su nombramiento”.
Si bien, Cervantes pidió licencia justo un año antes de que se tenga que
renovar la Corte, el cargo de senador, según la Constitución, no es
renunciable.
El
sentido de la Constitución es debatible. Ésta es lo que determinen los jueces.
En este caso hay un precedente judicial: “De acuerdo con la doctrina y normas
positivas, la licencia es una simple autorización que cada Cámara otorga a sus
miembros (…) no implica por su naturaleza temporal, la pérdida de los derechos,
directos o indirectos, inherentes al mismo (…) No privando la licencia al
legislador, del fuero que lo protege, como integrante del Poder al que
pertenece, se llega a la forzosa conclusión de que tal prerrogativa sólo
concluye por muerte (…)” (Tesis aislada 304551.http://bit.ly/1VipCar). Por
ello, un senador con licencia tiene fuero. Por lo mismo, si lo atropellara un
trolebús, tendría su viuda derecho a cobrar el seguro de vida que brinda el
cargo.
Si
en el Senado decidieran nombrar a su colega Cervantes como ministro de la
Corte, estarían corriendo varios riesgos. Uno, que un ciudadano, afectado por
una decisión de la Corte donde el voto de Cervantes fuera decisivo, pudiera
argumentar que éste no estaba legitimado para ese cargo. Otro riesgo sería que
si decidiera pedir licencia de la Corte, podría regresar al Senado, hasta que
solicitara nuevamente licencia para regresar a la Corte. Un mismo individuo
ostentaría cargos fundamentales en dos Poderes de la Unión. Un récord Guinness
más para México.
El
Presidente de la República puede poner a alguien muy cercano a él, porque puede
temer una Corte adversa en caso de que llegaran a ella asuntos que lo
involucraran ya como expresidente. Se equivoca. Requiere una Corte fuerte y
legítima para que ésta no sea sujeta de la presión política de su sucesor. Si
López Obrador llegara al poder y viniera con ánimo de erosionar a las
instituciones existentes, proponer jubilar a todos los ministros por ser, como
le gusta decir, representantes de la mafia del poder, sería tanto más fácil,
simplemente exhibiendo el currículo de Cervantes y de Martínez.
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