2 feb. 2017

“Créanme, cuando oyen hablar de las llamadas telefónicas duras que estoy teniendo, no se preocupen...

Nota de SILVIA AYUSO,
El País, Washington 2 FEB 2017 - 13:17 CST
Las turbulentas conversaciones telefónicas mantenidas con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y con el primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, no son una excepción, sino la nueva norma en la Casa Blanca de Donald Trump. Así lo ha advertido este jueves el presidente republicano, al anunciar que no piensa bajar el “tono duro” de sus conversaciones con sus homólogos, le pese a quien le pese.
“Créanme, cuando oyen hablar de las llamadas telefónicas duras que estoy teniendo, no se preocupen. No se preocupen”, dijo Trump durante el Desayuno Nacional de Oración, una cita anual en Washington. “Prácticamente, todos y cada uno de los países del mundo se han aprovechado de nosotros, pero eso no va a seguir sucediendo”, agregó. “El mundo tiene problemas, pero vamos a arreglarlos, ¿de acuerdo? Eso es lo que yo hago, arreglo cosas”, insistió el republicano.
Trump respondía de esta forma a las informaciones surgidas en las últimas horas sobre el tono tumultuoso y hasta agresivo que ha empleado en al menos dos conversaciones con líderes internacionales. La Casa Blanca desmintió la pasada noche que Trump amenazara, como afirmó en un principio la agencia AP, al presidente Enrique Peña Nieto con enviar tropas estadounidenses a México para lidiar con los “bad hombres”, término despectivo con el que en el pasado el republicano se ha referido a inmigrantes y a criminales de origen hispano como los cárteles de la droga. Este jueves, fuentes de la presidencia estadounidense dijeron, según la misma agencia, que esas palabras habían sido dichas en tono “ligero”. Vamos, no una amenaza sino casi una broma. Que poca gracia debe haber hecho a un presidente como el mexicano, al que Trump ha vilipendiado una y otra vez con sus insultos a los inmigrantes, su proyecto de construir un muro fronterizo y su reiterada afirmación de que hará pagar a México por esa construcción que el país del sur rechaza.

Ese es el motivo de que Peña Nieto cancelara la reunión en Washington que tenía programada con Trump esta semana, el pasado martes. La conversación que ambos mantuvieron, un día después de la suspensión del viaje, tenía como objetivo limar asperezas para mantener abierta una vía de diálogo.
La presunta amenaza también fue rechazada públicamente por el Gobierno mexicano, que afirmó que el tono de la conversación telefónica de Trump con Peña Nieto el viernes fue “constructivo”.
Un término calcado al utilizado este jueves por el primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, al desmentir también que Trump le colgó el teléfono cuando ambos conversaron por primera vez, el pasado sábado. Lo que no negó, como tampoco lo ha hecho ahora Trump, es que la charla no fue precisamente tranquila.
La conversación del sábado debía haber durado una hora, pero según The Washington Post y CNN, Trump interrumpió la llamada a los 25 minutos, un espacio de tiempo confirmado por la Casa Blanca, aunque esta no precisa si fue más corta de lo previsto. Eso sí, en esa escasa media hora, a Trump le dio tiempo a decirle a Turnbull que de las cuatro conversaciones que había mantenido ese día con líderes mundiales, incluido el presidente ruso Vladímir Putin, la suya era “la peor, de lejos”, de acuerdo con el Post.
La airada respuesta del estadounidense se habría debido a que el primer ministro australiano intentaba asegurarse de que EE UU cumpliría su promesa de acoger a 1.250 refugiados que se encuentran en un centro de refugiados de su país, después de que Trump firmara, unas horas antes, el veto migratorio que tantas protestas internacionales ha generado.
Según el Post, Trump llegó a acusar a Australia de intentar exportar al "próximo terrorista de Boston", en referencia al atentado contra el maratón de la ciudad de la costa este estadounidense en 2013, perpetrado por dos hermanos de origen checheno cuyos padres llegaron como refugiados a EE UU.
Turnbull aseguró este jueves desde Australia que ha recibido garantías tanto desde el Departamento de Estado como de la Casa Blanca de que Trump respetará el acuerdo migratorio pactado con su predecesor, Barack Obama. Pero el nuevo presidente estadounidense lo puso públicamente en duda con un mensaje en las redes sociales, su medio más habitual de expresarse, en el que calificó de "estúpido" el acuerdo y dijo que lo "estudiará".
 El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, confirmó este jueves el “gran enfado” y “tremenda decepción” de Trump con el “horrible” acuerdo con Australia firmado por su predecesor. Según Spicer, pese a todo la conversación con Turnbull fue “muy cordial”.

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