1 abr. 2017

El Papa a la universidad de Perú: “Llevar una palabra auténtica y segura”

El Papa a la universidad de Perú: “Llevar una palabra auténtica y segura”
Francisco se dirige, por primera vez, a la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), tras el conflicto de los últimos años que puso a la institución educativa al borde de una ruptura con el Vaticano
ANSA

El Papa
Vatican Insider, Pubblicato il 01/04/2017
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
“Salir al encuentro del hombre y mujer de hoy, llevando una palabra auténtica y segura”. Para ello, se debe “buscar ardientemente y con rigor la verdad”. Es el llamado del Papa a la Pontificia Universidad Católica de Perú. Por primera vez, Francisco se dirigió a los integrantes de esa comunidad educativa, que hasta hace muy poco estuvo al borde de una ruptura irreparable con el Vaticano. El pontífice no sólo encontró una salida al conflicto, ahora marcó el rumbo hacia el futuro.  
Este sábado, la Sala de Prensa de la Santa Sede difundió el contenido de una carta escrita por Jorge Mario Bergoglio con motivo de los 100 años de la universidad. Fue dirigida a Giuseppe Versaldi, prefecto de la Congregación para la Educación Católica y gran canciller. Fechado el 19 de marzo último, el texto profundizó en los orígenes de esa casa de estudios y marcó los derroteros hacia el futuro. 


Reconoció que, al iniciar esa obra, los fundadores lanzaron una “propuesta valiente” al servicio de la sociedad peruana y de la Iglesia. “Es una llamada a la apertura hacia otras culturas y realidades; si se encierra en sí mismo, contemplando sólo su saber y logros, estará abocado al fracaso. Sin embargo, conocer el pensamiento y las costumbres de otros nos enriquece, y nos estimula a su vez a profundizar en nosotros mismos para poder entablar un diálogo serio y fructuoso con el medio que nos rodea”, indicó. 

Más adelante destacó el “vínculo especial” de esa institución con el sucesor de Pedro y, en comunión con él, “con toda la Iglesia universal”. Advirtió que ella logrará sus objetivos si puede llevar al tejido social “esas dosis de profesionalidad y humanidad, que son propias del cristiano que ha sabido buscar con pasión esa síntesis entre la fe y la razón”. 

Recordó que, en sus estatutos, se define como “comunidad de maestros, alumnos y graduados dedicada a los fines esenciales de una institución universitaria católica”. La síntesis de todo un proyecto, aclaró el Papa, no sólo educativo sino también de vida. 

“Se trata ante todo de una comunidad, lo que supone reconocerse miembros de una misma familia, que comparten una historia común fundada en unos mismos principios que la originaron y que la mueven. La comunidad se forma y se consolida cuando se camina juntos y unidos, valorando el legado que han recibido y que deben custodiar, haciéndolo vida en el mundo presente y trasmitiéndolo a las nuevas generaciones”, indicó.  

“Asimismo, esa comunidad está formada por maestros, alumnos y graduados. Los roles son diferentes pero todos ellos necesitan del otro para ejercerlos auténticamente. El maestro es uno, nuestro señor, y quien está llamado a enseñar tiene que hacerlo desde la imitación de Jesús, buen maestro, que salía a sembrar cada día con su palabra, y era paciente con los que le seguían y humilde en el trato con ellos”, agregó. 

Afirmó que para enseñar, se debe primero aprender. Seguir “al maestro”, estar atento a sus enseñanzas para poder superarse y ser mejor. Constató que enseñar y aprender forman parte de un proceso lento y minucioso, en el cual se llega a “colaborar con el creador”. Una verdadera “tarea sagrada”.  

En esa misión todos —profesores, alumnos y egresados— son necesarios, sostuvo. Precisó que cada uno de ellos debe aportar la competencia de su saber y lo específico de su vocación y vida, para que ese centro de estudios brille no sólo en su excelencia académica, sino también como escuela de humanidad.  

“Esa comunidad tiene el desafío de buscar y anhelar los fines esenciales de una institución universitaria católica; es decir, ser evangelizados para evangelizar. Todo cristiano ha sido conquistado por el señor y de ese encuentro se transforma en testigo. El aprendizaje de conocimientos no basta, se requiere llevarlos a la vida, siendo fermento en medio de la masa”, siguió.  

Apuntó: “Somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en el mundo en un evangelio viviente. A través del ejemplo de nuestra vida y de nuestras buenas obras estaremos atestiguando a Cristo, para que el corazón del hombre pueda cambiar y transformarse en una criatura nueva”.  

En esos términos, la carta del pontífice certificó que fueron superados los contenciosos pendientes. La controversia sobre la gestión administrativa, económica y académica de la PUCP, la universidad más importante del país sudamericano, había llegado al extremo en 2012. En julio de ese año, el Vaticano le quitó la potestad del uso de los títulos de “Pontificia” y “Católica”, sumiéndola en una situación de zozobra. 

Las cosas cambiaron con la llegada del Papa argentino. Tras casi un año de negociaciones reservadas, la universidad aceptó adecuar sus estatutos internos a las indicaciones de Roma, cosa que se sengó a hacer durante años. Al mismo tiempo, el pontífice decidió nombrar un nuevo gran canciller, sustituyendo al cardenal que hasta entonces ocupaba el cargo, el arzobispo de Lima Juan Luis Cipriani Thorne. 

En su misiva, Francisco insistió en la necesidad de recuperar la memoria de los inicios, de mantener la propia identidad católica y cultivar sus valores más profundos. Un estilo de vida, no una elección estratégica o pasajera. Un ejercicio fundamental, para que una posterior acción en el campo social sea verdaderamente católica.  

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