19 jun. 2018

Por la unidad de las familias migrantes

Por la unidad de las familias migrantes
Ciudad de México a 19 de junio de 2018
Saludamos con la paz de Cristo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. 
Los obispos mexicanos manifestamos nuestra grave preocupación ante el anuncio que el gobierno de los Estados Unidos ha hecho respecto de que casi 2 mil niños migrantes han sido separados de sus padres en las últimas semanas. De esta manera, se eleva el total de niños en esta situación a casi 4 mil del año pasado a la fecha. En esta misma línea el Papa Francisco ha manifestado su preocupación sobre el creciente número de niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados que existen en algunas partes del mundo. Las familias no deben ser separadas. Al contrario, el bien común se consolida con la unidad de las familias. 
Este es el resultado de una política migratoria de “tolerancia cero”, que promueve el arresto a todos los adultos que intentan entrar de manera ilegal a los Estados Unidos, incluyendo aquellos que buscan asilo y huyen de condiciones de peligro y vulnerabilidad en sus países de origen. Mientras los adultos son arrestados y detenidos, los niños acompañantes son separados de sus familiares y enviados a diferentes instalaciones de detención. 

Así mismo nos preocupa que también existen muchos niños migrantes solos o que se encuentran en compañía de personas que no son sus padres o sus tutores oficiales, en cuyo caso, están más expuestos a ser presa del crimen organizado o de la trata de personas. Estos niños es preciso rescatarlos por razones humanitarias y tratarlos de manera justa, respetando con gran cuidado sus derechos humanos.
Hacemos un fuerte llamado al gobierno de Estados Unidos, a salvaguardar la integridad de las familias migrantes y el derecho que, tanto padres e hijos tienen de permanecer unidos. La soberanía política de cualquier Estado descansa en una soberanía anterior y mucho más fundamental: la soberanía de las familias. Las familias poseen una dignidad que les es propia y que no es fruto del estatus migratorio de sus integrantes sino de su propia naturaleza como célula esencial de la vida social. Además, separar a las familias, genera consecuencias más peligrosas y dañinas para los niños, porque los hace más vulnerables y los expone a otros riesgos que, sin el cuidado y resguardo de los padres no podrán afrontar. El interés superior de los niños tiene primacía sobre cualquier otra cuestión o discusión en esta materia.
Confiamos a Santa María de Guadalupe las esperanzas y el cuidado de todos los migrantes y refugiados, y muy especialmente de los niños y niñas latinoamericanos que padecen esta situación en los Estados Unidos. Jesucristo nos recuerda a todos: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40).
Por los obispos mexicanos,
+ Card. José Francisco Robles Ortega
Arzobispo de Guadalajara
Presidente de la CEM
      + Mons. Alfonso Miranda Guardiola
         Obispo Auxiliar de Monterrey
         Secretario General de la CEM

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