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Las columnas políticas hoy, 3 de julio de 2015

Bajo Reserva /El Universal
Grabaciones indiscretas a Navarrete

Una vez pasada la aduana de las elecciones 2015, el líder del PRD, Carlos Navarrete, tiene lista una iniciativa para evitar que sus compañeros de partido graben sus conversaciones y discursos privados. Quiere poner freno al espionaje amarillo del que fue objeto antes del proceso electoral y que reveló su diagnóstico catastrófico y “visionario” de los resultados en los comicios y su visión de 2018 en el DF —como lo dio a conocer EL UNIVERSAL el 1 de junio—. Nos cuentan que don Carlos va a solicitar el 25 de julio ante el Consejo Nacional establecer reglas y sanciones a militantes que filtren sus diálogos privados. Por ahora, su equipo alista la iniciativa para presentarla ante los consejeros perredistas. “Cuando te hablen de amor y de ilusiones…”, cantará un Navarrete joséalfrediano.
El presidente nacional del PRD, Carlos Navarrete
Mujeres del tricolor levantan la mano
La nueva legislatura en San Lázaro se estrenará el 1 de septiembre próximo con una novedad: el alto número de mujeres que ocupará una curul en el Palacio Legislativo, derivado de la legislación que en materia de equidad impulsó el presidente Enrique Peña Nieto. Y para hacer honor a ella, en el PRI las mujeres comienzan a levantar la mano para ocupar la presidencia de la Mesa Directiva, pues en el primer año le toca esta posición al Revolucionario Institucional, nos explican. La mujer que suena más fuerte para ocupar el lugar es la secretaria general del PRI, Ivonne Ortega, quien tiene el respaldo de sus compañeras para hacer honor a la equidad, nos comentan.

El líder turquesa no cambia de color
Aquellos de color turquesa que andan acelerados con la destitución del líder de Nueva Alianza, Luis Castro, por los magros resultados en las elecciones del 7 de junio, pueden seguir esperando. Nos dicen que en el escenario de que don Luis llegue a la Asamblea Legislativa del DF, una vez que termine el litigio de los partidos con las candidaturas de representación proporcional, no dejará la dirigencia turquesa porque sus resultados no fueron tan malos: el Panal superó la cuota de 3% de la votación, con 3.74, y llegará a San Lázaro con 10 diputados, los mismos que en la Legislatura que está por concluir. En la parte negativa, solamente perdió el registro en Guerrero y Michoacán, pero eso no cambia las cosas, nos comentan en el equipo de Castro.
Dan largas a Elba Esther
Largas y largas en el caso de Elba Esther Gordillo, ex líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, quien permanece en prisión desde febrero de 2013 esperando sentencia en el proceso por delitos federales y la solicitud para ir a prisión domiciliaria por cuestiones de salud y edad. La maestra tenía programada ayer una la audiencia para ratificar algunos peritajes ante el juez Sexto de Distrito de Procesos Penales Federales en el Distrito Federal, Alejandro Caballero Vértiz, pero se difirió y no hay fecha en la agenda del encargado del juicio, nos dicen. El motivo: el perito de la PGR no pudo asistir a la diligencia porque “se lesionó” el pie. Su equipo de abogados sigue insistiendo en la liberación de la otrora poderosa sindicalista.
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SEDENA Y CNDH: EXIGENCIA COMÚN/Editorial El Universal
En el país hay casos que generan revuelo, levantan pasiones y generan definiciones maniqueas sobre buenos y malos. Tlatlaya ha sido uno de ellos. Se cumplió ya un año de los hechos en los cuales 22 personas murieron en el poblado del Estado de México, situación que hasta ahora no ha sido precisada del todo. Siete elementos militares están señalados como presuntos responsables. El tema se encuentra en estos momentos en manos del Poder Judicial, que no ha emitido su fallo, pero sectores de la opinión pública parecen adelantarse y emiten sentencias condenatorias.
EL UNIVERSAL presentó esta semana una entrevista con el general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional. En ella, exige que se haga justicia, por lo “costoso” que ha resultado el caso para el Ejército. Y dice algo de una lógica mínima: “Si los soldados se equivocaron, pues serán castigados. Pero si no se equivocaron habrá que reconocer su inocencia”. Y llama a esperar el veredicto del juez.
A ese llamado se unió ayer la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en voz del segundo visitador Enrique Guadarrama López. “Es importante la conclusión del proceso penal”, menciona.
Es de resaltar la postura coincidente de dos actores centrales. La justicia demandada por uno y otro es lo mejor que pueden plantear. El país se encuentra ante un caso que puede ser un parteaguas en su historia judicial. Lo prudente es esperar el resultado que se dicte cuando haya concluido el proceso.
Mientras, los ánimos condenatorios que varias voces emiten a priori, inculpando sólo a una de las partes implicadas, en poco contribuyen para tener el mejor resultado y una visión lisa de lo ocurrido.
La resolución debe ser resultado de un proceso justo sin balances sesgados o manipulación de documentos que buscan únicamente generar confusión.
Afirmar que el Ejército buscó “abatir” a los delincuentes —como establece el Centro de Derechos Humanos Pro y otros organismos en el mismo sentido, al citar un documento militar— es una lectura parcial. En el mismo oficio al que hace referencia se alude a la obligación de los soldados de respetar los derechos humanos y de evitar conductas específicas en el combate a grupos del crimen organizado. No olvidemos que a las Fuerzas Armadas le fueron asignadas desde hace casi una década tareas que no le corresponden: el combate a la delincuencia.
El fondo del caso es, indudablemente, la eventual violación de los derechos humanos de civiles. No adelantemos juicios. Esperemos simplemente el fallo judicial. Nada más …pero nada menos.
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FRENTES POLÍTICOS/ Excelsior.
I.Adiós muchachos… El periodista Jacobo Zabludovsky falleció ayer a los 87 años y la noticia movió a la emoción y a la reflexión en la sociedad mexicana. Forjador de generaciones de periodistas, proveniente de cuna humilde, logró una carrera de relevancia que nadie le puede regatear. Fue, sin duda, el periodista más grande que ha tenido México en la televisión. Y como sintetizó el cronista Mario Alberto Mejía, “cruzó la noche mexicana con estilo. A veces eso es suficiente para enfrentar las tormentas”. Mantuvo a los televidentes pegados al monitor casi tres décadas. Y eso no es sino excepcional. Luto periodístico, sin más. Zabludovsky no murió, “sólo cerró los ojos”, dice el tango.
I.Que se vayan todos. Aunque parece el mensaje de fondo, en realidad el anuncio de Miguel Ángel Mancera Espinosa, jefe de gobierno del Distrito Federal, no irá tan lejos. Sabe que necesita hacer cambios para la segunda parte de su gobierno y, en el fondo, reconoce que no todo ha funcionado, lo que sin duda es otro de sus méritos. No se ciega. Sin embargo, el golpe de timón dado ayer no puede ser cosmético ni superficial. La expectativa que generó el anuncio del mandatario local es enorme. A Mancera Espinosa le tiembla la mano. Los capitalinos confían en él.



III.Austeridad obligada. Le toca al gobierno apretarse el cinturón, revisando uno por uno los rubros de gasto público para ver cuáles se justifican y cuáles no, dijo Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda y Crédito Público. Aplicar la metodología de Base Cero para la elaboración del presupuesto federal 2016, que implica la evaluación minuciosa de programas y dependencias, tiene como propósito romper con la inercia burocrática, afirmó el titular de la SHCP. Advirtió, además, que 261 programas se fusionarán en 99. Imagínese: se encontró que había esfuerzos duplicados o redundantes en algunas dependencias. Esto de la austeridad es un deber impostergable. La clase política, ¿se acostumbrará?
IV.Honores. A su llegada a la República del Perú, el presidente Enrique Peña Nieto fue condecorado por su homólogo Ollanta Humala, previo al inicio de sus actividades en la X Cumbre de la Alianza del Pacífico, que se desarrolla en la ciudad de Paracas. Peña Nieto fue investido con la orden militar Francisco Bolognesi, en grado de Gran Cruz, así como con la orden Gran Almirante Grau, en grado Gran Cruz. Hoy, los presidentes de México, Perú, Chile y Colombia participan en la Cumbre, alianza que integran los 4 países, desde 2011, cuando decidieron unirse para integrar un bloque comercial. Actualmente existen 42 países observadores de esta Alianza, entre ellos Costa Rica y Panamá, que también buscan adherirse a la Alianza. No hay tregua. Trabajo total.
V.Jueces impunes. Rubén Oseguera González, El Menchito, señalado por las autoridades como el segundo al mando del Cartel Jalisco Nueva Generación, fue liberado y recapturado por tercera ocasión. Para tomar esa decisión la juez argumentó intromisión ilegal al domicilio del indiciado por parte de la Policía Federal para su detención; no haber sido puesto a disposición del Agente del Ministerio Público de forma inmediata, sino nueve horas después; y no haber sido asistido inmediatamente por un defensor ante la Representación Social de la Federación, sino hasta que emitió su declaración ministerial. Pequeñeces. ¿Cuándo, en este país, los jueces corruptos serán llevados ante la justicia? No más impunidad.
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Lenguas Viperinas/LSR
ANTE LA INCERTIDUMBRE generada en torno a la petición de Miguel Ángel Mancera para que su gabinete presente su renuncia para ser "evaluado", el secretario de Gobierno, Héctor Serrano, convocó hoy a primera hora a los coordinadores de las tribus del PRD en el DF para una reunión a puerta cerrada. ¿Tirará línea o anunciará su despedida?
LAS FICHAS en el PAN se están moviendo y mucho. Javier Corral determinó apostar a una campaña por la presidencia nacional de su periodo en redes sociales e internet, a lo que sumará los recorridos frente a frente con los panistas en los estados en los que el PAN ha perdido espacios.
A LA DIRIGENCIA nacional del PRI llegó un documento en donde algunos estados como Chihuahua, Sinaloa y Veracruz piden analizar la posibilidad de cancelar, anular o complicar todo lo que pueden las candidaturas independientes.
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¿Será?/24 Horas
La jugada de Mancera
En una maniobra política parecida a una jugada de ajedrez, Miguel Ángel Mancera mató dos pájaros de un tiro con la solicitud de renuncia a todos los integrantes de su gabinete: sin decirlo, con esta decisión abre nuevos canales de comunicación con la oposición en el DF, que tanto le reclamó la presencia de un interlocutor válido, y por otro da una salida digna a los secretarios que ya no van a seguir en su gabinete, ya que no los exhibirá. ¿Será?
¿Fue el avión o la pista?
Hace dos días, 24 Horas publicó que el modelo de avión que compró Felipe Calderón para viajes presidenciales, y que está por ser entregado, ha tenido varias fallas y ayer se despistó una de las aeronaves que utiliza el primer mandatario. Pero comienzan a surgir dudas de si fue el avión o la pista, ya que existe una falla geológica que atraviesa una de las pistas de aterrizaje del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, cuyo mantenimiento es responsabilidad de Aeropuertos y Servicios Auxiliares, que dirige Alfonso Sarabia.
 El acero que perdió su peso
 Habría que preguntar a las autoridades mexicanas si existe seguimiento de a dónde fue a parar o si ya se detuvo la venta, a una empresa china, de toneladas y toneladas de material de hierro por parte de Los Caballeros Templarios, grupo delincuencial liderado por Servando Gómez La Tuta, el cual era tan grande que fue la causa principal de que la Marina Armada tomara control del puerto de Lázaro Cárdenas. No vaya a ser que nos los estén regresando en forma de acero para competir de manera ventajosa con la industria mexicana.
 Los chinos vienen por más
 Después de la cancelación del tren bala DF-Querétaro-DF, muchos pensaban que las empresas chinas se irían del país, pero no. Existe una compañía de ese país que vende soluciones electrónicas y teléfonos celulares, cuyo nombre empieza con “H”, que tiene entre sus prioridades a México. De los 170 países en los que invierten, el nuestro ocupa el lugar siete. Es de alta prioridad. Tan en serio van que hasta estará en la camiseta del equipo de futbol América, en julio próximo, en lugar de una marca de don Lorenzo Servitje. ¿Será?
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EL ASALTO A LA RAZÓN/Carlos Marín
Milenio
Jacobo Zabludovsky
Nos presentó Pepe Guindi a finales de los 90 en su restorán Il Punto de Polanco.
“Se tienen que conocer”, me había insistido, sabedor de los juicios y prejuicios que guardaba yo sobre su prominente amigo, admirado por muchos, como yo, y detestado por muchos… como yo.
“¿Qué clase de periodista eres?”, me azuzaba. “¿Solo hablas con gente que hace o piensa lo que tú?”, me aguijoneaba.
Tenía razón.
Jacobo Zabludovsky me saludó con una familiaridad que agradecí, y la sorpresiva presencia de Lucho Gatica me hizo ver que Pepe se había asegurado de que aquel nuestro primer encuentro nos fuese lo menos incómodo posible. Y jamás lo fueron siempre que volvimos a comer, solos o acompañados, en aquel y otros lugares (ni se diga su Centro Castellano).
Su cálido trato hacia mí lo superaba siempre su adorable esposa.
Disfruté mucho con él entretenidas y memoriosas conversaciones, con anécdotas de colección y puntadas carcajeantes.
En su muerte, como todas triste, celebro haberlo conocido, seguro tarde mas por fortuna a tiempo.
cmarin@milenio.com
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Crónica: En la despedida de Jacobo, el cielo lloró
“Un vacío irreparable y en el corazón una tristeza inmensa”, dijo el hijo del periodista
‘AGUSTÍN VELASCO |
La Silla Rota, NACIÓN | 2015-07-02 16:44:00.
 Jacobo Zabludovsky Kravesky se fue en medio de un aguacero que comenzó justo cuando su féretro –una caja de madera envuelta en una manta en la que había bordada una Estrella de David, como lo marca la tradición judía– salió del velatorio en la calle Sur 144.
“Un vacío irreparable y en el corazón una tristeza inmensa”, dijo un melancólico Abraham Zabludovsky, hijo del periodista.
Poco antes de las 14:00 horas, en el Lote 64 del Panteón Israelita los restos del cronista del sismo de 1985 fueron depositados, muy lejos del barrio de La Merced, del Centro Histórico y de la calle Doctor Barragán, donde nació y creció. Donde aprendió a caminar y donde conoció al amor de su vida, Sarita.
Un olor a tierra mojada inundó la escenografía de una calle en la que uno que otro vecino se asomaba para saber qué es lo que sucedía en el pequeño panteón.
“¿Quién se murió, joven?” preguntó una intrigosa mujer que rondaba los 50 años. “Falleció el Zabludovsky”, le respondió el sujeto que en seguida fue secundado con un “en paz descanse”.
El cielo gris no les dio tregua a los asistentes de la comunidad judía que acudieron a despedir al polémico Jacobo, un hombre tan aplaudido como cuestionado, tan premiado como criticado. Un hombre que creció con el sistema y que intentó redimirse durante los últimos 15 años de su vida a través de una estación de radio en la que trabajó hasta el miércoles pasado.
“Se le veía cansado, pero no pensamos que fuera a morir. Su voz nunca bajó ni un decibel, nunca se quejó, siempre fue puntual y pulcro”, se arriesgó a decir el chofer de un importante directivo de Radio Centro, la empresa que atestiguó los últimos días del periodista.
La ironía también se presentó en el sepelio, pues a puerta cerrada y bajo un estricto cerco de seguridad no se permitieron cámaras de video ni fotográficas en el último adiós del comunicador que con una cámara Bolex de 16 mm en mano se embarcó a narrar los primeros minutos del régimen comunista cubano en enero de 1959.
“Uno de los más importantes pilares del periodismo en nuestro país, un hombre que tuvo la virtud de permanecer vigente hasta el último de sus días, un hombre que trabajó todos los días de su vida, que viene de un origen modesto, que con esfuerzo, trabajo dedicación y estudio, logró encumbrarse en la difícil tarea del periodismo”, dijo Eduardo Sánchez, vocero de la presidencia de la República, quien acudió acompañado de la esposa del Presidente, Angélica Rivera.
“Se pierde una de las voces más respetadas en nuestro país. Jacobo deja un legado muy importante a la juventud de México en cuanto a su veracidad, en cuanto a su profesionalismo”, pronunció Emilio Gamboa, líder priísta en el Senado de la República.
En medio de un aguacero, unas semanas después de cumplir 87 años, se fue el hombre del régimen, el cronista extraoficial del Centro Histórico al que conocía “casa por casa”, el amor de Sarita.
“Sí tienes que ir a ver, ir a oler y ser sensible para captar todo aquello que está pasando”, dijo alguna vez a Cristina Pacheco. Este 2 de junio a las 14:00 horas, olía a tierra mojada.
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Jacobo, el mito que trabajaba día con día/Jorge Fernández Menéndez
Excelsior
Jacobo, el mito que trabajaba día con día
Para José Manuel, que termina la primaria para iniciar su propia vida.
Recuerdo perfectamente el momento porque, para mí, fue muy importante. Conocí a Jacobo Zabludovsky en septiembre de 1989, en Washington. Era la primera vez que iba a una gira presidencial en el extranjero. El presidente era Carlos Salinas que hacía su primera visita oficial a Estados Unidos, estuvo en Washington y en Nueva York. Allí, a poco de despegar, conocí a Joaquín López-Dóriga, que regresaba, después de una enfermedad y cambios importantes en su vida, a una gira presidencial. Joaquín, siempre generoso y con toda la experiencia del mundo, pasó muy rápido de ser colega a convertirse en amigo y me enseñó lo que yo entonces no sabía: cómo funcionaba una gira presidencial, cuáles eran los botones que había que tocar para tener información, quiénes eran las personas que daban o quitaban acceso a ella, más allá de los altos funcionarios.
Pero, en aquella ocasión, también me presentó, yo se lo pedí, a Jacobo, con el que Joaquín había trabajado muchos años. El entonces conductor de 24 Horas estaba en el punto más alto de su carrera: tenía peso, influencia y poder en el más amplio sentido de la palabra. Sin embargo, en aquella ocasión pedí que me lo presentaran por otra razón: me asombraba que mientras otras figuras de la prensa de aquella época esperaban a que les llegaran las notas, la información, demandaban privilegios y gozaban de ellos, Jacobo (invitado siempre en todas las principales mesas de la política y por ende de la gira) estaba con su libreta y su pluma, con una pequeña grabadora, preguntando, entrevistando, tomando notas, pasando largas horas en una sala de prensa, que podría haber montado tranquilamente en su habitación, esperando a que, como era entonces norma, le llegaran todas las “exclusivas” importantes para su noticiario nocturno. Pero ahí estaba trabajando, haciendo lo que nunca dejó de ser, un reportero y, más allá de eso, un cronista, un gran cronista y observador de la vida política y social del país.
Nunca fuimos, en el verdadero sentido del término, amigos, nunca trabajé con él, ni en sus mismos medios, pero cada vez que nos encontrábamos o coincidíamos (por alguna extraña razón nos tocaba encontrarnos con enorme frecuencia en eventos profesionales, restaurantes, museos y calles, en México o en el extranjero) era el mismo colega afectuoso, interesado, informado, que había conocido en septiembre de 1989. Daba siempre gusto encontrar a Jacobo y platicar con él, aunque sea unos minutos, invitarle o ser invitado a tomar una copa de vino en su mesa.
Ya sé, yo también lo pensaba hasta 1985: Jacobo era algo más importante y más trascendente que un cronista. Era la voz oficial, la del soldado (Azcárraga Milmo dixit) ante el presidente en turno, la voz y la imagen de aquella Televisa. Buena parte de eso era, sin duda, verdad. Pero incluso en ese contexto Jacobo mostraba un enorme profesionalismo respecto a cómo hacer las cosas, cómo presentarlas, en cómo observaba y conocía el trabajo periodístico de todos los demás, incluyendo sus principales críticos, que lo hacían diferente.
Esa diferencia de Jacobo, para mí y para muchos otros, se confirmó mucho antes de que lo conociera en aquella gira en Washington: fue en su cobertura (porque fue suya, ni siquiera de su empresa devastada por la tragedia) en los sismos de 1985. Con un teléfono, una cámara y una moto, con lo que tuviera a mano, comenzó a contar la tragedia de una ciudad destruida que conocía como pocos, con todo el profesionalismo que permite un corazón desgarrado por la pérdida de amigos, compañeros de trabajo, de espacios que eran parte de su vida y de la de todos.
La historia posterior la conocemos, aunque hay capítulos, historias, personajes que intervienen en ellas, que algún día tendrán que develarse. Concluido el sexenio de Carlos Salinas, comenzó una transición que culminó, hace exactamente 15 años, con el triunfo de Vicente Fox. Esa transición, que en los medios había comenzado en realidad desde fines de los 80 y se aceleró en 1994, tenía que trascender a Jacobo, tenía que cerrar su etapa. Hubiera podido optar por retirarse para viajar o disfrutar su enorme colección, la más importante de América, de discos de tangos, o podía dedicarse a realizar algunos trabajos especiales.
Decidió reinventarse: renunció a todo lo anterior y se concentró en la radio y la prensa escrita, informó, pero ahora, por sobre todas las cosas, opinó y opinó sobre todo y todos. En ocasiones acertaba y en otras no. Pero trabajó casi hasta su último día con independencia, con talento, con información, y siguió siendo, sin la parafernalia y el peso que tuvo en su momento 24 Horas, lo que siempre fue: un periodista, un gran cronista y un buen hombre. Con su muerte se cierra toda una etapa, termina de irse toda una generación de periodistas, y del periodismo, en nuestro país. Descanse en paz.
La decisión de Mancera
Ya habrá tiempo de analizar la decisión y los movimientos que provocará, pero el que el jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, le pidiera la renuncia a todo su gabinete para relanzar su gobierno es acertada y valiente. Se deshará de lastre, de ineficiencias y de deslealtades. Una buena decisión, de esas que no se acostumbran en nuestro país.
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EN PRIVADO/Joaquín López-Dóriga
Milenio
Jacobo, Agustín: el farolito…
¡Y quién puede presumir de haber tenido solo luces…! Florestán
La tarde del domingo 8 de noviembre de 1970 murió Agustín Lara en el Hospital Inglés de Observatorio, al que mes y medio antes Jacobo me había mandado porque iban a ingresarlo. Y allí estaba yo esperando desde las cinco de la mañana hasta que a las seis vi a una enérgica mujer, perfectamente arreglada, Amalita Gómez Zepeda, secretaria de todas las confianzas de don Emilio Azcárraga Vidaurreta, acompañando a un hombre muy delgado envuelto en un gran abrigo.
Le reporté a Jacobo y me dijo que escribiera la nota para el noticiario de la noche, 24 horas, que acababa de iniciar dos meses antes, en septiembre, y al que yo me había agregado dos semanas después, desde Copenhague, donde cubría la asamblea conjunta del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
Pasé semanas en la sala de visitas del hospital, con un grupo de reporteros, pero Lara se resistía. Antes, murió el general Lázaro Cárdenas, el 19 de octubre.
Al atardecer de aquel domingo 8 de noviembre, llamé a Jacobo a su casa y le dije que Lara había muerto. Nos encontramos en el hospital y seguimos la ambulancia mortuoria que trasladó sus restos a la agencia de Félix Cuevas. Ingresamos juntos a un sótano y con la frialdad de lo cotidiano, dos operadores bajaron un costal negro con los restos del compositor más famoso de México y allí lo dejaron en una camilla, entre solo y abandonado.
El lunes por la noche tenía lista mi crónica, que Jacobo no quiso ver, como siempre revisaba. Camino al estudio, me dijo: Vas a ver que mañana no va a faltar el cursi que escriba:“ya se apagó el farolito”.
Lo alcanzo enseguida, le dije, se me olvidó una parte del texto.
Y en el pasillo taché la primera línea de mi crónica: “ayer se apagó el farolito”.
Esa era la intuición periodística de Jacobo que podía corregir la nota de un reportero tantas veces, hasta que quedara como debía quedar.
Era la generosidad de la enseñanza de este oficio, y de la vida, pero también el rigor.
Cuando Jacobo inició, por un proyecto de Emilio Azcárraga Milmo, el Noticiero 24 horas, no había reporteros en la televisión porque en la televisión no se hacía periodismo. Él nos abrió la puerta a todos, aun a quienes lo quieran negar, y tenemos que reconocer, y yo agradecer, que hubiera derribado ese muro.
Ayer por la mañana, cuando me enteré de su muerte, me sentí triste, consternado; tristeza y consternación que no me dejaron en todo el día, ni quise que me dejaran. Tristeza y consternación al abrazar a Sarita, a Abraham, a Diana, a Jorge frente al ataúd de madera de pino de Jacobo, cubierto con un lienzo negro y una estrella de David; tristeza y consternación al recordarlo en la radio; tristeza y consternación en el noticiario que él hizo durante casi 28 años: tristeza y consternación al recordarlo y escribir estas líneas.
Adiós, amigo.
Gracias.
Por vacaciones nos vemos el próximo martes 28
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EL ASALTO A LA RAZÓN/Carlos Marín
Milenio,
Jacobo Zabludovsky
Nos presentó Pepe Guindi a finales de los 90 en su restorán Il Punto de Polanco.
“Se tienen que conocer”, me había insistido, sabedor de los juicios y prejuicios que guardaba yo sobre su prominente amigo, admirado por muchos, como yo, y detestado por muchos… como yo.
“¿Qué clase de periodista eres?”, me azuzaba. “¿Solo hablas con gente que hace o piensa lo que tú?”, me aguijoneaba.
Tenía razón.
Jacobo Zabludovsky me saludó con una familiaridad que agradecí, y la sorpresiva presencia de Lucho Gatica me hizo ver que Pepe se había asegurado de que aquel nuestro primer encuentro nos fuese lo menos incómodo posible. Y jamás lo fueron siempre que volvimos a comer, solos o acompañados, en aquel y otros lugares (ni se diga su Centro Castellano).
Su cálido trato hacia mí lo superaba siempre su adorable esposa.
Disfruté mucho con él entretenidas y memoriosas conversaciones, con anécdotas de colección y puntadas carcajeantes.
En su muerte, como todas triste, celebro haberlo conocido, seguro tarde mas por fortuna a tiempo.
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LA HISTORIA EN BREVE/Ciro Gómez Leyva
El universal
El Jacobo Zabludovsky del siglo XXI
Una noche de agosto de 1989 decidí no ver más el noticiero de Jacobo Zabludovsky. Corría el primer año del “milagro salinista”, y puesto que el PAN había ganado la gubernatura de Baja California, el gobierno y la televisión machacaban que México se desplazaba irremediablemente a la democracia.
El día del triunfo panista se celebraron también elecciones en Michoacán. El recién nacido PRD denunciaba que el PRI y el gobierno echaron a andar la maquinaria del fraude que despojó a Cuauhtémoc Cárdenas de la victoria en las presidenciales de 1988. Así es que los cardenistas se fueron a protestar a las calles, plazas, palacios municipales y carreteras. Había que detenerlos, lincharlos, como en el 88. Y para eso, nada mejor que el noticiero de Zabludovsky.
No lamenté, por lo mismo, su salida definitiva de Televisa en el año 2000. La nueva dirección, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, acababa de colocar a Joaquín López-Dóriga en el noticiero estelar (15 años después puede seguirse midiendo el tamaño del acierto). Zabludovsky, que por entonces conducía un noticiero en Cablevisión, decidió marcharse.
Escribí en esos días un artículo (Milenio, abril 5 de 2000) que terminaba con esta frase: “Como periodista y como televidente, y más allá de las virtudes humanas de Jacobo Zabludovsky, celebro que una vieja escuela, una vieja forma de adulterar, de viciar la información se haya ido de las pantallas”.
Al poco tiempo, Ricardo Salinas Pliego tomó con sus pistoleros la planta transmisora de CNI/Canal 40 en el cerro del Chiquihuite. Zabludovsky, ya en su programa de mediodía en Radio Centro, fue de una generosidad editorial extraordinaria con nosotros, conmigo. Nos acompañó
No volví a criticarlo. Y no sólo por gratitud, sino porque fui de los que se asombraron con la traslación del “soldado del PRI” en un singular, septuagenario crítico del poder. Sereno, atinado, periodista, Zabludovsky se acercaba a una parte de la sociedad que tanto lo reprobó. El propio Andrés Manuel López Obrador lo elogiaba en la plaza en los graves momentos del conflicto poselectoral de 2006 como uno de los contados comunicadores honorables del país.
Comencé a leer, a disfrutar su columna de los lunes en EL UNIVERSAL. Sin jamás haber cruzado palabra con él tete a tete, me reconcilié íntimamente con el personaje. Ayer, cuando conocí la noticia de su muerte, me alegró haber escrito en estas páginas, apenas el 29 de abril, una columna titulada: “López Obrador-Zabludovsky, una pequeña joya”, en la que daba cuenta y celebraba la espléndida entrevista que le hizo al líder de Morena.
Con ese Jacobo Zabludovsky me quedo. Con el periodista del siglo XXI.
MENOS DE 140. Un perito alegó un esguince para no asistir a la audiencia. El otro nomás no se presentó. Alargar el caso Elba Esther parece la consigna.
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Y AL FINAL SÓLO LA LLUVIA/Rafael Cardona
La Cronica
¡Ay, Jacobo, cuántas vidas vivió usted en esta vida! ¿Cómo se podría contar esa ruta de sencillez mercedaria y pobre (del Barrio de La Merced) a la cúspide profesional durante tantos años?
El rito ya se había cumplido. el cuerpo yerto de Jacobo Zabludovsky ya no sentía ni la luz, ni la fría brisa sobre las copas largas y delgadas de los cipreses en el cementerio judío, cuya severidad de silencio y pájaros callados apenas y se turba con el rumor sordo de la ciudad.
Tampoco escuchaba Jacobo la voz gutural del rabino –cuyo sombrero de alas anchas y negras se mira más caído sobre la frente y más negro sobre los ojos—, quien eleva la oración y de sus palabras hondas, dolidas e incomprensibles no se ocupan los oídos gentiles, pero no se necesita entender cuando se siente el aliento espiritual de la palabra.
En la monocorde melodía de reposo casi hipnótico, se dicen frases de entre las cuales se adivina adonai, adonai; mi señor, mi señor…
Hay una caja de rudimentaria simpleza. Dentro un cadáver. Encima el techo de un cobertizo, como si fuera un palio de concreto, y desde esa altura una estrella de David parece descender sobre el cajón de pino mal desbastado, sin laca, ni barniz, ni pulimento.
La muerte nos iguala, nos deja en la sencillez incomprensible del final.
La rigidez del rito impide la profusión de cámaras de televisión. El último lugar para el reposo perpetuo no es ahí, sino en otra ala del cementerio. Para llegar allá será necesario cruzar la pequeña calle Sur 138.
Al iniciar la oración funeraria, Sergio Slomiansky previene de lo inminente: el chubasco. Anuncia la brevedad urgente en la despedida (…nos apresuraremos, no nos vaya a ganar el agua, dice) y la breve semblanza de Jacobo comienza a sentirse salpicada por goterones, cuyo grosor y ruido sobre el piso auguran una tormenta de proporciones bíblicas. Y al poco tiempo se cae el cielo.
Lo demás es confuso y un tanto caótico. Correr entre paraguas, sentir los empujones en la estrecha puertecita del otro lado de la calle.
¡Ay, Jacobo, cuántas vidas vivió usted en esta vida! ¿Cómo se podría contar esa ruta de sencillez mercedaria y pobre (del Barrio de La Merced) a la cúspide profesional durante tantos años. Cómo iba usted a imaginarse comiendo langostas con Arthur Rubinstein en París o contando cuentos con Salvador Dalí en Cadaqués o alzando el dorado Nobel con García Márquez en Escandinavia? En fin.
Ahora le cuento una verdad: yo siempre lo he querido ver. No en la televisión quiero decir, sino en la vida. Desde hace muchísimos años, pero hoy, de veras hubiera preferido no ver nada de todo esto. No me gusta el dolor, ni el mío ni el enorme peso de la desgracia y la tristeza sobre los hombros de Sarita, ¿verdad?, usted me entiende.
Yo no hubiera querido ver ni a Jorge ni a Diana ni mucho menos a Abraham, el compañero de tantos y tan buenos años de mi vida (me refiero a los del futuro). O quizá sí los quisiera haber visto pero no aquí, ni ahora ni con usted tan ausente y tan eternamente fuera de esta vida.
Y me perdona si se lo digo, pero no me parece justa su ausencia porque usted me enseñó algo importante. No sé si recuerde: me dijo, mira, el único error imperdonable, es morirse.
Y si me deja le digo esto.
Y lo hago por tanto como le gustaba. Ahora ya no sé si se acuerde, pero recuerdo por usted:
“…No se muera, vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía.”
Pero bueno, ya no podemos hacer nada Jacobo.
Y quizá tenga razón en partir. Una vida tan bella y útil, tan increíble por su fulgor, tan productiva y llena de amor como la suya, debía acabar así, al final, cuando ya no queda nada sino la lluvia, sólo la lluvia.
rafael.cardona.sandoval@gmail.com
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JAQUE MATE/Sergio Sarmiento
Reforma
Imposible de llenar
 “… Y hay vacíos imposibles de llenar”. Ricardo Luis Brignolo
El pasado 22 de junio Jacobo Zabludovsky transmitió por última vez su programa de radio De una a tres. El reportero vial Ramkar Cruz, último al aire, se despidió diciendo: “Jacobo, hasta mañana”.
Como siempre, Zabludovsky presentó un tango al cierre, pero advirtió que era un “tango poco conocido” llamado Íntimas grabado por Carlos Gardel en 1926 en Buenos Aires (con letra de Ricardo Luis Brignolo y música de Alfonso Lacueva). Jacobo se fue adelantando a la voz de El Mudo y recitó: “Hace tiempo que te noto que estás triste, mujercita juguetona, pizpireta; has cambiado, ya no eres tan coqueta, cual las flores primorosas de un altar…”. Quizá pensaba en Sarita, su esposa por 61 años, juguetona y pizpireta. Ese día era aniversario de su boda celebrada el 22 de junio de 1954.
Jacobo dejó correr el tango hasta el final. La emisión cerró con la voz de Gardel: “…Y hay vacíos imposibles de llenar”.
Zabludovsky nació en la capitalina colonia Doctores, pero creció en el barrio de La Merced que le dio anécdotas para toda la vida. Empezó su carrera a los 14 años, como corrector en El Nacional, y trabajó después en Novedades de Rómulo O’Farrill y en la revista Siempre! de José Pagés Llergo. En 1950 empezó a producir y dirigir el primer noticiario de la televisión en México, en el canal 4, también propiedad de O’Farrill. El 7 de enero de 1959 entrevistó en Matanzas a un Fidel Castro triunfante en su camino a La Habana. Fue una de muchas entrevistas notables.
En 1970 se le nombró titular de 24 Horas. Durante 28 años fue el rostro de la información televisiva en México. Sus reportajes más recordados son, sin embargo, los que realizó tras los sismos de 1985, que fueron fundamentalmente radiofónicos. Con un teléfono portátil en mano, bastante raro entonces, recorrió las calles y ofreció el panorama de una ciudad destrozada.
En 1998 Jacobo fue desplazado de 24 Horas y de la vicepresidencia de noticias. Se argumentó que padecía cáncer de piel, pero la medida parecía más bien decisión de Emilio Azcárraga Jean, nuevo presidente de Televisa que buscaba una imagen renovada en pantalla. Guillermo Ortega Ruiz fue el conductor del noticiario nocturno durante dos años. Jacobo regresó a Televisa en un informativo de televisión por cable en el que se le notaba más suelto y libre, pero en 2000 renunció por solidaridad con su hijo Abraham que dejó la empresa por no haber sido nombrado sucesor de Ortega. Joaquín López-Dóriga ha sido desde entonces el titular del principal informativo de Televisa.
El 1o. de septiembre de 2001 Jacobo empezó una nueva aventura en radio, De una a tres, en Grupo Radio Centro (con el que yo también colaboro). Ahí trabajó los últimos 14 años en un noticiario que se caracterizaba por su soltura y cercanía al público, pero también por la cultura del conductor y sus remembranzas.
A Jacobo lo conocí como televidente en los años de 24 Horas, que no deben haber sido fáciles. Le tocaba defender -o por lo menos no ofender- a un sistema político con el que no congeniaba. “Todos estábamos sujetos a ese poder omnívoro, absoluto”, le dijo mucho después a Verónica Calderón de El País (18.5.13). En sus últimos años en la radio mostró más bien una tendencia de izquierda y una simpatía personal por Andrés Manuel López Obrador.
Personalmente me encontré con él por primera vez en 1997, cuando los dos éramos vicepresidentes de noticias de televisoras distintas. Después que tanto él como yo dejamos esos cargos, nos vimos con cierta frecuencia. Su plática enciclopédica y su sentido del humor lo hacían excelente compañero de mesa y de conversación.
Jacobo trabajó hasta una semana y media antes de fallecer a los 87 años. Es sin duda lo que hubiera querido. Estaba enamorado de su trabajo.
PELÁEZ Y JACOBO
Alberto Peláez, el más mexicano de los periodistas españoles, escribió ayer en Twitter: “El mundo se me ha parado. El corazón lo tengo helado. Mi espíritu vuela a través de tus enseñanzas y tu humildad Jacobo. Te quiero padre”.
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Columna Alhajero/Martha Anaya
Lo dijo Jacobo
24 Horas.
Hace años, era común que entre los mismos políticos y periodistas se adujera la certeza y la contundencia de una información con esta simple frase: Lo dijo Jacobo…
Sí, porque era él, Jacobo Zabludovsky, quien daba las noticias; era su nombre el que –para bien o para mal– les daba peso y certeza. Era a través de su persona, al frente del noticiero televisivo 24 Horas, que los gobiernos en turno daban a conocer al país lo que consideraban debía saberse.
Fue entonces, sin duda, cuando tuvo más poder. Pero, paradójicamente, fue años después, ya sin el poder de la pantalla detrás, cuando Jacobo se convertiría en un ser entrañable, respetado y cercano para muchos.
Ocurrió cuando salió de Televisa (en el año 2000), luego de enfrentar un cáncer que superó “con enjundia”, según su propia descripción; y tomó las riendas del noticiario De una a tres en las emisoras Radio Red y La 69 de grupo Radio Centro, desde la Ciudad de México.
Profesional a cabalidad, amante de la fiesta taurina, tangófilo empedernido, Jacobo –fallecido ayer a los 87 años de edad– fue un personaje extraordinario de esta ciudad. Culto, inteligente, generoso.
 Nació en La Merced (sic fue en la Doctores) un 24 de mayo de 1928. Desde ahí, desde los rincones y callejuelas de esta antigua ciudad, Jacobo comenzó a husmear la vida –y el pasado– del Centro Histórico.
Amaba el corazón de esta ciudad, las vecindades y callejones que lo vieron crecer, tanto como su profesión misma.
En su vida profesional él solía contar que hubo dos momentos fundamentales en su vida:
–Cuando conoció a Alonso Sordo Noriega, porque le enseñó todo lo que sabe de periodismo radiofónico;
–y cuando conoció a José Pagés Llergo –lo invitó a colaborar en la revista Siempre– porque el maestro lo transformaría “de un periodista de columna de espectáculos a un periodista de opinión”.
Pero quizás sea otro género periodístico –la crónica– lo que algunos recordaremos de él. Particularmente esa crónica estrujante, inesperada, del sismo del 85, narrada –prácticamente a lo largo de todo el día– desde un teléfono móvil en su carro.
Se ha ido el hombre que llevó consigo a los periodistas a la televisión. Y con él, ese estribillo tan familiar de los años 80 y 90: “Lo dijo Jacobo…”
MANCERA LOS DEJÓ FRÍOS.- Cuentan colaboradores en el gobierno del Distrito Federal que cuando los “jefes” recibieron la instrucción de Miguel Ángel Mancera de presentar su renuncia, se quedaron fríos.
Y aunque aún no es seguro que algunos de ellos se vayan a ir –mucho menos todos, ¿verdad?–, lo cierto es que no esperaban que el jefe de Gobierno fuera a pedirles a todos, todos los integrantes del gabinete, que tuvieran lista su carta de renuncia para el próximo día 15.
Suponían que vendrían cambios pero que se harían de manera quirúrgica y sin provocar el sobresalto a todos los mandamás. “Sólo falta que arrase con todos”, bromeaban algunos trabajadores.
Según explicó el propio Mancera por la tarde, ahora que está por cumplirse la mitad de su gobierno, “evaluará el cumplimiento de las metas, sobre todo con la ciudadanía” y a partir de ahí decidirá quiénes se quedan y quiénes se van.
Públicamente, han estado en la mira –dentro y fuera del propio GDF– el secretario de Gobierno, Héctor Serrano (por el desastre de las elecciones que operó para el PRD en el DF); el jefe de la Oficina, Javier González Garza (se requiere un perfil más fresco ahí); el secretario de Movilidad, Rufino León (una de las áreas más cuestionadas, además de que no atina a resolver los conflictos), y el director del Metro, Joel Ortega (cuya confrontación personal con Marcelo Ebrard contaminó los problemas con la Línea 12 del Metro).

GEMAS: Obsequio de Jacobo Zabludovsky (qepd) al recibir el diploma de honor Bicentenario: “Se nos premia hoy no por ser los héroes de mil batallas, sino los vencedores de mil derrotas, los que tuvimos y tenemos la calle por campo, campo de combate, la voluntad como trinchera y hacemos del trabajo diario una disciplina casi mística, leales al oficio y a la rutina”.

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