15 mar. 2017

Geert Wilders, el capitán de la eurofobia/ perdió

Elecciones Holanda
Geert Wilders, el capitán de la eurofobia
JORGE ARÉVALO
El candidato holandés se ha ganado con creces el calificativo del 'Donald Trump de los Países Bajos'

Su propio hermano Paul, con quien no se habla desde hace un tiempo, le calificó de "plaga horrible, egocéntrico y agresivo"
Nota de IMANE RACHIDI
El Mundo, 15/03/2017 21:50
Su pelo cardado teñido de rubio le ha valido muchos memes. Hay quien lo llama el Mozart holandés, por las similitudes de peinado con el músico. Y en estos últimos meses, con descripciones un tanto bombásticas, se ha ganado a creces el calificativo del Donald Trump de los Países Bajos. Pero mucho antes de que Trump despertara aquella mañana en la que decidió que quería ser presidente de EEUU, Geert Wilders ya era todo un veterano del populismo en Europa, que le había declarado la guerra al islam y que quería cerrar las fronteras, aunque, de momento, sin levantar muros.

Wilders (Venlo, 1963), recordado por sus profesores como un niño parlanchín de pocos amigos al que sólo le interesaba hablar de política, es, por ironías de la vida, un inmigrante de segunda generación. Sus abuelos, católicos practicantes, huyeron con una hija en brazos a los Países Bajos tras el colapso de las Indias Orientales Neerlandesas, la actual Indonesia y el país musulmán por excelencia. De hecho, dicen las malas lenguas que el político se tiñe de rubio para ocultar sus orígenes asiáticos, aunque las raíces oscuras de su pelo le traicionan.
El político es la oveja negra de su familia. Su hermano Paul, con quien no se habla desde hace un tiempo, calificó a Wilders de "plaga horrible, egocéntrico y agresivo". Las declaraciones antiislamistas y xenófobas del populista le han dado muchos dolores de cabeza a su propia familia. La propia mujer del político vive en otra casa y sólo ve a su marido dos veces por semana. Wilders sigue siendo, como de pequeño, un chico solitario. Hans Hoogervorst, un colega suyo del Parlamento, lamentó que Wilders no participa en ningún acto social, y cuando lo hace, siempre se centra en política.
Nunca habla de su vida privada, de la que se conocen pocos detalles. Se casó con 20 años con su primera novia, de la que se divorció pocos años después. En 1992, dio el sí quiero a Krisztina Marfai, diplomática húngara judía que conoció en la Embajada de Budapest en La Haya. "Sin ella, yo nunca habría cumplido mi objetivo. Debe ser increíble su amor por mí. Si no, ya me habría abandonado hace 12 años", reconoció esta semana Wilders. Ambos han decidido no tener hijos. "No me imagino con niños que no puedan tener una vida normal, con todos los guardaespaldas que nos rodean", aplaudió.
Al terminar la escuela secundaria, y después del servicio militar, el Wilders mochilero empezó a hacer viajes a Israel, declarándose admirador nato de sus dirigentes y un luchador contra el antisemitismo. En uno de sus viajes, se gastó todo el presupuesto y se vio obligado a pasar un tiempo en un kibutz recogiendo verduras y trabajando para poder volver a Holanda. Ahí fue cuando también se propuso "acabar con la obsesión internacional" con Israel y promete ahora en su programa electoral trasladar la embajada holandesa de Tel Aviv a Jerusalén.
Empezó sus andadas en la política en 1990, cuando era un joven liberal de 28 años y un humilde asistente de Frits Bolkestein, el entonces dirigente del partido de centro-derechas VVD. Aquel chaval que corría por los pasillos del Parlamento holandés, buscando ascender como diputado, tiene poco que ver con su perfil actual: voz de la ultraderecha holandesa y político que pretende con todas sus fuerzas revolucionar un país tradicionalmente multicultural y tolerante como lo son los Países Bajos.
En 1996, Wilders se convirtió en concejal de Utrecht, donde vio a "muchas personas, a menudo inmigrantes, que se benefician del sistema de bienestar" holandés y se propuso revisarlo. Un año más tarde logró ser elegido como diputado del partido liberal. Sin embargo, por las crecientes tensiones con el VVD, especialmente por su respaldo a la petición turca de integración en la UE, Wilders decidió abandonar a su grupo político en septiembre de 2004 y fundar su propio partido, que pasó a llamarse el PVV, el Partido de la Libertad. El político, de 54 años, representa hoy a uno de los partidos más grandes de Holanda.

Wilders no tiene piedad ni corrección político si se trata de su agenda antiislamista y eurófoba. Ha sido procesado por ello dos veces. En 2011, fue declarado inocente por la justicia, pero el pasado 2015, un tribunal de La Haya le consideró culpable de incitación a la discriminación e insulto a los marroquíes, a los que volvió a llamar "escoria" hace unas semanas. Considera que el islam es una ideología totalitaria y peligrosa. El Corán -dice- es peor que el Mein Kampf de Hitler, y pide la deportación de millones de musulmanes de Europa. En alguna ocasión, incluso ha propuesto un impuesto sobre las mujeres que usen el velo. Tampoco tiene buenas palabras para la UE, a la que culpa de injerencias en asuntos nacionales y de despojar a los holandeses de su dinero para dárselo a "los africanos" y a los griegos. Wilders ha anunciado una "revolución patriótica" que le permitirá, copiando el lema de Trump, hacer Holanda grande otra vez.

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