16 mar. 2017

El resultado con el que Wilders no contaba

El resultado con el que Wilders no contaba
El líder antimusulmán holandés pasa de 15 a 20 escaños, pero no logra su objetivo de convertirse en el nuevo primer ministro populista de derecha de su país
ISABEL FERRER
El País, La Haya 16 MAR 2017
Ganar para perder. Ese era un resultado con el que Geert Wilders, líder antimusulmán holandés, no contaba. En las elecciones legislativas del miércoles, su Partido para la Libertad pasó de 15 a 20 escaños, pero no ha logrado su objetivo. No se ha convertido en el primer triunfador de la liga de los grupos eurófobos europeos, con jugadores destacados también en Francia, Alemania y Austria. Wilders salió a dominar el campeonato, como le advirtió a su principal rival y ahora vencedor de los comicios, Mark Rutte. Al final ha sido este, primer ministro saliente y cabeza de lista de los liberales de derecha, quien repetirá presumiblemente en el cargo. Porque Rutte suma tres victorias consecutivas en sendos comicios. Y porque Wilders, que dominó las encuestas casi hasta el final, y suma más diputados que en 2012, se ha desinflado. Tiene 53 años, lleva 15 en el Parlamento y es el fundador de su Partido para la Libertad. ¿Ha llegado a una encrucijada o ha tocado techo?


Su segunda plaza le sabe a poco, y la noche electoral desapareció durante horas. No fue el líder vociferante de la víspera, cuando proclamó que Holanda “no es de todos; no es de los inmigrantes musulmanes que no respetan nuestras libertades”. Tampoco, el candidato que pretendió dar clase de catequesis al partido protestante diciendo que “Jesús no aparece en el Corán” (es mencionado cerca de 200 veces con el nombre de Isa). Ni el que gritó que “echen al embajador de Turquía en Holanda”, durante la crisis diplomática entre ambos países, desatada a cuenta del referéndum que pretende ampliar los poderes del presidente Erdogan. Dicho conflicto pareció darle alas a su campaña electoral, pero el objetivo de sus oponentes era desplazarlo, y lo consiguieron. Les costará formar una coalición sin él, pero es posible que el populismo de cacerolada verbal que practica Wilders le haya pasado factura.
Cuidado: su rechazo al Islam y a sus inmigrantes recoge un temor social que sería absurdo negar. Su millón largo de votantes tampoco puede descartarse de un plumazo, o bien arrojarlo a un baúl chato solo para xenófobos. O para euroescépticos igualmente romos. El problema es que la integración, una tarea abordada por fin en Holanda sin recelos —“tenemos un problema”, ha admitido Rutte— requiere mucho más que los portazos de Wilders. En un momento del largo recuento de votos sin conexión a Internet, se le escapó un pensamiento. Murmuró que aunque no era el primero, había ganado porque sus ideas han calado en los demás partidos holandeses. Y sí, es verdad que los liberales de derecha y la democracia cristiana defienden sin rodeos el respeto a las normas y valores occidentales. Y hablan de hacer la maleta a los ciudadanos de origen turco, marroquí o cualquier otro, descontentos en suelo holandés. Pero él, que se presenta como un valiente defensor de sus principios, tal vez haya olvidado la virtud de escuchar y dialogar sin perder galones.

Wilders dice que seguirá adelante con su “primavera patriótica”, y sugiere que le gustaría participar en el próximo Gabinete. “Nos ha votado más de un millón de personas. Me considero uno de los ganadores, aunque hubiera preferido arrasar, desde luego. Creo que puedo participar en esas negociaciones. Si no me convocan, seremos una oposición fuerte”, apuntó, la madrugada del jueves. Para entonces, el escrutinio no dejaba lugar a dudas: el asiento de primer ministro de Holanda no era suyo. Cuando por fin habló a sus admiradores, los jefes de los demás partidos hacía rato que celebraban sus respectivos triunfos. Solo se ha hundido la socialdemocracia, que pasa de los 38 escaños logrados en 2012, a 9. Lodewijk Asscher, su líder, entendía que los descarten para formar Gobierno. Lo dijo rodeado de sus colegas, que le trataron con respeto. A Wilders, ausente, ni agua. Y quizá por ello, sus rivales parecen dispuestos a componer, todavía con dificultad, otra melodía con alguna de sus notas...

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