16 mar. 2017

Salvo Riina, hijo de Totò Riina/ entrevista

Salvo Riina, el hijo del 'capo dei capi': "Habría aceptado la condena a muerte para mi padre"
De su padre, 'la Bestia': "Nunca llevó a casa los problemas"
"No me toca a mí pedir perdón a las víctimas", Totò Riina asesinó a una 40 personas y ordenó la muerte de un centenar más

Nota de MÓNICA BERNABÉ
El País, 17/03/2017 03:06
Dice que desde pequeño aprendió "a ser muy bueno en mentir". Ahora, tras escribir un libro sobre la familia y tener sus cuentas saldadas con la justicia, Salvo Riina accede a hablar de verdad. De los suyos, de sus regresos a Corleone y, pese a que no le guste, del considerado el capo más sanguinario de la historia de la mafia: 'la Bestia', su padre. "Nunca llevó a casa los problemas"
"Me pagará honorarios por esta entrevista?", es una de las cuestiones que el hijo menor del mítico capo de la Cosa Nostra Totò Riina plantea a esta periodista por correo electrónico antes de acceder al encuentro. Giuseppe Salvatore Riina, más conocido con el diminutivo de Salvo, pone otras condiciones para aceptar la entrevista: que no se hable de su reciente viaje a Corleone para asistir al bautizo de su sobrina, y que la conversación verse sobre su libro Riina, family life, de la editorial Anordest, que ha levantado ampollas en Italia.

La obra, como su título indica, trata de la vida de familia de los Riina, pero corre un tupido velo sobre los macabros crímenes del padre, que por algo se ganó el apodo de la Bestia. Considerado el capo dei capi (es decir, el jefe de los jefes) de la mafia siciliana, se calcula que Totò Riina asesinó ni más ni menos que a unas 40 personas y ordenó la muerte de un centenar más. Ahora tiene 86 años y está en la cárcel. Fue detenido en enero de 1993 y condenado a cadena perpetua.
"Mi padre no llevaba al hogar los problemas que podía tener él. Todo lo externo a la familia lo dejaba en la puerta de casa, y no faltó a cenar ni una sola noche", asegura Salvo Riina para justificar que en su libro omita el lado más oscuro de su progenitor. Ése al que él nunca conoció, según asevera.
No percibió ni un euro
El menor de los Riina accedió finalmente a hablar con Crónica, a pesar de no percibir ni un solo euro a cambio. Eso sí, añadió un requisito más a los anteriores: que la entrevista no fuera grabada. Esta periodista sólo pudo tomar notas escritas. El encuentro transcurrió en una conocida cafetería de la plaza Cavour, en el centro histórico de Padua, en el norte de Italia. El propio Riina júnior escogió el lugar y la hora de la cita.
"¿Me permite sentarme a mí en ese lado?", preguntó solícito, escogiendo la parte de la mesa desde donde podía controlar el conjunto de la cafetería. "No me gusta estar de espaldas", se excusó. Para beber pidió un café solo. El camarero, al ver sobre la mesa el libro Riina, family life, clavó la mirada en la portada.fe de los jefes) de la mafia sicilania
"¿Me hace un favor? ¿Puede poner ese libro boca abajo? Aquí me conoce todo el mundo, y este libro llama demasiado la atención", rogó el entrevistado a la reportera, después de que el camarero se hubiera marchado.
Sin duda, el clan de los llamados Corleonesi -originarios de Corleone- provocó tanto sufrimiento y sangre en Italia que la gente no olvida. El apellido Riina se continúa vinculando a la mafia. Y no es de extrañar. Totò Riina -también conocido con el sobrenombre de el Corto, por su baja estatura- fue el hombre más buscado de Italia durante décadas. Y sus dos hijos varones siguieron su estela: el mayor, Giovanni, también cumple cadena perpetua por cuatro homicidios. Y Salvo estuvo en la cárcel durante ocho años y 10 meses por tenencia de armas, asociación mafiosa y extorsión.
"Desde que tengo memoria, es decir, desde los cinco o seis años de edad, fui consciente de que éramos una familia peculiar", comenta Riina júnior entre sorbo y sorbo de café. "Cambiábamos de casa a menudo. Recuerdo que mi madre cogía las maletas, las ponía sobre la cama y las llenaba a toda prisa. Seguramente para ella suponía un gran estrés, pero para nosotros, que éramos niños, se convirtió en un juego", relata, sin poder reprimir una sonrisa.
Clases en el hogar
En su autobiografía, el menor de los Riina también detalla que ni él, ni su hermano, ni ninguna de sus dos hermanas fueron nunca a la escuela. Su madre se encargó de darles clase en el hogar. Haberlos inscrito en un colegio habría delatado el paradero del padre.
"Desde pequeño aprendí a ser muy bueno en mentir", también admite Salvo Riina. Según explica, su madre y su padre le enseñaron qué tenía que responder a posibles preguntas sobre la familia. Por ejemplo, debía decir que su padre se llamaba Giuseppe Bellomo y que trabajaba como aparejador. Porque, eso sí, su hermano y él hicieron una vida como cualquier otro jovencito: iban al cine, montaban en moto, salían con los amigos... Pero con la diferencia de que ellos no eran unos cualquiera.
En la actualidad, Salvo Riina, de 39 años, continúa teniendo una vida singular. Desde que salió de prisión en octubre de 2011, reside en Padua en libertad vigilada. Eso significa que no puede abandonar esta provincia sin un permiso judicial, ni salir de casa entre las 10 de la noche y las seis de la mañana.
¿Obras de beneficencia?
Casualidades o no de la vida, después de que su padre fuera arrestado, Riina júnior se tituló como aparejador, aunque ahora trabaja como recepcionista en una ONG, Noi Famiglie Padovane, especializada en marginación y lucha contra la droga. Además, realiza obras de beneficencia. Por ejemplo, destina parte de los ingresos de su libro a los damnificados por los recientes terremotos en el centro de Italia.
-¿Y no sería más lógico ayudar a las víctimas de la mafia? -cuestiono.
-Esa pregunta no tiene ningún sentido. Ninguna víctima de la mafia aceptaría mi dinero. Y si una lo aceptara sería masacrada por el resto. La sociedad italiana no está preparada para una cosa así.
Hay tanto dolor acumulado y las carnicerías perpetradas por Totò Riina fueron tan bestias que es difícil hacer borrón y cuenta nueva. El 23 de mayo de 1992 el entonces capo de la Cosa Nostra ordenó asesinar al juez antimafia Giovanni Falcone con 1.000 kilos de explosivos, que hicieron volar su vehículo cuando circulaba por la autopista que enlaza Palermo con el aeropuerto.
-¿Qué haría usted si hubieran matado a su padre con 1.000 kilos de explosivos?
-Una cosa es pensar qué haría, y otra, encontrarme realmente en esa situación. No sé qué haría, ni quiero saberlo.
-¿Eso significa que no es capaz de ponerse en la piel de las víctimas?
-Prefiero no hablar de las víctimas, porque cada vez que lo hago, se instrumentalizan mis palabras. Si pido perdón, me responderán que no aceptan mis disculpas. Y si no digo nada, criticarán que no tengo sentimientos. Por eso, prefiero no hacer comentarios.
En su autobiografía Salvo Riina narra que su padre se encontraba en casa cuando ocurrió el atentado contra Giovanni Falcone. "Estaba sentado en su butaca delante del televisor", describe literalmente. En la pequeña pantalla se mostraban las impactantes imágenes de la autopista completamente destruida por la explosión. "No decía ni palabra, pero no parecía agitado ni particularmente intrigado por aquellas imágenes", añade sobre su padre en el libro.
"Para ser sincero, no me toca a mí pedir perdón a las víctimas", confiesa finalmente Riina júnior, tras beber el último sorbo de café. "Yo sólo puedo responder por mis propias acciones. Cuando detuvieron a mi padre, yo tenía 15 años, era un muchachito. Sí, Totò Riina es mi padre, pero ¿qué tengo que ver yo?".
El 19 de julio de 1992 otro magistrado antimafia, Paolo Borsellino, fue asesinado en otro salvaje atentado en Palermo. El jefe mafioso también miraba la televisión cuando la programación fue interrumpida para informar de la nueva barbarie. En esa ocasión, la hija menor de los Riina, Lucía, que entonces tenía 12 años, se acercó al padre y le preguntó: "Papá, ¿nos tenemos que ir?", escribe Salvo Riina en su obra. La pequeña estaba acostumbrada a tener que salir huyendo ante cualquier imprevisto.
"Por favor, ¿podemos cambiar de tema?", reclama Riina júnior subiéndose nerviosamente el cuello del chaquetón y modificando la postura en la silla. Saca un cigarrillo y, antes de encenderlo, pregunta a una camarera si allí se puede fumar. "Lo siento, señor, no está permitido fumar en invierno en la terraza de la cafetería", contesta la chica amablemente.
Los arrepentidos
"Sin los arrepentidos, posiblemente no habrían detenido a mi padre ni en 25 años", afirma convencido Salvo Riina, con el pitillo entre las manos. Los arrepentidos son mafiosos que aceptaron colaborar con la justicia y las fuerzas de seguridad, a cambio de beneficios penitenciarios. Precisamente el año que viene hará 25 años que Totò Riina está entre rejas.
"Después de la muerte de Falcone y Borsellino, entendí que las cosas se estaban poniendo muy complicadas y que podían encontrar a mi padre en cualquier momento", reconoce Riina júnior. En su autobiografía relata cómo su hermano y él se enteraron del arresto de su padre.

Los dos jóvenes se estaban divirtiendo en una sala de videojuegos. Un amigo llegó y comentó despreocupadamente: "¿Habéis oído la última? Han cogido a Riina". Lógicamente aquel muchacho no sabía que Riina era el padre de sus dos amigos. La noticia cayó como un jarro de agua fría a Giovanni y Salvo Riina.
"Tras la detención de mi padre, dejamos de ser fantasmas y pasamos a ser personas normales, con documentos de identidad, pero nos faltó él", lamenta el menor de los Riina, que confiesa que sólo ha visto llorar a su padre una única vez en su vida: en la cárcel romana de Rebibbia, tras ser detenido. "Y no lloraba por haber perdido la libertad, sino por haber perdido a su familia", asegura.
"No me gusta la pena de muerte, pero admiro a los Estados Unidos porque allí al menos no son hipócritas", suelta el hijo menor del que fue capo de la Cosa Nostra. "En Italia una persona puede llegar a estar en la cárcel 40 años o más. ¡Dios, Cristo, una persona no es la misma después de tanto tiempo!".
-¿Eso quiere decir que habría preferido que aplicaran la pena de muerte a su padre?
-La habría aceptado. ¿Qué sentido tiene que lo tengan en la cárcel sin ninguna esperanza?
Salvo Riina se reencontró con su padre en septiembre, tras 14 años y medio sin verlo. No le permitían visitarlo por temor a que pudieran intercambiarse mensajes. "Está ingresado en el hospital carcelario de Parma desde hace año y medio. Tiene un tumor en el riñón, y párkinson en estado avanzado. Ya no es capaz de escribir, y habla saltando las palabras", detalla.
"¿Por qué me someten a esta tortura? Él está enfermo, en la cama, y los encuentros son vigilados, con un guardia al lado", musita. El menor de los Riina asegura que daría la vida por su padre. "Pero eso no servirá para que le dejen salir de la cárcel. Sé que en ese sentido no puedo hacer nada", se lamenta.

-¿Cree que su padre tomó decisiones justas?
-No creo que tomara ni decisiones justas ni equivocadas. Yo no puedo hacer de árbitro, y aun menos si hablo de mi padre. Yo sólo puedo ser árbitro de mi propia vida.

Riina, family life ha sido un éxito de ventas. El libro se editó por primera vez en abril del año pasado. "A las nueve de la mañana lo pusimos a la venta, y tres horas y media más tarde ya se habían agotado todos los ejemplares", manifiesta el director editorial de Anordest, Mario Tricarico, que, no obstante, prefiere no precisar cuántos libros se han comercializado.
"También hemos recibido 7.000 e-mails con insultos", confiesa Tricarico, cuya casa editora fue acusada de ser "la editorial de la mafia". De hecho, el libro no pudo presentarse oficialmente en Italia, y muchas librerías se niegan a venderlo.
El libro incautado
"El alcalde de la localidad de Benevento [en la región de la Campania] incluso aprobó una ordenanza para que el libro fuera incautado en el municipio", expone el editor, que opina que se podrían haber vendido perfectamente 50.000 ejemplares a la semana si no se hubiera realizado una campaña en su contra. Hace poco la autobiografía se presentó en Bulgaria, aunque Salvo Riina lógicamente no pudo asistir. Y pronto se estrenará una serie de televisión basada en la obra, según ha adelantado Tricarico.
-¿Su padre ha leído el libro? -pregunto a Riina júnior.

-A mi padre y a mi hermano no les permiten leer mi libro, por si he incluido mensajes subliminales.

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