6 jun. 2017

Quirino y las elecciones mexiquenses

Entre individuos, la amistad nunca viene dada sino que debe conquistarse indefinidamente...” Simone de Beauvoir. --
Quirino y las elecciones mexiquenses/ Ernesto Hernández Norzagaray
 Rio Doce, 5 junio, 2017

Ahí estaba el gobernador de Sinaloa en la sección VIP del cierre de campaña de Alfredo del Mazo. Estaba eufórico como en los días de su campaña para gobernador. Saludaba y se dejaba querer por los conocidos que no son pocos en el Estado de México. Ahí fue donde se tomó la decisión de ungirlo candidato de su partido dejando a los nueve aspirantes literalmente en el absoluto desconcierto.

Quién no recuerda aquella charla, donde el presidente Peña Nieto le preguntó a su director de comunicación social David López, sobre quién podría ser el candidato del PRI y el guamuchilense titubeó un instante antes de decidirse entre soltar el nombre de Heriberto Galindo o el de Quirino Ordaz. Y, por una razón todavía no suficientemente explicada, se decidió por Quirino Ordaz, dejando en la cuneta una relación personal de 45 años de amistad y una carrera política hecha por ambos de la mano. Heriberto todavía lo recuerda como una traición y quizá nunca termine por asumirlo totalmente.

Bueno, pero por esas cosas de la condición humana, lo que debería suscitar un gesto de agradecimiento y compromiso de Quirino con David, nos dicen que no se ha dado y se ha traducido en un distanciamiento al grado de no tomar sus llamadas. Es quizá el triunfo íntimo de Heriberto. Son las deudas que se dejan para el futuro. Cuando ya no se tiene poder. Si no, que se lo pregunten a Malova, que se encuentra bailando en la cuerda floja luego de que brindó todo su apoyo al Presidente  para que su candidato fuera ungido gobernador.
Sin embargo, el gobernador Ordaz Coppel vive la soledad del Palacio y tiene enfrente un escenario nebuloso, estresante, que exige entre otras cosas tener de cerca a los que saben de las buenas y las malas artes para calmar al Sinaloa bronco. Ese Sinaloa que en camionetas todo terreno viaja hoy de norte a sur, de la costa a la sierra, dejando una estela de muerte y llanto. Y hoy, su antítesis la representan los familiares y luchadores por los derechos humanos que hacen la caravana de El Fuerte a Culiacán para llamar la atención por sus desaparecidos, a los que en estos días se suman otros, en medio de los operativos de prevención y vigilancia.
Es, cuando la imagen radiante del gobernador, abrazando a su esposa y a una diputada federal en el cierre de campaña de Del Mazo adquiere un carácter inevitablemente lejano. Tan grande como su soledad en Palacio. Nada le aporta a la campaña mexiquense que hoy está cerrada entre Del Mazo y Delfina y que habrá de decidir el despliegue de dinero durante el día de la jornada electoral  y sobre todo la decisión que tomen los millones de indecisos. Esos ciudadanos que no han dado a conocer su intención de voto a las casas encuestadoras.
Pero, no obstante, el PRI de Peña Nieto como en los viejos tiempos del partido hegemónico convoca a sus gobernadores, dirigentes y presidentes municipales para que arropen a su candidato que en estos momentos vive la de Caín con el empate técnico.  La de la incertidumbre democrática. La de los votos. La de una oposición que ha hecho su trabajo bajo la guía de López Obrador y lo menos que debemos esperar es que la representación política quede atomizada en dos grandes fuerzas políticas.  No hay más, el voto útil habrá de imponerse, y lo demás quedará como recuerdo de posicionamientos políticos, sin asideros consistentes.
Y mientras allá, en el noroeste del país, o sea aquí, la situación social adquiere tintes oscuros solamente con las luces que da la resistencia de quienes no aceptan el estado de cosas.  Los que caminan en un acto de dignidad o los que pegan posters en los muros para que el asesinato de Javier no se vuelva simple y llanamente un número más en la estadística criminal. Por eso, muchos se han dejado oír en medios y redes en contra de que su gobernador frivolice el momento de duelo que viven muchas familias sinaloenses. No se trata del facilismo e indolente de “la vida sigue”.

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