26 feb. 2017

“Un camino a casa”

Revista Proceso #2014, 26 de febrero de 2017..ç
“Un camino a casa”/
JAVIER BETANCOURT
El resumen sucinto es el de un cuento de hadas: un pequeño de cinco años, vive con su madre y hermanos, se queda dormido en un tren y despierta perdido en la enorme ciudad de Calcuta, donde padece miserias, y termina en un orfanatorio donde lo adopta una familia australiana que lo lleva a vivir con ellos. Cuando el niño crece, se convierte en un hombre fuerte y valeroso que decide buscar a su familia de origen valiéndose de un objeto mágico llamado Google Earth.

eLa historia se salva del cuento porque realmente ocurrió; con apenas unos cuantos cambios de los hechos, Un camino a casa (Lion; Australia-EU-Reino Unido, 2016) se basa en la autobiografía de Saroo Brierley; con la premisa del hecho real, el realizador australiano Garth Davis se da vuelo en el melodrama sin gran pudor, pero la narración que fluye a ritmo de trenes y aviones, caminos y vericuetos, lleva de la mano al público por el periplo geográfico y sentimental del héroe.

Un camino a casa se divide en dos etapas separadas por 20 años. La primera parte es la historia del edén perdido, de la infancia abandonada, la inocencia expuesta a la corrupción; el pequeño Saroo (magnífico Sunny Pawar) parecería sacado de una novela de Dickens aunque sin el patetismo, porque aunque inocente, Saroo está entrenado en la sobrevivencia. En la segunda parte, Saroo (Dev Patel) es ya todo un australiano que juega cricket, estudia negocios y, sobre todo, olvidó el hindi, su lengua natal.
Es esta escisión, el yo dividido de un hombre entre dos culturas antitéticas, desarraigado, que busca compulsivamente regresar a su origen para seguir adelante con su vida, lo que organiza el verdadero drama y salva la cinta de todos los lugares comunes del género. El británico Dev Patel encarna el conflicto desde dentro, y logra introyectar al niño que el público llega a conocer tan bien en la primera parte. Aunque los productores, en los créditos de la cinta sueltan el mensaje, tiro de gracia al chantaje emocional, que cada año desaparecen 80 mil niños en la India, el director explora el desasosiego, el dolor de la integración del inmigrante a una cultura que termina por alienarlo.
Por lo mismo se lamenta que el otro hermano adoptado de Saroo, que representa la incapacidad de borrar el efecto del pasado, quede tan poco desarrollado; formado en la televisión, lo cual ya no representa ninguna afrenta para un cineasta, Garth Davis sabe cómo obtener lo mejor de sus actores, hasta Nicole Kidman deja a un lado sus aires de princesa y logra reinventarse como la madre adoptiva de Saroo.

Vale apreciar también la unidad de estilo que mantiene en las dos secciones Un camino a casa, donde lo que cuenta es el contraste entre dos culturas; además de los desplazamientos, del caminar constante, las tomas aéreas del mundo de Sapoor no están de adorno, representan la mirada y la búsqueda desesperadas del adulto por localizar su origen; en vez de filmar pantallas dentro de la pantalla en la segunda parte, los mapas de Google Earth, especulaciones borrosas, figuran el mapa inconsciente donde se halla escondida la indentidad de Sapoor.

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