22 mar. 2017

Londres, en el radar yihadista

Londres, en el radar yihadista
El modus operandi, el simbolismo del Big Ben, la efeméride del ataque en Bruselas y las amenazas previas refuerzan la posible autoría del ISAtentado terrorista en Londres: Cinco muertos, entre ellos el atacante, y al menos 40 heridos
FRANCISCO CARRIÓN, El Cairo
El Mundo, 23/03/2017

El terror que ayer desfiló por el corazón de Londres desempolvó el doloroso recuerdo de ataques recientes reivindicados por la maquinaria de propaganda del autodenominado Estado Islámico. Una constelación de factores parecía haberse alineado para sospechar de la organización yihadista que ha firmado los atentados más salvajes en el Viejo Continente. El todoterreno que arrolló a los transeúntes que cruzaban el puente de Westminster y el apuñalamiento de un policía son 'modus operandi' habituales de los ataques inspirados por el grupo terrorista en suelo europeo. El objetivo final del agresor, el Parlamento británico y el Big Ben, también resultan un lugar común en las proclamas del IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés).
La embestida coincidió, además, con el primer aniversario de los atentados de Bruselas, que segaron 32 vidas. "Los grupos como el IS profesan un amor simbólico por las efemérides", explica a EL MUNDO la británica Julie Lenarz, directora del 'think tank' Human Security Centre.
El escenario alcanzado por la barbarie está cargado de simbolismo. Un icono londinense a orillas del Támesis -imagen, además, de la propia democracia británica y de pasajes de su historia como la conocida "conspiración de la pólvora"- que ha sido citado en varias ocasiones en la propaganda yihadista. Una de las alusiones más destacadas está fechada en marzo de 2015 y fue voceada por el entonces portavoz del IS, Abu Mohamed al Adnani, fallecido el pasado agosto en Siria. "Queremos conquistar París antes de Roma y España, después de oscurecer vuestras vidas y destruir la Casa Blanca, el Big Ben y la torre Eiffel", clamó Al Adnani en una alocución de audio. A finales del pasado año militantes del grupo lanzaron una aplicación de móvil destinada a enseñar el alfabeto árabe y el vocabulario bélico a los más pequeños. La recompensa era elegir el blanco de la arremetida virtual. En la pantalla, el edificio del Parlamento británico era una de las opciones.
Como ha sucedido en todos los ataques previos, los acólitos del IS festejaron ayer el acto a pesar de la ausencia de reivindicación oficial de la organización que dirige Abu Bakr al Bagdadi. En canales de la aplicación de mensajería Telegram compartieron el júbilo por las escenas de pánico captadas por las televisiones en los momentos posteriores al incidente y divulgaron montajes fotográficos con el Big Ben en llamas. "La batalla en vuestra tierra aún no ha comenzado", rezaba el fotograma. Armados de la retórica habitual, los simpatizantes yihadistas se jactaron en internet de haber vengado "la sangre de Mosul" y la participación británica en la coalición internacional que lidera Estados Unidos en plena ofensiva de las fuerzas de seguridad iraquíes para recuperar la segunda ciudad del país.
El estilo del ataque también lo vincula con las huestes del menguante califato proclamado a caballo de Siria e Irak. El uso criminal del vehículo tiene tres antecedentes claros, acaecidos a lo largo de 2016: el ataque contra un mercadillo navideño en Berlín, en diciembre; el atropello perpetrado por un estudiante en un campus de Ohio (EEUU), un mes antes; y la matanza en el Paseo de los Ingleses de Niza, en julio. En noviembre 'Rumiyah', la revista en inglés del IS, dedicó tres páginas a la táctica de los ataques con vehículos. "Aunque es parte esencial de la vida moderna, son muy pocos los que realmente comprenden la capacidad destructiva y mortífera de un vehículo de motor y su poder para cosechar un gran número de víctimas si se usa con premeditación", explicaba el reportaje, convertido en un conciso manual de instrucciones.
Su empleo, sin embargo, no resulta una amenaza desconocida para la seguridad londinense. "Reino Unido ha estado durante años en el radar de los yihadistas", señala Lenarz. Hace una década, mucho antes de la irrupción del IS, la policía metropolitana extremó los controles de los vehículos que se desplazaban por la urbe. Un año antes un supuesto miembro de Al Qaeda había sido condenado por urdir ataques con automóviles en Londres. La capital británica tiene -como Madrid, París o Bruselas- su propio callejero de ataques cometidos en nombre de la yihad. Un recuento dramático que inauguraron el 7 de julio de 2005 los cuatro suicidas que en hora punta firmaron un ataque coordinado contra el metro y un autobús en la plaza Tavistock. 52 personas perdieron la vida. El suceso sirvió de acicate para una nueva generación de terroristas, como se desprende de publicaciones del IS como 'Dabiq', que en la biografía de un miembro caído en combate glosó "las benditas redadas que golpearon Londres y su sistema de transporte". En los meses y años que sucedieron a la sacudida se abortaron al menos dos ataques. En 2013, con el polvorín sirio alimentando el escenario actual, dos británicos de origen nigeriano acuchillaron a plena luz del día al soldado Lee Rigby en las calles de la ciudad. El último acto terrorista tuvo como escenario la estación de metro de Leytonstone, al este de Londres, cuando en diciembre de 2015 un hombre apuñaló a dos pasajeros al grito de "Esto es por Siria".
Cuna de yihadistas

En los últimos años, hasta 850 ciudadanos británicos han completado la "hégira" (emigración, en árabe) hasta Siria e Irak para alistarse a organizaciones yihadistas, según datos de las autoridades del Reino Unido. El representante más infame de este éxodo es Mohamed Emwazi, el apodado 'Yihadista John' que hasta su muerte en noviembre de 2015 decapitó a varios rehenes occidentales. El último suicida británico del IS se llama Ronald Fiddler, el ex preso de Guantánamo que se inmoló el pasado febrero en el suroeste de Mosul. En 2014, en una polémica entrevista a EL MUNDO, Anjem Choudary -rostro del islamismo radical en Reino Unido y en prisión desde el año pasado- advirtió de que la participación británica en los bombardeos contra el IS "embarcaría a sus ciudadanos en una guerra sangrienta". "Van a provocar una situación muy seria. Les resultará imposible destruir al Estado Islámico y les meterá en problemas", agregó.

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