3 jul. 2018

Morena se alza sobre el cadáver del bipartidismo PRI-PAN/

Revista Proceso # 2174, 2 de julio de 2018....
Morena se alza sobre el cadáver del bipartidismo PRI-PAN/
JENARO VILLAMIL

Una macroencuesta realizada por la Coparmex, la empresa de estudios de opinión Berumen y la revista Este País, junto con un reporte de resultados efectuado por la consultoría Integralia, muestra que la nueva correlación de fuerzas en el Congreso federal, ante una victoria contundente de Morena, va a terminar drásticamente con el actual esquema de alternancia bipartidista PRI-PAN. Según estos análisis, la alianza de facto que se necesitaría para darle estabilidad al país sería la del partido de López Obrador con la primera fuerza opositora, Acción Nacional, debilitada por sus divisiones internas; el PRI corre peligro de irse al cuarto lugar, en tanto que el PT y el PES se robustecen  y el PRD se derrumba…


Hace apenas cuatro años, el Movimiento de Regeneración Nacional, ahora partido Morena, era un proyecto en construcción. En las elecciones de 2015 obtuvo menos de 10% de la votación para diputados federales y tuvo una bancada de 46 legisladores con 3 millones 346 mil votos.
Tras los comicios de 2018, Morena no sólo ganaría la Presidencia de la República y al menos tres gubernaturas, sino que sería la bancada más grande en la Cámara de Diputados –entre 180 y 203 legisladores– y en el Senado, con 60 de 128 senadores, según las proyecciones de la macroencuesta realizada por Coparmex, Berumen y la revista Este País, así como del reporte de escenarios de la consultoría Integralia.
Esta última, dirigida por el exconsejero presidente del IFE Luis Carlos Ugalde, pronosticó que se transitará de un modelo bipartidista donde predominó la alianza PRI-PAN y como “partido bisagra” el PRD, a otro modelo donde habrá un claro bipartidismo del bloque Morena-PT-PES, con el PAN como primera fuerza opositora, el PRI como “partido bisagra” y el “colapso” del PRD, el más afectado por la emergencia de Morena.

En su más reciente análisis, dirigido a clientes corporativos, Integralia pronosticó que “en cuanto al Congreso federal, se prevé que (después de las elecciones de este domingo 1 de julio) la coalición encabezada por Morena sea la primera fuerza tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. La interrogante es si tendrá mayoría absoluta de escaños (50% más uno) en una o en ambas cámaras. Destaca que la repartición de escaños en los convenios de coalición establecidos por la alianza Juntos Haremos Historia favorecerá para que el Partido Encuentro Social (PES) y el Partido del Trabajo (PT) tengan bancadas robustas (entre 40-60 diputados cada bancada).

“La segunda coalición en la cámara baja sería la encabezada por el PAN, aunque se prevé que si Ricardo Anaya queda muy por debajo de lo esperado, la alianza PAN-PRD-MC se romperá haciendo que algunos legisladores del PRD migren hacia otros partidos, como Movimiento Ciudadano (MC)”, advirtió Integralia en el documento del que Proceso tiene copia.

En el caso del PRI, todos los datos apuntan a una disminución muy acentuada de su fuerza política, no sólo a nivel legislativo sino en las entidades. Estaría atrincherado en 13 gubernaturas, frente a Morena, que ganaría cinco de las nueve gubernaturas en juego, incluyendo la de la Ciudad de México; el PAN, que se quedaría con 10 u 11 gubernaturas (dependiendo del desenlace en Yucatán, Veracruz y Puebla); el PRD se quedaría sólo con Michoacán; Movimiento Ciudadano se levantaría con la victoria en Jalisco, y el Partido Verde perdería la única gubernatura que tenía: Chiapas.

El PRI “podría incluso ser la cuarta fuerza política”, advirtió el reporte de Integralia del 29 de junio, por debajo del PES. Sin embargo, “la operación política del partido aumentaría los votos el día de las elecciones haciendo que tuviera más legisladores o podría impulsar acuerdos posteriores con integrantes de otras fuerzas políticas para establecer nuevas alianzas legislativas (como el PES o el PRD)”.

En ninguna de las posibles cifras planteadas por las encuestas de Coparmex y de Mitofsky o de los escenarios de Integralia se prevé una alianza del bloque PRI-PAN, con lo que quedaría fragmentado el bipartidismo funcional de ambos partidos que han gobernado el país y han tomado las principales decisiones y cambios legislativos desde 1988.

La alternancia PRI-PAN en el Poder Ejecutivo desde 2000 hasta la fecha, en el Congreso federal y en los estados se volverá historia ante la emergencia de un nuevo bloque encabezado por Morena-PES-PT al que se le podrían sumar los legisladores que obtenga el PRD o hasta partidos más pequeños, como el Movimiento Ciudadano o el Partido Verde, que cae hasta la sexta posición.

En otras palabras, se perfilaría una “alta fragmentación política”, tal como lo planteó el análisis de Willibald Sonnleinter, profesor investigador del Centro de Estudios Sociológicos en El Colegio de México. En su ensayo ¿Y dónde están los partidos? ¿Democratización o descomposición política?, escrito en vísperas del presente proceso electoral, el politólogo planteó el siguiente panorama:

“Lo inédito es que ahora las fuerzas ‘menores’ han dejado de jugar un papel marginal para posicionarse como actores estratégicos en el juego político-electoral. Durante el régimen hegemónico (del PRI) la participación de los partidos ‘satélite’ legitimaba y reproducía las estructuras del poder autoritario. Ahora, los pequeños organismos políticos no solamente ganan centenas de escaños en los cabildos en el ámbito municipal, han conquistado gubernaturas y están incidiendo en la misma contienda presidencial.”

Sobre la caída del viejo partido hegemónico, el PRI, Sonnleitner sostiene que “tras haber pasado de 91% a 61.5% de los votos válidos entre 1961 y 1991, el PRI acusó una fuerte caída desde 1994 y tocó fondo en 2006 y 2015, con 30% de los sufragios. A su vez, el PAN y el PRD alcanzaron promedios de 30.7% y 20.2% entre 1994 y 2012, antes de regresar a porcentajes similares a los obtenidos en 1991. Así, mientras que en los noventa estos tres partidos sumaron hasta 92% del voto válido, apenas recibieron 64% de los sufragios en 2015”.

Según la encuesta realizada por Consulta Mitofsky, Parametría y el amplio estudio de Coparmex-Berumen-Este País, para estas elecciones federales de 2018 el PRI está en riesgo de bajar de 30% obtenido en 2015 en las elecciones federales a tener sólo 13.6 o 15% de los votos (Coparmex y Parametría, respectivamente), o sólo 16% (Consulta Mitofsky).

La suma de los votos de las coaliciones del PRI-Verde-Panal y las del PAN-PRD-MC será menor a 40%, en total, según las mismas encuestas. Es decir, el bipartidismo legislativo PRI-PAN con el anexo de un “partido bisagra” del PRD caerá de 64% a 40% del total de los sufragios entre 2015 y 2018.

Los efectos del Pacto por México

Fueron los dirigentes nacionales de estos tres partidos los que firmaron el 2 de diciembre de 2012 el Pacto por México, anunciado con el boato del presidente recién llegado, Enrique Peña Nieto, quien firmó un total de 95 compromisos, divididos en cinco ejes temáticos y 13 grandes “reformas estructurales” que, en mayor o menor medida, fueron aprobadas por los tres partidos en el Congreso de la Unión.

Peña Nieto supo utilizar la táctica de la “guerra relámpago”, sobre todo en el terreno de las reformas legislativas, para que en menos de dos años se realizaran tres grandes cambios constitucionales, impensables hasta hace 20 años, en materia educativa, telecomunicaciones y energética.

Gracias a la alianza PRI, PAN y Verde se logró una reforma energética que no se había conseguido en 75 años desde la expropiación petrolera, y menos en los últimos 30 años de gobiernos de corte neoliberal: el 11 de diciembre de 2013 las dos cámaras del Congreso modificaron los tres artículos sustanciales de la Constitución (25, 27 y 28) para autorizar la posibilidad de contratos privados en la industria petrolera y eléctrica. Cuatro meses después, en abril de 2014, el Pacto por México envió el paquete de 13 leyes secundarias en materia energética y eléctrica que dieron un giro de 180 grados al modelo de explotación de hidrocarburos y generación de energía eléctrica. En enero de 2015, con la crisis de los precios internacionales del petróleo, las promesas de grandeza y miles de millones de dólares de la reforma energética se vinieron abajo.

De la misma manera, se aprobó fast track una reforma educativa que confrontó al gobierno federal y a los tres principales partidos con el sindicato magisterial más grande de América Latina y con la misma disidencia, la CNTE.

En paralelo, PRI, PAN y PRD aprobaron en octubre de 2013 una reforma de telecomunicaciones a nivel constitucional que generó muchas expectativas. “Peña Nieto se desembarazaba de Televisa”, dijeron los promotores del Pacto Por México. En menos de seis meses, en julio de 2014, se concretaron las reformas secundarias en materia de telecomunicaciones y radiodifusión que no dejaron contento a ninguno de los grandes actores y monopolios del sector. México abrió hasta 100% las inversiones extranjeras en materia de telefonía, internet y servicios de telecomunicaciones en general.

En medio de estas tres grandes reformas, se aprobó una reforma fiscal con el apoyo del PRI y un sector del PRD, que confrontó al gobierno de Peña Nieto con los empresarios. A pesar de la reforma fiscal y hacendaria, los ingresos presupuestales sólo crecieron entre enero y julio de 2014 un total de 2.7% en términos reales frente a 2013, y los ingresos no petroleros aumentaron menos de 4%.

Ese mismo Pacto por México perfiló una reforma político-electoral, concretada en 2014, que se pondrá en juego en estas elecciones federales de 2018: la sustitución del Instituto Federal Electoral (IFE) por el Instituto Nacional Electoral (INE), con mayores funciones, burocracia e incidencia en los comicios estatales a través de los nuevos Organismos Públicos Locales Electorales (Oples) que sustituyeron a los viejos institutos estatales; la figura de “candidaturas independientes”, con requisitos tan duros y altos que  equivalen a la creación de un nuevo partido político; así como nuevas reglas para la fiscalización de los partidos, para la posibilidad de la anulación electoral y para centralizar todo el modelo de comunicación política.

A menos de seis años de esto, esos partidos firmantes  y promotores del Pacto por México y de la reforma político-electoral –utilizada como moneda de cambio del PAN y del PRI en vísperas de la reforma energética– quedarán en posición muy vulnerable y debilitada tras los resultados que arrojen los comicios del 1 de julio.

Fin de un modelo de alternancia

En la parte central de su ensayo, el profesor investigador Sonnleitner sentencia que “lo relevante no es la coherencia de las fuerzas emergentes: es el declive de los tres partidos que encabezaron la transición desde el régimen posrevolucionario. En el contexto actual, de descomposición partidista complica la gobernabilidad y tiene costos tangibles para su legitimidad democrática”.

El escenario partidista no será fácil en esta otra “segunda transición” o “alternancia múltiple”, como la describen distintos politólogos. “México enfrenta un escenario adverso: su sistema político se forjó en una lógica mayoritaria y autoritaria, que consiguió la gobernabilidad mediante la subordinación del Congreso a los poderes ‘metaconstitucionales’ del presidente. Desde 1977, las reformas han ido incrementando la pluralidad de los órganos legislativos, pero, a diferencia de Estados Unidos, México no cuenta con un bipartidismo estable y su multipartidismo no se organiza en una lógica bipolar, como sucede en Francia”, advirtió Sonnleitner.

El escenario de “una victoria abrumadora de López Obrador”, descrito por el reporte de Integralia, en mayo de este año, sigue siendo el más probable, afirma Ugalde, consultado por Proceso. En este escenario, la gobernabilidad se describe de la siguiente manera: “Mayoría de Morena en las cámaras federales; mayoría en 10 de 27 Congresos estatales; seis gubernaturas; bipartidismo Morena-PAN; gobierno con amplia legitimidad política; Ejecutivo con escasos contrapesos; capacidad reformista amplia, incluyendo enmiendas constitucionales; fuerte debilitamiento del PRI y colapso del PRD”.

Según la encuesta de Coparmex-Berumen-Este País, el PRI disminuiría su actual bancada de 197 diputados federales a un mínimo de 85 y un máximo de 103, prácticamente perdería la mitad de las curules ganadas en 2015. Y en el Senado pasaría de tener 55 legisladores a sólo 22, entre 128 curules.

El caso del PAN no es tan dramático como el del PRI, como prevé la encuesta de Coparmex. De ser la segunda bancada en San Lázaro con 109 legisladores, tendría un mínimo de 115 y un máximo de 134 diputados federales, y en el Senado le iría mejor: pasa de sus 34 senadores actuales a tener entre 40 y 41.

El problema en Acción Nacional será la disputa por el liderazgo nacional y el control de las coordinaciones legislativas, pues existen ya siete de 12 gobernadores agrupados para negociar con el próximo presidente de la República y al interior del partido crece el descontento por la campaña y el estilo de centralizar las decisiones de Ricardo Anaya, el candidato presidencial.

La debacle más fuerte es para el PRD. En 2012 llegó al Senado con una bancada de 22 legisladores que disminuyó a siete tras la crisis de abril de 2017, cuando el entonces coordinador de la bancada Miguel Barbosa anunció su salida del partido junto con 11 legisladores, y después, en septiembre del mismo año, la coordinadora Dolores Padierna hizo lo mismo para sumarse a Morena.

Las encuestas y pronósticos prevén que ahora el PRD tenga sólo dos senadores y en la Cámara de Diputados su bancada disminuya de 54 legisladores a sólo 20 o un máximo de 29, según la encuesta de Coparmex. La encuestadora Mitofsky calcula que pueden ser un mínimo de 25 y un máximo de 36 diputados federales.

Los otros ganadores de la recomposición de fuerzas partidistas serían el Partido del Trabajo (PT), que alcanzaría entre 18 y 27 diputados federales, cuando ahora tiene seis, sólo un senador, y el Movimiento Ciudadano (MC), que en 2015 estuvo en riesgo de perder su registro, ahora tendría entre 14 y 17 legisladores, más incluso que el Partido Verde, que disminuiría de sus 48 diputados federales actuales a sólo entre 10 y 16, según la encuesta de Coparmex.

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