El fuero en la penumbra: Sinaloa y el laberinto de Rocha
Por: Fred Alvarez
La política, cuando se juega al filo de la historia, suele elegir el silencio de la noche para sus movimientos más definitivos. Al filo de las nueve de la noche de este primero de mayo, la pantalla no solo nos devolvió una imagen; nos entregó un mensaje cargado de una gravedad que trasciende los periodos de gobierno y se instala en la memoria colectiva de Sinaloa.
Vimos a un Rubén Rocha Moya con el rictus de quien carga una acusación trasatlántica en la mirada. Su anuncio de licencia temporal buscaba ser, en apariencia, un escudo de oxígeno, un respiro necesario en medio del asedio. Pero en este tablero de ajedrez, donde las piezas se mueven con una rapidez que marea, lo que Rocha pensó como un paraguas frente a la tempestad, podría terminar siendo su propia intemperie.
La historia tiene una memoria circular y hoy nos obliga a mirar hacia atrás. Es imposible no evocar aquel mayo de 2009, cuando Ricardo Monreal subió a la tribuna del Senado con los ojos humedecidos. En aquel entonces, el zacatecano pidió licencia para despojarse voluntariamente del fuero y enfrentar, de frente y sin sombras, las sospechas que acechaban a su familia. Pero hoy, el aire se siente distinto. Mientras Monreal buscaba la luz de la justicia para limpiar su nombre, en el caso de Rocha, el derecho se ha vuelto un lenguaje frío, punzante y contradictorio.
Por un lado, la tesis de Arturo Zaldívar ha sacudido los cimientos de la defensa. El hoy Coordinador de Política y Gobierno de la Presidencia ha sido tajante: el fuero protege a la función, no a la persona. Bajo esta lógica, al soltar el escritorio, se suelta también la inmunidad. Quien pide licencia queda, esencialmente, desnudo frente a la ley procesal. Sin embargo, desde el corazón de Culiacán, la doctora Teresa Guerra Ochoa sostiene lo contrario: que el blindaje sigue ahí y que retirarlo sin una declaratoria de procedencia sería alterar el debido proceso.
En medio de este choque de trenes jurídicos, Sinaloa no admite el vacío. El Congreso invocó el orden constitucional y nos regaló una de sus irónicas y justas vueltas: Yeraldine Bonilla Velarde asume la gubernatura interina. Es un momento de profundo simbolismo. La mujer a la que tantos intentaron empequeñecer, es hoy quien debe tomar las riendas de un estado que exige, por encima de todo, decencia y estabilidad.
Mientras tanto, desde las tierras cálidas de Palenque, donde la Presidenta Claudia Sheinbaum se encuentra de gira, el silencio ha sido la única respuesta oficial. Esa consigna de mudez pesa; la espera hasta la próxima conferencia en Palacio Nacional se siente como un siglo en una tierra que vive en sismo perpetuo. Esperemos que el discurso oficial no se refugie nuevamente en la palabra "soberanía" —ese concepto que a veces solo sirve como cortina de humo— y se proceda con la verdad que las víctimas y los ciudadanos reclaman.
Porque entre el fuero que se desvanece y la sospecha que crece, lo que queda en vilo es la paz de una sociedad que merece mucho más que ser el titular de una nota roja internacional. El relevo no es solo administrativo; es un desafío ético frente al espejo de nuestra realidad.
Seguiremos dando puntual seguimiento a este laberinto que, me temo, apenas comienza.
El Fuero en la Penumbra: Sinaloa y el Laberinto de Rocha
Fred Alvarez
La política, cuando se juega al filo de la historia, suele elegir el silencio de la noche para sus movimientos más definitivos. Al filo de las nueve de la noche de este primero de mayo, la pantalla no solo devolvió una imagen; entregó un mensaje cargado de una gravedad que trasciende los periodos de gobierno y se instala en la memoria colectiva.
Rubén Rocha Moya, con el rictus de quien carga una acusación trasatlántica en la mirada, anunció su repliegue. No fue un adiós, sino un movimiento de ajedrez: una licencia temporal que buscaba ser, en apariencia, un escudo de oxígeno. Pero en este tablero, las piezas se mueven con una rapidez que marea. Lo que Rocha pensó como un paraguas frente a la tempestad, podría terminar siendo su propia intemperie.
En el lenguaje frío del derecho, creíamos que la licencia era un resguardo. Sin embargo, la entrada en escena de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea —hoy Coordinador General de Política y Gobierno de la Presidencia— ha sacudido la interpretación legal. Zaldívar fue tajante: el fuero protege a la función, no a la persona. Al soltar el escritorio, se suelta también la inmunidad. Bajo esta tesis, quien pide licencia queda desnudo frente a la ley procesal. No hay privilegio que valga cuando se abandona el encargo.
A esta voz se sumó la de Gabriel Regino, profesor de Derecho Penal de la UNAM, quien recordó un precedente de 1995: la Corte determinó que si un funcionario se separa del cargo, pierde el privilegio de la inmunidad. Lo mismo ocurre hoy con el alcalde Juan de Dios Gámez. La pregunta queda en el aire, pesada como el plomo: ¿fue esta licencia un acto de prudencia republicana o un error de cálculo que los deja a merced de los expedientes que aguardan en la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York?
Sinaloa, sin embargo, no admite el vacío. Bajo un sol que ya calienta con rigor las calles de Culiacán, el Congreso local invocó el Artículo 58 constitucional. Y aquí la historia nos regala una de sus irónicas y justas vueltas: Yeraldine Bonilla Velarde asume la gubernatura interina.
Es un momento de profundo simbolismo. La mujer a la que intentaron empequeñecer bajo la sombra de padrinazgos y calificativos burlones, es hoy quien debe tomar las riendas. El mismo micrófono que ayer intentó silenciarla, hoy deberá amplificar su voz para administrar un estado que exige, por encima de todo, decencia y respeto institucional. Sinaloa hoy no se gobierna desde el prejuicio, sino desde la urgencia de estabilidad.
Mientras tanto, desde Palacio Nacional, el silencio es la consigna. En su gira por Chiapas, la Presidenta Sheinbaum evitó el pronunciamiento. Esa espera hasta la próxima "mañanera" se siente como un siglo en una tierra que vive en sismo perpetuo. Esperemos que el discurso no se refugie nuevamente en la palabra "soberanía" —ese concepto que se ha invocado mil veces y que, en ocasiones, solo sirve como cortina de humo— y se proceda contra la corrupción si existe el sustento para ello.
Porque entre el fuero que se desvanece y la sospecha que crece, lo que queda en vilo es la paz de una sociedad que merece mucho más que ser el titular de una nota roja internacional. El relevo no es solo administrativo; es un desafío ético frente al espejo de la realidad.
Seguiremos dando puntual seguimiento a este laberinto que apenas comienza.##
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