“Dijo una voz popular: ¿Quién me presta una escalera para subir al madero, para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?” — Joan Manuel Serrat (interpretando a Antonio Machado).
Con esta voz popular, Joan Manuel Serrat nos sitúa en la tensión poética que define nuestra Semana Santa.
Es el choque entre la madera inerte de la cruz y el movimiento eterno del mar. Machado nos recordó que la fe no solo habita en el "Jesús de la agonía", sino en aquel que caminó sobre las aguas, desafiando la lógica de la muerte y el miedo.
Este año, esa dualidad se siente más punzante que nunca. Mientras en los rincones de Guanajuato el aroma de los Altares de Dolores nos ofrece un refugio místico y familiar, el mundo exterior nos devuelve una imagen fracturada. El Domingo de Ramos de León XIV no fue solo un desfile de palmas; fue un grito de auxilio desde una Plaza de San Pedro que mira con angustia hacia un Medio Medio que sangra, atrapado en una guerra que, en apenas dos meses, ya cuenta sus muertos por miles.