Entre el patrimonio y el negacionismo digital
La reciente confirmación de la Presidenta sobre el incidente de la mujer tomando el sol en un balcón de Palacio Nacional no es solo una anécdota de oficina; es el retrato de una comunicación gubernamental que, en ocasiones, tropieza con sus propias defensas.
Lo más alarmante de este caso no es la falta de decoro de una funcionaria buscando vitamina D, sino la ligereza con la que el aparato del Estado —a través del SPR e InfodemiaMX— se apresuró a tachar el video de falso. Al asegurar que el material tenía un "71% de IA", las instituciones de verificación oficial quedaron expuestas.
Cuando la Presidenta admite que la persona existe y fue sancionada, no solo corrige una versión, sino que deja en evidencia que el combate a la desinformación se usó, en primera instancia, para ocultar una conducta real. Si todo lo que incomoda se etiqueta como "Inteligencia Artificial", la credibilidad del Estado se vuelve tan frágil como el cristal de esos balcones.