2 may 2026

La paradoja del poder: De "meserita" a Gobernadora interina que no provisional

 

La paradoja del poder: De "meserita" a Gobernadora interina que no provisional

(Se nombra cuando hay una falta temporal  menor a seis meses, y provisional es en caso de emergencia, falta absoluta o cuando el Congreso no está reunido, funcionando como una figura de transición rápida).

Por Fred Alvarez Palafox

@fredalvarez

La política, ese tablero de sombras y luces, nos regala hoy una paradoja que exige memoria. Hace apenas unos meses, en octubre de 2025, el gobernador Rubén Rocha Moya utilizó el micrófono no para gobernar, sino para trazar fronteras de clase y género. Con una soberbia disfrazada de franqueza, llamó a Yeraldine Bonilla Velarde —entonces presidenta del Congreso— una "meserita de lonchería".

Aquel diminutivo no buscaba ternura; buscaba la minimización. Fue una flecha lanzada directamente al centro de la dignidad, intentando reducir una trayectoria política al sudor de un pasado laboral humilde en Dimas. Como si el trabajo honesto fuera una mancha y no un mérito. En aquel momento, presenciamos la "sonrisa borrada" de la funcionaria: un testimonio mudo de esa violencia simbólica que lacera más que un grito. Rocha la presentó como el resultado de una "tómbola" o de la "dádiva" patronal, despojándola de autonomía y mérito propio. Aunque la disculpa pública llegó después, el estigma ya había sido dictado.

La ironía del presente

Pero el tiempo, ese juez implacable que no entiende de jerarquías eternas, ha dado un vuelco al guion. Hoy, Yeraldine Bonilla —la mujer a la que intentaron bautizar bajo la sombra de un "padrino"— es la Gobernadora interina de Sinaloa.

La "meserita" del discurso burlón es ahora quien, por mandato de ley y ante la licencia del mandatario, debe tomar las riendas de un estado que exige, por encima de todo, decencia y respeto institucional. El mismo micrófono que ayer la intentó empequeñecer, hoy deberá amplificar su voz.

Escribir esto es un ejercicio necesario para la historia inmediata. Es un recordatorio de que las jerarquías de palacio son efímeras, pero la dignidad humana no admite diminutivos. Queda en el aire una pregunta que el tiempo se encargará de responder: ¿Será este cargo un acto de justicia poética o una nueva validación de esa dependencia política que tanto hemos señalado?

Por ahora, Sinaloa observa a su nueva titular, recordando que en la vida pública el respeto debe ser la norma, nunca la excepción que se ofrece tras el agravio.

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