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El Frontón México renace... a costa de huelguistas/

Revista Proceso # 2052, 27 de febrero de 2016

El Frontón México renace... a costa de huelguistas/RAÚL OCHOA
Lleva 20 años cerrado debido a que sus trabajadores fueron defraudados. Hoy, el Frontón México está por reabrir: se ultima la remodelación y se espera que a finales de año vuelva a albergar encuentros de jai-alai. Para hacerlo, sin embargo, los empleados que llevan dos décadas exigiendo sus derechos fueron puestos a un lado. Aún no han recibido sus pagos, pero tanto las autoridades como el sindicato y los empresarios decidieron ignorarlos.
Después de 20 años cerrado, el emblemático Frontón México ultima su remodelación en medio de una controversia laboral hasta ahora no concluida, la cual derivó en una prolongada huelga.
Con la reactivación del recinto, el gobierno capitalino y la delegación Cuauhtémoc pretenden potenciar el desarrollo económico de la colonia Tabacalera, en el centro de la capital del país. El inmueble se ubica al lado de la Plaza de la República, frente al Monumento a la Revolución.
 Con una superficie que excede los 3 mil metros cuadrados, el renovado Frontón México constará, en la primera etapa, de un escenario para practicar jai-alai con tribunas retráctiles, con la idea de albergar también conciertos, funciones de box, convenciones y congresos. También dispondrá de un centro cultural, restaurantes y hasta una escuela de pelota vasca para niños.

 En la segunda fase se prevé la construcción de un hotel de lujo por parte del Grupo Hotelero Las Brisas, propiedad del presidente del frontón, Antonio Cosío Ariño, a quien también pertenecen el estadio Azul y la plaza de toros México.
 El lujoso alojamiento dispondría de 120 habitaciones y 10 suites.
 La obra costará 50 millones de dólares, que serán pagados tanto por el gobierno capitalino como por la iniciativa privada, anunció en diciembre pasado el titular de la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) local, Salomón Chertorivski.
 El deterioro de la fachada art decó es evidente por la falta de mantenimiento en casi dos décadas. Como sea, la conclusión de la primera fase de la obra y la consiguiente reapertura se prevén para fin de este año.
 En el inmueble, cercano a Paseo de la Reforma, se acumulan bolsas de basura. El olor es desagradable, en gran medida porque los transeúntes y vagabundos suelen hacer sus necesidades fisiológicas en los corredores del recinto. La prostitución también forma parte del entorno. “Diariamente nos dejan el montón de condones usados”, acusa un vecino. La vigilancia es prácticamente nula.
 La huelga sigue
 Los trabajos de remodelación se efectúan con absoluta reserva desde el pasado 18 de diciembre, mientras cinco extrabajadores del Frontón México siguen peleando por el pago de sus liquidaciones desde que estalló la huelga, el 2 de octubre de 1996.
 Originalmente, el paro de labores fue iniciado por 79 empleados del frontón contra el incumplimiento de pagos del empresario tijuanense Miguel del Río, arrendatario del recinto. Al principio los agraviados estaban adscritos a la Confederación Nacional de Trabajadores. Sin embargo, ante sospechas de posibles arreglos con el patrón, 45 de ellos decidieron mudarse a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) en 2002.
 De esos 45 exempleados, sólo cinco continúan la lucha legal. Alegan que hasta la fecha el empresario Antonio Cosío, en su carácter de patrón sustituto, sigue sin resolver la situación. Los afectados –Samuel Adame Hernández, Esteban Camacho Talavera, Emilio Rincón Medina, José Ángel Dimas Franco e Isidro Escamilla Espitia– reclaman compensaciones individuales de 3 millones de pesos.
El asunto podría empeorar para el dueño, ya que la parte afectada y su abogado (Manuel Diego Sanciprián) han reubicado a los extrabajadores que por diversos motivos abandonaron la causa. Aseguran que algunos se marcharon por las constantes amenazas recibidas, otros por cansancio o por enfermedad, y algunos ya fallecieron.
El grupo en pie de lucha está adherido a la CROC. Empero, los agraviados responsabilizan al líder de esa central, Isaías González Cuevas, de entorpecer las negociaciones y negarse sistemáticamente a recibirlos. González es también senador por el PRI.
La parte afectada acusa al secretario general de la CROC de no cuidar sus intereses. Por el contrario, se sorprende de que en las maltrechas paredes del frontón haya un par de lonas de esa confederación, en las cuales se autoriza la realización de las obras. “Esta obra está controlada por la CROC”, se lee. Los agraviados sostienen: “La conclusión es que la CROC está de parte del empresario y se está quedando con el dinero”.
En diciembre pasado, los cinco extrabajadores encontraron que las banderas de color rojo y negro, autorizadas por la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, fueron retiradas del lugar que ocuparon los últimos 19 años.
En las paredes de tono amarillento del inmueble aún permanecen los siguientes mensajes como prueba del añejo conflicto laboral: “No vamos a permitir que nos ignores, Cosío”, “No pueden violar los derechos laborales”, “No mientan. ¡Aquí estamos!”, “Trabajadores y pelotaris te ayudamos, Cosío”, “La CROC está presente”, “Queremos abierta nuestra fuente de empleo”, “No hay remodelación”, “No vamos a permitir que nos corran”.
En sus tiempos de esplendor, el Frontón México fue un espacio frecuentado por la clase adinerada. Lo mismo acudían políticos, comerciantes y apostadores profesionales que personalidades del medio artístico. El ingreso sólo se permitía al cliente que se presentara con traje y corbata. Para los que no llegaban con la ropa obligatoria, la administración del frontón disponía de un local de alquiler de sacos y corbatas. Pero sobre todo había que llegar con la cartera llena. Los pelotaris solían llegar en autos de lujo.
El partido estelar, a disputarse a 200 puntos, comenzaba a las 22:00 horas, porque se hizo costumbre aguardar a los apostadores que provenían del Hipódromo de las Américas y “remataban” en el Frontón México.
Eran frecuentes las apuestas millonarias. “Había un apostador que tan pronto llegaba, lo primero que hacía era llamar a su corredor, es decir, a su enlace con el pelotari. Apenas lo veía le preguntaba: ‘¿Cuánto apostó ese pobre diablo?’ Su interlocutor respondía: ‘Tres millones de pesos’. ‘¡Pobre diablo muerto de hambre! Hazme la papeleta por 7 millones de pesos para cada punto’. Imagínese lo que juntaban por noche”, refiere una fuente entrevistada que pidió el anonimato.
El Frontón México fue una próspera industria. Los partidos de jai-alai, el deporte estrella, se programaban los lunes, miércoles y viernes. Entre los apostadores destacaban dueños de ferreterías, panaderías, hoteles de paso “y, en general, de negocios que dejan billetes. La empresa se quedaba con 20% de las ganancias y gracias al jai-alai sus ingresos por semana oscilaban entre 70 y 90 millones de pesos”.
El pelotari era visto como una gran figura. No en balde el novato percibía entre 5 mil y 6 mil dólares al mes, en contraste con los 10 mil que obtenía la estrella del espectáculo en los noventa.
Los cinco accesos al inmueble permanecen cerrados con tablas y láminas. Tras un segundo recorrido por las afueras del recinto, la presencia de camiones de volteo que retiran los escombros deja al descubierto una de las puertas principales. Dentro se aprecia la maquinaria pesada que remueve parte de las tribunas y la cancha de 60 metros de jai-alai.
Los rostros del poder
Las tareas de remodelación del mayor palacio de pelota vasca en el continente, inaugurado en 1929, comenzaron después de dos intentos fallidos, el primero en 2010 y el más reciente en 2013. Aquéllas fracasaron porque no prosperó ninguna de las negociaciones con los inconformes. Pese a todo, la huelga se mantiene, pues no ha sido conjurada.
En julio de 2013, La Jornada de Oriente publicó la siguiente versión del expelotari Juan Pablo Valdez, portavoz de los dueños: “Don Antonio Cosío (Ariño) me dijo que el asunto laboral se arreglaba en 24 horas con su amigo el secretario general de la CROC, pero la cosa no ha sido tan fácil y de momento no podemos iniciar la obra”.
El autor del texto, Oriol Mallo, narró que el propio Valdez acordó detallarle “en persona” las causas del conflicto, “pero la entrevista en su despacho fue cancelada el mismo viernes 5 de octubre de 2010, dos horas antes de la cita, por orden directa del propietario del Frontón México, Antonio Cosío Ariño.
“Alonso López, columnista del periódico Excélsior, se negó a darme información histórica sobre el jai-alai en México para no irritar al ‘señor’ Cosío, dijo en conversación telefónica. ‘Fue mi patrón 25 años y no quiero problemas con él’. El cronista taurino murió el 11 de mayo de 2013 sin jamás difundir información. Natural es preguntarse quién es ese Cosío que produce tal pavor entre sus empleados, pasados y presentes. Fácil es la respuesta: este hijo de emigrantes asturianos ocupa el lugar 37 entre los 100 empresarios más poderosos de México.”
En efecto: el hermetismo campea entre las partes involucradas. Nadie quiere hablar, ni de parte del empresario ni de los afectados, que exponen sus experiencias con la condición de que no se revelen sus nombres. Dicen que temen ser golpeados, ya sea “por los guaruras del senador Isaías González o por trabajadores de la familia Cosío”.
 “Discúlpeme, pero no quiero comprometerme, no quiero que me rompan la madre. Esto implica un enorme riesgo para nosotros”, se excusa uno de los exempleados, quien se gana el sustento cuidando automóviles en las cercanías del lugar.
 Los huelguistas aseguran que hasta ahora nadie ha respondido a sus demandas y dicen que el pasado 18 de diciembre sostuvieron un breve encuentro con el hijo del magnate, Antonio Cosío Pando, durante la visita que hizo al Frontón México junto al titular de la Sedeco:
 “Nos respondió: ‘La huelga ya fue liquidada en diciembre (2015). Vayan con Isaías González para que les pague, porque nosotros ya cumplimos. Tenemos documentos y contratos para que la gente pueda trabajar dentro de las instalaciones. En ese sentido, ya no tenemos nada que ver’.”
 Empero, los manifestantes aseguran que el secretario general de la CROC no sólo se rehúsa a recibirlos, sino que a través de sus colaboradores ha “rebotado” el caso a la familia Cosío.
 Por lo anterior, el abogado de los trabajadores, Manuel Diego Sanciprián, apuntala la defensa del caso. La querella insiste en el derecho a la huelga, “toda vez que permitieron el ingreso de obreros para la remodelación del Frontón México cuando ni siquiera se les ha llamado a los anteriores trabajadores para recibir su respectiva liquidación”.
 Sanciprián, maestro en derecho, presume “un arreglo entre el empresario Cosío y la CROC. A los trabajadores los traen en un rebote entre el sindicato y la empresa. Ésta les dice que ya está liquidada la deuda desde diciembre y lo pasan a la CROC, que no los atiende y los canalizan a una segunda instancia. Los traen de vuelta en vuelta, y en realidad no le solucionan nada.
 “Este conflicto está próximo a cumplir 20 años; la huelga estalló el 2 de octubre de 1996, y a la fecha los trabajadores siguen sin recibir ninguna atención digna, mucho menos ningún tipo de apoyo económico, que es lo que les corresponde por la liquidación de la huelga”, expone.
 Ahora, dice Sanciprián, están enfocados en contactar a los 40 trabajadores restantes. Aunque algunos de ellos ya fallecieron se intenta localizar a sus familiares, viudas, hijos o beneficiarios, “para que pasen a reclamar sus derechos laborales. Vamos a acercarnos a las autoridades y apegados a derecho levantaremos una denuncia, porque si la deuda ya se liquidó, como asegura el señor Cosío, queremos saber ¿dónde quedó ese dinero y a quién se lo dieron?”.
 El abogado no descarta la posibilidad de bloquear los accesos al inmueble hasta que la situación se aclare. Por lo pronto, está en proceso una denuncia por amenazas contra quien resulte responsable. “Los trabajadores están temerosos por su seguridad, ya que han recibido amenazas de hacerles cualquier tipo de cosas por parte de personas que los tienen plenamente identificados, porque están en las cercanías del frontón y saben quiénes son los extrabajadores”.
 Proceso solicitó una entrevista con el secretario general de la CROC, el senador Isaías González Cuevas. Por medio de su asistente, el legislador pidió una semana de plazo para reunir las evidencias, dijo, de que la huelga ya fue liquidada.
 De igual manera, el martes 23 este semanario envió una petición de diálogo al responsable de las obras de remodelación y enlace directo de la familia Cosío, Alejandro Gaona. El silencio fue su respuesta.

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